DONOSTIA.GEOGRAFÍA e HISTORIA






SAN SEBASTIÁN.DONOSTIA 
GEOGRAFÍA E HISTORIA
Indice


3 GEOGRAFÍA FÍSICA
3.1 EL CLIMA Ana Sola Bueno
3.2 LA GEOLOGÍA Y GEOMORFOLOGÍA José Miguel Edeso Fito
3.3 LOS SUELOS Ana Sola Bueno
3.4 LA VEGETACIÓN Ana Sola Bueno
3.5 LOS RÍOS Ana Sola Bueno
3.6 EL MAR
4 HISTORIA
4.1 PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA DONOSTIARRA María Teresa Izquierdo
4.2 LOS ORÍGENES MEDIEVALES DE SAN SEBASTIÁN José Ángel Lema Pueyo
4.2.1 EL PUNTO DE PARTIDA: EL MONASTERIO DE SAN SEBASTIÁN EL ANTIGUO A INICIOS DEL SIGLO XI.
4.3 EL FUERO DE SAN SEBASTIÁN Y SU ENTORNO HISTÓRICO José Luis Orella Unzué
4.4 SAN SEBASTIÁN EN LOS SIGLOS XIII AL XV Miguel Larrañaga Zulueta
4.5 SAN SEBASTIÁN : 1516-1795 : LA PLAZA FUERTE José María Roldán Gual 4.6 LOS SIGLOS XIX Y XX Pedro Barruso Barés
5 GEOGRAFIA HUMANA
5.1 LA POBLACIÓN Carlos Larrínaga Juan Antonio Sáez García
5.1.1 EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE SAN SEBASTIÁN 
5.1.2 ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN 
5.2 DESARROLLO URBANO DE LA CIUDAD Juan Antonio Sáez García
5.2.1 LA CIUDAD MURADA
5.2.2 EDIFICACIONES EXTRAMURALES
5.2.3 LA DESTRUCCION DE 1813
5.2.4 LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD
5.2.5 EL ENSANCHE MERIDIONAL
5.2.6 EL ENSANCHE ORIENTAL
5.3 GEOGRAFÍA URBANA Javier Gómez Piñeiro
5.4 INFRAESTRUCTURAS Y EQUIPAMIENTOS Juan Antonio Sáez García
5.5 ACTIVIDAD ECONÓMICA Carmen Segurola Lázaro 
5.6 LOS ENCLAVES DE SAN SEBASTIÁN Juan Antonio Sáez García
6 PATRIMONIO CULTURAL
6.1 PATRIMONIO MONUMENTAL Juan Antonio Sáez García 
6.1.1 LAS FORTIFICACIONES MEDIEVALES Y MODERNAS 
6.1.2 LAS FORTIFICACIONES DEL SIGLO XIX
6.1.3 MUSEO DE SAN TELMO (EXCONVENTO)
6.1.4 CONVENTO DE SANTA TERESA 
6.2 SIMBOLOS, FIESTAS Y OTRAS COSTUMBRES Juan Antonio Sáez García
6.2.1. FIESTAS Y OTRAS COSTUMBRES
6.2.2 LAS SOCIEDADES GASTRONÓMICAS
6.2.3 LA TAMBORRADA
6.2.4 CALDEREROS
6.2.5 COMPARSA DE NODRIZAS Y PASTORES (Inude eta artzaiak)
6.2.6 LOS COROS DE SANTA ÁGUEDA
6.2.7 LOS CARNAVALES
6.2.8 EL ÁRBOL DE SAN JUAN
6.2.9 SEMANA GRANDE (ASTE NAGUSIA)
6.2.10 LA CONMEMORACIÓN DEL 31 DE AGOSTO
6.2.11 GAZTELU EGUNA.
6.2.12 EUSKAL JAIAK (FIESTAS VASCAS)
6.2.13 SANTO TOMÁS
6.2.14 OLENTZERO / REYES
6.2.15 LAS FIESTAS DE LOS BARRIOS
6.3 OTRAS ORGANIZACIONES CULTURALES Juan Antonio Sáez García
6.3.1 FESTIVALES Y ORGANIZACIONES CULTURALES
6.3.2 INSTITUCIONES CULTURALES
6.4 EL DEPORTE Juan Antonio Sáez García
6.4.1 LAS REGATAS DE TRAINERAS
6.4.2 LA REAL SOCIEDAD DE FÚTBOL
6.4.3 LAS COMPETICIONES ATLÉTICAS
6.4.4 EL BALONCESTO (BÁSKET)
6.4.5 OTROS ACONTECIMIENTOS DEPORTIVOS
7 BIBLIOGRAFÍA Juan Antonio Sáez García
@ INDICE

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1 AURKEZPENA-PRESENTACIÓN
Los actuales estudios de carácter geográfico e histórico analizan los procesos físicos, sociales y culturales, con sus características espaciales en un Territorio determinado y en momentos concretos de la escala temporal.
La influencia de los factores geográficos en el desarrollo de las diferentes sociedades siempre ha sido importante a lo largo de las diferentes etapas históricas.Se trata de comprender las influencias e interacciones que existen entre la sociedad humana y la naturaleza.
Por esto consideramos que para comprender el proceso histórico de un territorio, de una ciudad, es necesario estudiar los rasgos geográficos que participan y se relacionan con el mismo, teniendo presente el mayor número posible de interacciones del medio geográfico con su correspondiente sociedad.
De aquí surgió el proyecto de realizar una obra que, de forma conjunta, analizara las cuestiones geográficas e históricas de San Sebastián, reuniendo a un grupo de especialistas en cada área temática, pero tratando de abordar el trabajo con un lenguaje sencillo que permita utilizar el libro como manual de estudio, pero también como elemento divulgativo, para nativos y foráneos, de las características del pasado y del presente de la bella capital guipuzcoana.
Algunos capítulos son más técnicos que otros, porque su especialización así lo ha requerido. Es el caso de la Geografía Física (especialmente Geología y Geomorfología) o de algunos capítulos de Historia (por ejemplo el análisis del fuero de San Sebastián).
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2 INTRODUCCIÓN (Javier Gómez Piñeiro)
 En un sector del litoral guipuzcoano, entre la bahía de la Concha y la ría de Pasaia (Pasajes), y a lo largo y ancho de las tierras interiores regadas por los ríos Urumea, Oria, Oiartzun y la regata de Añorga, se ha desarrollado una de las áreas urbanas más importantes de Euskal Herria, presidida por Donostia-San Sebastián. Donostia-San Sebastián se localiza en un marco geográfico accidentado, tanto el del propio término municipal como el del conjunto comarcal o funcional, lo que ha supuesto notables dificultades para el desarrollo urbano, que queda condicionado y orientado en sus líneas generales de fijación y expansión. El término municipal, con sus 61,05 Km² de superficie tiene las siguientes coordenadas geográficas : Latitud : 43º 19´ N. y Longitud : 2º 3´ W del meridiano de Greenwich, ó 1º 41´ 30´´ al Este del meridiano de Madrid. Limita al Norte con el Mar Cantábrico ; al Sur con Astigarraga, Hernani, Lasarte-Oria y Andoain ; al Este con Pasaia (Pasajes) y Rentería ; y al Oeste con Orio y Usúrbil.
La Villa de San Sebastián fue fundada hacia 1180 por Sancho el Sabio, rey de Navarra, y recibió el título de Ciudad en 1662 por el rey Felipe IV. Es capital de Guipúzcoa de 1821 a 1844, en que la sustituyó Tolosa, recuperando la capitalidad en 1854. Teniendo como base materiales geológicos relativamente recientes (cretácico, eoceno, formaciones aluviales cuaternarias) de calizas, margas y areniscas, vemos desarrollarse una serie de unidades (monte Ulía, ensenada de la Zurriola, desembocadura del río Urumea, tómbolo de Urgull, bahía de la Concha con la isla de Santa Clara, y las playas de la Concha y Ondarreta, montes Igueldo y Mendizorrotz). Todo esto parte de un cordal costero que da lugar a una costa abrupta, erosiva y estructural de tipo longitudinal, que delimita una pequeña depresión prelitoral y el corredor Irún-Donostia excavado en materiales del “flysch” del cretácico superior. El río de la ciudad es el Urumea y desemboca junto al tómbolo de Urgull, que él mismo contribuyó a formar. La vega de este río presenta las mayores superficies de suelo llano de la Comarca, con un total de 880 hectáreas. La vega de la Regata de Añorga o de los Juncales, que al principio se abre con dificultad entre los montes Oriamendi y Bidarte, se ensancha en el tramo donostiarra, desde Zapatari hasta Ondarreta, con un total de 165 hectáreas de suelo llano, y conoce en la actualidad un importante desarrollo urbanístico. Por otra parte, esta regata permite los enlaces naturales entre las vegas del Urumea y la del Orio.
Si ahora consideramos el Territorio de la Comarca donostiarra, vemos que hay tres alineaciones montañosas de escasa entidad, pero que dificultan el desarrollo urbanístico: la cadena litoral (Jaizkibel, Ulía y Mendizorrotz), la cadena intermedia (Urkabe, San Marcos, Oriamendi, Santa Bárbara, Bidarte, Aratzain), y la cadena interior (Txoritokieta, Santiagomendi, Landarbaso, Aldura, Larrain, Buruntza y Andartza). Entre estas alineaciones montañosas se abren paso los ríos Oria, Oiartzun, Urumea y la regata de Añorga. La divisoria de aguas entre las cuencas del Bidasoa y del Oiartzun la indica el collado de Gaintxurizketa, que une las estribaciones del Jaizkibel con los montes de Arkale y Urkabe. El monte Ulía enlaza, por el alto de Miracruz, Ametzagaina y Txoritokieta con Santiagomendi y Urdaburu, sobre Astigarraga, marcando la divisoria de aguas entre el Oiartzun y el Urumea. La colina de Teresategi enlaza Mendizorrotz con Santa Bárbara, una de cuyas derivaciones se alarga hasta Oriamendi y Aiete, separando las bajas cuencas del Urumea y del Oria. Hemos indicado las hectáreas de suelo llano de las vegas del Urumea y de la regata de Añorga, a las que ahora añadimos las 325 hectáreas de suelo llano de la vega del Oiartzun y las 420 hectáreas de la vega del Oria, lo que suma un total de 1.790 hectáreas de suelo llano en el conjunto de la comarca donostiarra. La expansión urbana ha seguido el eje de la carretera N-1, el valle del Oiartzun con el entorno de la bahía de Pasaia, el valle del Urumea y la regata de Añorga, y la vega del río Oria. El conjunto de Donostia-San Sebastián y su Área Periférica comprende los municipios de Andoain, Astigarraga, Hernani, Lasarte-Oria, Lezo, Oiartzun, Pasaia (Pasajes), Rentería, Urnieta y Usurbil, además de la capital donostiarra, con una superficie de 306 Km2 y 325.000 habitantes aproximadamente.
Nos encontramos ante un área conurbada de gran importancia en el conjunto de la región urbana de Guipúzcoa, que mantiene importantes flujos con el resto del Sistema Urbano Vasco, dentro del llamado Eje Atlántico del Sistema Urbano Europeo, como son las relaciones con el Bajo Bidasoa (Irún y Hondarribia), el Laburdi litoral hasta Baiona, el Noroeste de Navarra, el área de Orio, y las áreas de Billabona, Zizurkil y Aduna. En la actualidad se habla del Corredor Donostia-Baiona. El sector terciario ocupa al 70% de la población activa, la construcción al 6%, la industria al 23%, y el sector primario al 1%. Las Directrices de Ordenación del Territorio la califican como Área Metropolitana y Terciaria, ofreciendo numerosas indicaciones sobre los mecanismos de cooperación trasfronteriza, las infraestructuras, los equipamientos, programas de rehabilitación urbana, turismo, vivienda, servicios, áreas naturales, etc., de cara a impulsar su desarrollo. Todo este Sistema Territorial ha conocido un largo y complejo proceso histórico, del que tenemos diversas referencias en las diferentes etapas históricas. Así, a finales del s. XII tenemos la jurisdicción de Donostia-San Sebastián, las tierras del Medio y Bajo Deba y el resto del Territorio guipuzcoano. En la Alta Edad Media están poblados el tramo Medio del Valle del Oria, parte del Valle del Deba, el Bajo Urumea y el Bajo Bidasoa. Entre los siglos XII y XV se da el proceso urbanizador con la fundación de numerosas villas, que se agrupan en la Hermandad de Guipúzcoa, debiendo diferenciarse entre Villas y Tierra Llana (Alcaldías Mayores, Concejos, Universidades, etc.). Desde el punto de vista territorial, hemos de considerar a las Villas, los Valles, la Tierra Llana y las Uniones. Toda esta complejidad responde a la dispersión del poblamiento guipuzcoano en Valles y Villas. Lógicamente, en la presente obra, sólo nos referimos a la historia de San Sebastián. En el proceso urbano de la capital diferenciamos varias etapas :
1) Hasta el año 1180, con pequeñas agrupaciones en lo que hoy es el Antiguo, el Valle del Urumea y la Parte Vieja.
2) Desde 1180 hasta finales del s.XV, con un lento crecimiento de la Villa.
3) Desde el s.XVI hasta mediados del s. XIX, fase de crecimiento y consolidación.
4) Desde mediados del s. XIX hasta 1955, desarrollo de los ensanches y proceso industrializador.
5) Desde 1955 hasta 1995, en que se aprueba un nuevo Plan General tras quedar superado el Plan General de 1962. Tiene lugar un fuerte desarrollo urbano, formación del Área Periférica y de la Comarca funcional
6) Desde 1995 hasta la aprobación de un nuevo Plan General en el año 2010 y la puesta en práctica de las Directrices de Ordenación del Territorio en los Planes Territoriales de carácter comarcal, y el Eje Donostia-Bayona.
7) Desde el año 2010 a la actualidad, en que se produce el desarrollo de lo consignando en el nuevo Plan General y las modificaciones al mismo inherentes al desarrollo urbano. 
En cada una de estas etapas podemos encontrar muchas fechas significativas como la de 1180 (fundación de San Sebastián), 1696 (Libro de los Fueros), 1717 (Decreto de Traslado de las Aduanas a la Costa), 1757-1780 (construcción del Camino Real entre Leintz-Gatzaga [Salinas de Léniz] e Irún), 1813 (incendio y reconstrucción de San Sebastián), 1833 (división provincial), 1841 (traslado definitivo de las Aduanas a la Costa), 1854 (San Sebastián, capital de Guipúzcoa), 1863 (derribo de las murallas), 1864 (Ensanche de Cortázar, Ferrocarril Madrid-Irún), 1876 (modificación de la Ley de Ensanches), 1889 (Ordenanzas de Edificación en San Sebastián).
Ya en el siglo XX: 1906 (Catastro de Urbana), 1930 (Ordenanzas de edificación, con el concepto de ciudad-jardín), 1939 (Ley de Viviendas Protegidas), 1942 (Plan Provincial de Guipúzcoa), 1950 (Plan General de San Sebastián y su área de influencia), 1956 (Ley del Suelo y Ordenación Urbana), 1962 (Plan General de Ordenación Urbana de San Sebastián), 1966 (Plan Provincial de Ordenación Urbana), 1975 (Ley de Reforma de la Ley del Suelo; Ley de Régimen Local), 1978 (Plan Especial de la vega de Zubieta), 1979 (Elecciones Municipales y Avance del Plan General de San Sebastián), 1980 (campaña europea para el renacimiento de la ciudad), 1982 (reconversión industrial urbana; procesos de rehabilitación), 1985 (Ley de Bases de Régimen Local; Ley del Patrimonio Histórico), 1990 (Ley de Ordenación del Territorio del País Vasco), 1994 (Directrices de Ordenación Territorial), 1995 (Plan General de Ordenación Urbana de Donostia-San Sebastián)
En el siglo XXI destaca el año 2010 con la aprobación de un nuevo Plan General de Ordenación Urbana, que junto con otros acontecimientos históricos, económicos, políticos, culturales y sociales, como quedan reflejados en las páginas siguientes, constituyen la rica y fascinante historia de esta bella ciudad que es San Sebastián, Donostia en euskera.
3. Geografia Fisica


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3.1 EL CLIMA Ana Sola Bueno
El municipio de San Sebastián presenta, debido a la influencia de su cercanía al mar, un clima de tipo templado oceánico, ca - racterizado por temperaturas suaves, humedad relativa elevada, nubosidad frecuente y lluvias abundantes repartidas de forma regular durante todo el año. Al igual que para el resto del País Vasco, su localización meridional con respecto a la circulación general atmosférica del Oeste implica la existencia de dos es - taciones bien marcadas -invierno y verano- separadas por otras dos estaciones de transición: primavera y otoño. Según la clasi - ficación climática de Köpen se identifica con un clima templado húmedo sin estación seca simbolizado en tal clasificación con el código Cfb.
Las temperaturas medias anuales son moderadas, constatán - dose la existencia de un gradiente Sur-Norte a lo largo del se dulcifica la temperatura como consecuencia de la proximidad al mar, a la vez que se pone de manifiesto un gradiente O.-E. a lo largo del cual se produce una disminución de la temperatuva motivada básicamente por las propias características orográfi - cas y topográficas del área, más accidentadas hacia dicha zona del territorio. Así, mientras en Igeldo (218 metros sobre el nivel del mar) la temperatura media anual es de 13,1ºC, en Atego - rrieta (8 m s.n.m.) es de 12,1 ºC en Ategorrieta y en Lasarte (85 m s.n.m.) de 14,5ºC. La amplitud térmica anual es también moderada, con valores de entre 11,0ºC y 11,5ºC para las tres estaciones estudiadas. El mes más frío es siempre el de enero, con temperaturas medias de 6,9ºC en Ategorrieta, 7,9ºC en Igel - do y 9,1ºC en Lasarte, mientras que el mes más cálido es el de agosto, con temperaturas medias que varían desde los 18ºC de Ategorrieta hasta los 20,2ºC de Lasarte.
Las temperaturas máximas absolutas para los períodos estu - diados corresponden al mes de julio, alcanzándose valores de 37,5ºC en Ategorrieta (13 de julio de 1975 y 30 de junio de 1968), 38,0ºC en Igeldo (31 de julio de 1975) y 42ºC en Lasarte (1 de julio de 1968 y 8 de julio de 1982). Las temperaturas mínimas absolutas se registran en meses distintos según las diferentes estaciones meteorológicas, de tal forma que mientras en Igeldo la mínima absoluta se registró el 3 de febrero de 1956 (-12,1ºC), en Ategorrieta el valor mínimo tuvo lugar el 6 de enero de 1985 (-10,5ºC) y en Lasarte el 26 de diciembre de 1962 (-9,0ºC). Se pone de manifiesto, por tanto, la existencia de una oscilación térmica extrema muy significativa, que se sitúa entre los 48ºC de Ategorrieta y los 51ºC de Lasarte. El período de heladas está comprendido entre mediados del mes de noviembre y mediados de abril-comienzos de mayo, registrándose una media anual de 8 días en Igeldo, 21 en Ategorrieta y 16 en Lasarte. A la vista de los mencionados datos, desde el punto de vista térmico, podemos afirmar que el clima de San Sebastián se caracteriza por la suavidad de las temperaturas motivada, entre otros factores, por el elevado índice de nubosidad que atenúa la pérdida de calor por irradiación en invierno y evita el excesivo calentamiento en verano. Todo ello implica la existencia de inviernos templados (influjo de masas de aire húmedas y tibias de corrientes marinas), con escasos períodos de frío prolongados y temperaturas medias por encima de los 7ºC como consecuencia de la meridionalidad del clima, influenciada además en esta estación por el viento sur, viento de carácter föehn3 que contribuye a dicha dulcificación de las temperaturas invernales, y veranos suaves (alto índice de nubosidad y llegada de masas de aire oceánico que dulcifican los excesos estivales), con temperaturas medias que no alcanzan los 20ºC y escasa frecuencia de canículas prolongadas. La humedad relativa media es bastante elevada, si bien presenta una escasa variabilidad a lo largo del año, tratándose por lo general de un clima húmedo. Los valores medios mensuales registrados están comprendidos entre el 73% del mes de marzo y el 83% de los meses de julio y agosto, como consecuencia de una temperatura más elevada de las aguas superficiales y en base a ello una mayor evaporación. La media anual es del orden del 78%. Los mínimos mensuales registrados corresponden a humedades relativas del 62% (marzo de 1990), mientras los máximos alcanzan porcentajes del 90% (julio de 1983).
Las precipitaciones son abundantes, superando los 1.500 mm anuales, alcanzándose valores de 1.566 mm en Igeldo (1950- 1996), 1.714 mm en Ategorrieta (1959-1996) y 1.678 mm en Lasarte (1950-1996). Los máximos de precipitación se alcanzan en otoño-invierno (meses de noviembre y diciembre), con valores que van desde los 164 mm de Igeldo (noviembre) hasta los 186 mm de Ategorrieta (noviembre) y que corresponden a formas de precipitación tanto líquida (lluvia) como sólida (nieve, granizo, etc.). Se constata además la existencia de un máximo secundario en el mes de abril, con precipitaciones que superan los 160 mm en Ategorrieta y Lasarte (163,4 mm y 168,1 mm, respectivamente) y que se acercan a los 150 mm en Igeldo (144,4 mm). Los meses con menores precipitaciones, mayoritariamente en forma de lluvia y más ocasionalmente granizo, son los estivales, y especialmente el mes de julio, en el que la precipitación se sitúa entre 80-90 mm para las tres estaciones meteorológicas estudiadas. La variabilidad mensual es muy elevada y las precipitaciones máximas anuales registradas (años más lluviosos) superan los 2.200 mm, coincidiendo para Igeldo y Ategorrieta en el año 1979 y para Lasarte en el año 1965. Estos máximos están asociados a perturbaciones de carácter frontal y origen atlántico, de tal modo que las borrascas ondulatorias del frente polar y las masas de aire oceánico resbalan paralelas a la costa guipuzcoana penetrando a través del País Vasco hacia el Mediterráneo, originando a su paso importantes precipitaciones favorecidas además por la orografía del territorio. Los mínimos anuales (años secos) rondan los 1.000 mm en Igeldo (año 1957) y alcanzan 1.284 mm en Ategorrieta (año 1962) y 1.134 mm en Lasarte (año 1985). Las tormentas suponen para la estación de Igeldo una media de 28 días al año, con un máximo de 43 días y un mínimo de 12 días, siendo más frecuentes en verano, época en la que llegan a contabilizarse hasta 3 ó 4 días de tormenta al mes, acompañadas en ocasiones de fuertes lluvias. Las precipitaciones máximas registradas en 24 horas alcanzan valores de casi 150 mm en Igeldo (17 de septiembre de 1963), de 152 mm en Ategorrieta (30 de diciembre de 1960) y de 158,5 mm en Lasarte (17 de septiembre de 1963).
Las lluvias son abundantes y se encuentran muy regularmente repartidas a lo largo de todo el año, con valores medios para las tres estaciones comprendidos entre 11 y 18 días, con máximos de entre 26 y 29 días al mes y con mínimos de entre 2 y 6 días por mes. La evapotranspiración potencial anual oscila para las tres estaciones entre 740 y 840 mm, correspondiendo al 49,7% de la precipitación en Igeldo, al 43,23% en Ategorrieta y al 50% en Lasarte. Los valores mínimos corresponden al mes de enero, mientras los máximos corresponden con los meses estivales, especialmente julio. No se puede considerar la existencia de meses secos, constatándose un exceso de agua en todos los meses del año, con excepción de junio, julio y agosto en Igeldo y Lasarte y tan sólo julio y agosto en Ategorrieta, meses en los que es necesaria la utilización de la reserva útil del suelo para alcanzar como evapotranspiración real el valor de la evapotranspiración potencial (utilización de agua del suelo). Los días de granizo son por lo general bastante escasos, siendo un hidrometeoro asociado fundamentalmente al período comprendido entre los meses de noviembre y mayo-junio. La caída de granizo tiene lugar por término medio 9 días en Igeldo, 14 en Ategorrieta y 6 en Lasarte, con mínimos registrados en los períodos estudiados de ningún día en Igeldo y Lasarte y de 5 en Ategorrieta y máximos de 20 días al año en Igeldo, 30 en Ategorrieta y 15 en Lasarte. La nieve es también un hidrometeoro poco frecuente, con valores medios de 6, 2 y 3 días al año para Igeldo, Ategorrieta y Lasarte, respectivamente.
La insolación (número de horas de sol despejado) en San Sebastián referida a los datos del observatorio de Igeldo para el período 1950-1996 es moderada, como consecuencia del elevado índice de nubosidad, registrándose una media anual de 1.690 horas, que representan el 38% de la insolación teórica. Los valores máximos anuales alcanzados son de 2.219 horas (50% de la insolación teórica) y los valores mínimos de 1.277 horas (28% de la insolación teórica). La evolución de este parámetro climático a lo largo del año muestra un máximo en el mes de julio, con una media de 199 horas de sol y un mínimo en el mes de diciembre, con una insolación de tan solo 81 horas. Los días completamente despejados (nubosidad media inferior a 2 décimas de cielo cubierto) son escasos, alcanzándose una media anual de 34 días, con valores mensuales comprendidos entre 2 y 4 días. Los más frecuentes son los días cubiertos (nubosidad superior a 8 décimas de cielo cubierto) que ascienden a 170 días (47%), seguidos de los días nubosos (nubosidad entre 2 décimas y 8 décimas de cielo cubierto) que suponen un total anual de 161 días, con medias mensuales de entre 12 y 16 días nubosos.
En lo que se refiere al comportamiento anual del viento, es preciso señalar que ,exceptuando los porcentajes correspondientes a los vientos de componente S. (16,7%) y a los de componente N. (12,3%), se constata un claro predominio de los vientos del cuarto cuadrante, cuyas frecuencias ascienden a porcentajes del 8,4 % para la dirección W, 7,2% para la WNW, 9,6% para la NW y 9,9% para la NNW. Las calmas suponen un porcentaje anual del 5,6% y los vientos de las restantes componentes no representan porcentajes significativos, superando en tan solo dos casos el 5% anual (NNE, SSE). La velocidad media para los distintos rumbos es variable, oscilando entre un mínimo de 6,5 Km/h para los vientos de componente E. y un máximo de 23,5 Km/h correspondiente a los de componente S, con una media global de 15, 1 Km/h, la cual pone de manifiesto que, a pesar de la existencia de rachas huracanadas, el viento en Igeldo es un viento flojo de fuerza 3, no adecuado en ningún caso para aprovechamiento energético. 
Sin embargo, esta situación global no es fiel reflejo de las importantes variaciones estacionales constatadas en relación con el comportamiento del viento. En efecto, el carácter meridional del País Vasco respecto al cinturón de vientos del O. va a repercutir en diferencias muy significativas según las estaciones del año, de tal forma que durante el invierno y como consecuencia de que en dicha época el anticiclón continental desvía el flujo general del O. hacia el NE., el flujo sobre el País Vasco es predominantemente del S., mientras que durante el estío y motivado por el hecho de que el País Vasco queda sometido a la influencia del anticiclón de Las Azores, recibiendo vientos de margen oriental del anticiclón, el predominio corresponde a los vientos de componente N. Los meses correspondientes a primavera y otoño pueden considerarse como meses de transición, en los que cabe destacarse básicamente la mayor frecuencia de vientos de componente NW, cuya importancia es reseñable por su relación con los temporales que azotan a la costa guipuzcoana, coincidiendo mayoritariamente con regímenes del NW y especialmente en los meses de septiembre, marzo y abril. Respecto a las rachas máximas, es preciso indicar que el predominio corresponde a los vientos de componente NW (23,6%), seguidos por los de componentes S. (19,4%) y N. (14,2%) y destacando asimismo el 9,3% correspondiente a los de componente NNW. La velocidad media de las rachas máximas corresponde durante todo el año a vientos de fuerza 4 (20-28 Km/h) o superior, con un valor máximo de 61,8 Km/h (fuerza 7) para los vientos de componente SW. Los máximos absolutos de las rachas para los distintos rumbos corresponden a vientos de fuerza superior a 7, con un claro predominio de las rachas huracanadas (fuerza 9 o más), que alcanzan su máximo exponente para las componentes SSE. (187 Km/h) y S. (184 Km/h).
El observatorio meteorológico de Igeldo (1905) fue creado por el sacerdote Juan Miguel Orcolaga con el apoyo de la Sociedad Oceanográfica de Guipúzcoa y de la Cofradía de Pescadores. Tras su muerte el observatorio siguió funcionando gracias a la implicación de la Diputación de Guipúzcoa. Entre los directores del observatorio, merece ser destacado por su labor científica Mariano Doporto. Terminada la Guerra civil, pasó a depender del Ministerio de Aviación, ocupándose de centralizar los datos de la cuenca cantábrica correspondientes al País Vasco. En esta época destacó la labor investigadora del matemático Carlos Santamaría. Poco a poco el observatorio fue dotado de más medios humanos y materiales, quedando adscrito al Centro Meteorológico Territorial en el País Vasco del Instituto Nacional de Meteorología (INM) y después a la Agencia Española de Meteorología (AEMET), ejerciendo como últimos responsables Jose Ignacio Álvarez Usabiaga (1979-2005) Margarita Martín (2005-). Las oficinas principales del AEMET (y sus anteriores denominaciones) estuvieron situadas en la avenida de Ategorrieta, luego en Intxaurrondo y finalmente en el edificio de la Plaza de Pío XII. Otras redes de adquisición de datos meteorológicos son la red automatizada del Gobierno Vasco (Euskalmet) y la creada por la Diputación de Gipuzkoa.
3. Geografia Fisica


