1813 - Domingo. 22 de Agosto de 1813. 56º día de Sitio.
La intensidad del bombardeo es similar al del día anterior. Los buques siguen entrando en el puerto de Pasajes. El Teniente Coronel Fraser estima que aproximadamente ya ha llegado una tercera parte de toda la artillería prometida. Los trabajos se prolongan durante todas las horas del día, aunque cuando el Sol se esconde se intensifican. De esta forma, amparados por la oscuridad de la noche se colocan los cañones en sus posiciones. Las órdenes a los oficiales de las baterías ya se han cursado, marcando sus nuevos objetivos. El Teniente Coronel Fraser los puntualiza detalladamente en su carta escrita en Pasajes el día 22. Wellington redacta un Despacho oficial este día desde su Cuartel General de Lesaca para dar instrucciones a Graham sobre cómo cree que debería realizarse el bombardeo de la plaza. Son unas instrucciones claras, que ponen en entredicho muchas de las teorías que le apuntan como principal responsable de la destrucción de la ciudad. No descarta el posible bombardeo de la misma, pero tampoco hace ninguna mención a que este deba realizarse. Me limitaré a exponer en esta obra el párrafo más interesante, para que cada uno llegue a sus conclusiones. En la plaza, a mediados de mes, los cirujanos franceses hacen recuento de sus medicamentos y suministros sanitarios. Hay que estar preparados para recibir a muchos heridos, y ayudarles a mitigar en lo posible su sufrimiento. A modo de curiosidad, vemos en el siguiente listado los preparados y "mejunjes", que seguro sorprenderían a más de un médico actual, gracias al inventario reflejado en la obra de Belmas. Los defensores franceses trabajan a igual o mayor intensidad que sus sitiadores, mejorando continuamente sus defensas. El General Rey era consciente que cualquier duelo artillero contra las baterías enemigas estaba condenado al fracaso. Por este motivo centra todos los esfuerzos de sus hombres en poder situar el mayor número de impedimentos contra el futuro asalto a las murallas. Tras los derruidos muros exteriores, aprovechando las fachadas de las casas interiores, construye una segunda muralla de unos 15 pies de altura, fortalecida con varios reductos a lo largo de su recorrido Desde el exterior las brechas parecen totalmente practicables, con unos terraplenes que ofrecerían pocos problemas a las tropas atacantes. Pero lo que no sabían era que una vez llegados a la cima de las brechas, estas tropas se encontrarían un desnivel hasta el suelo interior de la ciudad de 20 a 35 pies de profundidad. Si lograran saltar desde la muralla, el espacio comprendido entre esta y la línea fortificada de casas, estaba completamente lleno de obstáculos, creados con muebles, maderos, escombros, etc. Todo este espacio cerrado estaba completamente dominado por el fuego que los tiradores de élite harían llover sobre los aliados. Las calles entre las fachadas estaban cerradas con fuertes barricadas que sólo permitían el paso de un atacante a la vez, que sería rápidamente eliminado por los fusileros. Finalmente, si todos estos esfuerzos se vieran superados por el enemigo, una gran mina había sido preparada bajo el suelo, con una carga aproximada de 12 quintales de pólvora, que haría saltar por el aire toda la zona con los enemigos encima. Otras dos minas estaban preparadas fuera de las murallas para detonar cuando la columna luso británica se cercara. Su explosión lanzaría sobre los enemigos cantidad de escombros y derribaría la pared de la muralla sobre ellos. Los oficiales ingleses son conscientes de estas mejoras en las posiciones defensivas francesas. Están seriamente preocupados ante las dificultades a las que se van a enfrentar sus hombres. Fraser lo deja claro en su carta del día 22. (San Sebastián 1813) |
No hay comentarios:
Publicar un comentario