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3.6 EL MAR Miguel IBAÑEZ ARTICA
3.6.1 CARACTERÍSTICAS FÍSICAS.
Luz-turbiedad.
El estudio de la penetrabilidad de la luz en los océanos es complejo, ya que el agua de mar no es precisamente un medio ópticamente puro. Las sustancias químicas disueltas o la materia orgánica y mineral en suspensión inciden de forma decisiva en el grado de penetrabilidad de la luz. De igual forma la superficie del mar, que normalmente no es plana debido al oleaje, varía continuamente el grado de incidencia de la luz sobre la superficie del océano. Conforme aumentamos la profundidad van desapareciendo selectivamente distintas longitudes de onda (colores) y en los diez centímetros superficiales se eliminan ya el 50% de las radiaciones ultravioletas, a 15 metros quedan tan sólo un 1% de las radiaciones rojas, a 80 metros un 1% de las verdes y a 130 metros penetran tan sólo un 1% de las radiaciones azules. Por debajo de esta profundidad prácticamente no existe iluminación solar (sí existe quimio o bioluminiscencia). A un nivel general, podemos diferenciar tres zonas en el océano en función de la iluminación:
  •  Zona fótica o bien iluminada, va desde la superficie hasta los 50 metros de profundidad y en esta zona los procesos fotosintetizadores se realizan sin dificultad (la amplitud de esta zona puede variar de un lugar a otro o en un mismo lugar a lo largo del año en función de la turbiedad de las aguas). 
  • • Zona oligofótica, se extiende desde los 50 a los 500 metros y los vegetales autótrofos aunque no son capaces de realizar una fotosíntesis activa, pueden sobrevivir durante cierto tiempo. 
  • • Zona afótica, por debajo de dicha profundidad existe una total oscuridad rota tan sólo por fenómenos de luminiscencia. 
Frente a San Sebastián (a medio Km de distancia de la costa) la profundidad de compensación, en la cual los procesos de fotosíntesis se compensan con la tasa de respiración de los organismos autótrofos, es decir la frontera que limita la producción primaria (vegetal, tanto de fitoplancton como del macrofitobentos) varía entre los 15,8 m. en verano y los 35 m. en primavera, con un valor medio de 26 metros. Si nos alejamos más de la costa, a seis Km de distancia, la profundidad de compensación media aumenta hasta los 40 metros.
La mayor turbiedad de la franja costera es debida a la presencia de partículas alóctonas de origen terrestre. Estos datos tienen un particular interés pues indican que la penetración de la luz en dicha franja costera es el principal factor limitante de la producción primaria en profundidad. No obstante, el fitobentos frente a San Sebastián desaparece prácticamente a los 20 metros de profundidad, limitando con ello la capacidad de producción de la especie dominante de interés comercial, el Gelidium sesquipedale, alga roja que forma importantes praderas submarinas. Ocasionalmente hemos comprobado la existencia de alguna especie de alga calcárea por debajo de los 50 metros de profundidad en forma esporádica, pero en general podemos señalar la isobata de 25 metros como el límite de la producción vegetal macrobentónica y la de 10-12 metros marca el límite inferior de las densas praderas de Gelidium sesquipedale.
Temperatura.
Es bien conocido el calentamiento que experimentan las aguas superficiales en el extremo sudeste del Golfo de Vizcaya, frente a la costa vasca, y que tiene como consecuencia más llamativa una interrupción en la distribución de las especies intermareales características del Atlántico europeo -tales como las algas fucáceas y laminariáceas- y la aparición de especies de tendencia meridional, que repercuten en el aspecto del paisaje litoral, especialmente en el intermareal rocoso que puede observarse en las zonas de Ondarreta y Mompás.
La explicación a este fenómeno se encuentra en las propias características oceanográficas del Golfo de Vizcaya y en la dinámica de las capas superficiales del Atlántico. Hacia el verano se producen dos hechos opuestos en los extremos del Cantábrico, mientras en el oeste se produce un afloramiento de aguas profundas, frías y ricas en nutrientes, en el otro extremo, es decir frente a la costa vasca las masas de agua se estancan y estabilizan, estratificándose y calentándose la capa superficial, al tiempo que se agotan los nutrientes al no darse nuevos aportes. Este calentamiento de las masas de agua superficiales, si bien tiene una repercusión negativa al disminuir la productividad primaria de las aguas debido al agotamiento de las sales minerales que actúan como nutrientes, presenta una ventaja para las actividades turísticas y recreativas, al presentar el agua durante los meses de verano una temperatura más elevada (unos 6ºC) que la que se da frente a las costas de Galicia y norte de Portugal. Los datos de las temperaturas del agua de mar en San Sebastián se registran diariamente en el Aquarium desde 1950, permitiendo obtener una valiosa información sobre las variaciones térmicas experimentadas en el agua de mar superficial durante varias décadas. Con respecto a la distribución vertical de la temperatura del agua de mar frente a San Sebastián, se aprecia una termoclina muy marcada situada en verano entre los 30 y 50 metros de profundidad. Esta termoclina delimita claramente una capa superior de agua cálida (20 a 21ºC de temperatura en agosto) y otra de agua fría (unos 10-11ºC) situada por debajo, y desaparece bruscamente en otoño con la llegada de los primeros temporales. La ruptura de la termoclina se produce antes en los puntos cercanos a la costa debido al efecto de las mareas y a una mayor turbulencia en estas zonas menos profundas. En otoño, la mezcla de aguas superficiales y profundas produce un calentamiento de estas últimas y a través de la costa vasca se desarrolla un frente cálido que asciende hacia el sur de la Bretaña francesa con temperaturas de 14 a 16ºC en el fondo, frente que tiende a "digerir" las formaciones frías que se dan al norte del Golfo de Vizcaya.
Temporales.
El Cantábrico oriental se encuentra afectado por el frente constituido por las masas de aire tropical y polar. El denominado "frente polar" va ocupando diferentes latitudes a lo largo del año, desplazándose hacia el sur en invierno y hacia el norte en verano. Así pues, los ciclones extratropicales asociados a este frente polar afectan a la costa cantábrica durante el descenso de la masa polar en otoño-invierno y durante su ascenso en invierno-primavera. Estos ciclones noratlánticos llevan una trayectoria paralela a la cornisa cantábrica y son absorbidos por el Mediterráneo occidental, pasando a través de Aquitania y País vasco, dando a su paso vientos que pueden comenzar siendo del norte para convertirse en NW o W al rolar la borrasca. De los vientos que afectan a la cornisa cantábrica, los del NW generados al paso de los ciclones extratropicales atlánticos son los de mayor velocidad, siendo también los más persistentes, lo que unido a un "fetch" importante son el origen del oleaje además de ser la causa principal de las corrientes litorales. Cuando el centro del origen del oleaje está situado en el Atlántico septentrional -al sur de Groenlandia-, es decir a más de 4000 Km de distancia, las olas que llegan a la costa pueden alcanzar más de 9 metros de altura, con períodos de 18 segundos, constituyendo el llamado "mar de fondo" que como su propio nombre indica afecta a las masas de agua hasta cierta profundidad, pudiéndose producir en días con viento en calma debido a que su origen es lejano. Este tipo de temporales es el que más afecta al relieve litoral y puede llegar a ser muy persistente. La presión ejercida por el agua puede alcanzar las 30 Tm/m2 y es capaz de mover grandes bloques de piedra. Estos temporales de "mar de fondo" son más frecuentes en los meses de otoño e invierno y contribuyen a homogeneizar las capas de agua después del verano. El segundo modelo de temporales son las denominadas "galernas", producidas por fuertes vientos locales que aparecen súbitamente, formando marejadas, que a diferencia del "mar de fondo" afectan tan sólo a la capa de agua superficial. En días calurosos, las masas de aire situadas sobre tierra firme se recalientan y elevan, produciendo una entrada masiva de aire procedente del mar que es el origen de este tipo de temporal.
Estas galernas, si bien tienen un efecto mucho menor sobre el litoral, han preocupado desde antiguo por ser responsables de grandes tragedias que se cebaron especialmente en los pequeños pesqueros artesanales. La aparición de este tipo de temporales en épocas cálidas (son característicos de los meses estivales) y lo repentino de su desarrollo incrementan su peligrosidad. La medida de los temporales es la "altura de ola significante", considerada como el valor medio del tercio de las olas más altas presentadas en un estado de mar determinado. En el litoral donostiarra, designando por X la altura de ola y por Y el % en tiempo en el que se produce esa altura de ola, encontramos una relación expresada por la siguiente ecuación:
Y = 468,0757/X4,5461
con una correlación r= 0.965
Mareas.
Las fuerzas causantes de las mareas son debidas a la atracción de la Luna y el Sol sobre las masas de agua. Cuando ambos astros se encuentran alineados se producen las máximas amplitudes (mareas vivas) mientras que cuando se encuentran formando un ángulo recto, con la Tierra en su vértice, se produce una amplitud mínima (marea muerta) debido a la neutralización de ambas atracciones (solar y lunar). En el Atlántico las mareas son semidiurnas, con un período de 12.42 horas, de forma que de un día a otro la hora de la pleamar o la bajamar varía 50 minutos.
La amplitud de las mareas varía mucho de unos lugares a otros, así los valores máximos se dan en la bahía de Fundy en Canadá, con amplitudes máximas de 15.4 metros, por contra en mares pequeños (de poca masa) como el Mediterráneo, la marea es casi inexistente. Las mediciones realizadas con mareógrafo en el puerto de San Sebastián permiten determinar en dicho punto una amplitud máxima de marea de 4.4 metros (mareas vivas) y una amplitud mínima de 1.2 m (mareas muertas), con unos valores "normales" en torno a los 2.8 metros. A estos valores hay que superponer otros factores que pueden incrementar o neutralizar el efecto de la marea como son la presión atmosférica, los vientos, temporales y fisiografía costera, de forma que para la playa de Gros, la pleamar de una marea viva puede superar los 6 metros de forma excepcional.
3.6.2 CARACTERÍSTICAS QUÍMICAS.
 Salinidad.
El valor medio de la salinidad del agua de mar es de 35 ‰ con un intervalo de variación entre 33 y 37 ‰ y con unos valores extremos que en el Atlántico oscilan entre los 37 ‰ de la costa de Brasil y mínimos de 20 a 32 ‰ en el mar polar del Norte. Para una salinidad estándar de 35 ‰ la composición de los principales elementos es la siguiente: Los perfiles de salinidad en la zona externa e interna del Golfo de Vizcaya muestran claramente una influencia de la vena de agua mediterránea que penetra por el oeste del Golfo en forma de una "lengua" de agua más o menos definida a unos mil metros de profundidad y que va dispersándose conforme penetra en el interior. En la zona litoral la salinidad puede disminuir notablemente por efecto del aporte de las aguas continentales, así frente a la costa vasca observamos oscilaciones que van desde los 31.5 a 34.5 ‰ en primavera, a los 35.5 ‰ en otoño, cuando la mezcla de las aguas superficiales y profundas es máxima.
Comentario aparte merecen las condiciones de salinidad en los medios estuarinos, que sufren un gradiente continuo que varía tanto con la época del año como con las oscilaciones de las mareas.
Oxígeno.
Frente a San Sebastián, los valores más altos de oxígeno disuelto en el agua de mar, se encuentran en la superficie, alcanzando localmente en primavera valores próximos a los 7 ml./l. En profundidad, los valores son similares aunque algo más bajos
Nutrientes.
Las principales sales que actúan como elementos indispensables en la producción primaria son los nitratos, nitritos y fosfatos. El comportamiento de los nitratos y de los fosfatos en el agua de mar frente a San Sebastián es muy similar; por una parte, durante el verano encontramos una ausencia total de estas sales en superficie y un aumento progresivo hasta los 50 metros de profundidad. A partir de esta cota, se mantiene una concentración constante. Un segundo modelo de distribución batimétrica de los nutrientes es el correspondiente a los meses invernales, con una distribución uniforme en profundidad por efecto de la mezcla de capas de agua superficial y profunda producida tras los temporales del otoño.
El agotamiento de nutrientes en las capas superficiales está relacionado con la estratificación y estabulación de las aguas superficiales. Durante la primavera, los organismos del fitoplancton utilizan los nutrientes incorporándolos a su biomasa. Estos organismos a su vez constituyen el alimento de otros seres planctónicos (zooplancton) y de algunos peces pelágicos (anchoas). Estos organismos o bien se mueren y sedimentan en el fondo o bien emigran a otras zonas, con lo cual el retorno de las sales minerales producido por la descomposición microbiana de la materia orgánica se produce a cierta profundidad y las capas superficiales al no presentar nuevos aportes de nutrientes (que pueden venir tanto de afloramientos de aguas profundas como del aporte de los ríos) se empobrecen y presentan una baja tasa de productividad primaria durante los meses de verano.
3.6.3 CARACTERÍSTICAS BIOLÓGICAS. Frente a la costa de San Sebastián, se extiende una estrecha plataforma continental que se precipita -a través del talud- en la fosa de Cap Breton. Dentro de la zona costera podemos diferenciar distintos ecosistemas que básicamente podríamos clasificar en: - Fondos duros intermareales. - Fondos duros sublitorales. - Fondos blandos intermareales. - Fondos blandos sublitorales. - Fondos estuarinos. - Dominio pelágico. Fondos blandos. Los fondos blandos intermareales de San Sebastián
están ampliamente representados en sus playas (Ondarreta, La Concha y Gros-Zurriola), si bien resultan extraordinariamente estériles debido a la gran presión humana que impide el desarrollo de comunidades características de este medio. Los fondos blandos sublitorales están constituidos por arena con comunidades inmaduras, salvo en zonas protegidas (bahía de La Concha), donde pueden desarrollarse poblaciones de erizos irregulares y lamelibranquios. A poca profundidad encontramos una baja diversidad y biomasa debida a la selección que produce el fuerte hidrodinamismo. En esta zona encontramos algunos anélidos como Nerine cirratulus y Nephthys cirrosa, el misidáceo Gastrossacus spinifer, el cumáceo Cumopsis fagei, el anfípodo Pontocrates altamarinus y el decápodo Portumnus latipes. En profundidades superiores, aumenta la biomasa y la diversidad, debido a la estabilidad del sedimento, cada vez menos afectado por el hidrodinamismo al aumentar la profundidad, a unos 40 metros encontramos ya comunidades desarrolladas donde predominan los equinodermos y los moluscos. Entre los primeros, predomina la especie de erizo irregular Echinocardium cordatum y entre los segundos los gasterópodos Hinia reticulata, Cylichnina subcylindrica y Lunatia pulchela así como los lamelibranquios Mactra corallina, Fabulina fabula y Montacuta ferruginosa; además de numerosas especies de poliquetos (Spiophanes bombyx, Nephthys cirrosa, Capitella capitata etc.) y crustáceos como el ermitaño Anapagurus laevis y los anfípodos Hippomedon denticulatus, Leucothoe incisa, Pontocrates altamarinus, etc.).
En la zona de San Sebastián encontramos un comportamiento muy diferente entre los fodos blandos de la Bahía de la Concha y los de la playa de la Zurriola debido al distinto grado de exposición al oleaje. Las comunidades maduras (con individuos adultos del erizo irregular Echinocardium cordatum) aparecen a 9 metros de profundidad en la Bahía de la Concha, mientras que en la zona oriental de la playa de la Zurriola, estas comunidades comienzan a aparecer a partir de los 30 metros de profundidad. Los fondos blandos constituyen un lugar de alimentación de numerosas especies de peces, si bien las zonas con mayor diversidad se encuentran precisamente en el ecotono roca-arena, donde encontramos tanto especies que van a comer a la zona rocosa, pero se refugian enterrándose en la arena (doncellas: Coris julis), como otros peces (salmonetes, fanecas...) que se alimentan en los fondos blandos, pero van a buscar refugio entre las oquedades y cobertura algal de los fondos rocosos. En los fondos blandos próximos a la costa encontramos algunas especies características como el escorpión (Trachinus draco), que enterrado en la arena de la que apenas sobresalen los ojos, puede producir accidentes al presentar espinas dorsales venenosas. Los fondos blandos intermareales de San Sebastián han experimentado fuertes modificaciones debido a la acción del hombre. La misma ciudad (la parte vieja) se levanta sobre la lengua de arena del tómbolo que une Urgull con la costa. Entre 1865 y 1921 se construyó el barrio de Gros sobre la playa y dunas de la antigua ensenada de la Zurriola y en 1926 se canalizó el río Urumea en su desembocadura, perdiéndose 200.000 m2 de marismas sobre las que se construyó el barrio de Amara Nuevo. Todos estos ecosistemas desaparecieron hace tiempo, y con ellos numerosas especies antaño frecuentes en la zona, como es el caso del pez espinoso (Gasterosteus aculeatus), registrado por última vez a mediados del siglo XX en las regatas del barrio del Antiguo. También los fondos blandos submareales presentan ciertas singularidades, especialmente en la zona oriental de San Sebastián. Frente a la playa de la Zurriola, se extiende hasta los 15 metros de profundidad, una superficie arenosa de forma cuadrangular cuyo límite superior es la actual playa y los lados laterales están constituidos por barreras rocosas que se prolongan desde la zona del Paseo Nuevo (punta Calabaca) en el extremo occidental y desde la punta de Mompás por el lado oriental. La zona inferior coincide con la isobata de 15 metros, es también rocosa y presenta un angosto canal en su zona oriental, excavado por el río Urumea durante la última glaciación, cuando el nivel del mar era más bajo. Este canal, se extiende desde la isobata de los 15 m. hasta los 40 metros de profundidad, donde desemboca en una nueva superficie arenosa, en este caso constituida por una paleoplaya.
Esta peculiar topografía submarina es la responsable de las frecuentes pérdidas de arena que hasta hace poco experimentaba la playa de Gros. Los termporales fuertes, removían la arena, que saltaba por la barrera rocosa desde los 15 m. de profundidad, hasta la paleoplaya en la isobata de 40 m., sin que fuera posible su retorno hacia cotas más elevadas por impedirlo la barrera rocosa existente.
Fondos duros.
Los fondos duros o rocosos son los que predominan en todo el litoral cantábrico y en la zona de San Sebastián se encuentran representados en la zona de Mompás, al este, en Ondarreta, al oeste, en las rocas del Paseo Nuevo y en la isla de Santa Clara, que constituye una prolongación de la zona de Ondarreta. A estos fondos hay que añadir los diques y espigones artificiales (escollera de la Zurriola y puerto). En los fondos duros intermareales encontramos dos zonas: Mompás y Ondarreta, muy próximas entre sí, pero que presentan interesantes variaciones en sus comunidades de algas, invertebrados y peces, debidas al diferente grado de exposición al oleaje al que se ven sometidas. La zona de las rocas de Ondarreta es relativamente segura debido a la protección del oleaje que ejerce sobre ella la Isla de Santa Clara y en bajamares de mareas vivas constituye un excelente paisaje intermareal de gran interés didáctico y naturalístico. Se han censado en esta zona más de 200 especies de invertebrados y peces marinos así como numerosas especies de macrofitobentos. Esta gran diversidad de la comunidad intermareal está relacionada con la heterogeneidad de los sustratos (roca, bloques sueltos, arena) así como por los diferentes microhabitats generados por la diferente exposición al oleaje, lo cual produce una gran diversificación de nichos ecológicos que son ocupados por distintas especies, dando como resultado una gran biodiversidad. En la zona superior (supralitoral) podemos destacar el pequeño caracolillo Littorina neritoides, que vive en la zona de salpicaduras del muro de contención, en el límite inferior de esta especie aparece una lapa Patella rustica (= P. lusitanica), de tendencia meridional, y que ocupa los niveles más altos del intermareal rocoso en la costa vasca. El límite inferior de distribución de esta especie se solapa con otras dos especies de lapas: Patella vulgata y P. intermedia. En la zona mediolitoral superior los fondos rocosos están cubiertos por la lapa P. intermedia y el cirrípedo Chthamalus sp. (Ch. stellatus + Ch. montagui), en esta zona puede refugiarse el cangrejo Pachygrapsus marmoratus, especie que aguanta bien la desecación. Otro cirrípedo bien representado en las rocas de Ondarreta es Balanus perforatus, que prefiere ambientes más protegidos y menos expuestos al oleaje que Chthamalus.
En la zona mediolitoral comienzan a abundar las algas y sobre ellas encontramos caracolillos fitófagos, como Gibbula umbilicalis, G. pennanti, G. cineraria, Rissoa parva y R. guerini, o carnívoros como Hinia incrassata o la conocida púrpura: Thais hemastoma, especie de tendencia meridional. En muchos casos las conchas vacías de los caracolillos de diversas especies, están ocupadas por el pequeño cangrejo ermitaño Clibanarius erythropus, en ocasiones extraordinariamente abundante. También encontramos en este nivel los celentéreos Actinia equina y Anemonia viridis, la primera sobre rocas subverticales y la segunda ocupando niveles inferiores en grietas con mayor nivel de humectación, así como el erizo común Paracentrotus lividus, generalmente en cubetas o grietas y la lapa Patella ulyssiponiensis (= P. aspera) en las cubetas o en la zona infralitoral. Bajo la cubierta vegetal, dentro de la roca, encontramos una gran cantidad de moluscos litófagos que pasan desapercibidos a simple vista, caben destacar las barrenas Pholas dactylus y P. callosa, esta última especie típica de la costa africana, el dátil de mar Lithophaga caudigera, o los moluscos litófagos Hiatella arctica, Gastrochaena dubia etc. Uno de los elementos que contribuyen a la biodiversidad de la zona intermareal rocosa de Ondarreta, es la presencia de bloques de piedra, asentados sobre fondos de arena.
Buscando bajo estas piedras podemos encontrar una variada fauna de invertebrados, que utilizan este medio esciáfilo como hábitat, aquí encontraremos numerosas especies de crustáceos como el tímido Xantho incisus y X. pilipes, en ocasiones parasitados por el rizocéfalo Sacculina gerbei, el pequeño y peludo Porcellana platycheles y el liso Pisidia longicornis, pequeños ejemplares de Cancer pagurus (buey) y Liocarcinus puber (nécora), los cangrejos nadadores que se entierran en la arena Alpheus dentipes y Athanas nitescens, así como en cubetas con agua las populares quisquillas Palaemon elegans y P. serratus. Otro grupo bien representado en este hábitat es el de los equinodermos. Encontramos abundantes ofiuras, como la frágil Ophiothrix fragilis, la pequeña Amphipholis squamata, casi siempre presente bajo los erizos que viven en cubetas, y la mayor de todas las que encontramos en esta zona, la ofiura común o Ophioderma longicauda. También son frecuentes bajo las piedras las pequeñas estrellas de la especie Asterina gibbosa y con menor frecuencia, tanto bajo las piedras como sobre ellas podemos hallar la estrella común, Marthasterias glacialis. Por último, y dentro del grupo de los equinodermos, sobre la arena encontramos las holoturias Holothuria forskali y pequeñas Cucumaria sp. Por último, y adheridos a las rocas, encontramos moluscos poliplacóforos como Lepidochiton cinereus y Lepidopleurus cajetanus, también podemos encontrar a la oreja de mar Haliotis tuberculata, que pasa fácilmente desapercibida, y entre los bloques de piedra puede aparecer algún ejemplar de pulpo (Octopus vulgaris).
Con respecto a esta última especie, en las zonas sublitorales próximas de la bahía de la Concha, en ocasiones se encuentran zonas donde se amontonan caparazones vacios de nécoras (Liocarcinus puber); esto nos indica la vecindad de una madriguera donde se refugia algún pulpo, feroz depredador que se alimenta preferentemente de estos crustáceos. Especialmente variada es la ictiofauna intermareal de los fondos de cubetas tanto en la zona de Mompás como en la de Ondarreta. Encontramos siete especies de blénidos: Coryphoblennius galerita, que vive en las cubetas más altas y se alimenta fundamentalmente de cirrípedos. Esta especie resiste bien la desecación e incluso, durante la bajamar, llega a salir del agua permaneciendo en lugares húmedos (por ejemplo entre piñas de mejillón) hasta que vuelve a subir la marea. Lipophrys pholis que es la especie de blénido más común en el Atlántico, L. trigliodes, caracterizado -como la especie anterior- por carecer de tentáculos supraorbitales, Parablennius sanguinolentus, de cuerpo cubierto por mucosidades que de confieren una particular viscosidad al tacto y que se alimenta de algas, P. gattorugine que vive en la zona infralitoral y por último las especies P. pilicornis y P. incognitus, de tendencia meridional y relativamente frecuentes en el litoral de San Sebastián.
De aspecto similar al de un pequeño blénido, la especie Triperigion delaisi puede encontrarse en las cubetas de Ondarreta. Un segundo grupo de peces particularmente bien representado es el de los gobiesócidos, donde encontramos tres especies: Lepadogaster lepadogaster, L. candollei y el pequeño Apletodon dentatus, que por su tamaño suele pasar desapercibido. Estos peces tienen transformadas las aletas pelvianas en una ventosa con la que se adhieren fuertemente a las rocas, lo cual les permite resistir el fuerte hidrodinamismo de la zona intermareal. Los góbidos son frecuentes, especialmente en los fondos más protegidos de Ondarreta y están representados por la especie Gobius cobitis. Se diferencia de los blénidos por poseer escamas bien visibles y presentar las aletas pelvianas fusionadas en forma de ventosa. Ocasionalmente podemos encontrar otras especies como el signátido Nerophis lumbriciformis, de la misma familia de peces que el caballito de mar, pero con el cuerpo alargado, de color negro y que se oculta entre las algas acechando a las pequeñas presas que constituyen su alimento, los gádidos Gaidropsarus vulgaris y G. mediterraneus que podemos encontrar en cubetas de la zona inferior del intermareal y que se esconden entre las grietas de las rocas. Estos gádidos son voraces depredadores, especialmente de quisquillas, pudiendo alcanzar una considerable talla, en relación con el pequeño tamaño de los restantes peces intermareales. Ocasionalemente, en cubetas con algas podemos encontrar algún pequeño lábrido como Simphodus melops así como ejemplares juveniles de otras especies de espáridos que utilizan las cubetas intermareales como refugio.
Como se ha señalado anteriormente, en la zona intermareal de San Sebastián, existe una gran diferencia entre las zonas de Ondarreta (más protegida a la acción del oleaje) y la de Mompás (fuertemente expuesta). Estas diferencias se dejan sentir desde las comunidades de algas hasta la de peces. Con respecto al macrofitobentos es significativa la presencia en Ondarreta de densas poblaciones del alga verde Codium tomentosum, que en Mompás estás sustituidas por una especie muy similar, Codium decorticatum, que resiste mejor la exposición al oleaje. Con respecto a las comunidades de peces intermareales, en ambas zonas predominan los blénidos, pero si bien en Mompás su predominio es del 80% respecto al número de individuos y del 85% respecto de la biomasa, en la zona de Ondarreta estos valores descienden al 40% y 50% respectivamente. Por contra, en Ondarreta encontramos valores más altos de gobiesócidos (40% en número de peces y 25% de biomasa) y góbidos (13% en número de peces y 15% en biomasa) frente a los valores encontrados en la zona más expuesta al oleaje de Mompás (14% en número y 9% en biomasa de gobiesócidos y 2% en número y 0.5% en biomasa de góbidos). 
3.6 EL MAR Miguel IBAÑEZ ARTICA
3.6 EL MAR Miguel IBAÑEZ ARTICA
4.1


4.1 EL BAJO URUMEA EN ÉPOCA PREHISTÓRICA Y ANTIGUA (María Teresa IZQUIERDO)
La Carta Arqueológica de Guipúzcoa nos presenta en lo que respecta al término municipal de Donostia un panorama ciertamente desolador en lo que se refiere al catálogo de yacimientos y hallazgos arqueológicos anteriores a la época medieval. Es presumible que los hipotéticos vestigios hayan sido completamente destruidos, o bien todavía no se hayan encontrado por hallarse sepultados bajo metros de sedimento de origen natural o antrópico, o incluso bajo el mar. El desarrollo de las investigaciones en el campo de la arqueología prehistórica cantábrica ha primado hasta fechas recientes el estudio de aquellos yacimientos más fácilmente reconocibles, cuevas y monumentos megalíticos. Las lagunas debidas a este desarrollo desigual de las investigaciones han comenzado a verse completadas desde fines de la década de 1980 gracias a los resultados positivos de los programas de prospección sistemática que se están llevando a cabo en Guipúzcoa tratando de localizar yacimientos de habitación al aire libre.
En lo que concierne a la arqueología histórica, el fuerte crecimiento urbano de los últimos diez años, unido a una mayor sensibilidad social e institucional por la protección del patrimonio arqueológico, ha permitido un intenso desarrollo de las investigaciones en el medio urbano, y en este sentido la actual Donostia se está beneficiando de una especial atención por parte de los arqueólogos1 . En este sentido, los sistemáticos trabajos de control de obras, sondeos y excavaciones, algunos de ellos todavía en curso en el momento en que se escriben estas líneas, se han centrado fundamentalmente en la Parte Vieja y sus aledaños, aportando evidencias materiales fundamentales para la reconstrucción histórica del pasado de la villa. En lo que se refiere a la época antigua, actualmente creemos estar en condiciones de confirmar la existencia de un núcleo de habitación en época antigua, gracias a los recientes y recurrentes hallazgos en el transcurso de estas intervenciones de cerámica y monedas inequívocamente datables en época romana. Pero a pesar de lo alentador de los progresos realizados en el conocimiento del pasado más antiguo, el patrimonio arqueológico de época prehistórica, antigua e incluso altomedieval se encuentra en franca desventaja con respecto al de épocas más recientes. Con los instrumentos jurídicos actualmente disponibles, mientras no se intensifiquen de forma sistemática los trabajos de prospección y excavación arqueológica del subsuelo, en algunos casos hasta cotas muy profundas, la investigación y protección del patrimonio arqueológico correspondiente a épocas de las que pocos o ningún documento escrito nos ha llegado sólo podrá basarse en presunciones que aun siendo razonables y lógicas, forzosamente tienen un cierto grado de incertidumbre.
Lo que en estas líneas vamos a tratar de exponer no es más que una aproximación a las fases más antiguas de la historia de los habitantes del bajo Urumea y sus aledaños. Nos valdremos para ello fundamentalmente de los limitados vestigios arqueológicos procedentes de esta zona y su entorno más inmediato, sin obviar por supuesto aquellas informaciones útiles que las fuentes escritas de época romana nos hayan podido transmitir.  
4.1.1 El Bajo Urumea en la prehistoria:
Hace 25.000 años: En la época de los cazadores-recolectores.
A lo largo del Cuaternario el paisaje ha experimentado importantes transfomaciones en función de las oscilaciones climáticas, y más recientemente, de la mano del hombre. La alternancia de períodos glaciares e interglaciares caracteriza precisamente la primera de las dos fases en las que se suele dividir el Cuaternario, es decir, el Pleistoceno. Los estudios realizados hasta el momento han permitido constatar que hace unos 30.000 años, en plena glaciación Würm (último período glaciar conocido, que transcurre aproximadamente entre el 100.000 y el 10.000 B.P), el casquete glaciar invadía buena parte de Europa, y las bajas temperaturas reinantes reducían el volumen de las aguas continentales aportadas a la masa oceánica, hasta el punto de que la línea de costa se encontraba a varios kilómetros mar adentro de la actual (se calcula que de unos 12 a 15 km según los puntos). Desde el final de la última glaciación, a lo largo de una prolongada y oscilante transición hacia el clima actual, las aguas marinas han ido invadiendo la franja de tierras que en plena glaciación eran tierra firme hasta perfilar la línea de costa actual. Por esta razón, es presumible que esa franja de varios kilómetros de anchura fuera habitada y explotada por grupos de cazadores-recolectores del paleolítico y por tanto en ella pudieran encontrarse vestigios materiales de sus actividades. Hoy por hoy estos hipotéticos vestigios no han sido localizados, pero no debemos perder de vista esta diferente situación geográfica de la zona objeto de nuestra exposición, sólo desde hace unos 10.000 años costera y hasta entonces alejada del litoral en varios kilómetros. Para hacernos una idea aproximada del medio ambiente y los modos de vida de los grupos humanos que durante el Paleolítico habitaron y explotaron el bajo Urumea nos valdremos de los yacimientos localizados en las cuevas de Aitzbitarte, situadas sobre el arroyo de Landarbaso, curso tributario del Urumea. Los trabajos arqueológicos realizados hasta la fecha en estas cuevas han permitido recuperar evidencias materiales que nos acercan a las circunstancias en las que se desarrolló la vida de sus ocupantes desde hace unos 25.000 años. Efectivamente, las huellas más antiguas de la ocupación humana del entorno de Landarbaso son datables en el Paleolítico superior inicial (hace unos 25.000 años). Dado que no disponemos de estudios paleobotánicos procedentes de estos yacimientos, hemos de recurrir a los estudios de pólenes procedentes de otros yacimientos más o menos próximos, para hacernos una idea del paisaje vegetal que servía de escenario a las actividades subsistenciales de los primeros pobladores del bajo Urumea. Así contamos por ejemplo con los yacimientos de las cuevas de Isturitz y Amalda, cuyos diagramas polínicos para este período han sido interpretados como indicadores de un paisaje de estepa, propio de un ambiente frío y seco que se suaviza en el paleolítico superior medio, es decir, hace unos 18.000 años (ISTURIZ, SANCHEZ 1990, p. 280). Evidentemente, el paisaje vegetal determina a su vez el espectro de especies animales cuya existencia es viable en este escenario. Ambos elementos, vegetación y fauna, indisociables en cualquier ecosistema, constituyen la gama de recursos potenciales básicos para la subsistencia de los grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico. Es difícil, sin embargo, llegar a determinar la importancia de la alimentación de origen vegetal, por falta de estudios de tipo arqueobotánico. En cambio, a través de los restos faunísticos recuperados en las cuevas de Aitzbitarte III y IV podemos caracterizar grosso modo la dieta alimenticia de sus pobladores en lo que respecta a su componente de origen animal. Así, en todos los niveles de Aitzbitarte IV las especies mejor representadas entre los mamíferos ungulados son el ciervo y el sarrio; pero también aparecen en una proporción mucho menor los grandes bóvidos, la cabra montés, el corzo y el caballo (ALTUNA 1972, p. 161). En cambio, en Aitzbitarte III, según las informaciones publicadas hasta el momento por J. Altuna, director de la excavación todavía en curso, predominan los grandes bóvidos, bisonte y uro, siguiéndoles el ciervo y el sarrio (ARKEOIKUSKA 92, p. 187; ARKEOIKUSKA 96, p. 132).
Pero desde el final del Paleolítico Superior medio y en especial durante el Paleolítico Superior final, en los niveles adscritos al Magdaleniense (hace entre 15.000 y 10.000 años), se detectan cambios destacables en las prácticas subsistenciales. Junto con una tendencia a la caza especializada, que se deduce del todavía más acusado predominio del ciervo y el sarrio con respecto a las etapas precedentes en Aitzbitarte IV, se advierte por otra parte la existencia de una actividad de marisqueo que, aunque ya existía en fases precedentes y en otros yacimientos, como Isturitz, Urtiaga o Amalda, sin embargo, no parecía dirigida tanto a la alimentación sino a la obtención de materias primas para la confección de objetos de adorno (en forma de colgante, por ejemplo). En cualquier caso, la importancia del marisqueo con respecto a otras prácticas subsistenciales como la caza sería todavía secundaria, sobre todo si la comparamos con la que alcanzará en el Epipaleolítico, fase de transición que supone el final del Paleolítico coincidiendo con el final de las glaciaciones y por tanto del Pleistoceno.
Su cultura material:
El mobiliario fabricado por los habitantes de las cuevas de Aitzbitarte y recuperado en el transcurso de las diversas campañas de excavación llevadas a cabo hasta el momento se compone fundamentalmente de utillaje lítico y óseo. Es más que posible que también se empleara la madera, sobre todo para la fabricación de útiles líticos (percutores) así como para el enmangue de armas arrojadizas, cuchillos y otros instrumentos; pero debido al problema de la conservación diferencial, la utilización de la madera no ha quedado evidenciada materialmente en el registro arqueológico. La gama de útiles es muy amplia y representativa de los distintos períodos que conforman el Paleolítico Superior: las raederas, denticulados, raspadores, buriles y puntas foliáceas son algunos de los más frecuentes y representativos, apareciendo con sus diversas variantes correspondientes a los distintos momentos de ocupación de estas cuevas. (ALTUNA ET ALII 1995, ficha nº 596). El utillaje óseo va creciendo en frecuencia y grado de elaboración a lo largo del Paleolítico Superior. Así se aprecia por ejemplo en Aitzbitarte IV donde los niveles más antiguos apenas aportan industria ósea hasta que en los niveles solutrenses encontramos un fragmento de bastón perforado junto a punzones, agujas, biseles y retocadores-compresores; y ya en el Magdaleniense, cuando en general se aprecia un desarrollo especialmente intenso del utillaje óseo, destaca la aparición de un nuevo útil, muy relacionado con los cambios que observamos en las prácticas subsistenciales. Nos referimos al arpón, cuya presencia se detecta en Aitzbitarte IV, en el nivel adscrito al magdaleniense final (ALTUNA ET ALII 1995, ficha nº 596). Tanto la caza y la recolección como la búsqueda de materias primas para la fabricación de instrumentos u objetos de adorno exigirían a los habitantes del entorno de Aitzbitarte cierta movilidad en un radio difícil de precisar. Teniendo en cuenta la existencia de restos de malacofauna marina entre los residuos que dejaron en las cuevas de Aitzbitarte, se deduce lógicamente que en sus desplazamientos se acercaban hacia el litoral para llevar a cabo esas actividades de marisqueo, quizá en las aguas tranquilas de los estuarios que presumiblemente formaban las desembocaduras del Urumea o el Oiartzun, que no olvidemos, se encontraban más alejadas en aquella época de la línea que forma la costa actual. El final del Pleistoceno y la consiguiente transición hacia el Holoceno provocaron lentas pero sustanciales tranformaciones en las condiciones medioambientales que hasta entonces habían marcado los modos de vida de los grupos humanos paleolíticos. A partir del Tardiglaciar, la transición hacia el clima actual se caracteriza por la tendencia hacia temperaturas medias y precipitaciones más elevadas. El cambio climático propició la elevación general del nivel de las aguas marinas debida al deshielo del casquete glaciar que cubría el norte y centro de Europa y los mayores aportes de las aguas continentales. Nos podemos hacer una idea de la magnitud de los cambios operados en la delineación de la costa atlántica europea si tenemos en cuenta por ejemplo que será a partir de estos momentos cuando las aguas del mar invadan y conformen lo que actualmente es el Canal de la Mancha, dando lugar al carácter insular de las tierras británicas, hasta entonces continentales. En el caso de la costa cantábrica los estudios realizados hasta el momento sobre la evolución de la línea de costa no permiten todavía un conocimiento muy preciso de las modificaciones operadas. La tendencia a la elevación del nivel del mar ha sido evidenciada pero no parece que se pueda caracterizar como un ascenso continuado, ya que se han constatado oscilaciones de mayor o menor amplitud (CEARRETA, EDESO, UGARTE 1992, p. 87-90).
En lo que se refiere al paisaje vegetal, si para el Pleistoceno superior hemos de imaginar un paisaje abierto con escasas formaciones arbóreas, a partir del tardiglaciar el bosque caducifolio comienza a ganar terreno progresivamente (ISTURIZ, SANCHEZ 1990 p. 281). Esta transformación del paisaje vegetal afecta evidentemente tanto a la subsistencia del hombre como a la del resto de especies animales, suponiendo la extinción o el desplazamiento hacia latitudes más septentrionales de las especies incapaces de adaptarse a las nuevas condiciones, al mismo tiempo que la llegada y extensión de otras que encuentran aquí su medio ideal, como es el caso del jabalí. De la misma forma, la mayor proximidad del litoral marino justifica en parte la mayor importancia del marisqueo como práctica subsistencial a partir del Magdaleniense final y especialmente durante el Epipaleolítico (IMAZ 1990, p. 274). En cualquier caso, las estrategias subsistenciales basadas en la caza y la recolección perduraron en el País Vasco atlántico hasta por lo menos la segunda mitad del IV Milenio a. C. (ARMENDARIZ 1997, p. 25). Pero con la introducción de la agricultura y la ganadería, la caza y la recolección fueron perdieron importancia pasando a ocupar un lugar cada vez más secundario en la dieta alimenticia de las poblaciones prehistóricas.
Hace 5.000 años: Los primeros agricultores y ganaderos.
El Neolítico se suele identificar en el registro arqueológico por la aparición de evidencias materiales de prácticas agrícolas y ganaderas, así como por la presencia de la cerámica y la técnica del pulimentado para la fabricación de útiles líticos. Sin embargo, la mera constatación de la presencia de cerámica en un yacimiento no tiene por qué significar que sus portadores conocieran o practicaran la agricultura o la ganadería, y de hecho esto es lo que el registro arqueológico viene constatando en buena parte de Europa, especialmente en su fachada atlántica. Teniendo en cuenta que las primeras evidencias de agricultura y domesticación se han localizado en el Próximo Oriente Asiático y datan aproximadamente del 7000 a. C., se puede decir que la Europa atlántica y dentro de ella la fachada cantábrica peninsular se incorporan con cierto retraso al proceso general de neolitización. De hecho, la caza y la recolección siguieron practicándose simultáneamente con la agricultura y la ganadería durante bastante tiempo, de modo que el desplazamiento definitivo de las primeras por las segundas como fuente principal de recursos debió de darse a partir del III Milenio a. C., es decir, en pleno Calcolítico, período con el que se inaugura la denominada Edad de los Metales. Los más antiguos indicios explícitos de prácticas productoras de alimentos cercanas al bajo Urumea se han hallado en la cueva de Marizulo, en Urnieta. La excavación de este yacimiento permitió descubrir los restos de un hombre joven inhumado junto a un perro y un cordero en un nivel arqueológico datado en torno a mediados del IV milenio a. C.(ALTUNA 1980, p. 18-19).
Es precisamente la ganadería y en concreto el pastoreo trashumante la actividad principal que tradicionalmente se ha atribuido a los constructores de megalitos de la vertiente cantábrica. Esta caracterización económica se apoya fundamentalmente en la coincidencia de la situación de los monumentos con la de las tradicionales rutas de pastoreo trashumante que recorren la distancia entre los pastos invernizos próximos al litoral y los pastos de verano en las sierras de Aitzgorri y Aralar. Sin embargo, actualmente no todos los especialistas se muestran totalmente de acuerdo con esta hipótesis, ya que en su opinión el pastoreo trashumante no es posible si no es como actividad especializada dentro de una sociedad agrícola compleja (ANDRES 1990, p. 148-150). En cualquier caso, hoy por hoy no disponemos de datos suficientes sobre la importancia de la agricultura que presumiblemente con mayor o menor intensidad también debieron practicar estos constructores de megalitos. Es de esperar que en los próximos años la mayor atención que los arqueólogos prestan actualmente a la recuperación de restos susceptibles de estudio arqueobotánico permita contar con bases empíricas más sólidas a partir de las cuales se pueda precisar y ponderar la importancia relativa de la agricultura y la ganadería en el marco de las estrategias subsistenciales de las primeras comunidades productoras cantábricas. El desarrollo tanto de la agricultura como de la ganadería hubo de conllevar el clareo de los bosques mediante tala y/o rozas, así como desmontes para la preparación de zonas de cultivo y terrenos de pasto. Los hallazgos de útiles destinados a este tipo de actividades, como por ejemplo un hacha pulida hallada fortuitamente en los terrenos del depósito de aguas de Putzueta en Txoritokieta (ARKEOIKUSKA 94, pág. 254-255), constituyen un modesto testimonio material de los esfuerzos de aquellas gentes por abrir espacios para la roturación y el pasto, así como para la construcción de moradas, cuyos vestigios hoy por hoy permanecen ocultas a los ojos de los arqueólogos 
Suponemos que estas viviendas debían de ser modestas cabañas construidas con materiales perecederos, como la madera, con suelos apisonados o semiexcavados en la roca, aprovechando allí donde era factible la roca del lugar, no lejos de las zonas de cultivo o los pastizales. Desgraciadamente, este tipo de hábitat resulta muy difícil de detectar por el arqueólogo ya que el paso del tiempo se encarga de ocultar, cuando no de destruir las endebles huellas de su existencia. Pero la dificultad para localizar yacimientos de habitación al aire libre, que sin duda en alguna parte hubieron de existir, hace que el aspecto mejor conocido del Neolítico y el Calcolítico en nuestro entorno sea el correspondiente a las prácticas funerarias de estas poblaciones, y en concreto, sus lugares de enterramiento, es decir, los monumentos megalíticos. En el actual término municipal de Donostia-San Sebastián y sus aledaños se localizan varias estaciones megalíticas de diversa importancia. Su descubrimiento es relativamente reciente, de fines de los 70 y sobre todo primeros años 80. Sin embargo, de la mayoría de ellos sólo conocemos sus restos emergentes en superficie. Es por ello que la datación genérica de estos monumentos, entre el final de Neolítico y el inicio de la Edad del Bronce para los dólmenes y túmulos, y en la Edad del Hierro para los monolitos y círculos de piedras (conocidos habitualmente como menhires y crómlech respectivamente, si bien no son los términos más apropiados) haya de ser considerada como hipotética y provisional, a falta de excavaciones que permitan contrastar su verosimilitud en cada uno de los casos. Nos detendremos siquiera someramente a señalar los aspectos más destacables de las informaciones disponibles hasta el momento sobre estos monumentos centrándonos en primer lugar en los monumentos que a priori se pueden datar con anterioridad a la Edad del Hierro. Nos basaremos para ello principalmente en las informaciones que nos ofrece el volumen de la Carta Arqueológica de Guipúzcoa dedicado a este tipo de monumentos (ALTUNA ET ALII 1990).
En los aledaños de la cima de Igeldo-Mendizorrotz se concentran una serie de monumentos de diferentes tipos: dólmenes, túmulos y cromlech. Constituyen la estación megalítica de Igeldo. Todos ellos se han descubierto en un breve período de tiempo, entre 1981 y 1984, pero ninguno de ellos ha sido excavado. Se sitúan más o menos agrupados: los túmulos en el sector más occidental del cordal, en los términos municipales de Orio y Usúrbil, más al noreste, ya en el término municipal de Donostia-San Sebastián se encuentran los dólmenes de Mendizorrotz II, Iturrieta y Arrobizar; y entre unos y otros se encuentran los círculos o cromlech de Aitzazate I y Mendizorrotz I, en principio datables en la edad del Hierro. Desgraciadamente, por diferentes causas algunos de ellos se han visto afectados en su conservación, e incluso uno de ellos, el dolmen de Mendizorrotz II, quedó destruido en 1989 a consecuencia de trabajos de explanación para la construcción de un chalet. De él no nos quedan más que los escasos y dispersos materiales que investigadores de la Sociedad Aranzadi pudieron rescatar tras un rastreo concienzudo de las tierras removidas una vez consumada su destrucción: una punta de flecha, un pequeño raspador, varias lascas retocadas y sin retocar. Estos objetos les han permitido datar el monumento desaparecido en el Calcolítico, período también denominado Edad del Cobre o Eneolítico, es decir, la fase de transición entre el Neolítico y la Edad del Bronce. No es éste monumento el único afectado por la mano del hombre, ya que el túmulo de Tontortxiki III se encuentra prácticamente arrasado, y en los túmulos de Tontortxiki I y Tontortxiki II se puede apreciar un cráter central, debido quizá a la búsqueda de objetos de valor alimentada por la vieja tradición popular de la existencia de "tesoros" en estos monumentos. En las laderas del monte Andatza han sido localizados 8 dolmenes y una cista, ésta última de cronología no precisable. En concreto en el pertenecido de Zubieta se encuentran tres dolmenes: Olaiko, Karramiolotz y Arkutxa. Los tres fueron descubiertos en 1983, ninguno de ellos ha sido excavado. La estación de Txoritokieta comprende un único dolmen, Aitzetako Txabala y un monolito. El dolmen fue excavado en 1963 por J. M. Barandiarán, sin que se recuperara material alguno. El monolito, situado en las cercanías del caserío Floreaga, sirve actualmente de mojón de término o mugarri entre los términos municipales de Astigarraga y Rentería. Su cronología resulta difícil de determinar a falta de una excavación, pero posiblemente su presencia se remonta a la época prehistórica. La estación de Igoin-Akola se encuentra en el cordal que se extiende desde Fagollaga (Hernani) hasta el arroyo de Landarbaso, donde contamos con una importante concentración de monumentos: catorce dólmenes, un túmulo y un monolito. En el pertenecido de Landarbaso, término municipal de Donostia-San Sebastián, se ubican ocho dólmenes. Aunque algunos de ellos, fundamentalmente los que se encuentran en el entorno de Epeleko, en Hernani, se conocen desde las primeras décadas de este siglo, los localizados en las laderas de Landarbaso han sido descubiertos a finales de los años 70 y sobre todo en los primeros años 80. Sólo uno de ellos ha sido excavado, se trata del denominado Landarbaso I.
La excavación de este monumento fue llevada a cabo en 1950 por T. Atauri, J. Elósegi y M. Laborde. Bajo un túmulo de unos 10 m de diámetro se encontraba la cámara de planta rectangular, formada por cuatro losas, bajo la cual se descubrió la existencia de una pequeña fosa circular. Los materiales recuperados por la excavación fueron escasos, constatación habitual en estos monumentos megalíticos: una pequeña hacha pulida, y diversas piezas de sílex tallado, entre las que destaca un microlito geométrico, junto con un recipiente cerámico fragmentado de forma ovoidea, que muy posiblemente corresponde a una intrusión muy posterior a la utilización del monumento como lugar de enterramiento.
Hace 3.000 años: Los primeros poblados .
En torno al 800 a. C., a partir del final de la Edad del Bronce y con el advenimiento de la Edad del Hierro, podemos contar con evidencias arqueológicas claras de un poblamiento más o menos agrupado que podríamos calificar como propio de comunidades de aldea. Insistiendo en lo incipiente y provisional de las conclusiones a las que hoy por hoy podemos llegar con las evidencias disponibles, podemos afirmar que la Edad del Hierro en general supone cambios destacables con respecto a todo lo anterior, especialmente tanto en lo que se refiere al poblamiento como a las costumbre funerarias. La mayor parte de los poblados guipuzcoanos conocidos hasta ahora se encuentran en el espacio comprendido entre los valles del Oria y el Deba. Pero en fechas recientes hemos podido confirmar la existencia de un nuevo poblado en el Bajo Urumea en la cima de Santiagomendi (Astigarraga). Los trabajos de campo realizados hasta el momento, consistentes en prospecciones con catas en 1993, 1994 y 1997 y una primera campaña de excavación en 1998, nos permiten proponer una datación a caballo entre la Edad del Hierro y la época romana, más concretamente altoimperial. Esta propuesta cronológica se basa en los diversos tipo de cerámica recuperados hasta el momento y tiene bastante de provisional en tanto no contemos con dataciones absolutas radiocarbónicas o de otro tipo (ARANZADIANA 97, p. 22-23). Nuestros conocimientos sobre los modos de vida de las gentes que ocupaban estos poblados van progresando a medida que avanzan las investigaciones de campo y laboratorio. Con las informaciones disponibles hasta el momento podemos señalar una serie de características propias de estas ocupaciones: Su ubicación en lugares elevados de fácil defensa y amplio control visual.
La presencia en ellos de zonas aterrazadas y gruesos muros cuya finalidad bien pudiera ser defensiva, pero no han de descartarse otras posibilidades. La difícil conservación de sus estructuras de habitación debido muy posiblemente a lo endeble de las construcciones. Sólo en el poblado de Intxur se han localizado restos de cabañas con el suelo semiexcavado en la roca, cuyas paredes debían de levantarse a base de postes de madera y adobe (ARKEOIKUSKA 93, p. 183-186). Los estudios arqueobotánicos confirman la existencia de prácticas agrícolas y ganaderas en el interior y los alrededores de estos poblados con un sensible impacto en el paisaje vegetal circundante, afectado por acciones deforestadoras que impidiendo la recuperación natural del bosque. Sabemos, por ejemplo, que los habitantes del poblado de Intxur (AlbisturTolosa) cultivaban leguminosas y cereales (IRIARTE CHIAPUSSO 1997, p. 676). Por otra parte, aun siendo presumibles, apenas contamos con evidencias de prácticas ganaderas pero ello puede deberse a lo problemático de la conservación de restos óseos en este y otros yacimientos debido a la acidez del terreno. En cuanto a su cultura material, se puede decir que estas poblaciones presentan enseres en general de factura simple y deudora en gran medida de tradiciones anteriores. Ni siquiera abandonan completamente la piedra como materia prima para la fabricación de instrumentos. Sus recipientes cerámicos son elaborados a partir de técnicas muy sencillas: se trata de recipientes con formas simples, hechos a mano, es decir, no torneados. A veces presentan decoraciones plásticas, es decir, consistentes en la aplicación de arcilla a sus paredes antes de su cocción. Los estudios realizados sobre el tipo de arcillas empleadas y su preparación permiten deducir la procedencia de las mismas, generalmente muy próxima a los poblados (OLAETXEA 1997, p. 120-128). Ello y en general la tecnología empleada sugiere que estos productos son fabricados en un ámbito muy probablemente doméstico, no tratándose tanto de una actividad especializada realizada a tiempo completo, propia de sociedades complejas, sino más bien una actividad familiar y complementaria destinada principalmente al autoconsumo. En cuanto a las prácticas funerarias en este período final de la prehistoria, en consonancia con lo que ocurre en el resto de Europa occidental, se adopta la incineración como nuevo ritual frente a la perduración desde el Neolítico de los enterramientos por inhumación colectiva en cuevas, dólmenes y túmulos. La introducción del nuevo ritual se ha atribuido tradicionalmente a invasiones de gentes de origen indoeuropeo que procedentes de Centroeuropa habrían penetrado por el Pirineo Oriental y Occidental en la Península Ibérica.
Pero los arqueólogos son conscientes desde hace tiempo de que la correspondencia directa entre cultura material y etnia es muy difícil de demostrar arqueológicamente, y los cambios en la cultura material pueden deberse tanto a estímulos externos de variada índole, como invasiones o intercambios de ideas y objetos, como a estímulos internos. Sea cual fuere el factor o factores del cambio, internos o externos, lo cierto es que las gentes afincadas en el Pirineo Occidental, y para ser más precisos los habitantes del sector nororiental de Guipúzcoa, adoptaron la incineración como ritual de enterramiento a partir del Bronce final, pero con la peculiaridad de que sus restos incinerados, muy frecuentemente desprovistos de ajuar o reducido éste al mínimo, se depositaban en el interior de ese espacio más o menos circular delimitado por bloques de piedra, que habitualmente denominamos como crónlech o "círculo de piedras", en lugar de introducir sus cenizas en urnas cerámicas depositadas en pequeñas fosas, como lo hacían por ejemplo al sur de la divisoria de aguas cántabro-mediterránea. Sin embargo, el cambio en el ritual no significó un cambio en el tipo de emplazamiento de los enterramientos, ya que siguen eligiéndose los collados y laderas donde anteriormente se habían erigido dólmenes y túmulos. Así se constata, por ejemplo, en los crómlech de Aitzazate I y Mendizorrotz I se intercalan entre dólmenes y túmulos. Pero donde realmente es más intensa la presencia de los crómlech o círculos de piedras es en la zona del monte Adarra y sus inmediaciones. Estos parajes forman parte del cordal Onyi-Mandoegi, donde aparece casi exclusivamente este tipo de monumentos con sus diversas variantes ( de los 21 monumentos censados en esta estación por la Carta Arqueológica, 14 son crómlech, frente a sólo 4 dólmenes, 1 monolito y 1 cista). Más al Este, en el entorno de Oiartzun el cromlech es el unico tipo de monumento conocido (ALTUNA ET ALII 1990). Llama especialmente la atención el hecho de que en cambio apenas conozcamos evidencias de hábitat próximo en esta zona de intensa distribución de los crómlech, y a la inversa, allí donde se han podido localizar poblados sin embargo no se hayan localizado, al menos por el momento, evidencias funerarias de las gentes que los habitaron. ¿Responde esta mutua exclusión a la existencia de prácticas funerarias y modelos de asentamiento diferentes en una y otra zona, o a lagunas de la investigación? Posiblemente es la primera hipótesis la más verosímil, pero también es cierto que para demostrarla habrá que esperar a los resultados de investigaciones todavía en curso.
4.1.2 LA ÉPOCA ANTIGUA
Pese a que para ninguno de los oppida várdulos mencionados por el escritor Plinio Segundo en torno al 77 d.C. haya sido admitida una clara identificación con la actual Donostia (BARANDIARAN 1973, p. 42), apenas nos caben dudas actualmente de la existencia de un asentamiento de época romana en algún lugar de la actual Parte Vieja o sus aledaños. Pero antes de exponer los indicios que nos llevan a esta afirmación conviene que nos detengamos a analizar el contexto histórico que los propicia y a fin de cuentas los explica. Las fuentes escritas de época romana, y en concreto, la Geografía de Estrabón escrita y corregida entre el 18 a.C. y el 7 d.C, nos proporciona el testimonio más antiguo sobre los habitantes de las montañas del norte peninsular. Su descripción nos los presenta como gentes rudas e incivilizadas (ESTRABON, III, 3-7). Aunque esta imagen es ideológicamente sesgada y no se basa en un conocimiento de primera mano de la realidad que pretende describir, sería equivocado invalidar totalmente esta fuente, por cuanto la intencionalidad del autor griego responde a la enorme distancia cultural que le separa a él y a los receptores de sus informaciones de las gentes que pretende describir. Desde luego, a juzgar por la evidencia arqueológica, los modos de vida de las gentes que al menos a la llegada de Roma habitaban entre cántabros y vascones estaban lejos de poder ser consideradas a los ojos de un personaje griego o romano como civilizadas. Al describir la rudeza y salvajismo de los habitantes de las montañas del Norte peninsular, el geógrafo concluye elogiando la "acción civilizadora" de las legiones instaladas por Augusto y Tiberio en este territorio, gracias a las cuales estos pueblos han conseguido superar la incomunicación y ahora conocen las formas de vida civilizadas. Pero quizá Estrabón nos presenta un panorama demasiado optimista. La confrontación de sus alabanzas con la realidad arqueológica revela, al menos en el territorio cantábrico peninsular, la desigual intensidad y extensión de las transformaciones operadas en las estructuras sociales, económicas y culturales indígenas a lo largo de siglos de dominio romano. Más aún, si aguzamos el enfoque hacia el territorio guipuzcoano, los contrastes resultan todavía más nítidos.
La incidencia de la dominación romana tiene su reflejo más precoz y explícito en el Bajo Bidasoa, a cuyas orillas surge un asentamiento que viene identificándose como la Oiasso mencionada por Estrabón en época augústea. Esta cronología se ve perfectamente corroborada por la datación en torno al cambio de Era de los materiales cerámicos y numismáticos más antiguos, procedentes del casco urbano de Irún y la zona minera de Peñas de Aia (ESTEBAN 1990, pp. 277-289, 379-381). Se trata, por tanto, de uno de los primeros núcleos surgidos en la costa cantábrica, si no es el más antiguo. Desde su creación poco antes del cambio de Era hasta la época flavia, el enclave vascón debió de servir fundamentalmente a necesidades estratégicas, funcionando como puesto de control a caballo entre dos regiones recientemente sometidas, el territorio cantábrico y la Aquitania meridional. Ello nos explicaría su posición como terminal de la vía que, discurriendo en su mayor parte por el valle del Ebro, conectaba la fachada cantábrica oriental con Tarraco, capital de la provincia Citerior Tarraconense, desde donde se organizaba la ocupación y explotación de los territorios conquistados. Pero ni las fuentes escritas, ni las fuentes arqueológicas nos ofrecen datos objetivos como para considerar que la creación de Oiasso tuviera un eco inmediato ni profundo en la realidad indígena.
Con el advenimiento de la dinastía flavia se produce un nítido punto de inflexión en el proceso de implantación y transformación del territorio peninsular. El turbulento final de la dinastía julio-claudia, con el suicidio de Nerón y el desencadenamiento de una auténtica guerra por el poder imperial se había saldado con la quiebra de la hacienda imperial. La llegada de Vespasiano al poder tuvo como efecto inmediato una sistemática política de drenaje de recursos económicos hacia Roma con el fin de sanear y revitalizar las exhaustas arcas imperiales. Vespasiano y sus sucesores son los auténticos artífices de la explotación sistemática e intensiva del potencial económico del norte de Hispania, y como consecuencia, su transformación social y cultural. Y los efectos de esta política se hacen notar especialmente en la costa del Cantábrico oriental (ESTEBAN 1990, p. 355-358). La costa cantábrica no había ofrecido hasta entonces grandes atractivos a ls ojos de Roma. Pero la intensificación de la explotación económica de los territorios septentrionales de Hispania va a estimular la navegación a lo largo del litoral cantábrico y con ello va a surgir la necesidad de instalar establecimientos en la misma que por un lado den servicio a las embarcaciones proporcionándoles puntos de refugio y recalado, y al mismo tiempo funcionen como puertos de entrada y salida de productos procedentes de su entorno inmediato, o de zonas más alejadas. Esta actividad generará a su vez una explotación más intensiva de los recursos potenciales situados en el entorno de los asentamientos. Desde este punto de vista, la posición del Bajo Urumea cobra un relativo interés como potencial punto de apoyo a la Via Maris, ruta de navegación que posibilita la circulación de bienes e ideas a lo largo de la costa cantábrica.
En este contexto hemos de insertar y explicar la aparición de toda una serie de testimonios, escritos y arqueológicos; a veces simples indicios, de la nueva dinámica de ocupación del litoral cantábrico, entre los que cuales se encuentran los hallados en el entorno de la desembocadura del Urumea.

¿Un asentamiento al pie de Urgull?
Si tenemos en cuenta que el tráfico a lo largo de la Via Maris, es decir, la ruta marítima que recorría el litoral atlántico desde Gades, requería una red de puertos y puntos de refugio en la costa, no resulta descabellado pensar que la desembocadura del Urumea fuera uno de ellos. La existencia de una navegación de altura, reservada a los transportes de gran volumen con puertos de salida y arribada en grandes puntos redistribuidores -como eran Gades, Brigantium y Burdigala, es decir, Cádiz, A Coruña y Burdeos-, no era incompatible con la existencia de circuitos a menor escala. De hecho, en una zona donde las comunicaciones terrestres eran más bien dificultosas para el trasiego de mercancías, la alternativa de las comunicaciones marítimo-fluviales era infinitamente más ventajosa. Las características geográficas de la costa cantábrica han propiciado que históricamente los puntos más favorables para el recalado y fondeo de embarcaciones hayan coincidido mayoritariamente con desembocaduras de cursos fluviales, especialmente allí donde la desembocadura se configure como estuario o ría, ofreciendo la posibilidad incluso de remontar el curso de la desembocadura combinando así el tráfico marítimo con el fluvial (ESTEBAN 1990, p. 102-129). La bahía de la Concha con la desembocadura del Urumea, navegable al menos hasta las inmediaciones de Hernani, constituía un emplazamiento que reunía los requisitos más favorables para el establecimiento de un asentamiento que cumpliera esa doble función: facilitar la navegación ofreciendo refugio en una amplia zona de fondeo y, al mismo tiempo, servir de puerto de entrada y salida de productos aprovechando el curso del Urumea para dirigir los flujos de intercambio entre la costa y el interior. Los testimonios materiales que confirman esta hipótesis han venido aflorando desde hace años en circunstancias diversas. Desgraciadamente, todos ellos han sido localizados en contextos no primarios, es decir, desplazados de su lugar de deposición original, lo que dificulta seriamente la interpretación histórica de todos estos indicios, pero en absoluto han de ser desdeñados por esta razón. Dado que buena parte de estos materiales están todavía en curso de estudio para su publicación, nos limitaremos a exponer sucintamente las líneas maestras de la lectura histórica de que de los mismos podemos hacer en estos momentos.
Así, intentando obtener a través de todos ellos una información coherente con el contexto histórico, podemos proponer siquiera a modo de hipótesis a confirmar una mínima caracterización, si se quiere virtual, de este asentamiento. Comencemos en primer lugar por su ubicación. Los materiales de época romana aparecidos hasta el momento se han localizado dispersos en un radio relativamente amplio en torno a la Parte Vieja: en la bahía de la Concha (ESTEBAN 1990, p. 173 y 296), en el subsuelo de las calles Esterlines y Embeltrán (IZQUIERDO 1997, p. 408), el Mercado de la Brecha (LOPEZ COLOM ET ALII 1997, p. 161) y la Alameda del Boulevard (información oral que agradecemos a M. Ayerbe y C. Fernández responsables de la excavación). Si excluímos los hallazgos de la Bahía de la Concha, la localización del resto de los indicios invita a considerar el subsuelo de la Parte Vieja como el emplazamiento más probable para un pequeño núcleo de población, al pie del monte Urgull sobre uno de los extremos del tómbolo que apenas separaba la bahía de la desembocadura del Urumea. Pasemos ahora a considerar el marco cronológico en que se pareció desarrollarse la actividad de este asentamiento: La datación de los materiales más expresivos en este sentido nos permite remontar su aparición a la época flavia, es decir, el último cuarto del siglo I d. C., fechas a las que cabe adscribir el pequeño fragmento cerámico de Terra Sigillata hispánica hallado en la calle Embeltrán, en un relleno de época moderna junto a la muralla medieval (IZQUIERDO 1997, p. 396). Esta cronología concuerda perfectamente con la de buena parte de los establecimientos costeros del Cantábrico (FERNANDEZ OCHOA, MORILLO CERDAN 1994, p. 179). En lo concerniente al final del asentamiento, los materiales son poco expresivos, a excepción de una moneda muy deteriorada pero con muchas probabilidades de ser tardía, hallada igualmente en la calle Embeltrán (información oral que hemos de agradecer a M. Ayerbe y A. I. Echevarria). Las cerámicas comunes halladas en el mismo lugar y no lejos de allí, a raíz del control arqueológico de las obras de remodelación del antiguo Palacio Collado, en la calle Esterlines, nos remiten con mucha probabilidad pero no total certeza a la época tardía, a los siglos III o IV (IZQUIERDO 1997, p. 408).
En cuanto al tipo de actividad que sustentaba la existencia del establecimiento, ya ha quedado sobradamente enunciada su vocación como pequeño centro redistribuidor a escala local. Por un lado, sería lugar de recepción de mercancías transportadas por vía marítima desde otros puntos del Cantábrico, como la cercana Oiasso u otros más alejados como Flaviobriga (Castro Urdiales), y por otro lado, facilitaría el embarque hacia esos mismos puntos de los diversos productos procedentes de su hinterland, especialmente aguas arriba del Urumea. Al mismo tiempo, este asentamiento podía ser un punto de apoyo más a la navegación de cabotaje por el Cantábrico, ofreciendo su bahía como lugar de refugio cuando la mar se ponía difícil, o simplemente asegurando el suministro de agua, víveres o repuestos requeridos por las embarcaciones que surcaban las difíciles aguas cantábricas. Con las informaciones disponibles actualmente no es posible trazar un cuadro más preciso acerca de la extensión, los ritmos y la proyección económica de este establecimiento. Para ello harían falta más datos, y en especial nuevos hallazgos que permitan delimitar mejor su ubicación precisa, extensión y organización de la zona habitada.
Queda por último, y ello nos sirve para concluir nuestra contribución y enlazar con el período altomedieval, preguntarse por la continuidad de esta ocupación de época romana más allá de la época tardía. El Cronicón de Hidacio menciona el saqueo por los hérulos de las costas várdulas en el año 456 a su regreso de una expedición que les había llevado hasta la costa gallega. ¿Podría incluirse entre los núcleos asolados el que nos ocupa? Es una posibilidad no descartable ya que sabemos que otros núcleos costeros cantábricos perduraban con mayor o menor prosperidad en estas fechas (FERNANDEZ OCHOA, MORILLO CERDAN 1994, p. 190), y desde luego, algún atractivo debía quedar en ellos para que la expedición hérula los asolase. Otro indicio a considerar en favor de cierta continuidad, no tanto física sino más bien prendida en la memoria histórica, se halla en el controvertido y no menos conocido documento apócrifo que recoge la donación del monasterio de San Sebastián al monasterio de San Salvador de Leire. En él se atribuye a Sancho el Mayor la inclusión entre los bienes donados de illam villam quam antiqui dicebant Yzurum. No cabe duda a los medievalistas de la falsedad del documento, que podría haber sido redactado fines del siglo XII, pero en opinión de algunos no se puede descartar una fundación del monasterio de San Sebastián en el Antiguo en los primeros años del siglo XI y su posterior donación al monasterio legerense por Sancho IV a mediados del mismo siglo (BARRENA 1989, p. 250). La incógnita que se nos plantea y quizá algún día se pueda despejar es la siguiente: ¿A qué antiqui se refiere el autor del documento? o lo que casi es lo mismo, ¿era acaso Yzurum el nombre que habían dado al asentamiento sus pobladores en época romana o tardoantigua? Los orígenes de San Sebastián, su historia más remota anterior a la concesión del fuero de Sancho el Sabio constituyen un verdadero reto para los historiadores. Son un acertijo contenido en un enigma. La escasez de documentación se ve agravada por el hecho de una parte sustancial de la misma es el resultado de falsificaciones o manipulaciones, motivadas por intereses monasteriales o episcopales. No obstante, intentaremos acercarnos a las claves del problema, teniendo en cuenta las aportaciones de los estudiosos y los imperativos del sentido común. 
4.1 EL BAJO URUMEA EN ÉPOCA PREHISTÓRICA Y ANTIGUA 

4.2


4.2 LOS ORÍGENES MEDIEVALES DE SAN SEBASTIAN: 
LA ÉPOCA ANTERIOR AL FUERO DE SANCHO EL SABIO. (José Angel LEMA PUEYO)

4.2.1 EL PUNTO DE PARTIDA: EL MONASTERIO DE SAN SEBASTIÁN EL ANTIGUO A INICIOS DEL SIGLO XI.

Se impone una observación inicial. En sus orígenes, sean cuales fueren, S. Sebastián no pertenecía a Guipúzcoa o Iputza, tal como la designaban las fuentes de la época. Las tierras guipuzcoanas sensu stricto tenían sus límites orientales en el siglo XI en el curso del Oria. Abandonaban el curso del río a la altura de la actual Lasarte y siguiendo la línea del arroyo del Gorga, hoy día cegado, salían al mar por Ondarreta. Al E. se extendían las llamadas de modo muy genérico tierras de Hernani, que comprendían el espacio situado desde la vertiente septentrional del Adarra hasta el mar, entre los ríos Oria y Urumea. S. Sebastián había de surgir, pues, en el extremo costero de esta franja de territorio. ¿Quién domina políticamente en esta área? Si Guipúzcoa o Iputza parece incorporarse a la monarquía pamplonesa bajo el reinado de Sancho III “el Mayo”, es probable que las tierras de Hernani ya estuviesen bajo soberanía navarra desde época anterior El asentamiento más remoto de la futura ciudad de Donostia se localizaba en lo que hoy es precisamente el barrio de El Antiguo. Nos referimos a un modesto monasterio conocido con el nombre de S. Sebastián el Viejo, en atención al santo al que estaba dedicado, que se levantaba tal vez en el actual emplazamiento del Palacio de Miramar. Enseguida nos asaltan las preguntas ¿Cuándo se fundó? ¿Quién llevo a cabo esta fundación? Los datos disponibles no son seguros. Es probable que este enclave religioso ya existiera a comienzos del siglo XI y que Sancho III “el Mayor” (1005-1035) hubiese sido su fundador. El lugar, no lo olvidemos, estaba, a la sazón, bajo el dominio político de los reyes pamploneses. Con el tiempo, el monasterio estaba destinado a caer en dependencia de una abadía navarra de gran renombre, San Salvador de Leire. Las fuentes disponibles no nos autorizan a precisar con claridad si fue dicho monarca o uno de sus sucesores en el reino de Pamplona, Sancho IV “el de Peñalén”, el autor de la donación. ¿Cómo era? Sería, inicialmente, dada la escasez de población y la pobreza del territorio donde estaba asentado, un enclave de moderada importancia, un monasteriolo o pequeño monasterio. A pesar de su localización marítima, la orientación económica fundamental hay que suponerla agrícola y, sobre todo, ganadera. No hay datos seguros que nos autoricen a describir las edificaciones del cenobio. Suponemos que lo formaría un conjunto de pequeñas construcciones en torno a una iglesia, como punto central. Presumimos que en estas edificaciones residirían los pocos monjes necesarios para atender el monasterio y las familias de él dependientes, obligadas seguramente al pago de censos. A su alrededor, un conjunto de pardinas y seles, carente de población estable, utilizado para apacentamiento y alojamiento del ganado y aprovechamientos forestales, constituía parte fundamental de la dotación económica de la comunidad. Entre estos bienes figuraba, emplazada entre el arroyo del Gorga y el río Urumea, la pardina o pastizal de Izurun, de la que nos ha dejado recuerdo la toponomia en el alto de Izturun, a unos dos Km. al S.E. del monasterio. No están claros sus límites. Es posible que en un primer momento no estuviesen definidos con precisión. Tampoco era necesario en una zona poco poblada como aquélla. Esta indefinición facilitaría que el término de la pardina se fuese ampliando conforme los intereses del monasterio así lo exigiesen.
Como dependencia de Leire, el viejo San Sebastián, aquí someramente descrito, estaba sujeto a diversas cargas con relación a la abadía navarra. A Leire se le debían derechos en conceptos de rentas eclesiales cobradas en S. Sebastián, como diezmos, primicias y oblaciones. Asimismo, una curiosa tradición recoge la obligación que tenían los monjes donostiarras, al igual que otros cenobios dependientes de San Salvador, de aportar alimentos (según parece, salmones, en este caso) para un día de sustento de la abadía legerense. Quedan preguntas en el aire. ¿Surgió primero el cenobio como célula de colonización agraria atrayendo pobladores a su alrededor o se fundó precisamente para atender y organizar mejor a moradores asentados con anterioridad? ¿Los moradores del primitivo San Sebastián, el actual barrio del Antiguo, eran autóctonos o de procedencia navarra, como se ha sugerido? De todo este conjunto de tierras una fracción debió de ser poseída con plenos y exclusivos derechos de propiedad e inmunidad por el cenobio. Constituiría, lo que en términos de la época, se llamaba su coto. ¿Cuándo se señalaron sus límites y dónde estaban situados? Por otro lado, no olvidemos que S. Sebastián el Antiguo obtuvo su dotación por merced regia. Habría partes del dominio monástico en las que, a diferencia del coto, el monarca tan sólo cedería derechos de aprovechamiento, manteniendo la corona derechos eminentes de propiedad. ¿Cuáles eran? Es otro interrogante de difícil respuesta. También se ha asociado la fundación del primitivo cenobio de S. Sebastián a la difusión del culto al apóstol Santiago. En consecuencia, el enclave habría tenido un origen asistencial, destinado al acogimiento de peregrinos al Sepulcro compostelano que seguían la ruta costera o el itinerario Bayona-Burgos. ¿En qué medida es válida esta conjetura para explicar los orígenes del monasterio? Nos negamos a entrar en un debate sobre el problema y en estas líneas dejamos planteada la cuestión.
4.2.2 EL ASENTAMIENTO DONOSTIARRA EN EL TRÁNSITO DE LOS SIGLOS XI-XII.

 Desde 1076 cambian las circunstancias políticas. No nos detendremos en detalles. Basta apuntar que Gipukoa-Iputza, con Bizkaia y Alava, bascula hacia la monarquía castellano-leonesa. Por el contrario, las tierras que se extienden entre el Oria y el Bidasoa, con el enclave donostiarra, aún no propiamente guipuzcoanas, siguen vinculadas al reino Pamplona, unido ahora dinásticamente a Aragón desde el mencionado año hasta 1134. En 1105 las tierras de Hernani, entre las que se incluye en enclave donostiarra, son gobernadas por un tenente o representante del rey de Aragón y Pamplona, el señor Iñigo Veilaz, a quien también se había asignado con el mismo fin el Baztán, La Burunda y Echauri. San Sebastián, englobado en Hernani forma, pues, parte de un gran distrito fronterizo de la monarquía navarro-aragonesa. Mientras tanto, San Sebastián crece. Mejor dicho, lo hace su monasterio, que en 1101 recibe del rey Pedro I de Aragón y Pamplona una ampliación de su dominio. Es la pardina de “Oroztegui”, según lo expresa el documento: con sus términos y apéndices, tierras cultivadas y sin cultivar, pastos, árboles frutales y no frutales, con la corriente que se llama Urumea que pertenece a Oroztegui.
La localización de dicha pardina ha suscitado serios problemas. La hipótesis más probable sitúa este topónimo pocos km. al S. de San Sebastián. Nos referimos a elevación conocida con el nombre de Oriamendi (en el límite de los términos mun. de Donostia y Hernani), cuya ladera oriental vierte aguas hacia el Urumea. Situada algo al S. de Izturun, denotaría una expansión y creciente apropiación territorial del monasterio en las tierras de Hernani. Consecuencia de esta expansión sería la circunstancia de que varios caseríos del lugar pagasen en fechas posteriores diezmos y primicias al cenobio donostiarra. El mencionado documento de Pedro I no se limitaba a la donación de la pardina. El monarca aragonés confirmaba al monasterio de Leire la posesión del monasterio donostiarra con su villa (cum sua villa). ¿Qué significado tiene la palabra villa en este contexto? ¿Dónde está esta villa exactamente? El documento de Pedro I es lacónico y no precisa más. Hay dos explicaciones posibles. De acuerdo a la primera, podría tratarse del conjunto de casas inmediatas al monasterio, en el emplazamiento del actual barrio de El Antiguo, en la parte occidental de la bahía de la Concha. De este modo, la carta de Pedro I no haría sino dar fuerza legal a una situación heredada de reinados anteriores. En este aspecto, la situación no habría cambiado en lo sustancial con relación a los reinados de Sancho III y Sancho IV: una pequeña aldea, enclavada en un claro de bosque, en torno a una modesta iglesia o monasteriolo, aunque más poblada que antes, y con una ampliación de las tierras dedicadas a aprovechamientos ganaderos, de lo que sería indicio la mencionada donación de Oroztegui. Según esta primera identificación, se habría producido, pues, un cambio cuantitativo (expansión territorial), pero no cualitativo (naturaleza del asentamiento).
Asimismo, cabe otra lectura de la mención de la villa: que para entonces, a fines del siglo XI o inicios del XII, hubiese surgido un nuevo emplazamiento, ahora al pie del Monte Urgull, entre la parte oriental de la bahía y la desembocadura del Urumea, limitado al S. por el arenal que se interponía entre el Monte y la costa. De acuerdo a la documentación legerense, se tiende a asociar este hipotético enclave con la pardina de Izurum o Izturun, de la que sería una parte situada en su extremo más septentrional. De ser cierta esta segunda suposición, ¿ qué clase de habitantes habría en este núcleo? La misma localización, separada de la costa, en un excelente fondeadero, nos impide creer que se trata de una aldea de bosque. Ha de ser un asentamiento de navegantes y, al menos en fechas tan tempranas, se nos hace difícil creer que fueran autóctonos. Pensando en la cercanía de los activos puertos de Bayona de Burdeos, nos inclinamos a pensar que se tratara de gascones. Esta reflexión nos conduce al problema del origen de la presencia gascona en San Sebastián. Se han aducido diversas causas y dataciones de este fenómeno histórico. Unos opinan que la colmatación de las bocas del Adour, ya a fines del siglo XI y comienzos del XII debió de obligar a los navegantes y mercaderes bayoneses a buscar nuevos puertos y fondeaderos. Otros atrasan la presencia gascona al establecimiento de la dominación inglesa en la Guyena, a mediados del siglo XII: los elementos descontentos con la nueva situación política en Aquitania se verían forzados a desplazarse al refugio que les ofrecía la actual costa guipuzcoana. La presencia gascona se ha atrasado incluso hasta la concesión del fuero por Sancho el Sabio a S. Sebastián (1181), que habría sido el incentivo que atrajo a los nuevos pobladores. Incluso se fecha la llegada de los gascones en 1204, relacionándola con el matrimonio de Alfonso VIII de Castilla, para entonces dueño de Guipúzcoa, con Leonor de Aquitania. A decir verdad, falta base documental para sustentar cualquiera de estas dataciones. Ahora, ¿por qué pensar en un momento concreto? La llegada de gascones pudo haber sido el resultado de un proceso más prolongado en el tiempo, a lo largo de varios decenios. La expansión del comercio de Bayona y Burdeos por la costa cantábrica hasta Galicia obligaría a fijar fondeaderos y pequeños puertos para que sirvieran de apoyo a la navegación de cabotaje. En ellos se practicarían cada cierto tiempo intercambios comerciales con los pobladores de los territorios vecinos. Algunos de estos asentamientos, provisionales en su origen, acabarían por convertirse en permanentes y en germen de poblaciones costeras de importancia. Sería el caso de San Sebastián, que reunía varias condiciones susceptibles de atraer a los navegantes gascones y de fijar a una comunidad de ellos: el abrigo de la bahía, las facilidades para la defensa y su situación al cabo de la línea de comunicación que relacionaba Pamplona con el Cantábrico.
Ahora bien, ¿estaba en marcha este proceso ya a inicios del siglo XII? Falta documentación escrita o de testimonios arqueológicos concluyentes, que nos faculten a afirmarlo o negarlo de una manera taxativa. En caso afirmativo, el poblado o fondaco del Monte Urgull tendría todavía una importancia escasa o mínima, desde luego no la suficiente para sustraerse a la influencia del vecino monasterio de El Antiguo. Sus monjes y sus superiores de Leire considerarían el nuevo enclave -si ya existía- como una parte más de su antigua pardina de Izurun. Hay un indicio que, sin ser concluyente, podría apoyar la idea de que San Sebastián estaba creciendo en aquel cambio de siglo. En 1096 el obispado de Pamplona, al señalar sus límites noroccidentales, los marca -de manera muy genérica por cierto- desde el puerto de Belate hasta San Sebastián (inclusive se entiende). Con ello se afirmaba corroborar una situación heredada de la época de Sancho “el Mayor”. Precisamente, nueve años después, en 1105, el obispado de Bayona establece sus términos, resultando, para la zona que nos interesa, la siguiente división: los valles del Oiartzun y del Urumea quedan en la jurisdicción de Bayona, exceptuando la desembocadura de este último río y San Sebastián, adjudicadas, como hemos dicho, a la sede de Pamplona. Aislado del resto de la diócesis precisamente por San Sebastián, el N. de Guipúzcoa, en un triángulo delimitado entre el mar al N., el río Oria al E., y la línea que uniría Santa María de Aratz y Deba, al O., pertenecería a Bayona.
¿Por qué estas fijaciones de términos episcopales a comienzos del siglo XII? Al menos como tentativa de explicación, cabría suponer que el crecimiento territorial de San Sebastián, incluido en la diócesis pamplonesa, inquietó lo bastante al obispado vecino de Bayona como para que requiriera una delimitación del área que le correspondía. Adviértase que nos movemos en el terreno de las meras conjeturas, suposiciones e hipótesis, en espera de confirmación con fuentes documentales o arqueológicas, si es que alguna vez se localizan. 
4.2.3 EVOLUCIÓN DEL ENCLAVE EN EL SIGLO XII.

El primer tercio del siglo XII, que corresponde a los reinados de Pedro I (1094-1104) y Alfonso I “el Batallador” (1104-1134), soberanos, al mismo tiempo, en Pamplona y Aragón, es parco en noticias. En efecto, a partir de 1105 impera el vacío documental más absoluto sobre la Donostia medieval. En los territorios circundantes la coyuntura política evoluciona. Desde 1076, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, que no engloba aún las tierras comprendidas entre el Oria y el Bidasoa, pertenecen a la monarquía castellano-leonesa. La situación cambia radicalmente bajo Alfonso I. Un detalle revelador: para 1120 “el Batallador” se declara rey de Alava. ¿Con Alava ha pasado ya Guipúzcoa a su soberanía? Es probable. Este cambio territorial está destinado a perdurar. Alfonso VII (1126-1157), rey de Castilla y León, se ve obligado a aceptarlo al empezar su reinado. En julio de 1127 el nuevo monarca castellano y “el Batallador” negocian en el valle de Támara un pacto que señala las fronteras entre ambas monarquías. Es opinión extendida que dichos acuerdos (cuyo texto concreto ignoramos) vuelven a fijar los límites del reino de Pamplona tal como quedaron a la muerte de Sancho “el Mayor”. Si es así, los pactos de Támara confirmarían, entre otras cosas, la inclusión de Guipúzcoa en la soberanía de Alfonso “el Batallador”.
No nos hagamos ilusiones. Lo que entonces podía ser Guipúzcoa y el enclave donostiarra tenían un interés limitado para Alfonso I. Para él es un territorio marginal. Le interesan mucho más sus conquistas en el Valle del Ebro (Zaragoza en 1118, Tudela en 1119 y Calatayud en 1120) y la repoblación de las tierras allí adquiridas. Quizá la actitud real se modifica algo a partir de 1131. Por esas fechas (octubre de 1130-octubre de 1131) el monarca intenta apoderarse, infructuosamente por cierto, de la plaza labortana de Bayona. Es evidente. El rey, volviendo su mirada hacia el N., trata de asentar su influencia en Gascuña ¿Se revaloriza en esa coyuntura la importancia de Guipúzcoa y de las tierras entre el Oria y el Bidasoa? ¿Exige algún servicio a sus habitantes para el desarrollo de las operaciones militares? ¿Empieza a apreciar algún valor marítimo o comercial en la costa guipuzcoana? De hecho, un documento regio cita en 1133 a Guipúzcoa entre las tierras en las que ejerce su soberanía Alfonso I. Es la única mención en todo su reinado. ¿Es casualidad que se produzca entonces? ¿Esta intervención ultrapirenaica de Alfonso I estimuló la venida de pobladores labortanos y gascones a la costa vasca? De nuevo, preguntas sin respuesta. Entretanto, no volvemos a saber de San Sebastián hasta 1141. Para entonces, separadas Aragón y Pamplona, San Sebastián y Guipúzcoa se hallan bajo la soberanía de García Ramírez el Restaurador”, rey de Navarra (1134-1150). Este monarca en 1141 dona al obispado de Pamplona ciertos términos (pardinas, prados y granjas) situados en las cercanías de San Sebastián. Nos interesan, puesto que, en notable medida, vienen a estar situados en los límites que a fines de siglo concederá el fuero de Sancho VI “el Sabio” a Donostia, al señalar su término municipal. Se trata, ordenándolos y agrupándolos, de Iheldo Bizchaya, Hurumea, Alza y Soroeta, Ariatz y de varios pertenecidos en torno a Arelarre. ¿Dónde se encontraban estos términos? Iheldo-Bizchaya, según las identificaciones más probables, parece corresponder a una amplia zona que comprendería el curso bajo del río Oria, desde Aduna hasta Orio y desde el Andatza hasta el valle del citado río. En ella se encuentra el actual enclave donostiarra de Zubieta, hoy día rodeado por los términos de Usurbil, Hernani, Urnieta, Andoain y Zizurkil. Con el término Urumea se aludiría al realengo existente a orillas del río del mismo nombre; probablemente al S. de la pardina de Oroztegui, la de Oriamendi. No hace falta decir que Alza debe relacionarse con el barrio del mismo nombre. En cuanto a Saroeta cabría asociarlo con Sarrueta, situado en la zona de Martutene, sobre el Urumea. Araitz podría identificarse con las Peñas de Aya, donde también se localiza un prado llamado Aria. Por último, se suele asociar Arelarre con el monte Larrain, que se levanta entre el Urumea y el Oiartzun. Con el topónimo Arelarre se mencionaría una zona centrada en dicho monte y extendida entre ambos ríos, que alcanzaría el Oiartzun en Ergoien, al que se alude en la documentación con el nombre de Argoiena. Otros pertenecidos reales vinculados a la zona de Arelarre eran Gorostica Zaarra y Saveri Olatze, relacionables con Gorostegui, junto al Añarbe, y el lugar y río de Latze, cerca de Landarbaso, respectivamente. Estos términos fueron cedidos al patrimonio del obispado de Pamplona. En adelante, las heredades de esta diócesis en el entorno de San Sebastián parecen rodear las que poseía el monasterio de El Antiguo, dependiente de San Salvador de Leire. Así se dificulta el crecimiento del monasterio en tierras inmediatas. Los reyes prefieren ahora el apoyo del obispado como aliado para la afirmación de su autoridad en la zona donostiarra, postergando los intereses de Leire y de su dependencia en El Antiguo. Asimismo, la propia ubicación de estos términos, en posiciones relativamente avanzadas, nos habla de un proceso de crecimiento demográfico y económico de San Sebastián. Si los uniéramos con una línea imaginaria, enmarcarían un espacio extendido, de O. a E., desde las riberas del Oria a las Peñas de Aya y de N. a S., desde el mar hasta Urdaburu y el Añarbe. Coinciden en gran medida, según veremos, con los límites territoriales recogidos en el fuero de 1181. Mientras tanto, debemos suponer que, si ya había surgido a comienzos de la centuria, se iba afianzando el asentamiento gascón situado al pie del Monte Urgull. En él residiría una población de pescadores, artesanos y comerciantes, tal vez mezclada con elementos autóctonos. En algún momento a lo largo de este siglo XII se dotaron de dos iglesias parroquiales, la de Santa María y la de San Vicente. Este núcleo estaba destinado, por su dinamismo, a relegar a un segundo plano al enclave más antiguo, el del monasterio, y a convertirse en la base del desarrollo urbano donostiarra. Del mismo modo, este desarrollo estaba sentando las bases de un conflicto, que enfrentaría al obispado de Pamplona, que defendía sus derechos sobre las iglesias donostiarras, con el monasterio de Leire, que las consideraba dependientes de su abadía donostiarra. 
4.2.4 EL PUNTO DE LLEGADA: SAN SEBASTIÁN Y SU TÉRMINO EN EL FUERO DE SANCHO VI “EL SABIO”(H. 1181).

El desarrollo de San Sebastián, ahora potenciado y protagonizado por el asentamiento de Urgull, integrado, aunque con toda seguridad no exclusivamente, por gascones, tendrá su plasmación y reconocimiento jurídico en el fuero de Sancho “el Sabio”, concedido con probabilidad en 1181. En este contexto es interesante recordar que unos pocos años antes, más en concreto en diciembre de 1178, encontramos la primera referencia documental segura a las iglesias de Santa María y San Vicente, cuyas rentas se disputaban el obispado de Pamplona y la abadía de Leire (in ecclesiis Sancti Sebastiani, scilicet, Sancte Marie et Sancti Vincencii). Si las rentas de ambos templos donostiarras habían alcanzado la suficiente magnitud como para suscitar el codicioso interés y preocupación de estas dos poderosas instituciones eclesiales, ello quiere decir que ya había transcurrido un largo tiempo, de varios decenios como mínimo, desde que estas parroquias fueron fundadas. Si interesan sus parroquias, interesa también la población en su conjunto, a la que a fines de ese siglo, en un documento de abril de 1197, se alude con el término de burgo. Es una palabra reveladora, que resume una evolución secular, cuyos orígenes tan mal y fragmentariamente conocemos. Donostia ha dejado de ser sólo el pequeño monasterio de El Antiguo con sus granjas anejas. Se ha convertido en un activo centro urbano, el más importante, con Bayona, de la costa vasca. Está habitado por una población privilegiada por sus fueros y dedicada a las actividades artesanales y comerciales, circunstancias que se recogen en la carta de Sancho VI.
El rey protege a estos pobladores. Más adelante se verá con detalle la política de Sancho VI “el Sabio” con relación a S. Sebastián. Nos limitaremos a señalar que la monarquía navarra favorece a los donostiarras en la medida en que le es útil para afianzar y hacer sentir su presencia en este punto de la costa vasca. Uno de los medios empleados para tal propósito, será dotar a San Sebastián de un generoso término municipal. No conviene desdeñar su importancia. Aun siendo la actividad artesanal y, sobre todo, la comercial las predominantes en la nueva Donostia, se complementan con la agrícola y la ganadera, practicadas fuera del espacio murado. En el término municipal, todos los vecinos por igual adquirían ventajas y establecían una propiedad de tipo comunero, diferenciada de la particular, para una serie de aprovechamientos de vital importancia en la economía del momento: los pastos, los bosques, las aguas y las roturaciones de tierras para el cultivo.
El término que reconocía el fuero para San Sebastián era muy amplio: desde “Undarabia” (Hondarribia) hasta el Oria y de “Arrenga” hasta San Martín de Arano, toda la región que yo poseo dentro de este término y todo el realengo que hay allí. Los límites oriental y occidental del término están claros. Al E., Hondarribia, esto es, la orilla izquierda del Bidasoa, incluyendo también lo que hoy es Irún. Por el O. el curso bajo del Oria. No nos vendrá mal recordar que en su orilla izquierda, desde Aduna a Orio se extendían tierras donadas por el rey García Ramírez en 1141 al patrimonio del obispado de Pamplona. San Martín de Arano no ofrece mayores problemas de localización. Se trata de la actual población navarra de Arano, situada a orillas del Urumea en su curso alto, muy cerca de la actual frontera con Guipúzcoa y del embalse de Añarbe. Arrenga es más difícil de localizar. Se la suele identificar con el monte de Errenga o Renga, cercano a Lesaca, en la comarca de Las Cinco Villas. Con un grado muy alto de aproximación, estos dos últimos mojones, Arano y Arrenga tienen sus correspondencias en las donaciones de 1141, con los terminados de Larrain (“Arelarre”) y Peñas de Aya (“Ariatz”).
Si aceptamos estas identificaciones, resultaría que el San Sebastián de finales del siglo XII se extendía por todo el extremo nordeste de lo que hoy es Guipúzcoa, desde el Bidasoa hasta el curso bajo del Oria. Esta demarcación, que el fuero expresa en términos muy genéricos, ha sido generalmente aceptada y es la que reflejan la mayoría de los mapas relativos a la cuestión. La única discrepancia notable se da en torno a la identificación de Arrenga, pues también se la ha situado a la entrada de Pasaia, relacionándola con el topónimo local de Arando. La variación es importante, pues de aceptarse, implicaría que la mayor parte del valle de Oiartzun quedaría fuera del primitivo término de San Sebastián. Cambiaría la “silueta” del término medieval de S. Sebastián, ahora menos compacta, puesto que el burgo donostiarra sólo estaría unido a Hondarribia por un estrecho corredor en torno a Pasaia. A falta de evidencias más seguras que nos permitan inclinarnos por una u otra identificación, no hacemos sino exponer ambas. En un caso u otro, era inevitable que este espacio, tan vasto, se fragmentase conforme algunos de sus elementos integrantes adquirían personalidad histórica como centros urbanos, empezando así el proceso de desagregaciones. La primera en separarse fue Hondarribia por el fuero de 1203. Seguirían otras, pero la descripción de estos cambios supera el marco cronológico que nos hemos propuesto. Poder civil y poder religioso van unidos de la mano en la Edad Media. Con el rey, actúa sobre S. Sebastián el obispo de Pamplona, su principal aliado en la afirmación de la soberanía navarra en estas tierras. La diócesis pamplonesa afirma su presencia y patrimonio en S. Sebastián y en Guipúzcoa a costa de dos instituciones eclesiales. Una de ellas es el monasterio de Leire y su dependencia de El Antiguo, cuya posición en Donostia se va erosionando. Ya el mismo fuero de Sancho “el Sabio”, al conceder derechos de libertad y franqueza a los pobladores del burgo de Urgull, dejaba en una posición muy débil la presencia del señorío monasterial en San Sebastián. Se conocen dos grandes pleitos que enfrentan en 1178 y 1197 al obispo pamplonés y a Leire por diversas cuestiones patrimoniales. El monasterio de Leire cobra diversas rentas de las parroquias de Santa María y San Vicente, en forma de diezmos y primicias. El obispo exige, como autoridad eclesiástica superior, una participación en ellas. No expondremos todos sus detalles. Baste indicar que el pleito terminará al cabo del siglo XII con el triunfo pamplonés, cuando una comisión arbitral reconoce al obispo el derecho a recibir una parte sustancial de los ingresos que en ambas iglesias percibía la abadía de Leire a través de su dependencia de El Antiguo. Leire empleó diversos medios para hacer frente a esta ofensiva. Uno fue la falsificaciòn documental. Los hábiles scriptores de la abadía navarra, auxiliados ahora por los monjes de la abadía aragonesa de San Juan de la Peña, también famosos falsificadores, elaboraron nada menos que un documento apócrifo de Sancho III, por el cual, entre otras cosas, ya en 1014 se pretendía demostrar los derechos del monasterio sobre las dos parroquias en litigio. La falsificación establecía de manera detallada los límites del coto monasterial, marcado de E. a O. por los cubilares (prados y pastizales) de Irurdita, Anaizoz, Albizungo, Ançieta, Zurzaiate, Bagoçu Larraburu, Loizta y Freça de Zopite, que, unidos por una línea imaginaria abarcarían toda la bahía de la Concha, incluyendo el Monte Igueldo, más la desembocadura del Urumea y todo el Monte Ulía. No hace falta decir que se trata de una fantasía. Si bien en el siglo XI, Leire y su dependencia de El Antiguo poseían derechos en S. Sebastián, sus heredades nunca estuvieron tan claramente delimitadas y definidas como ahora se pretendía. Mediante esta manipulación, Leire se proponía justificar sus derechos exclusivos en San Sebastián frente al obispo, sin excesivos resultados, como hemos comprobado.
El obispo de Pamplona hubo de entenderse también con el obispo de Bayona. A lo largo de la segunda mitad del siglo XII, al tiempo que la mitra iruñesa asienta su presencia en San Sebastián, extiende su término diocesano por el N. de Guipúzcoa, asbsorbiendo la zona que en 1105 se había reconocido a la diócesis bayonesa. Para ésta quedaban las tierras situadas entre el río Oiartzun y el Bidasoa, donde la jurisdicción bayonesa es reconocida por una bula papal de 1194. Bayona sale perdiendo. Como premio de consolación, muy insuficiente sin duda, el obispo de Pamplona, “magnánimo”, en un periodo datable entre 1186 y 1193, permitió a su colega de Bayona disfrutar de ciertos derechos (entiéndase, en lo fundamental, cobro de rentas episcopales) en S. Sebastián y diversos puntos de Guipúzcoa y Navarra. ¿Intentaba de este modo la sede del Adour hacer notar su presencia entre sus antiguos feligreses gascones? Nueva pregunta retórica. El caso es que la vigencia del acuerdo no sobrepasó el año 1193. Con todo, es evidente que se avanza en el ámbito donostiarra, en particular, y guipuzcoano, en general, a una mayor coincidencia geográfica entre el jurisdicción civil (el reino de Sancho “el Sabio”) y eclesiástica (el obispado pamplonés). El resto de la historia, desde 1200 en adelante, corresponde a otros autores y colaboradores.
4.2 LOS ORÍGENES MEDIEVALES DE SAN SEBASTIAN
4.3


4.3 EL FUERO DE SAN SEBASTIÁN Y SU ENTORNO HISTÓRICO José Luis ORELLA UNZUÉ
4.3.1 ENCUADRE POLÍTICO Y SOCIAL.

La sociedad guipuzcoana, en concreto, la del señorío de Gascuña y la del reino pamplonés en general, habían evolucionado hacia formas feudales que reflejaban, las carolingias de Carlos el Calvo y de los Capetos francos. Según Tena García, en este momento, las relaciones exteriores eran más frecuentes, desde la apertura de la ruta costera de Santiago, que se manifestaba en la llegada de barcos mercantes que necesitaban recalar en las costas guipuzcoanas. Los guipuzcoanos entraron en contacto, una vez más, con los vascones pirenaicos del norte y del sur de la cadena montañosa, y apreciaron que no sólo la posesión de rebaños de ganado era símbolo e instrumento de poder económico y social. En sus viajes de corta trashumancia, a ambos lados del Pirineo, palparon el modo de vivir de los peregrinos, de los mercaderes, de los artesanos, vieron la realidad social feudal, basada en el cultivo de la tierra y en la dependencia protegida de los grandes señores. Y estas relaciones de carácter económico o mercantil por un lado, y, por otro lado, de carácter político pactado o aceptado, vinieron a coexistir con las relaciones familiares, dando origen a una transformación social. Los antiguos cabezas de linaje quisieron prolongar su protagonismo asumiendo estas nuevas relaciones económicas e inscribiéndose en los cuadros de esas nuevas formas de poder.
Del régimen señorial franco y carolingio, a través principalmente de la Aquitania, bebieron tanto las estructuras políticas pamplonesas, como las de menor calado, guipuzcoanas. El propio desarrollo social guipuzcoano nunca había estado ajeno a las relaciones transpirenaicas y, ahora, se concretó en la implantación de formas señoriales de poder y de aceptación de tenencias políticas al estilo pamplonés.
4.3.2 LA GASCONIZACIÓN DE LA COSTA GUIPUZCOANA.

Los historiadores guipuzcoanos se inclinan por situar la gasconización de Guipúzcoa en diferentes momentos históricos. Gamón coloca este hecho en tiempos de Sancho el Sabio. El doctor Camino, por el contrario, los sitúa en el séquito de Alfonso VIII de Castilla en su venida hacia el año 1204.
Serapio Mujica en su obra sobre "Los gascones en Guipúzcoa" estudió el tema de la gasconización de las tierras guipuzcoanas. Sitúa este acontecimiento a mediados del siglo XII cuando se desató la lucha entre laburdinos y gascones con Ricardo Corazón de León, hijo de Leonor de Aquitania. Sin embargo, la opinión de que la gasconización de la costa guipuzcoana es antigua viene sostenida por la toponimia y antroponimia. Son profusos los términos gascones entre el Bidasoa y el Oria. Asi son de esta raíz términos como Ayete, Barbasoill, Beloca, Embeltran, Landerbaso, Mirall, Ulía, Merquelin, Miramón, Montpas, Morláns, Narrica, Polloe, Primaot, San Melet, Urgull, Jaumar, Engomez, Estor, Sansut, Molinao, Pontica, Pumeraque, etc. Tanto el doctor Camino como el mismo Serapio Mujica creen que todos estos términos, lo mismo que la fundación de la pardiña de San Sebastián de Hernani, estaban dentro de las diócesis de Bayona.
Se puede poner la fecha de mediados del siglo XII como fecha probable para hablar de la gasconización. Los gascones podrían haber entrado masivamente en esta parte de la costa a partir de 1152 en que la Guyena dejó de pertenecer al rey de Francia y pasó a la soberanía inglesa por el matrimonio del duque de Normandia, Enrique II, con doña Leonor. La llegada de los ingleses al ducado de Gascuña, suscitó una revuelta urbana y obligó a muchos bayoneses adictos a la dinastía franca a salir de la ciudad de Bayona. A este aspecto político, otros añaden otras causas de la emigración masiva de bayoneses, como la oclusión de la desembocadura del río Adour, que obligó a los de Bayona a trasladar su puerto a Capbretón. La opinión más fundada, sin embargo, es la de E. Goyheneche que retrasa dos siglos la oclusión marina del Adour y que reduce por lo tanto la emigración gascona a causas demográficas y políticas. En concreto en estas fechas Sancho el Sabio de Navarra casó a su hija Berenguela con Ricardo, conde de Poitiers y duque de Aquitania, heredero de Enrique II de Inglaterra.
Otra pregunta que hay que plantear es la de si estos gascones entraron en el territorio vasco-guipuzcoano y várdulo-guipuzcoano de forma masiva y multitudinaria con el beneplácito del rey pamplonés o de forma intermitente e individualizada sin que fuera necesario permiso alguno del rey de Pamplona, sino, más bien, siguiendo la tradición antigua de expandirse los gascones por estas tierras. Sancho VII el fuerte durante su juventud, pasó largas temporadas en la Gascuña, en la corte de su hermana Berenguela. Las estrechas relaciones de las cortes inglesa y navarra facilitaría el camino para el asentamiento gascón en las orillas marítimas del reino de Navarra. Cuando Rogerio Hoveden en la parte última de sus Anales escritos hacia 1177, prolonga el territorio del Conde de Bayona hasta el puerto de Huars o Huviars, al que los moradores llaman ahora Oyarzun, indica suficientemente que en su siglo el río Bidasoa y el pueblo de Fuenterrabia y asimismo aquella población que se llama Irún-Uranzu estaba fuera de Guipúzcoa y que pertenecía al Condado o Vizcondado de Bayona. Gascones se instalaron frente a los antiguos poblamientos costeros de Asturiaga y San Sebastián de Hernani, dando luego lugar a las villas burguesas de Fuenterrabía y San Sebastián, cuando fueron fundadas jurídicamente con la concesión del fuero.
Se establecieron unos vínculos familiares y mercantiles entre ambas orillas del Bidasoa, que no sólo se ciñeron a estos aspectos, sino que forzaron la vinculación religiosa de estas tierras del Pirineo occidental con respecto a la sede de Bayona. Vinculación que estaba justificada por la emigración gascona. Hacia 1186-1193 el obispo de Pamplona encomendaba al de Bayona el dominio y la honor de San Sebastián y de otras localidades guipuzcoanas. Luego nos referiremos a los "tratados de conversa" que se realizaron entre los dos estados nacionales de Castilla y Francia durante los años de la Baja Edad Media y de la Moderna. Estos pactos estaban casi siempre orientados a unir las villas de Bayona y de San Sebastián.
4.3.3 LA OCUPACIÓN DEL ESPACIO VÁRDULO-GUIPUZCOANO POR LA SEDE Y LA CORTE DE PAMPLONA. UNA TENENCIA PAMPLONESA EN EL TERRITORIO VÁRDULO.

Sancho el Mayor de Pamplona, en su deseo de entablar relaciones estables con Aquitanía y de participar en las rutas permanentes del peregrinaje compostelano, se inclinó por acercarse al mar de los vascones, ya fuera en territorio várdulo-guipuzcoano, ya fuera en el territorio vasco-guipuzcoano del obispado de Bayona o ya fuera, por fín, en el territorio de la Gascuña. Del tiempo de Sancho el Mayor es el conocimiento de la tenencia que el rey pamplonés tenía en territorio guipuzcoano. De 1025 es el documento por el que García Azenariz casado con Gayla de Izpuzcoa hace donación del monasterio de Olazábal al de San Juan de la Peña: "Ego quidem senior Garcia Azenariz et dona Gayla pro remedio anime nostre, tradimus Deo donante illud monasterium quod dicitur Ollazabal, cum hereditate sua, ut terminabit senior Garcia Azenariz et dona Gayla" (Cartulario de San Juan de la Peña, II, nº 117). En el libro Gótico de San Juan de la Peña aparecen un conjunto de cuatro documentos relacionados con la tierra de Guipúzcoa. El primero datado en 1025 aporta la donación de García Aznar y de su esposa doña Gaila en favor del monasterio que acabamos de aludir. El segundo documento es del año 1048 en el que aparece igualmente Galga de Ipuçcha. El tercero es del año 1049 y en él interviene doña Blasquita hija de doña Gaila, mencionando igualmente el monasterio de San Salvador de Olazabal. Por fin, en un documento posterior a 1056 la misma doña Blasquita confirma la donación guipuzcoana antes más cedida. En estos documentos hay que resaltar al matrimonio de Garcia Açenariz de Ipuscua que dona el monasterio de San Salvador de Olazabal con todas sus posesiones, esto es, entre el Aralar hasta Elcano en las proximidades de Zarauz. Si estudiamos la documentación nos encontramos que en el documento de 1049 se cita a doña Galga "ex regione Ippuzka". Es decir que Guipúzcoa era una "terra", dominada por un tenente que lo es en nombre del rey de Pamplona. La extensión de la tierra o tenencia va desde Aralar hasta la costa de Zarauz. De doña Blasquita podemos afirmar que dona a San Juan de la Peña en 1048 "illa pachina de Ipuzcha ad Sanctum Joannem cum tota sua pertinentia cum suo maçanero et cum suos montes". Su esposo Sancho Fortunionis aparece en 1060 como senior de San Esteban de Deyo "senior Sancho Fortunionis de Sancti Stephani de Deio et donna Blasquita sua uxore". La documentación de Irache afirma que fue tenente de Deyo en 1056, en 1058 y dos veces en 1060, alternando en 1054 y 1055 con la tenencia de Echauri. En 1066, en otro diploma de Leire, conocemos a Senior Orbita Acenariz (Aznárez) senior in Ipuzcoa (en Guipúzcoa). En la misma documentación y año aparece Senior Fortun Acenariz de Ipuzcoa. Por la documentación contemporánea se podría concluir que Orbita Aznárez sería tenente probablemente entre 1054 y 1078. Desde tiempos de Sancho el Mayor Guipúzcoa será una tenencia pamplonesa, cuyo primer señor fue García Azenariz "et sub ipso Senior Garsia Acenariz de Ipuscua" en cuyo cargo debió permanecer hasta 1064 aproxidamente. El segundo señor de la tenencia guipuzcoana pudo ser Orbita Azenariz que es citado en la docuemntación pamplonesa desde 1054 hasta 1072. Esta tenencia la debió ejercer hasta el año 1076, aunque no conocemos de su existencia en años posteriores. Tras la batalla y el fraticidio de Peñalén en 1076, el rey de Castilla Alfonso, ocupó la Bureba y la Rioja y se apropió de la parte occidental del reino de Pamplona, incluída Guipúzcoa. Lope Iñiguez, desposeído de Nájera, viene compensado con las tenencias de Alava y de Guipúzcoa. Este Lope Iñiguez une el poder sobre Vizcaya, Alava y Guipúzcoa titulándose conde de estas tres reigones o tierras. Con este título permanece el conde vizcaíno hasta el año 1091. Durante el reinado de Alfonso el Batallador la tenencia de Guipúzcoa estaría en manos de Diego López de Haro, hasta que éste fue depuesto en favor de un miembro de los Azenariz denominado Ladrón Iñiguez, hijo de Iñigo Velaz, hombre de la comitiva del Batallador. A la muerte del Batallador en 1134 don Ladrón Iñiguez, conde de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya se inclina por la restauración dinástica del reino de Pamplona en la persona de García Ramirez que a partir de 1135 afirma reinar en Alava, Guipúzcoa y Vizcaya. El territorio guipuzcoano viene denominado commo Ipuzcoa, Puzcoa, Puzchoa, Ipuzca, Ypuzcoa, Pucca, Puzca, Ipuzchoa. Le sustituyó como tenente de Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, Araquil, Aybar y Leguin el tenente Vela Ladrón, mientras fuera liberado su padre Ladrón Iñiguez de Guevara el cual permaneció en el cargo hasta al menos 1147. De tiempos del reinado de García Ramirez es la falsificación de los Votos de San Millán en los que se describe la geografía de Guipúzcoa, a la que limita por Oriente con San Sebastián de Hernani. El teniene de Guipúzcoa seguia siendo Vela Ladrón que gobernó hasta el año 1174 tanto la tierra guipuzcoana como Vizcaya y Alava. Alfonso VIII reclama a Sancho VI el sabio rey de Pamplona algunos territorios como Rioja, Alava y Vizcaya. En este momento era tenente en Guipúzcoa Juan Vélez (1174-1179). Entre los tenentes de Sancho el Sabio encontramos en 1162 al Comite don Veila in Ipuçchoa, en 1171 al Comes Beila in Alava y Guipuzcoa, en 1172 al Comes Veila in Alava et in Ypuzcoa, en 1181 a Diago Lupi en Alavam et Ypuzcoam, en 1182 a Didacus Luppi in Alava et in Ipuzcoa, en 1185 a Eneco de Orriz dominante et in Ypuzcoa, en 1187 a Eneco de Oriz in Alava et in Ypuzcoa. Entre las tenencias de Sancho el Sabio no se cita a San Sebastián hasta los años finales del siglo XII. Cuando se funda la villa gascona de San Sebastián, el poblamiento funcionaba desde hacia años.
Esta tenencia de Guipúzcoa tiene unos límites geográficos y una personalidad propia. A este respecto Mercedes Achúcarro dice: "Al observar la manera de denominar las villas y señalar su emplazamiento geográfico se puede pensar que existían unos territorios propiamente guipuzcoanos y otros que no recibían tal calificación. El primer grupo de territorios y villas propiamente guipuzcoanas se recogen en las cartas pueblas y privilegios de Tolosa, Segura, Iciar, Deva, Villarreal de Urrechua, Salvatierra de Iraurgui (Azpeitia) y Miranda de Iraurgui (Azcoitia)" Es decir se trata de la cuenca del río Oria, el valle de Iciar y la cuenca del Urola. Según la misma autora se podría hablar de "valle de Guipúzcoa", ya que al aforar a dos villas se las cita como Segura de Guipuzcoa y Tolosa de Guipúzcoa. En una primitiva organización en valles, lo son guipuzcoanos Berastegui, Araria, Hernani, Sayaz, Iciar, Iraurgui, Goyaz, Regil, Oria y Cizurquil. En la donación de San Salvador de Olazábal por García de Aznar y su esposa donna Gayla a San Juan de la Peña aparecen como testigos Sancho de Arrózvide, Fortuño Gómiz, el mayor y Nunuso Narriatez. En 1048 la misma doña Gayla donará a San Juan de la Peña el monasterio pamplonés de Luquedeng. Pocos años después en 1053 el conde Munio Çanciç y su mujer Leguntia fundan un monasterio denominado San Agustín de Echebarria y firman como testigos Eneco Lupiz de Laçkanu, Gomiç Fortuniç de Formaiçtegi y Nunuso Narriateç de Lohinaç. Estos no serían los únicos señores establecidos en territorio de la tenencia occidental del reino de Pamplona. Estos y otros muchos señores tendrían un punto de apoyo de su actuación en los casas fuertes en que habitaban y en las ferias que controlaban. Los topónimos y las ruinas arqueológicas de los caseríos guipuzcoanos forman una geografía amplia y demuestran el desarrollo de esos señores rurales que ejercen como eslabones eficaces de la actuación real en el territorio. En los valles y montes guipuzcoanos prolifera la memoria de estos caseríos, casas fuertes y aun castillos.
Los señores de estos castillos ejercían un poder señorial y prefeudal sobre los ganaderos y campesinos de la zona y serían los encargados de acoger en los momentos de peligro bélico a los habitantes que vivían en hábitat disperso con sus rebaños. Estos señores controlaban las ferias rurales que se acogían a las ermitas y que se celebraban coincidiendo con los días de celebración religiosa. La erección de la ermita y la celebración de la fiesta culminaba el desarrollo de aquellas ferias ganaderas al principio y luego también manufactureras, que se repartían el calendario y la geografía de la región. En los puntos más estratégicos del territorio se instalaron los castillos y controladas por los señores de los castillos se erigieron las ferias de intercambio, y en los lugares de la feria se erigieron las ermitas cuyo edificio polarizaba el desarrollo de la feria y acogía la celebración de la fiesta consiguiente a la feria. La historiografía antigua guipuzcoana nos habla de varias ferias antiguas y medievales. Como la feria cercana al castillo y a la ermita de santa Lucía de Ezquioga, celebrada al final del adviento y en la prepación de la Pascua de Navidad, la cual se desarrollaba durante los tres días anteriores a la festividad de la santa. Esta feria quedó luego absorbida por las villas fundadas en el valle, como Villarreal de Urretxu y Zumárraga. Igualmente la feria controlada por el castillo y la ermita de San Andrés de Elosua y que se celebraba en Pascua de Pentecostés, más tarde, quedó absorbida por la villa de Vergara. Otros ejemplos más tenemos en la feria de la Ascensión celebrada ante el castillo y la ermita de San Juan de Iturrioz, lo mismo que la feria de Santa María de Loinaz celebrada bajo el amparo de su correspondiente castillo y ermita. Del tiempo de Sancho el Mayor y de sus sucesores, además de la constitución de la tenencia ya aludida y de García Acenariz, hay también constancia de otros tenentes como Orbita Aznárez o también Orbita Acenariz, Vela de Guevara, Lope Iñiguez o Lope Ennecones "dominante Bizcahia et Ipuzcoa et Alava" en 1082. Del siglo XI son también los primeros datos que conocemos de la intervención de los monasterios mesetarios o pirenaicos en Guipúzcoa.
4.3.4 LA OCUPACIÓN DEL ESPACIO VASCÓN-GUIPUZCOANO POR LA CORTE DE PAMPLONA.

Encuadre político.
Tras la muerte violenta en 1076 del rey de Pamplona Sancho el de Peñalén, Alfonso VI de Castilla se incorporó la Rioja, las provincias vascongadas y la parte de la Bureba que aún pertenecía al reino de Pamplona. A partir de esta fecha, Sancho Ramirez se intituló rey de los aragoneses y de los pamploneses. Esta unión de los reinos se mantuvo con los reyes sucesivos hasta que a la muerte de Alfonso el Batallador, Navarra eligió a García Ramirez el restaurador (1134-1150). A este rey le sucedió Sancho el Sabio (1150-1194) que entre 1162-1163 recuperó la Rioja. La reacción castellana suscitó el laudo y el tratado de paz de 1179, por el que quedaban para el rey Sancho el Sabio: Navarra, Alava, el Duranguesado y Guipúzcoa.

San Sebastián de Hernani.
El obispo de París, Marca, en su Historia del Bearne, libro primero, cree que San Sebastián estaba emplazado sobre el Easo romano, ya que para este autor en tiempo de los Romanos las Gallias se extendían hasta Orio. R. Izaguirre en su artículo Historia y Toponimia donostiarras cree que el monasterio de San Sebastián "in finibus Ernani, ad litus maris" habría sido fundado "al servicio de los peregrinos, en la tierra de Hernani y en la orilla del mar, en la ruta extrema de la costa de San Marcial de Alza y San Pedro de Igueldo, entre dos rios sometidos al juego de las mareas, siempre obstáculos al caminar". Según este autor las fechas podrían ser entre el 827 y el 1014. Cuando en 1174 se dispute dicho monaterio entre el obispo de Pamplona y el monasterio de Leire, el Papa Alejandro III dará una bula de exención a Leire donde confirmaba sus posesiones diciendo "monasterium Sancti Sebastiani, quod positum est in litore maris in finibus Ernani, cum eclesiis, decimis, primiciis, oblationibus et omnibus pertinenciis suis".

Entre Guipúzcoa y Gascuña:

Pero la pregunta es ésta: ¿era en este momento San Sebastián de Hernani, tierra de Guipúzcoa y, por lo tanto, de la sede y corte pamplonesa?. Durante los siglos XI y XII según los falsos votos de San Millán redactados hacia el 1143, Guipúzcoa se extendía desde el rio Deba hasta San Sebastián de Hernani: "Et de ipsa Deba usque ad Sanctum Sebastianum, de Ernani, id est tota Ipuzcua, a finibus Alava usque ad ora maris". Habría que concluir que mientras que el monasterio de San Juan de la Peña tenía posesiones en Guipúzcoa y en territorio de la diócesis de Pamplona, desde el reinado de Sancho III el Mayor, por su parte el monasterio de Leire las tenía en una zona no várdula-guipuzcoana, sino en otra más oriental, sujeta hasta este momento a la jurisdicción de la diócesis de Bayona. El monasterio de Leire, al que no le importaban las falsificaciones, maniobró para que se le permitiera extenderse en tierras vasco-guipuzcoanas, comiendo terreno a la sede bayonesa, para atribuirse la posesión en la zona de San Sebastián, e indirectamente asignar este territorio a la sede de Pamplona. Esta posesión legerense en San Sebastián de Hernani se mantuvo en los siglos siguientes. Adscripción de San Sebastián de Hernani al monasterio de Leire ¿Por qué tenía Leire intereses en la costa cantábrica y en los montes de Hernani? La respuesta genérica es que todos los grandes monasterios castellanos y navarros, como San Salvador de Oña, San Salvador de Leire, Santa María de Nájera, San Juan de la Peña, San Miguel Excelsis, Santa María de Iranzu, Irache o San Millán de la Cogolla, ya sea por donaciones de los reyes, de los Señores de Vizcaya o de los propios tenentes regios, estuvieron presentes en el territorio guipuzcoano o genéricamente cantábrico y con sus monasteriolos fueron instrumentos de la organización de las tierras costeras vascas y cantábricas. Los monasterios mesetarios del reino de Pamplona, de Aragón o de Castilla iban buscando tierras que sirvieran de pasto para sus rebaños trashumantes. Como consecuencia de este trasiego de rebaños y de pastores se configurarán unos caminos pastoriles que relacionaron los prioratos y monasteriolos de Guipúzcoa, lo mismo que de los territorios de Vizcaya o de Cantabria, con los grandes monasterios del interior peninsular. Los territorios del valle de Hernani, del valle de Oyarzun y de la villa fundiaria de San Sebastián, eran limítrofes de las respectivas jurisdicciones diocesanas de Bayona y de Pamplona. La silla episcopal de Bayona prolongaba desde hacía lustros su actividad económica y eclesiástica a tierras al sur del Pirineo, siguiendo la costa cantábrica, de modo que su zona de influencia, quedaba limítrofe con otras circunscripciones eclesiásticas de las sedes de Pamplona o de Calahorra. Comencemos afirmando que San Sebastián de Hernani se adscribió al dominio de Leire en algún momento impreciso del siglo XI. ¿Cuándo se realizó esta adscripción?. Estudiemos en primer lugar los documentos de época. La donación de Sancho el Mayor a Leire datada en 1014 ha conllevado muchas diferencias interpetativas entre los historiadores. Camino y Orella retomando las afirmaciones de Moret, Sandoval, Garibay, Henao, Ohienart, Risco y otros, aporta una traducción castellana del documento. Según el mismo Camino en este tiempo la sede episcopal residía en el monasterio de Leire. Por lo tanto la ocupación del espacio vascón-guipuzcoano se habría realizado tanto por el monasterio de Leire como por la sede de Pamplona e indirectamente por la corte de Pamplona.
Pero casi nadie piensa en la autenticidad de este documento, sobre todo, si examinamos la data del mismo. La donación de San Sebastián de Hernani debe ser datada mucho más tarde, quizás en 1197, si bien la falsificación pretende reflejar el tiempo de Sancho el Mayor o según Banús y Aguirre, un tiempo, medio siglo anterior al momento de su falsificación. Por otra parte, un documento de Sancho el Mayor de 1024 dice: "Ego Sancius rex tenens culmen potestatis mee in Pampilona et in Aragonia et in Suprabi, in Ribagorza, in Najera, in Castella et in Alava". En este documento no se alude a Guipúzcoa, a no ser que este territorio quede incluído en el más amplio de Alava. Igualmente en tiempo de Sancho el Mayor la cancillería real testifica para el año 1030 la donación de San Sebastián junto al mar Cantábrico a Leire, figurando Sancho como obispo de Pamplona y abad de Leire. Goñi Gaztambide al estudiar este documento saca varias conclusiones: primera, que don Sancho se preocupaba de recuperar los bienes de su iglesia; segunda, que el patrimonio de la sede episcopal de Pamplona era distinto del patrimonio del monasterio de Leire; tercera, que el Sancho que gobernaba la diócesis en 1030 es el mismo que aparece al frente de ella muchos años después en el reinado de García de Nájera. Por todas estas razones la autenticidad de este documento también queda en entredicho.
Es probable, según Fortún Pérez de Ciriza, que la donación de las primeras tierras donostiarras a Leire se realizara en tiempo de Sancho el de Peñalén (1054-1076), continuador de la política de concentración monástica, comenzada por su abuelo Sancho el Mayor y por su padre García el de Nájera. Nos dice Isabel Ostolaza y lo confirma Luis Javier Fortún, que el monasterio de Leire, preocupado por las pretensiones episcopales de la sede pamplonesa, trató de reforzar sus títulos de propiedad y ante la insuficencia del documento de 1101 por el que Pedro I donaba al monasterio la pardina de Oroztegui con las aguas del Urumea, intentaron hacia 1178 o 1197, falsificar un documento en el que aparecieran las iglesias de Santa María y de San Vicente, dependiendo del monasterio de San Sebastián de Hernani, retrotrayendo la fecha del documento a 1014. San Juan de la Peña habría facilitado uno o dos diplomas originales de la época de Sancho el Mayor, para que sobre ellos se redactara la falsificación
Con esta falsificación Leire procuraba defender sus derechos ante la mitra de Pamplona y también ante la villa burguesa recién fundada. Cuando se redactó el Becerro Antiguo de Leire comenzado con el abad Raimundo (1083-1121) y terminado con el abad Pedro hacia 1150, no se incluyó la falsificación de 1014, porque aún no estaba redactada. Sin embargo, en 1174, el monasterio de Leire según el privilegio papal de Alejandro III se extendía al "...Monasterium Sancti Sebastiani quod positum est in litore maris in finibus Ernani, cum ecclesiis, decimis, primiciis, oblacionibus et omnibus pertinenciis suis. Monasterium Ihurmendi cum pertinenciis suis...". (A.Martin Duque: Documentación de Leire, doc.335). En el acuerdo de 1178 entre el obispo Pedro de Pamplona y el abad Jimeno de Leire se afirma: "... Pari modo placuit domino abbati ingratum pro ingrato reddere, videlicet concedere domino episcopo in ecclesiis Sancti Sebastini scilicet Sancte Marie et Sancti Vicencii, procuracionem quando ecclesias visitaverit, scilicet I kaficium de tritico, II kaficia de avena et potus et carnis sufficienciam sicut mos est in illis partibus; et annuatim loco quarte vitulum aniculum quamdiu parrochia perstiterit". (A. Martin Duque, doc. 342). En la sentencia arbitral entre el obispado de Pamplona y el monasterio de Leire de abril de 1197 se afirma: "Item in monasterio Sancti Sebastiani denegant episcopo iura episcopalia et in burgo iniuste detinent ecclesias occupatas".(A.Martin Duque doc.359)
En la confirmación papal de los privilegios legerenses de 1198 se afirma: "Monasterium Sancti Sebastiani, quod positum est in litore maris in finibus Ernani, cum ecclesiis, decimis, primitiis, oblationibus et omnibus pertinentiis suis. Monasterium de Yurmendi cum pertinentiis suis". (A. Martin Duque doc. 360). En todos estos documentos aparece con claridad que a finales del siglo XII, desde 1174, el dominio legerense en tierras de San Sebastián, se extendía tanto a San Sebastián de Hernani como a la correspondiente en villa burguesa de San Sebastián. Goñi Gaztambide en su Historia de los obispos de Pamplona demuestra que el abad de Leire fray Domingo de Mendavia el primero de octubre de 1235, con el consentimiento del obispo de Pamplona, confirió al monasterio cisterciense de Iranzu el monasterio de San Sebastián, con todas sus pertenencias, posesiones y derechos, según la donación de 1014 que se insertaba.

Los límites vasco-guipuzcoanos entre las sedes de Pamplona y Bayona.
Sobre la jurisdicción de la diócesis de Bayona en tierras al sur del Pirineo hay dos escuelas historiográficas contrapuestas en la interpretación de los documentos coetáneos emanados de sus respectivas sillas episcopales.

Argumentos de la sede de Bayona.
 Expongamos ahora los argumentos de la sede de Bayona. El primero es una carta del obispo Arsius, carta apócrifa atribuida a este obispo, con imitación de la letra del siglo X, pero con otras caligrafías de los siglos XI y XII. Según Durabat la carta de Arsio fue falsificada en el siglo XIII sobre un documento básico anterior fidedigno. Este documento señala la situación de la diócesis de Bayona en el siglo XI. Según este documento la diócesis se extendía a Hernani, San Sebastián de Pusico, Santa María de Arosth y Santa Triana. Dice concretamente:"... Bastantiensium vallis usque in medio portu Belati, vallis que dicitur Larin, terra quae dicitur Ernania et Sanctum Sebastianum de Pusico, usque ad Sanctam Mariam de Arosth et usque ad Sanctam Trianam...". A continuación el segundo documento aducido en favor de los derechos de la sede bayonesa es la bula de Pascual II del 9 de abril de 1105 confirmando los límites de la diócesis de Bayona. Esta bula depende de la carta de Arsio. En esta bula el Papa Pascual II rectificaba a Urbano II y a lo afirmado por él mismo en 1100.
El Papa Pascual II en razón de establecer la paz y la estabilidad de la sede señala los límites de la diócesis de Bayona con estas palabras:"...vallis que Cirsia dicitur usque ad Caroli crucem, vallis que dicitur Bigur, vallis que Arberua dicitur, vallis que Ursoxa dicitur, Bastam item vallis usque in medium portum Belath, vallis que dicitur Lerin, terra que dicitur Ernania et Sanctum Sebastianum de Pusico usque ad Sanctam Mariam de Arosth et usque ad Sanctam Trianam...". Estos documentos venían a certificar por escrito una realidad empírica. Hacia el año 1081 es la donación del conde de Vizcaya Lope Iñiguez a San Millán de la Cogolla del monasterio de San Andrés de Astigarribia situado "inter Vizcahia et Ipuzcoa". En 1108 se consagró la iglesia de San Andrés de Astigarribia, situada "in fine Vizcahie" por el obispo Bernardo de Bayona. ¿Sería impropio opinar que el obispo de Bayona creía que ese monasterio estaba en su jurisdicción episcopal? Por otra parte existe otro documento de Celestino III del 5 de noviembre de 1194 por el que protege la iglesia de Bayona y señala los límites de su obispado que son éstos: "... vallem quae dicitur Bastan, vallem quae dicitur Lerin, vallem quae dicitur Leseca, vallem quae dicitur Otarzu usque ad Sanctum Sebastianum..." Ante estos documentos papales nos podemos preguntar ¿Desde cuándo pertenece la tierra vascona marítima a la diócesis de Bayona? ¿por qué la diócesis de Bayona ha perdido en el último documento las referencias a Santa Maria de Arosth y a Sanctam Trianam?.
Los historiadores franceses retrasan la fecha en la que Bayona se extiende al sur del Pirineo a los momentos altomedievales y aluden a la consiguiente gasconización de la costa cantábrica como un referente de su veracidad. Los historiadores hispanos quieren retrasar esta adscripción a los momentos mismos de la fundación de la villa burguesa de San Sebastián. Sin embargo, esta adscripción tan tardía no tendría sentido si es que Sancho el Sabio al fundar San Sebastián no se encontrara con el pie forzado de una relación preexistente.

Argumentos de la sede de Pamplona.
La sede de Pamplona había estado ligada a la abadía de Leire por lo que la actividad monasterial legerense relacionaba también a la sede episcopal con los intereses vasco-guipuzcoanos. Se llega en 1178 a un acuerdo entre Leire y el obispo de Pamplona sobre las cuartas episcopales de las iglesias de San Sebastián. Se afirmó que el obispo recibiría la procuración cuando visitase las iglesias de Santa María o San Vicente conmutadas por un ternero al año. "... Pari modo placuit domino abbati ingratum pro ingrato reddere, videlicet, concedere domino episcopo in ecclesiiis Sancti Sebastiani, scilicet Sancte Marie et Sancti Vincencii, procuracionem quando ecclesias visitaverit, scilicet I Kaficium de tritico, II kaficia de avena et potus et carnis sufficienciam sicut mos est in illis partibus. Et annuatim loco quarte vitulum aniculum quandiu parrochia prestiterit". El que la tenencia de Guipúzcoa (várdulo-guipuzcoana) quedara adscrita al reino de Pamplona, sería antecedente de la adscripción de las iglesias y monasterios de este territorio a la misma diócesis. Algo igual podría pasar con los territorios vasco-guipuzcoanos ligados de siempre al territorio vascón y a la diócesis de Pamplona. Sobre si en los límites de la diócesis de Pamplona entraban el puerto de Velate, San Sebastián, con los valles de Lerín, Oyarzun, Labayen, Berástegui, Araiz, Larraun, Araria, Ozcue, Hernani, Seyaz, Iciar, Iraurgui, Goyaz, Regil, Leiza, Areso, Egozqueta. Ezcurra, Ollarumbe, Imoz, Gullioa, Jaunsarás y toda Guipúzcoa no queda totalmente aclarado en la documentación de Sancho el Mayor. Según la bula "Iustis votis assensum" del 1 de junio de 1096 los límites de la diócesis serían los mismos que en el diploma anterior en el que Sancho el Mayor afirmaba que la diócesis comprendía el arciprestazgo de Fuenterrabía y toda Guipúzcoa.

Argumentos de la corte de Pamplona.
Pero ya desde mediados del siglo XII no hay duda de las posesiones que tiene el rey de Pamplona y del ámbito jurisdiccional de la sede pamplonesa. El rey García Ramírez en dos privilegios de fecha incierta, pero datables en 1141, hizo donación a la Iglesia de Pamplona de lo que tenía en la zona limítrofe a Guipúzcoa (la zona vasco-guipuzcoana). Era el modo que el rey tenía de hacer extender la jurisdicción de la diócesis de Pamplona a tierras afines a Guipúzcoa y dudosas de asignación, ya fuera a la silla de Bayona o a la de Pamplona. Dicen los textos publicados por José María Lacarra: "...Dono et concedo totum quod in Iheldo Bizchaya habeo, cum tota sua pertinentia que mihi pertinet vel invenire potuerint, et Hurumea similiter cum tota sua pertinentia, et Alça et Soroeta cum suis pertinentiis, et totos meos cubilares quos in Ariaz invenire potuerint et Gorostica Zaharra cum tota sua pertinentia, et Saveria Olatze et Zamilola cum omnibus suis pertinentiis, et quicquid in Arelarre de meo invenire potuerint"
"Dono...Orio et Hieldo cum tota sua pertinentia, scilicet Loiçtaran, Erratzaval, Saria, Urdauide, Bunieta, Dagandiburu, Lussarbe, Iringuren, Irarue, Aenetzia, Lordibeguia, Loizta, Iuchita, Berarratza, Badotzularraburu, Amossorara, Zalburcaicoa, Iturriozagua et Hurumea, Anainiuarr, Lastaola, Legarralde, Zuloeta, Ammunola, Mentauio, Anziz, Gierala, Muez, Macurssola, Guaragarze, Urtarzando, Izarrlegui, Apparren, Eualiuia, Alza et Soroetha cum tota sua pertinentia et cum totas suas pescarias. Et in Ariatz: Goizeta-Iaznue et totos meos cubilares quos ibi habeo vel habere debeo. Et in Aralarre: Saueriolatze, Zamilola, Gorostiaga, Zaarra, Arriestarieta, Atelecotia, Ezquiaso Ataria, Barrunecoa, in Argoiena cum tota sua pertinencia que pertinent vel pertinere debent". Tras esta donación la diócesis de Pamplona se extendería entre los rios Oyarzun y Deva según se describe en el privilegio del siglo XIII que puede retrotraerse, al menos un siglo, a los tiempos de García Ramirez. Dice el documento: "...Termini denique huius episcopatus sunt sine ulla dubitatione tota vallis de Roncal et Sarazio atque Aezcoa, et vallis de Erro, usque ad capellam Sancti Salvatoris, quae dicitur Caroli Magni, et capella Caroli usque ad portum de Velate, et usque ad Sanctum Sebastianum, quae est situm super ripam maris occeani eum vallis subscriptis, scilicet Lerin, Oiarzun, Lavaien, Verastegui, Araiz, Larraun, Araria, Ozcue, Ernani, Seyaz, Ticiar, Iraurgui, Goyaz,Imaoz, Erritzil, Leitza, Arreso, Egozqueta, Ezcurra, Olarumbre, Aulia, Iaunsaras cum omnibus supradictis vallibus et tota Ipuzcoa...".(M.Achucarro: La tierra de Guipuzcoa, pag.36-37).
Según Goñi Gaztambide, el rey Alfonso II de Aragón acusó al obispo de Bayona, Bernardo de Lacarra (c.1186-1204) de mostrarse sospechoso en sus reclamaciones, por la amistad que sostenía con el obispo de Pamplona don Pedro de París. Tal amistad era indiscutible y el obispo de Pamplona en razón de la misma le encomendó el honor de San Sebastián y de varios pueblos de Guipúzcoa y de Navarra con un carácter transitorio, mientras que don Pedro de París se reservaba el derecho de propiedad y de visita. Al morir don Pedro el honor volvió otra vez a la diócesis de Pamplona y así en 1197 su sucesor don García, reclamó sus derechos sobre San Sebastián contra el abad de Leire. Según el citado Goñi Gaztambide entre Pamplona y Bayona no hubo problemas en el pontificado de Pedro de Roda o de Andouque. Las controversias en torno a la posesión de Guipúzcoa y la zona limítrofe de San Sebastián, vinieron más tarde. En tiempo de don Pedro, la mayor parte de Guipúzcoa pertenció a la diócesis iruñesa, sin reclamación alguna por parte de Bayona. Y esta distribución territorial venía ya asentada en el último siglo. La bula de Urbano II de 1096 señala la villa de San Sebastián como punto límite de la diócesis de Pamplona. En 1101 Pedro I de Aragón y de Pamplona confirmó a Leire la iglesia de San Sebastián en los confines de Hernani, tal como lo había decidido supuestamente Sancho el Mayor, completando su señorío con la pardina de Oróstegui y el río Urumea. En 1134-1135 los canónigos de Pamplona dotaron al hospital de Roncesvalles y el obispo de Pamplona les compensó dándoles el arcedianato de Anoz con el monasterio sito en el mismo lugar hasta el mar reservándose los derechos episcopales. García el Restaurador como hemos visto, hacia 1141 donó a la iglesia de Santa María de Pamplona todo lo que poseía en Iheldo Bizchaya, Hurumea, Alza y Soroeta. En 1178 el obispo de Pamplona Pedro II se quejaba de que se le arrebataban por el abad de Leire los derechos episcopales en las iglesias de San Sebastián. El abad de Leire compensó al obispo con una procuración en el momento que visitara esas iglesias.
4.3.5.LA FUNDACIÓN DE LA VILLA BURGUESA DE SAN SEBASTIÁN.
4.3.5.1 INTRODUCCIÓN.

Del 15 de abril de 1179 es el laudo arbitral que el rey inglés realizó sobre las pretensiones territoriales de los dos monarcas enfrentados, Alfonso VIII de Castilla y Sancho el Sabio de Navarra. En este laudo el rey navarro devolvía las tierras que había tomado en la Rioja, es decir, devolvía al castellano Logroño y otras poblaciones, permaneciendo con la soberanía de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado. Ante la mutua desconfianza suscitada, ambos reyes se apresuraron a fortalecer sus respectivas fronteras. Sancho el Sabio aseguró los núcleos de población más importantes de estos territorios dando fueros a San Sebastián, Vitoria y Durango.
No conocemos el año de la fundación de la villa burguesa de Durango. El fuero menor de recomposición de pechas o el fuero de labradores de Durango, no tiene que interferir nuestro objetivo, ya que se trata de otra categoría de texto jurídico. Con respecto a Alava la población de Laguardia recibió el fuero de Logroño en 1164. Este fuero se extendió a San Vicente de la Sonsierra en 1172 y a Antoñana y Bernedo en 1182. Por su parte, el fuero de Logroño fue dado en 1181 a Vitoria-Gasteiz, sin que sepamos la fecha en la que se le otorgó a Treviño. Por su parte el privilegio de concesión de villazgo a San Sebastián habría que ponerlo en fechas cercanas a 1180. Durante estos años serían tenentes en Guipúzcoa Diego López Ladrón, Eneko Ortiz y Pedro Ladrón.
El territorio estaba organizado, las fronteras civiles y eclesiásticas estaban fijadas y todo estaba preparado para que Sancho el Sabio pudiera erigir una nueva villa franca en un territorio vecino a San Sebastián de Hernani, que ya tenía levantadas dos iglesias y que estaba habitado por gascones venidos de más allá del Bidasoa. Esta nueva villa fundada con toda probabilidad en 1180 se denominará San Sebastián.
4.3.5.2 EL FUERO DE JACA DE 1063

En 1063 Sancho Ramirez concedió a Jaca un fuero que fue luego confirmado por el mismo rey en 1076. En este privilegio se afirmaba "... concedo et confirmo vobis...totos illos bonos fueros quos michi demandastis, ut mea civitas sit bene populata...". Se trata de una ciudad que tiene muralla. En la ciudad hay un palacio real. Tiene como pobladores a soldados, burgueses y rústicos. Les concede la exención de no ir a la hueste sino con pan de tres días o por medio de un sustituto. La posesión de bienes inmuebles será libre e ingenua sin carga alguna o censo. La posesión de año y día creará derecho. Se prohíbe vender posesión inmueble a la iglesia o a los infanzones. Se tiene derecho de pasto y de leña en el entorno de Jaca en cuanto se pueda viajar en un día. Nadie será encarcelado si da fianzas de someterse al juez. Todos los de Jaca pueden moler en el molino que eligieren. No se admite el duelo sino entre vecinos de Jaca y con la voluntad de los hombres de Jaca. La fornicación voluntaria no está penada. En el caso de que la mujer sea forzada el violador debe casarse con ella o darle un marido digno.
Se castiga al que saca arma contra su vecino. Se pecha el homicidio involuntario, las riñas, la entrada forzada en casa ajena, la utilización de pesos o medidas falsas. El encarcelado debe ser alimentado a partir del tercer día por aquel acreedor que le metió en la cárcel. Y esto mismo debe ser cumplido con los sarracenos "...qui est homo et non debet ieiunare sicuti bestia...". El merino real no puede entrar en casa alguna sin la venia de seis buenos vecinos. El derecho es personal ya que acompaña a cada vecino de Jaca y es territorial pues todos los vecinos deben ser juzgados en la ciudad de Jaca
4.3.5.3 EXPANSIÓN DEL FUERO DE JACA:

El fuero de Jaca fue concedido directamente a varias poblaciones del reino de Pamplona o de forma indirecta a través del fuero de Pamplona como por ejemplo a Villava y a Alesves luego llamada Villafranca. En el siglo XIII se concedió a Lanz el fuero de los francos del Burgo de San Saturnino de Pamplona. En un manuscrito del siglo XV están aforadas al fuero de Jaca: Pamplona, Sangüesa, Lumbier, Roncesvalles, Larrasoaña, Villafranca, Lanz y Echarri. Una de las villas que recibe el fuero de Jaca es Sangüesa. Frente al castillo de Rocaforte. En 1063 el castillo fue entregado por Sancho el de Peñalén a su tío Ramiro I de Aragón. La repoblación de Sangüesa fue debida a Sancho Ramirez (1076-1094) coincidiendo con el auge de la peregrinación a Santiago. Se le otorgó el fuero de Jaca, concesión que fue confirmada por Alfonso I el batallador en 1117 que les concede el fuero que estaban gozando los de Rocaforte. En 1129 Alfonso el Batallador concede a los francos del plano de San Saturnino de Iruña el fuero de Jaca. En el fuero de Zumaya de 1347 se afirma que los de San Sebastián tenían el fuero de Jaca "...e según que lo han e son poblados al dicho fuero las villas de San Sebastián, Guetaria e Motrico...".
Los vecinos de San Sebastián sabían que su fuero pertenecía a la familia del fuero de Jaca y a ella acudían para la interpretación de su fuero e incluso en sentencias de apelación, según consta de la ordenanza de Juan II. Camino y Orella en su historia de San Sebastián alude a esta ordenanza del 16 de setiembre de 1447 "por ser poblados los de San Sebastián al fuero de Jaca".
4.3.5.4 LA FUNDACIÓN DE ESTELLA:

Sancho Ramírez que había fundadado Jaca en 1063 pensó completar el camino santiaguista por el reino de Pamplona, cambiando el trazado antiguo de la peregrinación a Santiago o camino de los monasterios. El rey pensaba en un trazado del camino basado en villas burguesas de francos que sirvieran de jornadas a partir de Jaca. Para esto pensó en la fundación de las villas de Sangüesa y de Pamplona y más tarde se completaría el trazado con Monreal y con Puente la Reina. En 1076 el monarca navarro-aragonés concede fueros a los pobladores de Sangüesa la Vieja, en 1080 se interesa en la repoblación de Uncastillo y proyecta poblar San Jaime de Mont, junto a Sangüesa y Aibar. Con anterioridad a la fundación de Estella en 1090 conocemos el asentamiento de francos tanto en la región de Estella como de Puente la Reina. Sobre estos francos se asentarán las nuevas villas burguesas. Alfonso el Batallador en 1122 concederá términos a los pobladores de Puente la Reina juntamente con el fuero de Estella. A Monreal le dará el fuero de Estella el rey García Ramírez en 1149. El camino antiguo de los monasterios pasaba desde Leire por Eslava, Artajona, Andión, San Tirso para desembocar en Villatuerta y Zarapuz, y desde Irache ir camino del Ebro. Por eso desviando el camino desde Villatuerta y Zarapuz pensó en hacer una jornada del camino en Lizarra. A este proyecto de asentamiento se opusieron los monasterios, de San Juan de la Peña y de Irache que estaban interesados en el camino antiguo de los monasterios. En primer lugar San Juan de la Peña que exigía que el nuevo asentamiento se realizara en su priorato de Zarapuz situado entre Villatuerta y el monasterio de Irache. Según Lacarra para que los monjes "no murmurasen contra él por este motivo" les dió la décima parte de todas las rentas reales, todas las iglesias parroquiales que se levantaran y un solar para edificar casas en la nueva población. En el texto de 1090 se afirma: "...de decima de illa populatione quam noviter volo facere in villa que vocatur Lizarrara". Y continúa: "volebant illi monachi de Sancti Iohannis facere populationem de francos in illo suo termino de Zarapuz, in camino de Sancto Iacobo; et ego colebam mutare ipsum caminum per Lizarrara et facere ibi castrum et populationem de francos. Sed quia ille meus locus de Lizarrara est in meliori salvetate quam ille ubi ipsi volebant populare, dixi illis, ut consentirent michi cum bona voluntate ut facerem populationem meam, et non essent murmurantes adversum me pro hac causa; et darem eis decimam partem ex omnibus rebus quas Deus pro sua pietate michi dare dignatus fuerit ex ipsa populatione qua ibidem potuero facere. Illi vero annuentes, consenserunt michi...".
A los dos años de la fundación, en 1092 el obispo de Pamplona, don Pedro de Rodez, concedía a San Juan de la Peña todas las iglesias que se construyeran en Lizarra con todos los derechos inherentes a ellas, es decir los diezmos, primicias y oblaciones, incluso el cuarto episcopal, no reservándose más que la ordenación de los clérigos. Igualmente Irache aspiraba a que la nueva población se realizara en términos de su monasterio. Los reyes accedieron a esas reclamaciones y en el lugar más cercano al monasterio le concedieron una parroquia de San Juan para los francos que llegaban y para los navarros clientes del monasterio. En el propio monasterio de Irache confirmaba en junio de 1188 Sancho el Sabio que el nuevo poblamiento del Arenal fuera para francos y para navarros: "clerici vero et navarri qui populaverint in ista populatione et de dominis suis hereditates tenuerint, illud idem forum habeant quod predicti frangi habent...tali tamen conditione predictis francis et clericis et navarris dono prescriptam populationem cum foro pre nominato". La nueva población se situó frente al antiguo poblamiento de los navarros de Lizarra. A la orilla derecha del Ega construyeron un castillo, una ermita de San Martín, una iglesia nueva dedicada a San Pedro, el barrio de San Nicolás y el del Santo Sepulcro. En la orilla izquierda del Ega seguía creciendo la villa fundiaria de navarros dedicada a San Miguel. En este núcleo seguían viviendo los navarros, a los que juntamente con los clérigos les estaba prohibido el asentarse en los núcleos francos que entonces estaban naciendo. Entre ambos poblamientos se realizaron los mercados semanales de los jueves que ya se citan en el fuero de 1164. En este lugar intermedio Sancho el Sabio en 1187 erigió otro núcleo de población de francos que se denominó del parral o de San Juan. Al siglo de su fundación, Estella está compuesta de diferentes barrios como Lizarra, Estella o el barrio de San Pedro, el barrio de San Nicolás, el del Santo Sepulcro y el de San Juan. Unos poblados únicamente por navarros, otros por francos y otros con francos y navarros, pero todos acogidos al mismo texto foral. A fines del siglo XIII, continúa Lacarra, en el territorio había tres unidades administrativas: 1) la de la Rua de San Martín para los francos con las parroquias de San Pedro, San Nicolás, Santo Sepulcro y Santa María; 2) San Miguel y San Pedro de Lizarra, junto con San Salvador del Arenal para navarros y también para francos; 3) la Población de San Juan para navarros y francos. 
4.3.5.5 EL FUERO DE ESTELLA DE 1090:

El fuero de Sancho Ramírez concedido a Estella es el mismo que había otorgado este rey a Jaca. Los once primeros capítulos del fuero de Estella y que vienen articulados en catorce artículos, son recogidos literalmente en el fuero extenso de 1164. Son, con pequeñas adaptaciones, el propio fuero original de Jaca y que siguiendo la redacción estellesa los volveremos a encontrar en el fuero de San Sebastián. En el fuero de Estella se repiten algunos de los privilegios de Jaca como la exención de ir al enemigo personalmente o por un sustituto y únicamente con pan de tres días, la posibilidad de comprar inmuebles que quedarán libres e ingenuos, la posesión segura de un bien tras el tiempo de año y día, la capacidad de utilizar los pastos en un ámbito de tierras en el que se pueda ir y volver en el mismo día. Igualmente se les permite resolver los problemas judiciales por el duelo entre los pobladores de Estella mientras con los demás se hará por medio de testigos y por juramento. Se confirma el derecho personal de los estelleses, que deben ser juzgados por el fuero de Estella.
Se les reconoce algunos derechos judiciales y procesales: por ejemplo: nadie será apressado si da fienzas; el que fornicare con una mujer sin violarla estará libre de pena, pero si la forzara, deberá desposarla o buscarle un marido digno. En caso contrario debe quedar al arbitrio de los parientes de la mujer violada. La violación se demostrará por la queja de la mujer en los tres primeros días del suceso. Se castiga la exhibición de armas contra los vecinos y la utilización de pesos y medidas equivocadas. Se refuerza la obligación que todos tienen de pagar las deudas a los francos y a los judíos de Estella. Se protege la inviolavilidad de la casa y el cobro de calonias. La población de Estella será para los francos, mientras que a los navarros se les señalan sus términos, sus hogares y sus mesas. Ningún navarro ni clérigo puede ser vecino de Estella sin el permiso del rey, del alcalde, del prepósito y de los jurados de Estella. Los pobladores de Estella podrán defenderse sin el pago de caloña contra los que entraran en la villa con armas. Según el propio rey las entradas que esperaba recibir de los nuevos pobladores de Estella y que compartiría con los monjes de San Juan de la Peña eran: "ex supradicta nova populatione, id est, de lezeta, de censu, de homicidiis, de iudiciis, de caloniis et de omnibus omnino rebus". Sin embargo, en el propio fuero sólo se habla del censo, y no de pecha alguna villana. 
4.3.5.6 EL FUERO EXTENSO DE ESTELLA DE 1164:

Entre 1090 y 1164, nos afirma Lacarra, se fue elaborando en Jaca y en Estella un cuerpo de derecho del que resultó el fuero extenso de Estella de esta última fecha. El fuero extenso de Estella se corresponde con otros fueros extensos de Jaca, con los fueros de Aragón de 1247, con el Fuero General de Navarra, con el Fuero de Viguera y con el Fuero Extenso de Tudela. Más aún, del fuero extenso de Estella de 1164 deriva el fuero de San Sebastián. El fuero de Estella es la versión más completa que tenemos del amplio contenido jurídico de la escuela de Jaca que se había extendido hasta el valle del Ebro. En Huesca, en Zaragoza y en Borja se copiaba y se extractaba el derecho jacetano. Hay coincidencia hasta literal entre algunos artículos del fuero extenso de Estella y algunos de la Compilación de Huesca de 1247.
4.3.5.7 EXTENSIÓN DEL FUERO DE ESTELLA:

En todas las poblaciones de la familia del fuero de Jaca no se conocía el fuero extenso de Jaca, sino en puntos concretos como Pamplona y Villafranca de Navarra. Más conocido era el fuero extenso de Estella ya que influyó en el Fuero general de Navarra. El fuero de Estella se otorgó a Puente la Reina, en 1147 a Olite, en 1149 a Monreal, en 1154 en Huarte y a Pamplona, en 1180 a San Sebastián, en 1264 a Tiebas y a Torralba, en 1286 a Urroz, en 1423 a los francos de Tafalla, en 1463 a Mendigorría, y durante el siglo XIV a Huarte Araquil.
4.3.5.8 EL FUERO DE SAN SEBASTIÁN. Fuentes: Fuero de Estella y Roles de Olerón. El fuero de San Sebastián es un conjunto jurídico formado por la suma de dos fuentes anteriores, de distinto origen y ámbito de aplicación: un fuero navarro, como el fuero extenso de Estella de 1164 y unas constumbres marítimas cantábricas tomadas de los usos de Olerón. Son varias las razones por las que el fuero de San Sebastián acogió el derecho marítimo de la Aquitania. Si intentamos conjeturar el por qué se dieron los roles de Olerón a San Sebastián, nos encontraríamos con el hecho de que esta introducción no sería más que la consecuencia de un intenso influjo de Gascuña en tierras de Guipúzcoa. Y estas relaciones entre Gascuña y Guipúzcoa tendrían diferentes etapas de intensidad, que merecería la pena al menos desbrozar por épocas históricas.
Cronología: Las copias del fuero de San Sebastián que nos han llegado, carecen de fechas fundacionales, por lo que tenemos que suponer que todo el arco cronológico del reinado de Sancho el Sabio, es hábil para la donación del fuero. Sin embargo, a pesar de las fechas de fundación dadas por la historiografía clásica, en 1150 o en 1163, que fueron celebradas en la ciudad con sus correspondientes congresos, habría que inclinarse más favorablemente por la fecha de 1180 como año más probable para señalar el de la fundación de San Sebastián.
Historiografía. El original del fuero de San Sebastián se perdió muy pronto. Banús y Aguirre conoce ocho copias, cinco manuscritas y tres impresas. De todas ellas, la más antigua es la que nos dejó el escribano Juan de Sorola en 1474, que el propio Banús nos transcribe tras hacer un estudio de las copias y su conservación. Del fuero de San Sebastián nos aporta Camino y Orella en su historia de la ciudad una versión castellana, afirmando que él conoce otra versión de Pedro Cano y Mucientes del consejo real y otra de hacía dos siglos. Publican dicho fuero en latín el Diccionario Geográfico-Histórico de España de la Academía de la Historia, Llorente en sus Noticias Históricas, Gorosabel en su Diccionario, Yanguas en el Diccionario de antigüedades del Reino de Navarra, Marichalar y Manrique en Historia de la Legislación, José María Lacarra en sus Fueros derivados de Jaca y Estella, y el Fuero de San Sebastián que recoge las ponencias del congreso celebrado en 1980 con motivo del centenario del Fuero.
Dependencia jurídica de los fueros de Estella y de Jaca: El fuero de San Sebastián depende primordialmente del fuero extenso de Estella de 1164. Dice Lacarra que aun aquellos artículos que reproducen el primitivo fuero de Jaca, la copia donostiarra se hace a través de la versión estellesa. En el Preámbulo se reproduce la intitulación y el protocolo del fuero de Estella. El artículo 1 corresponde al I,1. de Estella. Los artículos 2,3,4 y 5 regulan la adaptación a la navegación marítima de la exención de la lezda que ya disfrutaban los vecinos de Jaca desde el año 1135. De la exención de lezda disfrutaban los vecinos con casa habitada. Por la detallada regulación de la importación de mercancías por mar, parece que el rey de Navarra trataba de incrementar la población de San Sebastián y hacer de ella el puerto de Navarra. Para fomentar el comercio con Pamplona se rebaja la lezda de las mercancías que iban con destino a Pamplona en un tercio (I,3.2;I,4.2). Al ocupar Guipúzcoa en 1200 el rey castellano Alfonso VIII los intereses de los reyes navarros se orientaron hacia el puerto de Bayona. Los artículos 7,9 y 11 guardan relación con los I,13, 10 y 3 respectivamente de Estella.
En la Parte II todos sus artículos son reproducción del fuero de Estella. Se prohíbe como en Estella el que sean pobladores de la villa los clérigos y los navarros. La contraposición entre navarros y gascones se mantiene como en Estella entre francos y navarros. La correspondencia de los artículos donostiarras con los estelleses es la siguiente. Los artículos 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11 se corresponden con los artículos de Estella 2,4,5,6,7,8,9,10,11,12,14. En la parte III todos los artículos son copia literal del fuero de Estella. Los artículos donostiarras 1,2,3,4,5,6,7,8,9 se corresponden con los 3,4,5,6,7,12,14,26 y 11. En la parte IV se desarrollan en San Sebastián con mayor originalidad las instituciones de la fianza, la prueba del hierro candente y el hostalage. En la redacción del almirante se debió tener en cuenta algun versión pamplonesa del fuero de Jaca. Las ciudades de Estella, Pamplona, San Sebastián y Fuenterrabía acudían a Jaca en consulta para interpretar su fuero, considerando a la ciudad aragonesa como cabeza de la familia. Acudían a la ciudad de Jaca solicitando aclaración del texto y a veces en apelación de las sentencias dadas en las correspondientes villas burguesas.
Desde mediados del siglo XII "solían venir a Jaca desde Castilla, Navarra y otras tierras para aprender las buenas costumbres y fueros y llevarlos a las suyas". Así lo afirmaba en 1187 el rey Alfonso II de Aragón. Según Ramos Loscertales en su trabajo sobre el Fuero de Jaca, esta ciudad aparecía en el siglo XII "como centro de una comarca que poseía unidad jurídica, centro en el cual la formación del derecho había alcanzado un alto grado de perfección hasta el punto de convertirlo en núcleo de atracción de un área bastante extensa para la enseñanza del derecho" Garibay en su Compendio historial, lib. XXI, cap. XIV nos dice que en la Crónica de los Estados Peninsulares de comienzos del siglo XIV se leía: "... Et dizen más, que Navarra e Ypuzcoa se goviernan por el fuero de Sobre Arbe; que si los reyes fuessen de Navarra, los privilegios que fueron de Navarra tenrian; et oy en dia de Ypuzcua apellan a fuero de Sobre Arbe; et los de Navarra sí fazían, si non que lo vedó el rey don Sancho "l´Encerrado..." La extensión del fuero de San Sebastián se realizó a las villas costeras de Fuenterrabía, Guetaria, Motrico, San Vicente de la Barquera, Oyarzun, Zarauz (1237), Zumaya (1347), Usurbil (1371) y Orio (1379).
Relaciones donostiarras con Gascuña.
San Sebastián fue fundada en 1180 para dar carta de naturaleza burguesa a esos gascones que ya habían ocupado el pie del monte Urgull. Entrando ahora someramente en el texto del fuero donostiarra acotemos los puntos referentes al tema de la relación de San Sebastián con la Gascuña y Bayona.: Artículo 2, 2: "Solamente retengo esto: que si alguno de los pobladores comprare fardos o alguna mercancía en Bayona, y pasare por San Sebastián para vender en otro lugar la predicha mercancía, dé lezda. Pero si vendiere en San Sebastián la predicha mercancía, no dé lezda". Por este artículo vemos que se priman las relaciones entre San Sebastián y Bayona. Artículo 11.1: "Doy a los pobladores de San Sebastián, desde Undarabia hasta Oria, de Arrenga hasta San Martín de Arano toda la región que yo poseo, dentro de aquel término y todo lo que allí está sea de realengo". En este artículo se da el alfoz a la nueva villa de modo que se acota toda la tierra de los gascones como jurisdicción de San Sebastián y se señala como fronteriza de San Sebastián la tierra de Gascuña.
El derecho marítimo cantábrico se implanta en San Sebastián.
La actividad comercial y marinera de las tierras orientales de San Sebastián eran muy activas con la Gascuña desde hacia siglos. Y aunque a esta villa se le otorga el fuero de Jaca, a través del fuero extenso de Estella, sin embargo, las vinculaciones jurídicas con la Gascuña obligaron a tener en cuenta el derecho marítimo atlántico.
Bonifacio de Echegaray afirma "los nautas que de San Sebastián partían o a San Sebastián arribaban, mantenían trato constante con los mercaderes y pilotos de las costas occidentales de Francia". Las Fuentes Jurídicas del Fuero de San Sebastián están basadas en los "Roles d´Oleron" o "Jugements d´Oleron", denominadas también de forma castellanizada Fuero de Layron, Leyes de Layron o Fuero de las leyes por do se judgan los pleytos que son del fecho de la mar". A veces también se les denominó "Costum d´Espanya". Los Roles de Olerón forman una colección redactada en la isla francesa de Olerón a fines del siglo XI, en la que se recogían las sentencias de los tribunales marítimos, basadas en el derecho consuetudinario de las costas atlánticas. La primera introducción de este derecho se realizó en el Reino de Pamplona a través del Fuero de San Sebastián de 1180.
Algunas de las instituciones de derecho marítimo que se recogen en el fuero de San Sebastián eran comunes a las costumbres del Cantábrico como el hecho de que el naufragio de una nave no destruye el derecho de propiedad sobre los elementos y mercancías que transportaba. Doctrina esta, como señala Banús, que se oponía al uso general de considerar "res nullius" a los despojos de los naufragios. Esta doctrina quedó sancionada en un documento de Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra y Guyena del año 1190. El estudio lo realizó Pardesuus en su "Collection de lois maritimes anterieures au XVIIIe siècle" París 1828, tomo I. El "Fuero de las Leyes por do se judgan los pleytos que son del fecho de la mar". Se trata de un cuerpo de derecho marítimo resultante de la traducción castellana de los Roles de Olerón que se aplicaba en el tribunal especial marítimo del almirantazgo de Sevilla, tras los privilegios de Fernando IV en 1310.
Las Partidas de Alfonso X el Sabio contienen leyes mercantiles y marítimas procedentes del Digesto a través de Sumas o Glosas bajomedievales y se acogieron a la tradición marítima cantábrica. La "Costum d´Espanya" se trata de una obra anónima que contiene usos jurídicos marítimos de la fachada atlántica y que luego más tarde se introdujo en Cataluña y con esta costumbre los usos de los Roles de Olerón.
En la costa norte peninsular, específicamente en la Hermandad de las Marismas, existía una jurisdicción mercantil con una sumariedad en el proceso y una jurisdicción especial encomendada a dos hombres buenos de las villas. Esta jurisdicción especial era distinta de la ordinaria, y vendría a consolidar la jurisdicción incipiente de las Partidas (5,9,14). A los navegantes del Cantábrico que habían participado en la conquista de Sevilla, les concedió Fernando III el 15 de junio de 1250, un privilegio con la exclusiva competencia de tener un alcalde mar que les juzgara en los asuntos navales y con la posibilidad de apelar de su sentencia ante un consejo de seis hombres buenos "sabidores del fuero de la mar". Esta jurisdicción especial marítima del sur de la corona no fue más que un eco de la ya existente en el norte. Esta jurisdicción se concretará más tarde por Enrique IV en su privilegio a Guipúzcoa del 30 de septiembre de 1461 en el que concedía a la hermandad, una jurisdicción criminal marítima.
Zonas jurídicas señaladas por el fuero de San Sebastián.
Hasta el fuero de San Sebastián de 1180 la costumbre fue la única fuente del derecho en Guipúzcoa y en la zona vasco-guipuzcoana. A partir de este fuero, todo el territorio sudpirenaico entre el Deva y el Bidasoa, quedó articulado en tres ámbitos jurisdiccionales: 1º la tierra llana controlada por los Parientes Mayores y que siguió bajo la norma consuetudinaria en derecho privado, mientras que en el derecho público subsistía el derecho feudal y la organización gentilicia. 2º La jurisdicción de las ferrerías, las cuales tienen sus antiguos fueros de ferrerías, y que ahora reciben sanción especial real, en el momento en que los ferrones ven en peligro su singularidad jurídica, con la creación de las villas. 3º las villas burguesas que bajo dos fueros de francos, como son el de Jaca-Estella-San Sebastián que se expande a todos las villas de la costa y el Fuero de Logroño-Vitoria-Mondragón que se difunde a todos los asentamientos urbanos del interior. Derecho privado pirenaico en el fuero de San Sebastián:
Siguiendo a los estudiosos del derecho privado guipuzcoano, tales como García Cantero, Navajas Laporte y Salinas Quijada, podemos decir que el Fuero de San Sebastián tiene pocas acotaciones referentes al fuero privado. De estas pocas, unas son de derecho mercantil y otras de derecho civil. Los artículos del derecho mercantil son los siguientes: * De locatione (III-7) responde al criterio protector del propietario arrendador, criterio típico de los fueros de Francos. * Hostelaje. (IV) Se trata de un contrato de gestión por el que el propietario de un establecimiento de hostelería suministra los servicios necesarios para la estancia del viajero o huésped. Con relación al Derecho civil el fuero sigue la costumbre y no se preocupa de formularla debidamente. Sin embargo hay algunos apartados explícitos: * De Marito: La formulación del fuero donostiarra es una transcripción literal del fuero de Estella (II,11). Por lo tanto manda, siguiendo la troncalidad, devolver al tronco los bienes muebles e inmuebles, consagrando la exclusión del progenitor superviviente en la sucesión de los bienes que el hijo premuerto había heredado del otro progenitor * De homine mortuo: igualmente transcribe el fuero de Estella (II,12). * De locatione: Del mismo modo transcribe el fuero de Estella (II,14).
Sobre los temas de derecho privado en el fuero de San Sebastián, Gabriel García Cantero hace un estudio del Fuero comenzando de los principios y conceptos que están hoy aceptados por la moderna dogmática y marcando el cuadro dogmático formulado tanto desde el Código Civil como desde el Derecho foral.
I. De las Personas, de su capacidad y estado civil: Las conclusiones a las que se puede llegar en este tema son las siguientes: * Se da una contraposición entre los vecinos o pobladores y los extraños. * El fuero reconoce a los hijos: "parvi filii qui non pervenerint ad perfectam etatem". Pero no se afirma a qué años se llega a la mayoría de edad. El texto foral reconoce también los hijastros, pero no a los nacidos fuera del matrimonio. * El Fuero conoce los diferentes "status familiae" como el del hombre y de la mujer casados, viudo y viuda y bínubo. La violación de la mujer soltera o casada es objeto de sanción penal. La reparación de la violación de una soltera viene saldada con el matrimonio del violador con la violada. Hay limitaciones con respecto a la binubía de la mujer. Las mujeres tienen capacidad para testificar únicamente en ausencia de varones y del párroco y en caso de inminente peligro "si sunt ibi duae mulieres legales, valebit illarum testimonium (III,9.8). * Los parientes son reconocidos sin que se especifique la clase de parentesco. Parece aludirse al parentesco legítimo por consaguinidad, y una vez se alude al legítimo de afinidad en primer grado (III,9,12). * El domicilio aparece descrito en II.5.1. y en él se muestra que el vecino goza de medios de autodefensa. * La ausencia está prevista en los plazos dilatorios que se otorgan para hacer efectiva una prenda.
II. De los Bienes y sus clasificaciones.
* Hay distinción entre cosas muebles e inmuebles (heredades, casa, huerto, viña, molino, bodega, pajar, hórreo, bosque, aguas, árboles). Se alude a los haberes muebles o patrimonio mobiliario como pan, vino, carne, metales, tejidos. Se relacionan los semovientes como el caballo, mulo, yegua, asno así como los peces. Se citan las naves y las mercaderías. * Se hace referencia al fruto de los árboles, lo mismo que a los bienes de realengo, bienes de patrimonio de la mujer, la hacienda o la herencia. * Existen disposiciones sobre el dinero, la moneda, y, en concreto, sobre los sueldos y los denarios. * Del precepto III.1 se puede destacar que el cerramiento de fincas rústicas es una facultad reconocida a los propietarios, facultad dimanante del dominio, que hace que las fincas rústicas sean respetadas por los otros. * El Fuero II.1. reconoce la existencia de heredades libres e ingenuas, sin ningún mal interdicto ni censo.
* El rey les concede a los pobladores "toda mi tierra, los pastos y selvas y aguas en todos los lugares, tal como los poseen los hombres que viven en la región" (I.11). * El rey les concede a los pobladores los hornos, baños y molinos (I.6) III De la posesión, de la propiedad y de otros derechos reales. * En general el fuero alude al derecho de propiedad sobre inmuebles y su tutela a través de la institución de año y día. Se alude a los huertos y viñas abiertos o cerrados, tales como el molino o la casa habitada. Igualmente se reconocen los derechos de servidumbre, los censos, y los derechos reales de garantía. * Sobre la propiedad, la posesión y su protección jurídica: Estas normas constituyen la razón de ser del fuero. Para ser propietario es necesario el título adquisitivo, completado con el modo o tradición, es decir, con la entrega de la cosa. Los requisitos de protección son los siguientes: a) título adquisitivo "de iusta causa"; b) tenencia "sine inquitatione"; c) Por año y día. Con estas condiciones se favorecen la libertad de tráfico inmobiliario. * Las titularidades derivadas de concesiones regias son similares a los derechos reales de disfrute. Los reyes como señores eran dueños de todos los medios de producción que concedieron a los pobladores de San Sebastián como hornos, baños y molinos. El rey se los concede a perpetuidad y a título gracioso. * Derechos de servidumbre. El rey les concede a los habitantes de la nueva villa los prados, bosques y aguas de cualquier lugar. * Derechos reales de garantía (II.6 y IV.6). El rey se cobra la multa del que viola la casa o toma empeños, fianzas extrajudiciales o prendas por la fuerza. La p* La aclaración más patente del fuero (II.1) dice así: "Y si durante un año y día tuvieren la heredad sin molestia, si alguien posteriormente los quisiera molestar o quitar, dé al rey 60 sueldos, y además se confirme la heredad". La posesión de año y día es una institución civil sustantiva que atribuye una presunción de justa titularidad en caso de contradicción. Pero tras la declaración legislativa del principio, se promulgaron otras disposiciones de carácter procesal en orden a su respeto y prevalencia (III.8).renda puede ser de animal vivo o muerto, así como caballo o mulo.
* La aclaración más patente del fuero (II.1) dice así: "Y si durante un año y día tuvieren la heredad sin molestia, si alguien posteriormente los quisiera molestar o quitar, dé al rey 60 sueldos, y además se confirme la heredad". La posesión de año y día es una institución civil sustantiva que atribuye una presunción de justa titularidad en caso de contradicción. Pero tras la declaración legislativa del principio, se promulgaron otras disposiciones de carácter procesal en orden a su respeto y prevalencia (III.8).
IV Derecho de las obligaciones y contratos.
* El fuero dicta normas en materia contractual, otorgando a los deudores privilegios como una moratoria general para el pago de deudas, la concesión de un fuero especial para ser demandados por sus acreedores, la concesión de libertad para las transacciones inmobiliarias, del mismo modo que se regulan los contratos de arrendamiento, hospedaje y la fianza. * Se concede el aplazamiento del pago de deudas, el cual es una moratoria para los mercaderes en su deuda principal y en su accesoria o fianza. Los transeuntes gozan del privilegio de no ser perseguidos por deudas propias o ajenas, en tanto sean huéspedes en San Sebastián. * Se estipula una libertad de tráfico sobre bienes inmuebles en vistas a la repoblación (II.1.1). Hay referencias al "ius vendendi".
* Se regula el contrato de donación. Se regulan las donaciones hechas por menores de 12 años y por la bínuba viuda. También se regulan las donaciones "mortis causa" con intervención de los cabezaleros. * Es válido el contrato de arrendamiento llegando sin embargo al desahucio, por necesidad del arrendador. No se admiten como causas el viajar a Jerusalén, o al extranjero o irse a otra ciudad. * Sobre el contrato de hospedaje (I.7.1) se deja plena libertad, no estando permitido el hospedaje forzoso. * El contrato de fianza (que se cita de las viudas) se interrelaciona con los derechos reales de garantía. * De las obligaciones y contratos en general son tres los destacados en el Fuero: dos correspondientes a las obligaciones (la mora y la prueba de las obligaciones) y otro a la validez de los contratos (compraventa, fianza en general, prenda y arrendamientos urbanos)
* La mora es el retardo culpable en pagar la deuda o cobrar el crédito, subsistiendo la obligación. En el fuero de San Sebastián el retardo no es culpable, ya que el propio fuero (I.8) les concede un retraso de dos años. Pero en IV.3 se refiere a la reclamación del fiador ante la autoridad, y, en este caso, si el acreedor no pagaba ni presentaba fiador, era legal la prenda. Existen aplazamientos dados al deudor para que reintegrara al fiador lo que éste había tenido que satisfacer por la fianza, y son graciosas las moratorias otorgadas por el propio fuero. Si la moratoria era imputable al deudor, sus consecuencias jurídicas eran la prisión por deudas (II.3;IV.3), a no ser que que el deudor presentara un fiador de derecho. * La prueba de las obligaciones. La legislación histórica habla de varias clases de prueba: los testigos, el juramento, los documentos, las presunciones, las ordalías y la pesquisa. El Fuero sólo aduce la prueba de confesión, la testifical y las ordalías o juicios de Dios (II.2)(IV.4). El fuero de San Sebastián regula las ordalías (III.3)(III.8). * Validez de los contratos:(IV.1): se alude textualmente a este punto cuando se dice: "Todos los pobladores de San Sebastián de cualquier oficio que fueren, hagan su lucro sin latrocinio ni traición". * Del contrato de compraventa se habla en I.2 al aludir al pago de la lezda. La lezda exigía la venta de mercancías y además se exigía al vendedor responder ante el Fisco.
* Del contrato con fianza (IV.3). Se trata de un reglamento de aplicación del II.3 que dice: "que ninguno sea preso dando fianzas de derecho. Y si no puede cumplir el derecho entre su pie". * Del contrato de arrendamientos urbanos se habla en el fuero (III.7). Pero la generosidad del monarca en favor del poblador propietario de vivienda alquilada, no la hace extensiva cuando se trata de bodega, pajar, hórreo u otros bajos, en cuyo caso el arrendamiento no se resuelve hasta el vencimiento del mismo.
V Derecho de familia: * El fuero no se ocupa de los aspectos sustanciales del matrimonio, pues es competencia del derecho canónico, pero sí de los efectos jurídicos y económicos, lo mismo que de la filiación y otras instituciones familiares. * El matrimonio. Es penada la fornicación a no ser con mujer soltera. Si la fornicación es con violencia, la reparación más justa es el matrimonio, a no ser que la mujer sea de inferior condición, en cuyo caso se resuelve proporcionándole un marido adecuado. En caso contrario debe entregar su cuerpo a los parientes de la mujer (II.4.6). * La viudez.(III.6). Se regulan la capacidad, los derechos y obligaciones de la viuda que conserva la patria potestad. La viuda es dueña de poderes y facultades jurídicas "et potentissima de toto illo abere et de honore". 
* Segundas nupcias: La binubía está minuciosamente regulada (III.9). La viuda que se casa de nuevo, debe partir los bienes con sus hijos, a no ser los propios de la mujer. Se consideran posibles varios matrimonios sucesivos. Los hijos del anterior matrimonio pueden obligar a su madre a realizar la partición de bienes. La viuda puede hacer donaciones de sus bienes, pero prestando fianza. Puede otorgar testamento de sus propios bienes. * Segundas nupcias: representan los efectos en la patria potestad de la dicotomía personal y patrimonial y por otra parte producen consecuencias sucesorias: * Efectos personales de las segundas nupcias:(III.6). Debe cumplirse la voluntad del marido presentada en el testamento. Muerto ab intestato, la bínuba debía partir los bienes de la sociedad conyugal con los parientes de los hijos. La mujer podía quedarse con los hijos, pero dando fianzas a los parientes de los hijos de que cuando llegaren éstos a la mayoría de edad, les devolvería sus bienes. * Efectos patrimoniales de las segundas nupcias (III.9). Se refiere a las donaciones "inter vivos" efectuadas por el bínubo. El bínubo puede disponer libremente de sus bienes sin tener que repartirlos obligatoriamente con sus hijos, pero dando fianzas. Este precepto del fuero de San Sebastián pugna con la legislación navarra histórica.
* Sobre el régimen económico del matrimonio. Si la mujer antes de contraer matrimonio es titular de bienes propios, sean de abolengo o de otra clase, éstos no se integran en la sociedad de gananciales (III.9.2). La sociedad se extingue con la muerte de uno de los cónyuges y el supérstite debe proceder a su liquidación con los herederos del premuerto, es decir, con los hijos. Debe repartirse todo lo ganado en el matrimonio a partes iguales. * Filiación legítima: La violación se castiga con un matrimonio reparador. No se regulan los hijos ilegítimos. * Tutela: Esta figura no se considera sino tangencialmente: la madre bínuba pierde la patria potestad sobre los hijos menores del anterior matrimonio, lo cual exige la necesidad de un tutor (III.9.5 y 6). Se exige un tutor cuando los cabezaleros designados por el padre necesitan prestar fianza para enajenar o pignorar bienes de los menores; Igualmente cuando la bínuba haga donación de sus bienes, incluso los recibidos de su primer marido, los cuales exijen fianza. Los "Parentes filiorum" (III.6.1) parecen tener funciones cuasi-tutelares
VI Derecho de Donaciones y Sucesiones;
* De las Donaciones (III.6)(III.9) se trata en las segundas nupcias pero es extensible a cualquiera de las nupcias. Se puede hacer donaciones con estabilidad a partir de los doce años. La legitimación para hacer donaciones viene dada por la titularidad dominical. Sólo puede hacer donaciones el dueño del título de propiedad. El marido no puede disponer del patrimonio de la mujer, sin poder expreso de la misma.
* De las solemnidades generales de las disposiciones sucesorias:(III.9)" 1º: Libera de prestación de fiadores y sólo recaba la presencia de albaceas testamentarios. 2º Estos albaceas no deben prestar juramento, sino manifestar por Dios y su alma; 3º Si no hay testamentarios vale el capellán; 4º En peligro de muerte inminente valen dos mujeres que gocen de capacidad legal; 5º En lugar desierto vale el testimonio de un hombre o una mujer. 
* Las segundas nupcias como limitación a la libertad de disponer "mortis causa"(III.6)(III.9). Se determina el modo de llevar a efecto la partición por parte de la madre que contrae nuevo matrimonio: 1º El bínubo debía hacer con los hijos partición de los bienes de conquista habidos con el consorte difunto, por mitades e iguales partes; 2º No entran en la partición los bienes propios del bínubo anteriores al matrimonio; 3º Este procedimiento debe seguirse en el caso de sucesivos matrimonios; 4º Si los hijos no quieren realizar partición, el bínubo no les puede obligar. Si los hijos quieren partir, pueden obligar a su progenitor bínubo; 5º Esta norma vale aunque el difunto haya nombrado albaceas testamentarios. Los albaceas pueden obligar al bínubo a repartir.
* La viudedad foral:(III.9). La viudedad foral subsiste mientras no contraiga segundo matrimonio. La viuda no podía vender ni poner en prenda el haber de los hijastros. Tratándose del haber de sus propios hijos, podía vender o empeñar si le era necesario para sí y esa necesidad fuese notoria a los parientes o vecinos; así como si la necesidad era de sus propios hijos.
 * Clases de sucesión: Sucesión "ab intestato" y testamentaria.
* Sucesión troncal (II.6.3) si muere el marido intestado, dejando hijos menores de edad: "Et si filii interim obiuntur, illam hereditatem et honorem et avere debet tornare unde veniet parientibus suis". Los bienes revierten al tronco. El momento de la reversión es a la hora de la muerte de los hijos. No dice la forma de distribuir los bienes entre los parientes tronqueros, ni sobre los requisitos de enajenación de los bienes troncales. * Se puede enajenar "inter vivos" bienes troncales (de hereditate avuolorum) por la madre viuda o bínuba, en razón del matrimonio de sus hijos a título de dote. Puede dar para otras finalidades una viña, una tierra o una casa en el caso de haber varias en la herencia. Pero si la herencia carece de esos bienes, no puede hacer tal donación (III.6.6), salvo que disponga en favor de su alma, de la Iglesia o de sus parientes.
* Reversión troncal: Si los hijos menores mueren antes de llegar a la mayoría de edad, y sigue viva la madre, ésta no hereda los bienes, sino que deben retornar al tronco familiar de donde procedieron. Los bienes de abalorio no deben salir del tronco, sino que deben perpetuarse a través de la descendencia. Los nietos no pueden hacer donaciones a extraños de los bienes troncales procedentes de los abuelos, sino sólo a los descendientes troncales, hijos e hijas, y únicamente parte de esta herencia de abalorio y no toda; esta parte podía ser ampliada en el supuesto de tratarse de donaciones "propter nuptias" en favor de un hijo o una hija que contrajera matrimonio. Esta costumbre de reversión foral se mantiene hasta en el siglo XV. * Testamentos especiales: se realizan en peligro de muerte, ante el párroco (III.9.8), o ante testigos aunque sean mujeres (III.9.8 y 9). * La herencia se deja en favor del alma, de la Iglesia, de los parientes del testador (III.6.6) dándose a título de legado o de donación "mortis causa" no precisamente a título de herencia. * Partición hereditaria: Todos los herederos de un fallecido forman una comunidad hereditaria, a la que se pone fin con la partición. Si existen hijos y la madre viuda vuelve a casarse, el derecho a pedir la partición reside en los parientes de los hijos (III.6.1). Estos parientes pueden realizar la partición y aceptar la parte que a los menores corresponde. Si la madre permanece viuda, garantizará a los parientes, que los hijos, una vez llegados a la mayoría de edad, recibirán lo que les corresponde (III.6.2). A la partición precede la liquidación de la sociedad de gananciales (III.9.1). Los hijos y sus representantes legales, pueden obligar a la madre a la partición de bienes. Si el padre premuerto señaló cabezaleros, éstos deben realizar la partición (III.9.5). La situación es compleja cuando el padre bínubo muere sin realizar la partición con los hijos del primer matrimonio.
Conclusión:
 Cuando en 1180 se fundó San Sebastián para los extranjeros gascones emigrados de la Gascuña, las relaciones de la villa burguesa con el monasterio de San Sebastián de Hernani no fueron cordiales. La villa burguesa con sus dos iglesias se levantó en los términos del caserío Izurun, que en la falsificación ya citada se había atribuido a San Sebastián de Hernani y por lo tanto a Leire.
La personalidad de San Sebastián como tenencia de los reyes navarros nos consta en fechas anteriores a la conquista pacífica de Alfonso VIII del territorio navarro de Guipúzcoa.
4.3.6 EL ESPACIO VASCÓN-GUIPUZCOANO TRAS LA FUNDACIÓN DE SAN SEBASTIÁN.

Hacia 1188 el obispo de Pamplona Pedro de París encomendaba al de Bayona el honor de San Sebastián, Lavián, Goizueta, Hernani, Cizúrquil, Seiaz, Iciar, Iraurgui, Régil y Goyaz para que con él sirviese a la iglesia de Bayona y a su prelado. La encomienda duraría mientras viviese Pedro II o el prelado de Bayona, Bernardo de Lacarra. Pedro de París se reservó su derecho de propiedad y el derecho de entrar y de ser recibido honoríficamente como obispo propio. Dice el propio texto: "...Ego Petrus...commendo tibi Bernardo confratri et amico Laburdensi episcopo, illum honorem Sancti Sebastiani, Lauian, Goizuuieta, Hernani, Zichurchil, Seiaz, Yziar, Yraurgi, Errizil, Oyaz ad servitium Pampilonensis Ecclesiae et nostri, in vita mea si prius te obiero. Sin autem divina dispositione prius te obire contigerit, regrediatur honor ad propriam sedem nostram. Cum tali convenientia firmiter, ut si quando mihi plaucuerit terram illam ingredi, honorifice pro posse suo me ut proprium episcopum suscipiant"
El Papa Clemente III en 1188, abortó las reclamaciones ordenando que Leire estuviese sujeto a la Iglesia de Pamplona. Muerto don Pedro, su sucesor don García reclamó sus derechos en San Sebastián pisoteados por el abad de Leire don Arnaldo. El arbitraje se decidió en 1197.
En 1199 encontramos por primera vez citada San Sebastián como sede de una tenencia navarra y lo que es más importante como contradistinta de la de Guipúzcoa, durante el reinado de Sancho VII el Fuerte y en el momento mismo de su defensa desesperada ante la invasión armada castellana contra Vitoria y a Guipúzcoa. Una vez conquistada Guipúzcoa por el rey castellano en 1200 veremos que San Sebastián viene incorporada en la data tópica de los documentos castellanos en frases asimilables a esta: "regnante rege Aldefonso cum uxore sua domna Alienor regina, in tota Castella et in Toleto et in Extremadura et in Alava et in Ypusqua et in Sancto Sebastiano". Dataciones semejantes las encontramos en fechas tales como 11 octubre de 1200, 26 marzo 1202, 10 noviembre de 1202, 26-31 de diciembre de 1202, 29 de junio de de 1203, noviembre de 1203, marzo 1204, mayo 1204 y mayo de 1205.
4.3.7 ORGANIZACIÓN PAMPLONESA DEL ESPACIO GUIPUZCOANO (VÁRDULO-VASCÓN) A FINALES DEL SIGLO XII

Es en este momento y siguiendo a Sebastián Insausti cuando podemos hablar de los valles en los que se articula la región occidental del reino de Pamplona incluyendo los valles de Oyarzun, Urumea, Marquina, Iraurgui, Leniz, Seyaz, Iciar, Bozue Mayor, Bozue Menor, Parzonería de Alzania, Zumabazarrea, Erniobea y Anzuola. Cada valle posee una conciencia de comunidad de aldea y de explotación organizada de las tierras comunes. Según la profesora Tena, en cada valle los grupos poblacionales se agruparían en las llamadas universidades, con caserio agrupado, con organización y funcionamiento comunes, incluída la administración eclesiástica alrededor de una ermita. Algunas de estas universidades dieron lugar a villas (las antiguas universidades mayores) dotadas de sus correspondientes parroquias y otras (las menores) quedaron como collaciones bajomedievales dependientes de las villas y constituidas alrededor de un centro religioso que siguió siendo ermita.
El asentamiento sobre el mar de algunas de esas iglesias o monasterios hace pensar en una explotación pesquera o en un control de la navegación marítima. Así en los cartularios de los monasterios y sillas episcopales se alude a la situación costera de algunos de estos monasteriolos, ermitas o asentamientos, que se dedicaban a las pesquerías y a ejercer la función portuaria. Con la edificación de estas iglesias se fue buscando asegurar para los monasterios del interior el suministro de pescado y de la sal, facilitar igualmente los pastos para los rebaños de la trashumancia y algunas veces, excepcionalmente, reubicar grupos excedentarios de población como sucedió con la sede de Bayona. Eran dos tendencias una económica y otra demográfica que posiblemente eran complementarias. Por su parte los reyes o soberanías vecinas, veían con buenos ojos que los monasterios y sillas episcopales fueran ejerciendo la labor de ordenación del territorio ganadero, pesquero, salinero y aun agrícola. En este momento finisecular había varias economías que se superponían: una economía, la rural, en la que aparecía la necesidad que había de granos panificables (trigo, cebada y avena) y de cepas de vino que se implantaron en los valles fluviales y en el litoral. Otra economía derivada de la ganadería que necesitaba pastos para la trashumancia. Y por fin otra economía de complemento basada en la sal, en la pesca y aun en el comercio con los barcos que amarraban en sus costas.
Estas economías eran entre sí complementarias. La economía de clima mediterráneo y de pastos articuló, a través de los subdialectos euskéricos, las áreas trashumantes y las zonas de influencia monacal (San Juan de la Peña). Sin embargo, la economía de carácter marítimo, pesquero, salinero y mercantil era subsidiaria, pero no por ello menos cuidada y apetecible tanto por los monasterios y sillas episcopales como por los asentamientos de realengo (Roncesvalles y posesiones del rey de Pamplona). Todos estos núcleos se comunican con cierta facilidad con los centros del interior a través de caminos más o menos estables y que muchas veces coinciden con las rutas ganaderas de la trashumancia.
Pero encontramos, también, núcleos costeros de vocación marítima que no estaban bajo el control de los monasterios, ni de las sillas episocpales, sino bajo dominio de propietarios libres. Estos núcleos que luego llegarán a ser villas como Fuenterrabia, San Sebastián gascona, Motrico, Guetaria y Zarauz, eran centros de actividad pesquera, mercantil y manufacturera pero con graves dificultades de comunicación con el interior mesetario por lo que se dedicaron al intercambio marítimo principalmente con los núcleos costeros y con la zona de Aquitania, aprovechando o estableciendo rutas marítimas. Los comerciantes de Aquitania y de Bayona eran bien recibidos, en estos puertos. Más aún, en algunos de ellos existían familias de estirpe gascona que en algún momento de la historia anterior, habían llegado y se habían establecido en esos núcleos de la costa. Estos mercaderes y marinos establecían sus fondacos en los puertos, en los que los pobladores guipuzcoanos colocaban sus productos del interior mientras adquirían productos extraños y manufacturas.
Hay dos infraestructuras de comunicación. Mientras que algunos enclaves costeros objeto de donación monástica están bien relacionados con el interior de la meseta. Hay otros núcleos costeros de población, mal comunicados por tierra, pero abiertos al mar que buscan sus relaciones mercantiles por medio de las rutas marítimas. Estos últimos, también tanteaban sus intercambios mercantiles con el interior, como demuestran las relaciones mercantiles ya perfiladas del fuero de San Sebastián con Pamplona, la capital donde estaba la corte real y con Estella la ciudad de la que había recibido el fuero. Hay también dos tendencias geopolíticas, urbanísticas, mercantiles y jurídicas que responden a las dos familias de fueros que se aplican en los tres certales o valles que conforman el territorio. La primera originariamente derivada del fuero de Estella, pero que queda marcada por la herencia marítima del Fuero de Olerón y que se extiende y relaciona a los puertos cantábricos, dando más tarde origen a la hermandad de las Marismas del Cantábrico y hay una segunda familia derivada del fuero de Logroño, que a través de Vitoria y Mondragón se extiende por todas las villas del interior relacionándolas con unas connotaciones rurales y exportadoras de la lana del interior ya sea aragonesa o castellana.
Hay por lo tanto dos direcciones de organización territorial: una de Sur a Norte, de ámbito ganadero y rural, bajo el control de los tenentes, de los monasterios y de los señores rurales (como los Lazcano). Conformaron colaciones y universidades que fueron objetivos territoriales de los monasterios, de la corte de Pamplona o de las sedes de Pamplona y de Calahorra. Y hay otra dirección Este-Oeste procedente de Bayona, dedicada a actividades marítimas y comerciales y que se extiende a toda la costa guipuzcoana y aun sobrepasándola hasta Cantabria. Estos últimos utilizaron barcos de herencia normanda según aparecen en los capiteles de San Juan de la Peña del siglo XII y en los sellos municipales del siglo XIII. Así nacieron núcleos como San Sebastián, Fuenterrabia, Guetaria y Motrico en los intersticios terrestres que les dejaron libres las fuertes competencias señoriales y monasteriales del interior.
Por la etiología de los diferentes asentamientos costeros se puede hablar de dos Guipuzcoas solapadas y sin fronteras claras entre sí, pero estas dos guipuzcoas son continentales y marítimas a la vez: una de aculturación continental, mediterránea y pamplonesa y otra de influencia marítima, atlántica y aquitana. La primera la protagonizan los enclaves costeros dependientes de los monasterios y sillas episcopales junto con la inmensa mayoría de las futuras villas a fuero de Vitoria. Mientras que las actividades marítimas y las de signo atlántico son dejadas a grupos nacidos del aumento demográfico o a grupos sociales de organización económica y social de nuevo signo, fuera del interés de los Seniores y Monasterios. En la bahía de la Concha se interfieren ambas tendencias en dos núcleos de población limítrofes: San Sebastián de Hernani objetivo de la aculturación continental y San Sebastián gascona objetivo de la tendencia mercantil y marítima del Atlántico.
Uno de estos núcleos de tendencia atlántica, que pronto va a ser apetecido por la tendencia monacal y episcopal es San Sebastián gascón, situado en la frontera con San Sebastián de Hernani. Asentamiento este de San Sebastián de Hernani, que como hemos visto, conocemos de su existencia al menos desde el año 1101 en que Pedro I confirmaba su existencia como cenobio, como monasteriolo, bajo la órbita de Leire. Cuando en 1180 se funde la villa urbana y gascona de San Sebastián ya existía al otro lado de la playa y en medio de las marismas que dejaban el río y el mar, un poblamiento, con las iglesias de Santa María y San Vicente. Tenía ya este poblamiento gascón unos intereses defensivos y marítimos. Pero hay teorías contrastadas sobre el cuándo, cómo y cuántos fueron los pobladores gascones que llegaron a San Sebastián. Cuando Sancho el Sabio fundaba San Sebastián le daba un término, jurisdicción o alfoz amplísimo, tanto que dentro de este término se asentarán en tiempo medieval, varias villas burguesas como Fuenterrabía, Irún, Oyarzun, Rentería, Lezo, Pasajes, Astigarraga, Hernani, Urnieta, Lasarte, Usurbil y Orio. Los gascones venidos pretendían con el nacimiento de esta villa burguesa borrar las diferencias ancestrales existentes entre la Guipúzcoa-vascona y la Guipúzcoa-várdula
4.3.8 LAS PRETENSIONES PAMPLONESAS SOBRE LA GASCUÑA:

El reino de Pamplona no sólo pretendió y adquirió cierto protagonismo en las tierras cantábricas del Duranguesado, del Deva, de los várdulos-guipuzcoanos, de los vascos-guipuzcoanos, sino que también pretendió extenderse a tierras nordpirenaicas tomándoselas del condado de Gascuña.
 Gascuña en tiempos de Sancho el Mayor: Siguiendo a Roger Collins podemos afirmar que después de la destitución de Sigiwino en el año 815, en la "Divisio Imperii" del 817, fue asignada Gascuña junto con Aquitania a Pipino, hijo del emperador Ludovico. En el cartulario negro de la catedral de Auch del siglo XII se recoge una lista de los duques de Gascuña. Parece verosímil y aun cierto, que Sancho Jimeno "menditarra" fue llamado por los vascos del norte de los Pirineos en el 864 que lo eligieron como duque. De él descendió la linea ducal que se extinguió en el 1032. En esta narración citada se ve el conocimiento que los redactores tenían de las genealogías navarras y el deseo de relacionar a la familia ducal norpirenaica con las de los reyes de Pamplona y los condes de Castilla. Según José María Lacarra las descendencias de los duques de Gascuña y de Aquitania, juntamente con la de los reyes de Navarra están entrelazadas. Desde García Sánchez, duque de Gascuña desde el 893 al 920, ya se puede establecer una genealogía bastante segura. Su hijo Sancho duque de Gascuña dejó la herencia a Guillermo Sancho, duque de Gascuña (977-988) que luego fue conde de Burdeos, muriendo hacia el 996. Se casó con Urraca hija del rey de Pamplona García Sánchez, y, por lo tanto, hermanna de Sancho Abarca y tuvieron como hijos a Bernardo Guillermo duque de Gascuña (997-1009), a Sancho Guillermo duque de Gascuña (1009-1032) y a Briscia casada con Guillermo V el Grande, conde de Poitiers y duque de Aquitania, del que tuvo un hijo denominado Eudes, duque de Gascuña desde el 1033 y, más tarde, duque de Aquitania desde el 1038 hasta su muerte en 1040. A lo largo del siglo X la familia ducal creó la aristocracia de Gascuña, exclusivamente con miembros de su linaje. En Gascuña había centros urbanos como Dax y Burdeos que se convirtieron en puntos focales de los nuevos condados y vizcondados. Crecieron los patronazgos sobre las iglesias. En la segunda mitad del siglo X tiene lugar un flujo ininterrupido y creciente de donaciones a las iglesias, catedrales y monasterios.
El primer gran monasterio fue fundado en Saint Sever, junto al Adour, por el duque Guillermo Sanchez hacia el 982. Este mismo siglo vio la fijación en Bayona de la sede exenta e itinerante que hasta entonces existía. Igualmente nacieron las diócesis de Agen, Bazas, Aire, Dax, Oleron y Lescar. En los años 977- 989 el titular de todas ellas era Gumbaldo, hermano del duque Guillermo Sanchez, pero al ser trasladado a Burdeos se nombraron nuevos titulares para cada una de ellas. El duque Guillermo Sánchez fue el fundador de San Vicente de Luco en la diócesis de Oleron hacia el 980 y también fue patrono del monasterio de Sordua en la diócesis de Dax hacia 970. El duque Guillermo Sánchez incorporó a sus dominios el condado de Burdeos, al morir hacia el 977-988 su primo hermano Guillermo el Bueno; con lo que el ducado, que había sufrido a finales de la centuria anterior las desastrosas devastaciones de los normandos, se encontraba ahora fortalecido y ampliado hacia el norte. Su pariente, el conde Guillermo de Astarac, realizó las restauraciones de Pessan y de Simorre. El monasterio de Saramón fue restablecido en el 980 por Oddo, hijo de Arnaldo, conde de Astarac, de la misma linea ducal.
Sancho Guillermo duque de Gascuña (1009-1032) era contemporáneo estricto de Sancho el Mayor de Navarra. En 1010 se vió a los dos Sanchos (Sancho el Mayor de Navarra y Sancho Guillermo de Gascuña) coincidir en Sant Jean d´Angély para celebrar la invención de la cabeza de San Juan Bautista. Esta celebración religiosa fue aprovechada por los muchos nobles y reyes que se encontraron presentes, para entablar una serie de comunicaciones políticas. En esta convención internacional estaban también presentes el rey de Francia Roberto el piadoso, así como el duque de Aquitanía Guillermo el Grande, lo mismo que el conde de Poitiers, pariente del duque de Gascuña y, por supuesto, el rey de Pamplona Sancho III el Mayor. Sancho el Mayor le habría ayudado a su pariente Sancho Guillermo duque de Gascuña, en las luchas contra los condes de Toulouse, con el objetivo de recuperar los territorios de ascendencia vascona como Comminges y Couserans. Sancho el Mayor, en compensación, habría recibido el dominio sobre un vizcondado hereditario de Labourdi, al que dejó como titular a Lope Sánchez, su mayordomo. En la década de 1020 Sancho el Mayor extendió su autoridad al otro lado de los Pirineos, ocupó la recién restaurada Bayona, las tierras vascas al sur del Adour y aun al sur del Garona. Los duques de Gascuña eran parientes por matrimonio de la casa real navarra desde finales del siglo X. Guillermo Sancho II, duque de Gascuña (961-997) había casado con Urraca, hija de García Sánchez I de Pamplona en el 972. Los duques de Gascuña asistían con asiduidad a la corte navarra.
Desde mediados del siglo XI con la ascensión al poder de los duques de Aquitania y después reyes angevinos de Inglaterra, los intereses navarros al norte de los Pirineos quedaron reducidos a una pequeñísima zona centrada en Sant Jean Pied de Port que comenzó a ser conocida como Baja-Navarra.
Política ultrapirenaica de Alfonso I el Batallador:
Según J.M. Lacarra el rey batallador brindó a los nobles del sur de Francia que acudían a la cruzada, amplia protección y luego, tras la conquista del Ebro medio, pingües beneficios. Entre los nobles ultrapirenaicos colaboradores del Batallador sobresale Gastón de Bearne que recibió señoríos en Zaragoza, Huesca y Uncastillo. Por otra parte, Céntulo II, conde de Bigora, fue señor de Tarazona hasta su muerte en 1130, sucediéndole Pedro, conde de Marsan. Gassión, vizconde de Soule, figuraba en 1125 como señor de Belorado. A Rotrou, conde del Perche, lo encontramos afincado en Aragón en 1123 y fue premiado con los señoríos de Tudela y Corella y con un barrio de Zaragoza. José Angel Lema nos aporta más datos sobre estos señores ultrapirenaicos que conformaban la comitiva real y que ejercieron las tenencias del rey Alfonso I. Así tenemos a Andrés hijo de Huas de Xalon, a Bernard Pere de Sant Just, Ponce de Fredalez, Gastón de Bearn, Huas de Basobas y Rotrou de Perche. De Centulo, conde de Bigorra y hermano del vizconde bearnés Gastón, sabemos que obtuvo tenencias generosas en 1122. Gastón de Bearn acumuló sustanciosos inmuebles y tierras a orillas del Gállego, por donación real, que luego él mismo repartió a personajes de origen ultrapirenáico como García Fort de Aspe, Arnaldo de Gornes o Arnaldo de Lavedan. Pero no era sólo conceder señoríos a los colaboradores ultrapirenaicos. Alfonso I el Batallador tenía la pretensión de haber ganado vasallos que tenían su origen en el norte del Pirineo y que por lo tanto le facilitarían su soberanía en las tierras de la Gascuña y en la ocupación de Bayona. Según el ya citado José Angel Lema en el trabajo de su tesis doctoral sobre la figura de este rey, al hablar de su itinerario nos confirma que en mayo de 1130 el rey pasó por Bosost de Aran, Zaidin y Ardanes para encontrarse en octubre de ese mismo año sobre Bayona en donde estuvo hasta octubre de 1131. En el asedio de Bayona colaboraban tanto el ejército de tierra como las naves que completaban el cerco por el rio Adour. El asedio de un año no tuvo éxito ya que las fuerzas del conde de Toulouse, aliadas con Alfonso VII de Castilla, lograron levantar el cerco. Desde esta fecha Alfonso I dice reinar desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal. No sabemos cuál era el proyecto del Batallador en la conquista de Bayona. Alfonso I tomó muchas tierras de la Gascuña cercanas a la ciudad de Bayona en el 1132 pero sus herederos fueron incapaces de conservarlas.
4.3.9 INVASIÓN ECLESIÁSTICA FRANCA DE LAS TIERRAS PAMPLONESAS:

Goñi Gaztambide nos habla de la invasión pacífica de mercaderes, artesanos y mesoneros francos que se asentaron en el nuevo camino de Santiago. Pero esta llegada no habría sido posible a no ser por la política del rey Sancho Ramírez que erigió nuevas villas burguesas en Aragón y Navarra para la población franca. Esta nueva tendencia vino acompañada por la política religiosa profranca del reino de Pamplona. Los desmanes cometidos por los obispos de Pamplona de finales del siglo X, como los del infante García en 1078 y la intervención episcopal de la condesa Sancha en 1082, suscitaron la convocatoria de un concilio, que lanzó el entredicho en toda la diócesis y la excomunión contra todos sus miembros. En este momento la diócesis de Pamplona se extendía a Guipúzcoa, la Valdosella y otros pueblos de Aragón, mientras que dependía probablemente de Bayona el arciprestazgo de Fuenterrabía, el valle de Baztan, las cinco villas y Santesteban. El cardenal Ricardo, legado en Hispania del enérgico y hierocrático Gregorio VII, no podía permitir el desconcierto de la sede pamplonesa que él vió, por lo que el nuevo legado Frotardo, abad de Saint-Pons de Thomières, escogió a un monje de su monasterio, denominado Pedro de Andouque o de Rodez como obispo electo de Pamplona ya en 1083. Su pontificado durará hasta 1115.
Esta llegada a la sede epsicopal de Pamplona de un ultrapirenaico, vino acompañada de otra invasión de monjes y clérigos llamados por el propio obispo o provocada por las donaciones de iglesias a monasterios no navarros. En el cabildo catedral de Pamplona aparecen francos como simples canónigos o ejerciendo cargos de prior, de canciller, de arcediano o como nepotes del obispo .
El nuevo obispo se dedicó a instaurar una política antinavarra y profranca. El mismo año de su elección episcopal transfirió el castillo de Monjardín a monjes franceses. El obispo reformó el cabildo catedralicio, continuó la construcción de la catedral, extendió los límites ribereños de su diócesis, donó iglesias y monasterios navarros a otros franceses, como San Saturnino de Artajona que la transfirió a San Cernin de Toulouse junto con sus diezmos, primicias, pertenencias y hacienda. Estas donaciones conllevaron disputas con otros monasterios, como el de San Juan de la Peña. Del mismo modo donó al monasterio de Conques las iglesias de Garitoain, Caparroso, Murillo el Cuende y Baratiaga. Por su parte Sancho, conde de Erro, donó al mismo monasterio la iglesia y el hospital de Roncesvalles que según Lacarra se hallaban en Burguete. En 1093 Sancho Ramirez ofreció su tercer hijo al monasterio de San Ponce de Tomeras y con esta ocasión donó al dicho monasterio las parias del castillo de Valtierra. Cadreita y Murillo. Otro monasterio bien dotado con las entradas eclesiásticas navarras fue el de Sauve-Majeure cercano a Burdeos. El mismo obispo aprobó la donación a la catedral de Bayona de los diezmos de Orcoyen.
Si generoso se mostró el obispo con los monasterios e iglesias francas, la política que instauró con los monasterios navarros, principalmente de Irache y de Leire, fue el de someterlos a la mitra. El obispo de Pamplona Pedro de Andouque, quiso normalizar las fronteras de su diócesis en competencia con los obispos de Calahorra y de Huesca. Entre Pamplona y Bayona no hubo problemas en el pontificado de Pedro de Andouque. La mayor parte de Guipúzcoa perteneció a Pamplona, sin reclamación alguna por parte de Bayona. En 1101 Pedro I confirmó a San Salvador de Leire la villa de San Sebastián junto al mar y le otorgó la pardina de Oróstegui.
Al obispo Pedro de Andouque le sucedió Guillermo de Gascuña (1115-1122) que continuó la construcción de la catedral de Pamplona e incrementó el patrimonio de su iglesia. En 1118 asistió al concilio de Toulouse al que acudieron los arzobispos de Arlés y Auch y los obispos de Lescar, Bayona, Pamplona y Barbastro. En este concilio trataron de la toma de Zaragoza, para la que decretaron la convocatoria de una cruzada. En la toma de Zaragoza junto a las numerosas tropas ultrapirenaicas que vinieron en ayuda de Alfonso del Batallador había contingentes capitaneados por sus respectivos obispos como Esteban de Huesca, Ramón de Roda, Sancho de Calahorra y Guillermo de Pamplona.
Durante el episcopado de su sucesor el aragonés Sancho de Larrosa (1122-1142) se celebró un concilio en Pamplona en 1139, bajo la presidencia de Guido obispo de Lescar y legado de la Santa Sede, y, con la participación de los obispos Sancho de Pamplona y Arnaldo de Olorón, junto con el nuevo rey de Navarra García Ramirez. Se trató de la participación en el concilio ecuménico que se iba a celebrar en Letrán en abril de 1139. El siguiente obispo de Pamplona fue el navarro Lope de Artajona (1142-1159). Durante su pontificado el rey Garcia Ramirez y con motivo de la muerte de su esposa la reina Margarita, donó a la iglesia de Santa María de Pamplona, todo lo que poseía junto a San Sebastián en Iheldo Bizchaya, Hurumea, Alza y Soroeta con sus pertenencias, los cubiculares de Ariaz, Gorostiza Zaharra, Saveria Olatze y Zamilola, además de todo lo que el monarca poseía en Arelarre. Consiguió del papa Celestino II un privilegio detallado que salvaguardaba la integridad territorial y los derechos de su iglesia. Así la bula "Ex commisso nobis" del 26 de febrero de 1144 es la primera codificación de los títulos de propiedad y derechos de la iglesia de Pamplona. A ella siguieron en los mismos términos las bula de Lucio II y la de Eugenio III del 28 de abril de 1146. En todas ellas no se citan posesiones episcopales en Guipúzcoa.
Durante el pontificado de Pedro de Artajona o Pedro de París (1167-1193), el Papa Alejandro II tomó bajo la protección de San Pedro el monasterio de Leire y a sus posesiones, entre las que enumera el monasterio de San Sebastián junto al mar en los confines de Hernani, con sus iglesias, diezmos, primicias, oblaciones y pertenecido, lo mismo que al monasterio de Iturmendi con sus pertenencias. La amistad del obispo Pedro de París con el de Bayona quedó patente en la entrega de la encomienda de San Sebastián. En una reunión celebrada en 1178 entre el obispo y los canónigos de Pamplona por una parte y el abad y los monjes de Leire por otra se expusieron las mutuas quejas que tenían. El obispo se quejaba, en concreto, de que se le sustraían injustamente los derechos episcopales en las iglesias de San Sebastián y algunas otras que poseía el abad. Se acordó que el abad satisfaría al obispo la procuración cuando visitare las iglesias de Santa María y San Vicente de San Sebastián.
Durante el pontificado de García Ferrandez (1194- 1205), las diferencias entre la mitra y el monasterio de Leire continuaron por el hecho de que los monjes de Leire instituían y sustituían a los abades y capellanes de las iglesias de San Sebastián, sin consultar con el obispo. El 1 de octubre de 1235 el abad de Leire y su comunidad, con el asentimiento del obispo, cedieron a los monjes cistercienses de Iranzu el monasterio de San Sebastián el antiguo, con todos sus lugares y pertenencias señalados en la donación de Sancho el Mayor, con el fin de acarrear fondos para hacer frente a los gastos de la reforma del monasterio. Las relaciones entre los obispos y clérigos de Pamplona y de Bayona fueron cordiales durante los siglos XI y XII, siendo los monasterios, iglesias, los monjes y los clérigos ultrapirenaicos los más beneficiados de las mismas.  
4.3 EL FUERO DE SAN SEBASTIÁN Y SU ENTORNO HISTÓRICO José Luis ORELLA UNZUÉ
4.4


4.4 SAN SEBASTIÁN EN LA BAJA EDAD MEDIA (SIGLOS XIII AL XV).
(Mikel LARRAÑAGA)
4.4.1. ACONTECIMIENTOS.

La crónica de la ciudad de San Sebastián de los siglos XIII al XV se reduce al conocimiento de una serie de episodios puntuales, glosados en buena parte por Joaquín Antonio del Camino y Orella en su Historia de San Sebastián, quien los toma directamente de los textos documentales o de cronistas de época moderna, como Garibay, Henao, Mariana, Merino o Sandoval. Así, menciona el incendio que afectó a todo el núcleo de población en 1278, originado desde la casa que llamaban de Ichaspe, en la tripería, propagándose a todos los demás edificios, y la llegada a Guipúzcoa y San Sebastián del rey castellano Alfonso X el Sabio hacia fines de 1280. También Sancho IV de Castilla, apodado el Bravo, visitó la villa; por primera vez en 1286, acompañándole el arzobispo de Toledo y otros ricos hombres de Castilla, con motivo de la entrevista mantenida por este monarca con Felipe el Hermoso de Francia a propósito de los intentos de los infantes de la Cerda de apoderarse del trono castellano, y en una segunda ocasión en 1290, con igual motivo, tomando además el día 13 de abril bajo su protección al convento de agustinas canónigas de San Bartolomé, prohibiendo que ninguno non les faga fuerça nin tuerto nin otro mal ninguno a ellas nin a ninguna de sus cosas. En 1295, Sancho IV confirmó el privilegio otorgado a San Sebastián por Alfonso X, por el que eximía a los vecinos de la ciudad del pago de portazgo, impuesto que gravaba el tránsito de mercancías, por todo el reino, excepto en Toledo, Sevilla y Murcia.
Fernando IV envió a San Sebastián un cuaderno de leyes elaborado a petición de los procuradores en las cortes de Valladolid de 1333. Dichas leyes se referían a la obligación de que fuesen guardados los fueros y privilegios de los diversos lugares del reino, además de contener varias disposiciones de carácter civil y eclesiástico. De esta misma época, concretamente del año 1309, data la ordenanza municipal donostiarra sobre vinos y sidras, protegiendo la producción local frente a la foránea. En 1311, a ruego de los vecinos, perdonó el rey a San Sebastián las naves que debía aportar para la flota que quería fazer contra los moros, pues era un agravio manifiesto contra los privilegios de la villa.
Alfonso XI de Castilla concedió nuevos privilegios. El 6 de junio de 1318 señaló los lugares en los que habían de atracar los bajeles que llegasen a San Sebastián para evitar naufragios, tanto en la bahía de la Concha como en su puerto de Pasajes, nombrando peritos que reconociesen ambos fondeaderos. Aquella misma fecha otorgó más exenciones fiscales a los donostiarras, permitiéndoles que no pagasen en la duana de Sevilla más que el veinteno. En agosto de 1329 liberó a los vecinos de San Sebastián de ciertas servidumbres feudales y, en 1332, accedió a que pudiesen fabricarse molinos de viento dentro de la cerca de la villa. En julio de aquel año expidió un documento por el que permitía a los de San Sebastián nombrar sus propios escribanos; el monarca se había apropiado de todas las escribanías, enviando a un escribano llamado Fernán García con facultades para sustituir a otros, lo que atentaba contra lo usado en la ciudad. En octubre de 1338, San Sebastián sufrió un incendio generalizado.
Con Pedro I se puso a prueba la fidelidad de San Sebastián a la monarquía castellana, a raíz de la guerra civil mantenida contra Enrique II de Trastámara. Halló don Pedro refugio y auxilio militar en esta villa, llegando por mar procedente de La Coruña en 1366 y pasando después a Bayona con el fin de organizar un frente común con el Príncipe de Gales. Pedro I otorgó privilegios a la villa, la mayoría de ellos dirigidos a beneficiar su comercio, pero algunos de diferente carácter, como el que ponía a Hernani bajo la jurisdicción de los alcaldes de San Sebastián. Asimismo, en 1351 se firmó en Londres una concordia por la que vizcaínos y guipuzcoanos, entre éstos los donostiarras, se comprometían a mantener con los súbditos de Eduardo VI de Inglaterra una tregua de veinte años de duración que salvaguardara las relaciones mercantiles. Muerto Pedro I, Enrique II mandó poblar, en 1370 y a fuero de San Sebastián, la villa de Usúrbil. El año de 1374, por premiar el auxilio dado al rey contra los ingleses y en atención al nuevo incendio sufrido, concedió a San Sebastián los derechos del peaje sobre el pescado. Dos años después, Enrique II otorgó que todos los navíos que arribasen al puerto de Pasajes descargasen y vendiesen la mitad de sus géneros en San sebastián; en 1379 mandó que los de Igueldo, Zubieta, Ibaeta y Andoain fuesen vecinos de la villa. Juan I ratificó y amplió antiguos privilegios destinados a garantizar el desarrollo comercial de San Sebastián. Asimismo, confirmó, en 1380, el acuerdo alcanzado entre esta villa y Hernani en 1379, permitiendo a Hernani poseer sus propios alcaldes, preboste y jurados, quedando los alcaldes donostiarras como órgano de apelación superior. Enrique III, responsable de la reforma de la Hermandad de Guipúzcoa llevada a cabo por el licenciado Gonzalo Moro en 1397, a la que volveremos más adelante, ofreció también numerosos privilegios a San Sebastián y ordenó que, habiéndose quemado la villa y su archivo en 1397, se sacase traslado de la documentación más importante, en especial del fuero concedido por Sancho el Sabio de Navarra. Otros hechos remarcables lo constituyen la peste que azotó a toda Guipúzcoa en 1401, que hizo del puerto de San Sebastián un lugar peligroso, según un documento procedente del fondo Vargas Ponce de la Real Academia de la Historia, y la presencia de representantes donostiarras en la firma de la paz ajustada en 1402 entre las coronas de Castilla y Portugal.
Juan II confirmó en 1407 todos los privilegios y franquezas de la ciudad y se avino a algunos nuevos, como el de 1429 por el que mandaba que las mercancías de ningún vecino de San Sebastián pudiesen ser embargadas en el reino de Castilla. Confirmamos así cómo la política regia se orienta constantemente a fortalecer la principal de las actividades económicas en la villa, el comercio. El año 1408 predicó y se hospedó en la villa San Vicente Ferrer, de la orden de Santo Domingo. Como ha puesto de relieve Pedro Cátedra en su obra acerca de este santo, el sermón y la sociedad en la Castilla bajomedieval, el impacto social de sus homilías debió ser enorme, por la amplitud de un público muy receptivo y por su mensaje, teñido de una mentalidad apocalíptica y con fuerte contenido moralizante, muy a tono con los tiempos. De esta época tenemos alguna referencia a las relaciones entre San Sebastián y el reino de Navarra: Juan II obligó, en septiembre de 1436, a los vecinos de San Sebastián a guardar la tregua concertada con la reina Blanca de Navarra; por otro lado, en 1450 se refugió en esta villa el príncipe Carlos de Viana, arrebatados sus derechos al trono, quien mostró su agradecimiento con un privilegio por el que se eximía a los donostiarras del pago de peajes en sus entradas y salidas al reino pirenaico.
La llegada de Enrique IV a San Sebastián en marzo de 1457 tuvo mucho que ver con el intento del monarca de apaciguar las banderías que asolaban la provincia de Guipúzcoa. El rey mandó derribar diferentes casas fuertes y expulsó a algunos de los más señalados nobles. También corresponde a los inicios de este reinado la disputa mantenida entre Fuenterrabía y San Sebastián acerca de la propiedad del puerto de Pasajes; el licenciado Martín García de Licona decidió, el 23 de abril de 1455, que la jurisdicción sobre dicho puerto pertenecía en su mayor parte a San Sebastián. En 1461 ordenó el monarca que ningún corregidor ni otro cargo extraño a la villa ejerciese su autoridad en los límites de ésta; asimismo, confirmó la exención de servicio militar que poseía San Sebastián de acuerdo con el fuero de Sancho el Sabio.
En 1475, los Reyes Católicos solicitaron ayuda naval a San Sebastián para reprimir la rebelión que había puesto a varias localidades costeras gallegas, como Vivero, Pontevedra y Bayona, a favor de Alfonso V de Portugal. Participaron los donostiarras en esta empresa y, un año después, hubieron de soportar el asedio al que les sometió la liga formada por Luis XI de Francia y Alfonso de Portugal. Durante esta guerra con Francia la cerca antigua de la ciudad hubo de ser fortificada, para cuya costa permitieron los reyes, en 1477, se cargase cierta imposición sobre carnes, hierros, acero, paños, pescado y otros géneros. El 28 de enero de 1489 hubo un nuevo y devastador incendio, iniciado en la calle de Santa María, mandando Fernando el Católico que para prever semejantes catástrofes fuesen construidas en adelante las casas en piedra y permitiendo que, mientras se reedificaba la ciudad, se levantasen casas provisionales en los arenales circundantes. Otorgó además para restaurarla merced a sus habitantes de lo que pagaban en concepto de Alcabala, impuesto sobre las compraventas equiparado a un décimo del valor de la transacción, y de Diezmo Viejo o seco, gabela entregada por las mercancías importadas o exportadas por vía marítima y percibida bien en los puertos de mar o bien en las aduanas interiores (puerto seco) dependientes de los primeros.
De esta simple enumeración de noticias cabe extraer una conclusión de orden general, referida a la actitud de San Sebastián hacia la monarquía castellana y viceversa. Ambas manifestaron una disposición de colaboración y ayuda mutuas, lo que, sin duda, está en íntima relación con unos intereses convergentes. Los reyes castellanos obtendrán de San Sebastián, o mejor, de la oligarquía que, como veremos, controla su vida institucional y económica, un firme apoyo a la política de reafirmación de su autoridad, mientras que los grupos dirigentes donostiarras contarán con el beneplácito regio para extender su predominio no sólo en su jurisdicción municipal sino en toda la provincia de Guipúzcoa. En este sentido resultan bien elocuentes las palabras de Enrique II en 1376: "Por quanto la villa de Sant Savastian es la mejor villa que nos avemos en el nuestro sennorio de Guipuscoa e que mas pertenesçe al nuestro serviçio que este bien poblada..."  
4.4.2 DEMOGRAFÍA.

No resulta posible determinar el número exacto de vecinos de la villa de San Sebastián en los siglos finales de la Edad Media. La ausencia de padrones u otras herramientas fiables, fuerzan a que los resultados de los cálculos efectuados por los historiadores para el conjunto de la provincia de Guipúzcoa deban tomarse con precaución: desde los 18.000 habitantes en 1200 que menciona Elena Barrena en su obra La formación histórica de Guipúzcoa, hasta los 60.000 contabilizados en 1500 por el licenciado Gil y que nos transmite Luis M. Díez de Salazar en su libro dedicado a las ferrerías guipuzcoanas. Esta inexistencia de recuentos poblacionales precisos obliga a recurrir a otros elementos de carácter cualitativo que arrojan cierta luz sobre el tema. Como afirma Mª Soledad Tena en La sociedad urbana en la Guipúzcoa costera medieval, la evolución demográfica de San Sebastián, como la de otras localidades, "...va a estar en estrecha relación con las fases de desarrollo poblacional europeas y se va a ver condicionada por las negativas circunstancias geográficas de la zona". Zona poco apta para el cultivo del cereal, base de la alimentación medieval, verá compensada esta circunstancia adversa con una ubicación apropiada para el desarrollo del comercio de cabotaje, lo que atrajo la emigración de gascones y de habitantes de los cercanos valles del interior. La política real castellana de concesión fueros y privilegios a Guipúzcoa, en especial importante desde el inicio del reinado de Alfonso X el Sabio en 1250, impulsará una actividad mercantil en todos sus frentes (infraestructuras y servicios, rutas de comunicación, etc), orientada principalmente a la exportación de la lana castellana y a la importación pañera, contribuyendo a un desarrollo poblacional de San Sebastián sin precedentes. Nacerán así, a lo largo del siglo XIII, buena parte de las aldeas o collaciones donostiarras. La gran crisis que afecta a todo el occidente bajomedieval, iniciada ya en la segunda mitad del XIII, no tuvo las consecuencias tan negativas que pueden observarse en otros lugares, pues el comercio se manifestó como un negocio sólido. A pesar de ello, ciertos datos nos hacen pensar que también este período crítico se manifiesta en San Sebastián. Sin duda, uno de los principales se refiere a las hambrunas. Sabemos de su existencia generalizada en Guipúzcoa en 1250, aunque los problemas de relevancia comienzan en 1301. Volvieron a recrudecerse de forma periódica en 1343, 1370, 1400-1401, unida esta vez a la peste, 1414 y 1418.
Otras noticias tienen, sin duda, mucho que ver con épocas de depresión. Algunas aldeas adscritas desde antiguo a la villa logran independizarse, como son los casos de Rentería (1320), Usúrbil (1371), Orio (1379) o Hernani (1380), que obtuvieron de Enrique II y Juan I sus respectivas cartas de población, siéndoles otorgado el fuero de San Sebastián. Aunque con motivaciones diversas, en especial en el caso de Orio, que buscaba mantener el vigor económico de su puerto a través del cobro de los derechos del tráfico del hierro, el vínculo entre la creación de nuevos villazgos antes subordinados y la crisis demográfica manifiesta la necesidad de las aldeas de agruparse frente a ataques exteriores de los linajes de la tierra, así como la existencia de una defensa de los intereses de las aldeas frente a la propia presión ejercida desde San Sebastián. Otros claros síntomas de crisis lo constituyen la formación de hermandades en las que San Sebastián ocupa un lugar destacado, de diversos tipos y con variados objetivos, pero siempre en salvaguarda de los intereses económicos, así como la firma de tratados comerciales, entre los que destacan las treguas acordadas con Bayona en 1293, 1306, 1311, 1328, 1344 y 1408. Además, deben considerarse las mercedes obtenidas de los reyes de Castilla para proseguir la actividad comercial, especialmente tras la apertura del estrecho de Gibraltar en 1348, año de la Gran Peste Negra, lo que abrió las puertas del Mediterráneo, y las ordenanzas municipales que ponen de relieve una política proteccionista orientada a que la villa permaneciese abastecida: "...Qualesquier naos ó navios...que entraren...en el puerto del Passage...que la mitad de las vituallas e provisiones...traigan a esta villa e sean tenidos premia de las descargar...e la mitad ponga en los sobrados e sobraderos de la...villa é lo venda en ellos ó en el cay ó muelle de la...villa...so pena que... pierda todas las...provisiones..."
Pese a que el siglo XV se inicia con mortandades (en 1400-1401), clara herencia de las dificultades del siglo anterior, el rasgo más definitorio de la evolución guipuzcoana del cuatrocientos es el desarrollo demográfico y económico, especialmente a lo largo de la segunda mitad de la centuria. La recesión comienza a ser superada hacia 1420, creciendo los arrabales de las villas. Sin embargo, este auge no es mantenido ni homogéneo para todos los lugares y grupos sociales de la provincia. Existen elementos que nos advierten de ello. Así, como nos lo recuerda uno de los documentos del archivo del convento de San Bartolomé publicado por José A. Lema y Miguel Larrañaga, el concejo de San Sebastián hubo de vender, en junio de 1484, tierras comunales para paliar la apurada situación en la que se encontraba, "vista la gran necesidad e penuria en que la dicha villa está...por causa de la pestilencia e fuego...e la carestia del pan e otras probisiones e para pagar las deudas". 
4.4.3. GRUPOS SOCIALES Y DEDICACIONES ECONÓMICAS.

Las desigualdades sociales entre la población de San Sebastián resultan fundamentales para comprender la evolución económica y política de la villa durante los siglos XIII al XV. A lo largo del XIV tienden a diluirse las diferencias que marcaba el fuero entre gascones o francos y navarros o autóctonos, necesitados los primeros de inversiones y enriquecidos los segundos principalmente con la actividad fabril de las ferrerías. A la indefinición propiamente jurídica que caracteriza a estos dos grupos debemos añadir la escasa importancia de la nobleza de sangre como factor de diferenciación social, siendo la riqueza económica el auténtico filtro que otorga el control de los aparatos políticos y de poder. Bajo esta idea se entiende la simbiosis donostiarra entre los elementos gascones y linajes autóctonos, como en el caso de los López de Amézqueta, Ochoa de Guetaria, Pérez de Oyanguren, Aguinaga, Olazábal o Elduayen. Además de este grupo dominante existe otro sector que no tiene acceso al poder municipal ni a otras instituciones que les permitiera defender sus intereses, integrado por los vecinos del común de la villa y del término a ella perteneciente. Hemos afirmado que el patriciado de San Sebastián de fines del siglo XV es el resultado de la evolución de los ricos comerciantes gascones inmigrados en el siglo XII, fusionados, en razón de intereses económicos comunes, con grupos autóctonos gentilicios, verticales, con extensas redes de relaciones personales y familiares, procedentes del interior guipuzcoano. Esta oligarquía donostiarra se encuentra estrechamente relacionada con el patriciado mercantil europeo, lo que, al decir de Mª Soledad Tena, propició la creación de una conciencia de élite mercantil.
En la evolución de la actividad mercantil donostiarra tiene una importancia clave la fundación, en 1296, de la Hermandad de la Marina de Castilla con Vitoria, culminación del desarrollo de la marina del Cantábrico desde mediados del siglo XII y formada por las villas de San Sebastián, Fuenterrabía, Guetaria, Vitoria, Laredo, Castro Urdiales y Santander. Esta Hermandad, que decayó en el siglo XIV, actuará en íntima relación con el desarrollo de la comercialización de la lana castellana, especialmente impulsada mediante la creación del Honrado Concejo de la Mesta, cuyo decreto fundacional data de 1273. La Hermandad de la Marina llevó a cabo un papel autónomo en política internacional, firmando tratados comerciales y treguas que abrían nuevas rutas mercantiles, con independencia de la propia política internacional castellana. No debe olvidarse tampoco la hermandad de 1399 acordada entre San Sebastián, Motrico y Guetaria, para la defensa conjunta de los intereses comerciales frente a otros reinos. De esta forma, los comerciantes donostiarras crearán toda una red de compañías mercantiles en el Atlántico, en Francia, Inglaterra y el Mar del Norte, asociados a otros mercaderes europeos. La principal labor realizada fue la de transportar mercadurías variadas en naves de su propiedad, a través de compañías de una o más familias que actúan en comandita. Ello propició, por otro lado, el constante envío de capitales al exterior, impidiendo la formación de fortunas locales considerables, comparables al menos a las de otros centros comerciales de la Europa Atlántica o Mediterránea.
Esta oligarquía de San Sebastián presenta, desde el punto de vista mental, algunos elementos destacables. Es consciente de que no es noble y no intenta tampoco imitar las actitudes nobiliares, aunque posea importantes bienes en el mundo rural circundante, como montes y pastizales o tierras de labor. Sabedora de cuál es exactamente su parcela de poder, el control comercial que sostiene su desarrollo, mantiene una distancia respecto a la nobleza de la tierra guipuzcoana, estableciendo, por otro lado, lazos sólidos de colaboración con la monarquía y fuertes vinculaciones internas a través de uniones matrimoniales, conformando auténticos linajes. Altamente cualificada, realiza estudios en las universidades castellanas, lo que les ofrece gran posibilidad de éxito tanto en la gestión política como en la económica. Desde el punto de vista jurídico, los moradores en la villa no se diferencian. Todos, patricios y no patricios, son pecheros, es decir, pagan al rey una pecha o gabela tasada, repartida por el concejo en forma de derrama, entregan al concejo sus propios impuestos villanos, están sometidos a las leyes del reino y a la normativa concejil, se encuentran bajo la jurisdicción de la Hermandad de Guipúzcoa y, al menos de manera teórica, podían optar al ejercicio de cargos concejiles. Sin embargo, y como ya hemos advertido, la realidad social, basada en el enriquecimiento y la participación política, era bien diferente.
La masa de población que no se integra en el patriciado cuenta con un rasgo común, el de no participar en los órganos del poder político y económico, locales o provinciales, lo que producía, en no pocas ocasiones, abusos por parte de los oficiales concejiles donostiarras. Sólo en momentos en que era necesaria la adopción de resoluciones de la máxima importancia eran convocados a asambleas de concejo, donde, por aclamación, venían a confirmar decisiones tomadas previamente. Ahora bien, este segundo grupo social dista mucho de ser homogéneo. En su interior abundan las diferencias de fortuna y profesión, incluyéndose desde los desheredados a las gentes acaudaladas dedicadas a toda suerte de oficios artesanales (maceros, carpinteros, basteros, sastres, zapateros, etc), de servicios urbanos (mesoneros, carniceros, mulateros, gabarreros...), actividades rurales (molineros, labradores, pastores, carboneros, ferrones) y oficios vinculados con el mar (pescadores, trabajadores de astilleros y marineros mercantes). Los individuos que ejercían en un mismo oficio se agrupaban en gremios y éstos podían, a su vez, asociarse en cofradías. Entre las cofradías existentes en San Sebastián, estudiadas por Josu I. Erkoreka desde el punto de vista institucional junto a las demás del País Vasco, destacan las de Mareantes. La de Santa Catalina, que agrupaba a los navegantes dedicados al tráfico comercial, y la de San Pedro, en la que se enmarcaban los pescadores, tenían un espacio judicial autónomo para la resolución de los conflictos de tipo profesional que surgieran entre sus cofrades. Adquirieron un enorme peso específico económico-social en San Sebastián y se convirtieron en estructuras de poder jerarquizadas en alto grado que controlaron a otros gremios menores, siendo utilizadas como vía de ascenso y acceso a cargos concejiles, así como derivaron en herramientas en defensa de intereses que no siempre coincidieron con los de sus miembros asociados. Apunta Erkoreka que la visita de Diego Arias de Anaya, comisionado de los Reyes Católicos para organizar la reconstrucción de la ciudad tras el incendio de 1489, puso al descubierto numerosos vicios en el funcionamiento de estas dos corporaciones, consistentes en la formación de ligas dirigidas a presionar al gobierno municipal, con el fin de arrancar de arrancar de ellos acuerdos y resoluciones de utilidad gremial, aun cuando fueran en perjuicio del interés común. Ambas cofradías, anuladas por Diego Arias, recurrieron a los monarcas, quienes les permitieron reanudar su actividad, pero tras haberse dotado de nuevas ordenanzas redactadas por el comisionado.
Por lo tanto, heterogeneidad de profesiones y fortunas en la clase social inferior, frente a la mayor homogeneidad manifestada por los patricios. También desde el punto de vista de la organización familiar existe una diferencia sustancial entre ambos sectores. Agrupados en linajes los integrantes del grupo social dominante, presentan los restantes una organización sustentada en familias de tipo nuclear, reducidas en el número de sus elementos. Por otro lado, sus manifestaciones culturales se hallan mucho más cerca de la cultura popular que las de los patricios, afectados por patrones gasconizantes. Con todo, las distancias entre ambos grupos no resultaron insalvables; la variedad de fortunas resultaba en este sentido determinante, siendo difícil de percibir la frontera diferenciadora entre los patricios y las familias más adineradas del resto. A ello contribuyó, sin duda, la inexistencia de auténticas diferencias jurídicas o fiscales. 
4.4.4 GOBIERNO MUNICIPAL.

Extendido el régimen foral por toda la provincia de Guipúzcoa a lo largo del siglo XIII, los gascones o francos privilegiados que habían recibido el fuero en 1180 buscarán nuevos elementos de diferenciación social, del que será un factor de primer orden el control de los órganos de poder y administración municipal. Las instituciones del concejo, las competencias de sus oficiales, serán desarrolladas en el XIII, a partir de las escasas disposiciones a ellas tocantes en el fuero original. A ese grupo gascón inicialmente privilegiado se unirá, desde la segunda mitad de esta misma centuria, una serie de familias autóctonas provinientes de los principales linajes de la tierra, constituyendo la oligarquía villana donostiarra. Al estatuto de privilegio que suponía el fuero, se irán añadiendo durante los siglos XIV y XV la legislación regia, emitida directamente por los monarcas o a través de las Cortes, las ordenanzas de la Hermandad de Guipúzcoa y las propias disposiciones concejiles, creándose un corpus legal que beneficiaba de forma clara a aquella oligarquía. El gobierno municipal de San Sebastián durante la Baja Edad Media presenta unos rasgos destacables. El primero, el continuo intervencionismo regio. El preboste será un delegado permanente del monarca que defiende los intereses reales en la villa, fundamentalmente referidos a la jurisdicción, que no había sido otorgada a San Sebastián con el fuero. Con el beneplácito de los reyes, este cargo fue pronto patrimonializado, privatizado, por las familias gasconas dirigentes, como los Mans-Engómez, lo que lógicamente contribuye a la consolidación de éstos en esa posición destacada. El monopolio de ciertos oficios municipales se conforma de esta forma en una de las vías más firmes de ascenso y permanencia en la cúspide de la pirámide social en San Sebastián. La presencia del preboste, unida al reducido tamaño de la villa, hará innecesaria la existencia de otra institución común a la tierra de Guipúzcoa, el corregidor.
Otra característica señalada del funcionamiento del concejo de San Sebastián en este período es la rotación anual de las dignidades de gobierno, alcaldes y jurados. Este sistema provocó discordias entre los diversos linajes por copar el organigrama concejil, aunque finalmente triunfará la alternancia de los cargos entre las familias del grupo social dirigente, posibilitando el reparto de poder dentro de ese sector ciudadano. Así, dos alcaldes, ocho jurados que derivan de los doce buenos vecinos que señalaba el fuero, un preboste, un escribano, un mayordomo y un número indeterminado de procuradores de todo tipo, conformaban el organigrama de funcionamiento de la corporación, de elección anual y rotatorio, pero monopolizado por los miembros de la élite social donostiarra, constituyéndose un concejo cerrado ya en el siglo XIV. Ahora bien, las propias ordenanzas municipales permitían a los oficiales llamar a participar en el concejo a aquellas personas que estimasen oportunas para resolver cuestiones puntuales, aunque perteneciesen a niveles inferiores.
El proceso electoral, que podemos definir como muy restrictivo, se describe en las ordenanzas de San Sebastián. A fines de diciembre el escribano entregaba papeletas a los oficiales, alcaldes y jurados, y a los principales personajes de la villa. Reunidos en la casa del concejo, cada uno designaba un elector; se colocaban dos ollas, en una de las cuales se contenía el nombre de todos los electores propuestos, mientras que en la otra había un similar número de papeletas pero tan sólo cuatro de ellas escritas con la palabra "elector". Acto seguido, dos niños extraían una a una todas las papeletas de ambas ollas, correspondiendo cuatro nombres a otros cuatro electores. Reunidos éstos aparte, proponían doble número de nombres para cada oficio: cuatro alcaldes, dieciséis jurados,ocho cogedores de pechos, dos escribanos fieles y dos síndicos procuradores. Escritos sus nombres, se introducían en una de las ollas, mientras que en la otra se ponían los cargos que debían resultar, elegidos así a través de sorteo por un niño. En el concejo se llevaba a cabo una activa política, con escaso nivel de absentismo entre sus cargos electos. Veamos cuáles eran las principales funciones desempeñadas por éstos. Como ya se ha señalado, el prebostazgo era el administrador de la jurisdicción regia en San Sebastián y el único oficio permanente frente a la anualidad del resto, lo que le reviste de enorme autoridad moral. Su zona de actuación se circunscribe a los territorios sobre los que la villa ejerce jurisdicción, siendo sus atribuciones de carácter judicial, aplicando la justicia civil y criminal. Comparte esta función con los alcaldes de fuero y sus honorarios corren a cargo del concejo, proviniendo principalmente de la recepción de las penas que debe percibir el rey por las infracciones cometidas contra el fuero. Los dos alcaldes de fuero eran elegidos cada año entre la oligarquía de San Sebastián, encargándose, además de la función antes mencionada, de la precisa aplicación de las ordenanzas conjiles. Eran jueces de primera instancia con jurisdicción plena, siendo auxiliados en su cometido por otros oficios de menor categoría, y participan en las reuniones del concejo, o regimiento, con voz y voto.
Los jurados, oficio homologable al de los regidores castellanos de los siglos XIV y XV, se dividen en cuatro mayores y cuatro menores, aunque esta diferencia se limite a su poder de influencia según su linaje. Controlan el funcionamiento del concejo, en el que poseen voz y voto, y, de entre los ocho, dos son elegidos para guardar el sello concejil que debe validar toda la documentación expedida por este organismo. Hasta fines del XV, ante la ausencia de otro cargo específico, controlan los barcos y mercancías que arriban al puerto de Pasajes, función clave en una villa cuyos ingresos derivan básicamente del comercio marítimo. Jurados, preboste y alcaldes de fuero controlan, además, todas las procuradorías o misiones de representación de los intereses de San Sebastián, tanto ante instituciones provinciales como foráneas; percibían por ello un salario aparte, debiendo certificar una gestión eficiente en tal cometido. Entre todas las aldeas o collaciones adscritas al término de San Sebastián se designaban asimismo dos jurados, de una forma más abierta que en la villa, que desde el siglo XIV participaban en el regimiento con voz pero sin voto, lo que nos advierte del control ejercido por el núcleo urbano sobre el mundo rural circundante. Había collaciones menores, entre las que se encontraban Pasajes de Aquende, en la margen izquierda de la bahía, Alza, Igueldo y Lasarte, y collaciones mayores, como Andoain, Urnieta, Hernani o Usúrbil. Junto a estos oficios concejiles existen otros de menor importancia en cuanto a su poder fáctico, pero básicos para el buen funcionamiento institucional. Así, el procurador síndico, que desarrollaba funciones de gestión burocrática; el escribano fiel, también integrante de la oligarquía, que registraba todo lo acontecido en el regimiento, en el que no tenía voz ni voto, autentificaba con su firma la documentación expedida por el concejo y acompañaba a los alcaldes en el ejercicio de sus cometidos, dando fe de cuanto acaeciera; el mayordomo o bolsero, elegido cada año con la finalidad de que llevase la contabilidad de la villa; los sagramenteros, a cuya custodia se dejaba la vigilancia del término amurallado y la salvaguarda de la paz del mercado; los cogedores de pechos, responsables de la elaboración de padrones fiscales y del cobro de imposiciones. 
4.4.5 ORGANIZACIÓN ECLESIÁSTICA.

La estructuración eclesiástica guipuzcoana fue perfectamente sintetizada por Isabel Ostolaza con motivo de la celebración del congreso acerca del Fuero de San Sebastián y su época. La zona de San Sebastián y su término pertenecía al obispado de Pamplona, quien otorgó a su área de influencia en Guipúzcoa una organización semejante a la que existía en Navarra. Dividió este territorio en corriendos o unidades fiscales, con el fin de recaudar los diezmos, de los que era responsable el oficial foráneo, representante del obispo aposentado en San Sebastián. Este era, asimismo, el encargado de administrar la justicia eclesiástica, siempre que el asunto en cuestión afectase a su jurisdicción o al menos uno de los litigantes fuese clérigo, el responsable de adjudicar los beneficios eclesiásticos y quien tenía la capacidad de expedir documentos como notario apostólico. Estas funciones le otorgaban un enorme poder, lo que sumado a los constantes conflictos de jurisdicción surgidos entre la justicia laica y la eclesiástica, provocaron que dicho cargo fuese muy apetecido por las élites gobernantes donostiarras, lo que conducirá a un ulterior solapamiento de los intereses de los cargos religiosos y de la oligarquía local.
Dentro de los muros de San Sebastián existían dos iglesias, la de San Vicente y la de Santa María, cuyo patronazgo recaía en los moradores de la villa, siendo ambas dirigidas por un cabildo único. La de Santa María debió ir adquiriendo cada vez mayor importancia, como parece demostrarlo que las principales familias contasen en ella con sepultura o el simple hecho de que buena parte de las reuniones concejiles, todavía en 1484, se celebrasen "en el çimiterio detras de la yglesia de Sennora Santa Maria de la dicha villa". En las afueras se ubicaba el monasterio femenino de San Bartolomé, sobre el cerro del mismo nombre. Por su documento más antiguo sabemos que fue tomado bajo la protección de Inocencio IV en 1250; en el mismo, el Papa le ordenaba que se mantuviera en la observancia de la regla de San Agustín. Llevó una vida próspera durante el siglo XV, adquiriendo numerosos bienes inmuebles, como lo certifica su diplomatario, y su reforma hacia 1499 nos advierte de una posible relajación de la norma conventual tal vez vinculada con ese desarrollo material. Por otra parte, cabe reseñar la ausencia de fuertes dominios monásticos foráneos, principalmente navarros y castellanos, que ejerciesen un control señorial en la tierra de San Sebastián durante los siglos XIII al XV
4.4.6 SAN SEBASTIÁN EN LA CONFORMACIÓN DE LAS INSTITUCIONES GUIPUZCOANAS.

La Hermandad de Guipúzcoa es, sin duda, la principal de las instituciones provinciales y la responsable de que Guipúzcoa sea, a fines de la Edad Media, una auténtica entidad política. En su formación los núcleos urbanos, y en especial sus grupos sociales oligárquicos, tuvieron un papel fundamental. En medio de la fuerte crisis socio-económica del siglo XIV, la Hermandad se conformará en el instrumento de poder de esas oligarquías ciudadanas, pues los procuradores que acuden a sus juntas y otros cargos dependientes provienen de la oligarquía, en la garante de su seguridad frente a las agresiones externas, en especial de los linajes nobiliares de la tierra, en el principal vínculo de relación con el poder regio y sustentadora de la autoridad real en Guipúzcoa.
Tras varios intentos más o menos exitosos, en los que San Sebastián adquirió diverso protagonismo, como el llamamiento a la unidad realizado por esta villa, Fuenterrabía y Tolosa en 1329, será el año de 1397 el que marque el despegue definitivo de la institución. Esta denominada Segunda Hermandad de la Tierra de Guipúzcoa fue creada en la Junta General celebrada en Guetaria en el mes de julio y es, en realidad, una reforma de la anterior hermandad de 1375. A la junta, presidida por el corregidor Gonzalo Moro, asistieron las cuatro entidades que configuraban geográficamente la merindad de Guipúzcoa: villas, aldeas o lugares, alcaldías mayores y tierra llana. En ella se redactó un cuaderno de ordenanzas en el que quedaban perfiladas las instituciones jurídicas guipuzcoanas, como la propia hermandad, el corregidor, el alcalde, el alcalde del fuero, el merino o el preboste, y se regulaba el funcionamiento a través de juntas generales u ordinarias y particulares o extraordinarias. A esta organización de carácter político acompañó la estructuración económico-fiscal de Guipúzcoa, mediante el establecimiento aquel mismo año o en fechas inmediatas de un sistema de fogueras según el cual se realizará el reparto del gasto público a lo largo de los siglos XV y XVI; como ha advertido José Luis Orella, esta fogueración se realizó no en función del volumen de población de cada núcleo de población, sino de los bienes inmuebles de cada una de las localidades con representación en las juntas. Desde el mismo momento de esta reorganización institucional guipuzcoana quedará clara la primacía de San Sebastián, lo que puede explicarse si atendemos a ciertos elementos. El primero, la distribución espacial de la riqueza. Recurriendo a las conclusiones presentadas por José L. Orella, existía en las villas casi el doble de riqueza que la media guipuzcoana, 482 maravedís por fuego, mientras que en las aldeas y tierra llana sólo se alcanzaba un tercio de esta cifra; por otro lado, la mayor concentración de riqueza está en las villas de la costa y, en términos absolutos, el núcleo comercial más importante, a tenor del monto que se le asigna en concepto de alcabala, es el de San Sebastián. Aún sabiendo que estos datos se refieren al siglo XVI, no deben encontrarse muy alejados de la realidad del XV. El segundo elemento al que haremos mención es el de los efectos políticos que tuvo la diversa potencialidad económica de los núcleos de población representados en las juntas. La prelación en el orden de asiento en las juntas y la emisión de votos fueron un constante caballo de batalla. Así, los procuradores de San Sebastián se sentaban en lugar preferente y votaban siempre en primer lugar, lo que no parece explicarse por el número de sus fuegos, 213, pues esta villa era superada por Tolosa, con 356.
Más interesantes, por su importancia y trascendencia, resultan las disputas en torno a la representación de los diferentes lugares en las juntas, lo que implicaba cuestionar el número de participantes y el propio sistema de participación, afectando a la capacidad decisoria. En las ordenanzas de 1457 se establecía que sólo las villas con privilegio, a las que se les había concedido carta foral, entre las que se encontraba San Sebastián, y las que no fueran vecinas de otra mayor, tuvieran la posibilidad de acudir a las juntas y ejercer el voto. Con ello se institucionalizaba la discriminación hacia numerosos pequeños núcleos rurales avecindados a otros mayores durante los inestables siglos XIV y XV, a pesar de que éstos también hubiesen de contribuir a las cargas provinciales. Además, el número de votos de cada procurador era igual al número de fuegos en que estaba cifrada su localidad; por ejemplo, el representante de San Sebastián contaba con los 213 votos que le otorgaba su encabezamiento fogueral. Al resolverse las divergencias en junta por mayoría absoluta, bastaba el acuerdo de unas pocas villas poderosas para terminar imponiendo su voluntad. Este sistema de votación mediante fuegos, sostenido por un grupo que acaudillaba San Sebastián, junto a Tolosa, Segura, Ordizia, Oyarzun y la Alcaldía de Arería, fue sustituído en la Junta General de Guetaria de 1517 por un método de voto único por cada procurador. La partida de San sebastián, a quienes el inmovilismo en el sistema beneficiaba claramente, elevó una súplca al Consejo Real, quien dictaminó a favor de la forma antigua. En las ordenanzas de 1457 se fijaron los valles y villas en los que se reunirían las Juntas Generales. Los valles eran tres: valle de Segura y Villafranca, valle de Mondragón y valle de la Marisma, al que pertenecía San Sebastián, junto a Hernani, Elgoibar, Deba, Rentería y Guetaria. Se celebraban estas sesiones ordinarias dos veces al año, una llamada en la documentación de período de invierno, en los meses de noviembre-diciembre, unos trece días después de la fiesta de Todos los Santos, y otra en período de verano, trece días pasada la Pascua de Resurrección, en los de abril-mayo. El orden de celebración fue elaborado en algún momento de la segunda mitad del siglo XV, correspondiendo a San Sebastián el turno en período de verano, tras la junta de Mondragón y antes de la de Hernani, ambas de invierno. Otra institución en la que San Sebastián logró una posición de predominio es la del Alcalde de Hermandad, cuya función principal era la de juzgar los delitos cometidos contra las ordenanzas de la Hermandad. En 1375 su número se estableció en siete y en 1397 les fueron asignadas unas áreas jurisdiccionales. Una de estas áreas, en el extremo nororiental guipuzcoano, la compartían San Sebastián, Villanueva de Oyarzun (Rentería) con su tierra (el valle de Oyarzun), Fuenterrabía, Astigarraga y Usúrbil. Aquel mismo año se estableció que sólo algunos concejos de cada jurisdicción nombrasen al alcalde. De esta forma, San Sebastián lo designaría dos años, tras los cuales lo harían Fuenterrabía y Rentería en el tercer y cuarto año respectivamente; Usúrbil dependería de la jurisdicción donostiarra. San Sebastián reafirmó este privilegio en 1457, consiguiendo, junto con Tolosa, por doce años el derecho a nombrar su propio Alcalde de Hermandad, incluso en los años en los que les correspondía hacerlo a las poblaciones de su área. No han llegado hasta nosotros noticias de conflictos surgidos entre las dos jurisdicciones superpuestas, la de la Hermandad y la concejil, a través de sus respectivos alcaldes. La causa se encuentra en un elemento que hemos mencionado con anterioridad, el control de ambos organismos y sus instituciones dependientes por parte de las oligarquías urbanas, lo que permitió la racionalización de su funcionamiento y atribuciones. 
4.4 SAN SEBASTIÁN EN LA BAJA EDAD MEDIA (SIGLOS XIII AL XV). 
4.5


4.5 SAN SEBASTIAN: 1516-1795 : LA PLAZA FUERTE José María ROLDÁN GUAL

Entre el 3 y el 5 de julio de 1516, en su junta particular de Basarte, la provincia de Guipúzcoa decidía enviar en embajada al comendador Ochoa de Isasaga a Flandes ante el nuevo monarca español Carlos I. Ese mismo año los franciscanos se implantaban en San Sebastián. Pese a sus designios de apostolado socializador y encauzador del intimismo religioso personal y el carácter urbano propio de las reformistas órdenes mendicantes, la saturación intramuros y la oposición de un clero secular temeroso de competencia en una población de pocos miles de habitantes 1 llevaron al concejo donostiarra a relegarlos fuera del recinto murado. Así se afincaron en la antigua iglesia de San Sebastián el Antiguo. La iniciativa de los frailes no era peregrina. San Sebastián, notoria villa de tanda en la organización foral guipuzcoana, en cuya jurisdicción se hablaban castellano, euskera guipuzcoano y gascón bayonés, era representativa de la inserción en el marco de la economía-mundo del País Vasco peninsular holohúmedo en un ciclo ascendente, en el cual el sector comercial exterior primaba2 . Además, estratégicamente emplazada, devenía una plaza fuerte de primer orden en la defensa de la frontera española.
4.5.1 LAS HOSTILIDADES CASTELLANO-FRANCO-NAVARRAS EN LA MUGA (1512-1516).

Ésta había experimentado un cambio sustancial con la anexión castellana del reino de Navarra. Con el señuelo de la posible recuperación de Aquitania, francesa desde 1451, Fernando II de Aragón consiguió en 1512 bloquear el nordeste guipuzcoano frente a cualquier tentativa franco-navarra con un considerable contingente inglés, comandado por Thomas Grey, marqués de Dorset. Mientras que, desembarcados en Pasajes y acampados en Rentería e Irún entre junio y octubre, los ingleses apenas sí llegaron a entrar en acción en la comarca de San Juan de Luz, castellanos y, en menor medida, aragoneses, encuadrados en la Liga Santa antigala, desalojaban de suelo navarro a la dinastía Albret y sus partidarios. Así se consolidaba la posición de los Trastámara y del naciente Estado moderno español en el horizonte europeo. De hecho, en el contexto de una primera tentativa por Juan III de Navarra por recuperar sus posesiones, San Sebastián se vio en el otoño de 1512 asediada por un notable ejército francés. Para impedir su atrincheramiento el ayuntamiento donostiarra había mandado previsoramente incendiar 156 casas de los arrabales, entre ellas el hospital de San Martín. Pero el violento fuego artillero francés duró poco al acudir tropas guipuzcoanas y vizcaínas de refuerzo. Numerosos donostiarras participaron con ellas en la contraofensiva española -vg. en la victoria de Noáin-. Las treguas de Urtubia y Orleans de 1513-1514 sancionaron el dominio castellano de la Alta Navarra, completado militarmente con el de la Baja en 1514.
De los registros de las juntas generales y particulares de la Provincia de 1516 y sus constantes contactos con el virrey de Navarra se desprendía una honda preocupación por los movimientos del citado Juan III en dicho territorio, aunque circunscritos al mismo y en fin abortados. Tales acontecimientos funcionaron de revulsivo en lo tocante al sistema defensivo donostiarra, puesto que en 1516, según Luis Murugarren, se daba comienzo a la nueva muralla3 (3). Nótese no obstante que las fortificaciones, como en el periodo medieval, atañían únicamente al núcleo urbano y al monte Urgull; no así a las diferentes colaciones rurales del término municipal, del que, por cierto, se desgajó por aquel entonces el lugar de Andoáin en beneficio de Tolosa.
4.5.2. La "Guerra" de las Juntas (1520-1521).

San Sebastián se vio involucrada en esta contienda civil, coetánea del movimiento comunero castellano y precedida en 1517-1518 por un enfrentamiento jurídico entre los grupos de villas abanderados por Guetaria y por San Sebastián. Este había girado en torno a la reforma del sistema fogueral, al tiempo que se dirimía de nuevo la posición de los "parientes mayores" en la vida guipuzcoana. La causa endógena más evidente en el nuevo conflicto era el papel tutelar de San Sebastián sobre la Provincia, alineándose para obtener un trato de favor por parte de la Corona con la creciente presencia de la autoridad central en el desenvolvimiento fiscal y político guipuzcoanos. Tensiones de índole económica agudizaban las rivalidades entre villas, particularmente San Sebastián-Tolosa. Continuaba además incrementándose el grupo de población "burgués" burocrático-comercial y dislocándose el entramado social rural de la parentela. La influencia de la Junta comunera de Tordesillas radicalizó la oposición del bando de Tolosa al nombramiento por la Regencia de Castilla de Cristóbal Vázquez de Acuña como corregidor de la Provincia, a petición, según el argumento del bando de San Sebastián, de la junta particular de Basarte de septiembre de 1520. En la junta general de Azcoitia de noviembre una votación mayoritaria lo vetó. La lectura de una carta de la junta comunera desencadenó el abandono por las villas favorables al nuevo delegado regio, fraguándose dos grupos que siguieron reuniéndose cada uno por su lado: la Junta de Hernani (bando de Tolosa) y la Junta de San Sebastián. La primera, más de tierra adentro, más rural y más anticentralista, adujo contrafuero. La segunda, más litoral, más mercantil, demográficamente más débil y leal al gobierno central, se opuso al plan de reforma de la organización provincial y del engarce en la Corona (10 de enero de 1521). Una corriente de simpatía entre los disidentes castellanos y guipuzcoanos se tradujo en el apoyo legal de Tordesillas a Hernani al designar un corregidor comunero, ignoto, y en la colaboración militar, proporcionando armamento ésta a aquélla y obstaculizando Villafranca, Tolosa y Segura el tráfico bélico gubernamental. No obstante, ello no desembocó en una alianza práctica entre estos dos fenómenos, diversos en su naturaleza, como tampoco con la actividad levantisca de Pedro López de Ayala,conde de Salvatierra, en Alava. Parece también que los rebeldes contaron con apoyo económico francés. No se produjeron combates masivos y sí incursiones armadas, limitadas a algunas escaramuzas sangrientas, ciertas ejecuciones sumarias, destrucción de heredades, ferrerías, molinos y casas, y desvío en Tolosa de mercancías navarras y aragonesas destinadas a su comercialización a través de San Sebastián. Pero, ante el bloqueo del conflicto, la amenaza francesa y el poder marcial esgrimido por Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera y virrey de Navarra, éste llevó a buen término el talante negociador de las gestiones efectuadas por el presidente-consejero real navarro doctor Fortún García de Ercilla.
Entre el invierno y la primavera de 1521 el licenciado Pero Sarmiento fue proclamado según los trámites forales corregidor, se derogaron las sentencias de Vázquez de Acuña y de la Junta de Hernani, se acometió el desarme de ambas facciones, el soberano confirmó la foralidad guipuzcoana y se tomaron medidas de benevolencia respecto de los insurrectos. Y la reacción colectiva a la invasión gala de octubre de 1521 selló la conciliación de los guipuzcoanos, a pesar de la acentuación del control regio sobre la Provincia y del reforzamiento de la posición hegemónica de San Sebastián en la misma. Sin embargo, se desistió de resolver el espinoso problema de las indemnizaciones a los afectados, fundamentalmente el bando realista y en él la gente humilde rural, así la donostiarra con buen número de manzanales talados, viñedos arrasados, caseríos incendiados y otros quebrantos.
4.5.3 UN SIGLO DE RIVALIDAD FRANCO-ESPAÑOLA E HISPANO-TURCA (1521-1598).

La primera guerra de Carlos I con Francia (1521- 1526) inquietó a un San Sebastián que presenció el asedio por los franceses -dirigidos por Guillaume Gouffier, señor de Bonnivet- de la cercana villa fortificada de Fuenterrabía, a la que respaldaron por mar con bastimentos y seiscientos hombres. No obstante, el capitán Diego de Vera hubo de entregarla a los sitiadores, quienes a causa del mal tiempo declinaron atacar San Sebastián. En ésta se hallaba a resguardo el capitán general de Guipúzcoa Beltrán de la Cueva, con dos mil infantes y dos mil caballos. Desechada Bayona como objetivo inmediato por problemas de intendencia, los españoles se centraron en el Bajo Bidasoa. Compañías donostiarras intervinieron en la victoria del alto de Aldabe4 y en la recuperación del castillo de Behobia (Gazteluzar) en 1522, confiriendo el monarca a San Sebastián el tratamiento de Noble y Leal.
En 1524 esta villa jugó un valioso papel en la reconquista de la plaza ondarrabitarra, harto maltratada en ambos asaltos. No sólo fracasaba el propósito de Enrique III de Navarra de restaurar su soberanía, sino que además en el frente del Milanesado Pavía fue el escenario en 1525 de la derrota y captura de Francisco I de Francia. Esta última, símbolo del revés galo en la contienda, la consiguió con otros el hernaniarra Juan de Urbieta, como indica Manuel Fernández Alvarez. La Paz de Madrid de 1526 consagraba el protagonismo español en Italia y devolvía la libertad al rey francés. Este se detuvo en marzo durante su regreso de Madrid a París cinco días en San Sebastián. La connivencia de Francia con los otomanos y los corsarios berberiscos desestabilizaba el Mediterráneo occidental, permitiendo al bajá Jayr al-Din "Barbarroja" hacerse con Túnez en 1534, con grave riesgo
para la política italiana de Carlos I y para la defensa del levante español. Para su rescate se aprestaron buques entre otros puertos en los vascos, armándose de esta suerte un galeón en San Sebastián, de donde partirían para dicha expedición unos ciento cincuenta hombres. En 1535 caían La Goleta y luego Túnez. En España, después del descalabro en la dálmata Castelnuovo (1539), crecía una unánime animosidad frente a la berberisca Argel, refugio otrosí de exiliados moriscos. Numerosos fueron los que, procedentes de todos los grupos sociales, se alistaron para la campaña contra el puerto norteafricano. San Sebastián brindó casi dos centenares de soldados. Sin embargo un temporal desbarató el cerco de la ciudad mogrebí. Entretanto, tras la tercera confrontación con Francia (1536-1538), Gante se sublevaba en 1539 contra la gobernadora de los Países Bajos María de Austria, reina viuda de Hungría. En consecuencia allí se trasladó por vía terrestre Carlos I. En el trayecto, desviándose del Camino Real -que a la sazón eludía San Sebastián-, el 27 de noviembre inspeccionó las murallas -así el flamante cubo Imperial- y el puerto donostiarras, ambos en proceso de mejora. Acababa el emperador de prohibir que donostiarras sirvieran en el castillo de la Mota -sin guarnición fija hasta 1552-, a fin de no restar tropa a la milicia municipal5 , y de confirmar las ordenanzas de la Cofradía de Mareantes de Santa Catalina.
Probablemente fue recibido en la plaza de Armas (futura Vieja) y en el palacio de los Idiáquez, en la calle Mayor, donde apreciaría también la casa de Peru, levantada por un Oyaneder en 1536. Tal elección se debió a la nobleza del edificio, la confianza en su propietario -el secretario del Consejo de Estado el tolosano Alonso de Idiáquez- y la carencia de casa consistorial (usándose al efecto el sobrado de la iglesia de Santa Ana)6 . Fue informado del traslado del cuartel de la Zurriola al frente de Tierra, dejando libre solar para el convento de dominicos de San Telmo. Fundado en 1531 por el dicho Idiáquez y su esposa Gracia de Olazábal, su construcción no comenzaría hasta 1544, deviniendo un centro notorio de irradiación religiosa y cultural. Esta pareja promovería igualmente el asentamiento, tras la partida de los franciscanos (1539), en San Sebastián el Antiguo de las dominicas (1546). Por otro lado, pudo comprobar cómo en el año precedente se había erigido el hospital de San Antonio Abad para pobres y transeúntes en el arrabal de Santa Catalina. Tras visitar el puerto de Pasajes, pasó a alojarse en el castillo de Fuenterrabía.  
De los conflictos ulteriores con Francia, fue el de 1557-1559 el que encendió de nuevo la guerra en la frontera bidasotarra. Unos quinientos donostiarras contribuyeron a la invasión española del Labort de 1558, siendo ocupados los puertos de Ciboure y San Juan de Luz. Por otra parte, una flota de navíos vascos, a las órdenes de Luis de Carvajal, zarpó de San Sebastián hacia Calais, que había sido presa de los franceses. Esas tropas se sumaron a las del conde Lamoral de Egmont y una escuadra inglesa, favoreciendo el rotundo triunfo de Gravelinas (1558). Firmada en 1559 la paz en Cateau-Cambrésis, desfavorable para Francia, Felipe II se desposó con Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia, en 1560. Aquélla, auxiliada por Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, representó a su marido en la conferencia de Bayona de 1565 con Catalina de Médicis, su madre y regente de Francia, acerca del grave problema religioso suscitado en dicho reino.
Adelantándose hasta Hernani, su hermano Enrique, duque de Orleans, se unió a la comitiva que penetraba la noche del 12 de junio en San Sebastián, entre salvas de mil quinientos arcabuceros y de los cañones de doce buques. Aposentada en el palacio de los Idiáquez, se la agasajó con una naumaquia en la Concha. Tal vez asistió a misa en la reciente fábrica gótico-vasca de Santa María (1552-1560), cuya cabecera se ampliaría en 1566-1585. El 13 se encontraba en el Bidasoa con su hermano Carlos IX de Francia y su progenitora, desplazándose a la ciudad vasco-gascona. El 30 de junio finalizaron las conversaciones, sin extraer realmente acuerdos claros primordialmente con respecto a los hugonotes. El 5 de julio pudo efectuar Isabel, con el duque de Orleans, en San Sebastián una excursión marítima, desembarcando en la isla de Santa Clara. El 6 retornaba a la corte española. La panorámica donostiarra que desde el cerro de San Bartolomé pudo contemplar la soberana al partir coincidiría con la dibujada por el flamenco Joris Hoefnagel (entre 1563 y 1567) y editada en el primer volumen del célebre Civitates Orbis Terrarum por Georg Braun y Franz Hogenberg en la Colonia de 1572.
No eran raros roces en las relaciones entre el ayuntamiento y las autoridades castrenses, ya fuera el gobernador militar de la plaza o el propio capitán general de Guipúzcoa. Máxime cuando este cargo pasó de residir en Fuenterrabía o en Pamplona (por coincidencia con el puesto de virrey de Navarra) a hacerlo en San Sebastián entre 1579 y 1598. La competencia del cierre nocturno y apertura matinal de las puertas de la villa se había resuelto con la intervención simultánea de un alcalde y del capitán de llaves. Por otro lado, el concejo disponía de una armería, determinando en 1570 que cada día de Santiago se verificase un concurso de tiro con arcabuz y otro con ballesta entre el vecindario, ampliando estos ejercicios a la festividad de San Sebastián desde 1579. Y la convivencia se hacía ocasionalmente peligrosa, como el 14 de diciembre de 1575. Un rayo hizo estallar el polvorín de la fortaleza, provocando enormes destrozos y víctimas en el casco urbano. Otro problema que se hacía acuciante y aumentaba el malestar entre los armadores y comerciantes donostiarras radicaba en la creciente frecuencia del embargo real de navíos para usos militares. Selma Huxley cita a modo de ejemplo la requisa de cuatro naos donostiarras prestas a marchar al Labrador el 12 de junio de 1572. El capitán general de Guipúzcoa Vespasiano Gonzaga Colonna las mantuvo paralizadas preventivamente durante un mes. El apremio en 1583 de García de Arce para la botadura de una nao de Juan López de Riezu en astilleros del Urumea originó su encallamiento. Incautaciones que, aunque transitorias, dañaban en consecuencia profundamente la economía vasca (2), más todavía si el barco se perdía. La coyuntura se agravaba con la substracción de marineros de sus tareas cotidianas con fines bélicos. Así, los métodos expeditivos contraforales de Arce en una leva de 1582 para la armada de las Azores suscitó un motín en San Sebastián.
En un contexto de renovada confrontación franco-española, especialmente acentuándose el apoyo galo a los rebeldes flamencos (Unión de Utrecht desde 1579), Carlos IX escribía el 28 de mayo de 1579 al gobernador de Bayona sobre la eventualidad de una conflagración. Según Luis Fernández, los españoles eran además conocedores de preparativos de escuadras en La Rochela y en Burdeos. De hecho se frustró en dicho año un plan del conde Philibert de Gramont de apoderarse de San Sebastián con la cooperación de varios soldados traidores. Reemprendida la pugna hispano-otomana, Túnez, de nuevo en 1570 en manos turcas -coincidiendo con el levantamiento morisco de las Alpujarras (1567-1570)- , fue tomada por Juan de Austria en 1573 en el clima de euforia generada por la victoria de Lepanto (1571), para perderse definitivamente en 1574 y convertirse en la capital del beylicato tunecino. En las operaciones de reforzamiento defensivo de Orán en 1575 colaboró el general donostiarra Miguel de Oquendo7 (7), con su propia nao (setecientas toneladas y ciento diez hombres). Con la tregua de Estambul de 1581 quedaría en calma el Mediterráneo occidental.  
4.5.4 TRIBULACIONES EN EL ATLÁNTICO (1580- 1604).

Extinguida la dinastía de Avís en Portugal con el fallecimiento del cardenal Enrique I en 1580, se desencadenó una guerra sucesoria, gracias a la cual Felipe II se hizo dueño de la Corona lusitana. En la flota de Alvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz, que bloqueó la desembocadura del Tajo en 1580, para que el citado duque de Alba pudiera conquistar Lisboa, se vio involucrado Miguel de Oquendo. No faltó éste en la expedición de las Azores, cuya isla Tercera se convirtió en el último reducto de los independentistas portugueses, auxiliados por corsarios franceses e ingleses. Había aprestado en Pasajes una escuadra de catorce navíos, tripulados por donostiarras, incorporándose a la armada del mentado marqués de Santa Cruz. Los españoles, entre los que se contaba el también donostiarra Alonso de Idiáquez, dispersaron en 1582 la flota enemiga de Felipe Strozzi frente a la isla de San Miguel. Y en 1583 tomaron la Tercera, con su capital Angra. Se eliminaba asimismo un peligro para la circulación atlántica española
El tremendo fracaso de la campaña española contra Inglaterra en 1588 significó la quiebra del poderío marítimo hispano, dejando las rutas ultramarinas a merced de los holandeses y sobre todo de los ingleses, quienes habían estado acosando bajo el reinado de Isabel I los intereses felipinos políticos y principalmente comerciales en los derroteros a Indias y en el Mar del Norte. Ello obviamente repercutió negativamente en la economía, ya debilitada (2), de San Sebastián. Pero además la Armada Invencible, dirigida por Antonio Pérez de Guzmán, duque de Medinasidonia, reclamó una impresionante movilización de navíos y hombres. Miguel de Oquendo, capitán general, y el pasaitarra Juan de Villaviciosa, almirante, estuvieron al frente de catorce navíos guipuzcoanos (Santa Ana, Nuestra Señora de la Rosa, San Salvador, San Esteban, Santa Cruz, Santa Marta, Santa Bárbara, Doncella, San Buenaventura, María San Juan y varios pataches), esto es, seis mil novecientas noventa y una toneladas, doscientas cuarenta y siete piezas artilleras, seiscientos dieciséis marineros y mil novecientos noventa y dos soldados. Pero, como afirma José Ignacio Tellechea, numerosas muertes fueron causadas por enfermedades contagiadas en el puerto de partida, Lisboa. Y a una más eficiente actuación de los ingleses se agregaron los temporales. Incluso la Santa Ana, llegada a salvo a Pasajes, se hundió al explotar sus municiones. Habían sucumbido en la empresa unos ciento cincuenta donostiarras. Para tratar de paliar los menoscabos sufridos por San Sebastián, la Corona le otorgó en 1589 sesenta y cinco mil ducados de plata, empleados en rehacer la flota donostiarra.
 Por otra parte, se amparó e intensificó la actividad corsaria donostiarra. Así en 1602 se apresaron dos barcos de Hamburgo en la desembocadura del Nervión, siendo devueltos a instancia del capitán general de Guipúzcoa por haber sido fletados por el Señorío de Vizcaya. De todos modos, el saqueo de Cádiz por los ingleses en 1596, el revés en varios ataques marítimos contra el dominio inglés en Irlanda y los obstáculos al comercio y pesca españoles -así los donostiarras- convencieron al gobierno de Felipe III a firmar la paz de Londres en 1604. San Sebastián evidentemente se benefició de esta nueva política de reposo internacional, iniciada con el tratado de Vervins de 1598 con la colindante Francia y culminada con la tregua de los Doce Años en 1609 con las Provincias Unidas. Máxime teniendo en cuenta el autoaislamiento que se impuso la villa entre 1597 y 1599 para no verse afectada por la peste que diezmaba desde los puertos cantábricos la Península y se cebó por ejemplo en Pasajes. Las rogativas a San Sebastián y San Roque para conjurar la epidemia dieron origen a sendas festividades. El concejo decidió celebrar la de su patrón cada 20 de enero con un ayuno la víspera, una procesión, portando la reliquia del mártir -un brazo conservado en una capilla de Santa María-hasta la iglesia de San Sebastián el Antiguo, y en ésta los correspondientes ofocios religiosos. En el cortejo desfilaban las dignidades eclesiásticas, municipales y castrenses, con una banda militar compuesta por pífanos, chirimías y tambores. Es de suponer que igualmente los donostiarras se encomendaron al muy venerado Cristo de Paz y Paciencia, instalado con una luminaria permanente en la puerta de Tierra. Años más tarde, en 1630, un incendio, que causó ocho muertos, cuarenta y seis heridos y desperfectos en ciento veinte casas, dio lugar a otra procesión, la de Santa Dorotea, con ediles y franciscanos, los días 6 de febrero.
4.5.5 LOS "FESTEJOS DE LAS PRINCESAS" (1615).

No obstante el juego de rivalidades permanecía latente. Así, Ciriaco Pérez Bustamante apunta cómo en el presupuesto español de noviembre de 1608 a octubre de 1609 se adjudicaba a San Sebastián y Fuenterrabía sesenta mil ducados para la gente de guerra, frente a los mil ochocientos asignados a Vizcaya. Ello no pasaría desapercibido posiblemente a los estudiantes alemanes Diego Cuelbis y Joel Koris, quienes transitaron por San Sebastián el 14 de mayo de 1599 en su viaje por la península ibérica. Para entonces ya se había reconstruido, en madera, el puente de Santa Catalina (1592), arrasado por el mar en 1580. La crisis sucesoria en los ducados de Jülich y Cléveris estuvo a punto de romper la paz entre Francia y España. El asesinato del soberano galo Enrique IV (1610), las capitulaciones hispano-francesas de 22 de agosto de 1612 y el tratado de Xanten de 1614 redujeron la tensión y determinaron las nupcias entre Luis XIII con Ana de Austria, primogénita de Felipe III, y del príncipe de Asturias Felipe con Isabel de Borbón, hermana del francés.
En 1615, año de la desanexión de Urnieta con respecto a San Sebastián, se cumplió el intercambio con gran pompa de las princesas en el Bidasoa, el 9 de noviembre, en un palacete de madera construido sobre barcas en medio del río, en el paso de Behobia. Dejaron constancia pictórica de ello Adam Frans van der Meulen y alegóricamente Petrus Paulus Rubens8 (8). Y lo narró el cronista y beneficiado Lope Martínez de Isasti, hermano de Juan López de Isasti, quien, como capitán de milicia de Lezo, participó en el acontecimiento. Tras el desposorio por poderes de Ana en la catedral de Burgos el 18 de octubre, partió el cortejo real. Lo integraban setenta y cuatro coches, ciento setenta y cuatro literas, ciento noventa carrozas, quinientos cuarenta y ocho carros, dos mil setecientas cincuenta mulas de silla, ciento veintiocho acémilas con reposteros bordados, otras doscientas cuarenta y seis con cascabeles de plata y seis mil quinientas personas. La Provincia había levantado cuatro mil hombres para acompañar a monarca e infanta en su trayecto por Guipúzcoa. A su cabeza como coronel foral designó a Alonso de Idiáquez, duque de Ciudad Real, virrey a la sazón de Navarra y vástago del fenecido e influyente consejero de Estado Juan -quien por otra parte fue uno de los pocos propietarios de esclavos en San Sebastián (caso Francisco Genovés, comentado por José Antonio Azpiazu)-. Le secundaban tres diputados, entre ellos el donostiarra Martín de Justiz. Capitaneaba la tropa reclutada por San Sebastián Juan López de Arriola. Para la leva se utilizaron los buenos oficios y particularmente el prestigio del general de escuadra Antonio de Oquendo.
La recepción el 4 de noviembre en los aledaños de esta villa fue fastuosa. En los arenales del tómbolo esperaban numerosos soldados y vecinos. Entre ellos debían de encontrarse el mentado Oquendo y su esposa María de Lazcano; quizás aquél esperaría volver a ver a su amigo el donostiarra Domingo de Echeberri, secreario regio. Y en la Concha menudeaban chalupas y navíos engalanados y algunos artillados. Salvas de las arcabucerías, mosqueterías y artillerías de mar y tierra saludaron a los recién llegados. El alcalde Martín de Miravalles entregó al soberano, acompañado por Cristóbal de Sandoval, duque de Uceda, las llaves de la villa ante la puerta de Tierra. Este y la infanta fueron huéspedes de los Idiáquez, cuya morada contaba un trinquete de tipo hispánico (existiendo un juego de pelota público pegante al muro oriental del cubo Imperial). El 5 oyeron misa oficiada por el obispo de Pamplona, Prudencio de Sandoval, en Santa María, a la que debieron de acceder por la nueva portada herreriana de Pedro de Zaldúa y Pascual de Inza (1610-1611). El púlpito había sido labrado en piedra negra en 1604 por el primero. En el coro de beneficiados veneraron la imagen de Santa María del Coro; presidía el retablo mayor otra de Nuestra Señora denominada Beltza. Por la tarde presenciaron la botadura del galeón Santa Ana la Real, de seiscientas toneladas y propiedad del capitán Martín de Amézqueta y de Francisco de Beroiz. Posteriormente visitaron el monasterio de agustinas de San Bartolomé.
Al día siguiente, a caballo, el rey examinó las fortificaciones de Urgull. Con su hija, acudió después a los conventos de San Telmo y de San Sebastián el Antiguo, donde comió la infanta con sus damas. Luego fueron despedidos con descargas de saludo desde el castillo y murallas. No consta que pararan en el convento de franciscanos del Churrutal (1606), en la orilla derecha del Urumea. En el embarcadero donostiarra de la Herrera, en lugar de una pinaza bien esquifada y toldada, usaron una suerte de galeaza. El temporal impidió visitar el puerto de Pasajes y el Santo Cristo de Lezo. Desembarcados en Rentería y se dirigieron a Fuenterrabía. Verificado el trueque, Ana salió para Burdeos, donde aguardaba Luis XIII e Isabel era acogida la noche del 10 en San Sebastián y en el palacio de los Idiáquez con similares ceremonias, abandonando la villa el 11. El doble enlace sin embargo no representó en la práctica un verdadero giro en la pugna franco-española en el continente. 
4.5.6 LOS SOBRESALTOS DEL XVII (1616-1660).

Sin embargo, los oropeles y júbilos de tan fugaz celebración se vieron ensombrecidos durante ese XVII agitado de claroscuros por la incidencia en San Sebastián, distinguida en 1662 ciudad por Felipe IV, de las convulsiones bélicas hispanas. Especial menoscabo padecieron los ramos del comercio y de la pesca, declive al que coadyuvaron otros factores de índole tanto endógena como externa, y que la fundación del Consulado y Casa de Contratación en 1682 no logró paliar (2). No fueron raros la tensión fronteriza y el entorpecimiento de las vías marítimas en las crisis militares o por los corsos británico, neerlandés y francés -práctica que sufrieron los donostiarras, pero que también ejercieron (así el capitán Illarregui)-. La Guerra de los Treinta Años, sobre todo desde el alineamiento francés en 1635 en las filas antihabsbúrgicas, la prosecución del conflicto con Francia hasta 1660, y las tres contiendas bajo Carlos II contra ésta (1667-1668 -Devolución-, 1672-1678, 1683-1684 y 1689-1697 -Palatinado-) desasosegaron a los donostiarras.
El temor a una invasión, pese a la reputación de inexpugnable de la villa, promovió un significativo reforzamiento de sus fortificaciones: castillo, murallas y más someramente los aledaños (fuerte de Santa Catalina, reductos de San Bartolomé y Santa Clara, y batería de Loretopea)9 (3). Numerosos donostiarras, bien por vocación, bien por necesidad económica, bien por levas (generadoras de discrepancias con la Provincia y de disturbios en San Sebastián en 1630 (10), se vieron empujados a incorporarse a la armada y en menor medida al ejército. Desde los tres hermanos Echeverri Rober, marinos, con palacio en la calle de la Trinidad (Villalcázar), hasta Catalina de Erauso, huida de las dominicas del Antiguo en 1607 y travestida en soldado -alférez-. Estos avatares obligaron además al uso militar de muchos navíos civiles, no sin el obvio detrimento económico. Así algunas de la veintiséis naves que, al mando de Antonio de Oquendo, se despacharon en 1631 con refuerzos contra Pernambuco (Recife), conquistada el año anterior por los holandeses para controlar el comercio brasileño e inmiscuirse en el caribeño, como apunta John H.Elliott. Tras la victoria naval de los Abrojos, lograron los españoles desembarcar los citados auxilios cerca del cabo de San Agustín.
Pero fue el segundo quinquenio de la década de 1630 el periodo más comprometido para San Sebastián. Francia se sentía acorralada y se alió en 1635 con el frente antiaustracista de holandeses, suecos y saboyanos. En 1636, mientras por el norte llegaban los españoles hasta Corbie, cerniéndose sobre París, en el Labort guipuzcoanos y navarros se apoderaron de Hendaya, Urruña, Socoa, Ciboure y San Juan de Luz, retirándose en 1637 ante las dificultades para mantenerse en tales posiciones. Y eso que en dicho 1636 una escuadra guipuzcoana, con varios bajeles donostiarras y Alonso de Idiáquez a la cabeza, frustró un amago de ataque galo a Guetaria. Una contraofensiva francesa, guiada por Luis II de Borbón, príncipe de Condé, y contando con unos veinticinco mil infantes y dos mil jinetes, más artillería, se adueñó de Irún, Oyarzun, Rentería, Alza y Pasajes. Refugiados y civiles inhábiles para la lucha huyeron de San Sebastián. Pero el Gran Condé renunció a asediar la plaza donostiarra, como tampoco lo hizo la flota francesa que había derrotado a una escuadra española en aguas guipuzcoanas, pasando el uno y la otra a sitiar Fuenterrabía (1638). Donostiarras, como Alonso de Idiáquez, formaron parte de las tropas que recuperaron Alza y Pasajes. Y luego lograron al fin levantar el cerco, de manera que los franceses centraron sus objetivos pirenaicos en Cataluña, sublevada desde 1640.
Las derrotas hispanas en los frentes flamenco, italiano y catalán, su catastrófica situación marítima (tras el descalabro naval de las Dunas en 1639 -con Antonio de Oquendo encabezando la fuerza española-), el pacto franco-inglés de 1657 y los apuros en Portugal (caída de Elvas en 1658) forzaron a España suscribir la paz de los Pirineos, firmada el 17 de noviembre de 1659 en la isla ondarrabitarra de los Faisanes por Luis Méndez de Haro, marqués del Carpio, y por el cardenal Jules Mazarin en nombre de Francia. Se confirmaban de esta suerte la pérdida española de hegemonía en el Europa y el arranque de Francia como gran potencia continental. El brillo del prescrito matrimonio de la infanta María Teresa, hija de Felipe IV y de su primera esposa Isabel de Borbón, con Luis XIV de Francia en San Juan de Luz, el 9 de junio de 1660, no ocultaba la conciencia colectiva de fracaso en la Península, como anota Luis Enrique Rodríguez-San Pedro. El 15 de abril de 1660 partían de Madrid Felipe IV y María Teresa, con una nutrida y abigarrada comitiva. Nobles, eclesiásticos, cuatro cirujanos, un barbero, aposentadores, ujieres de cámara, vianda, frutería, cava y sausería, palafreneros, sobrestantes de coches, correos, trompeteros, herradores, dueñas de retrete y otros criados y soldados asistían a las reales personas. Y entre ellos el pintor áulico Diego Velázquez (quien fallecería a la vuelta meses después). La entrada en Guipúzcoa, por Salinas de Léniz, fue, al decir de Adrián de Loyarte, tan espléndida como la brindada a Felipe III, a pesar del mal tiempo. La Provincia había movilizado a diez mil hombres para el trayecto por el Camino Real hasta Hernani y de ahí a San Sebastián. Escoltaron por tanto a rey e infanta los diputados generales Pedro Ignacio de Idiáquez y Martín de Zarauz y Gamboa, caballeros de Alcántara y Calatrava respectivamente. El 12 de mayo se detenían en el alto de Oriamendi y en el cerro de San Bartolomé para contemplar la villa y el gentío, que esperaba en el tómbolo, entre otros Domingo Osoro Landaverde, capitán general10 (10), y un escuadrón de mil quinientos donostiarras, vistosamente uniformados y dirigidos por Bernardo de Aguirre, uno de los alcaldes de la villa. Juan Bautista Martínez del Mazo reproduciría la escena11 (11). Mientras se disparaban salvas de artillería y mosquetería, Osoro recibió al monarca, a quien el alcalde Francisco de Orendáin ofreció las llaves de la villa
El soberano y su hija fueron hospedados en el palacio de los Idiáquez, que disponía de magnífico oratorio, elegantes patios y jardines. El de los Oquendo y el de los Echeverri, en la calle de la Trinidad, albergaron a otras personalidades como el marqués del Carpio. Las casas aparecían engalanadas con tapices y reposteros en los balcones. Después del almuerzo aquéllos pudieron presenciar una exhibición de danzas vascas frente a su alojamiento, abarrotando los vecinos la calle Mayor y adyacentes. El día 13 visitaron el puerto, donde disfrutaron de un espectáculo de ejercicios náuticos ejecutados por marineros y grumetes. El 14 Felipe IV invitó a comer a personalidades francesas, encabezadas por el mariscal Henri de La Tour d'Auvergne, vizconde de Turena, y por el secretario de Estado Michel Le Tellier. Por la tarde acudieron las reales personas a una fiesta en el puerto de Pasajes. Embarcadas en la Herrera, lo recorrieron en una gabarra remolcada por dos chalupas de seis remeros cada una, seguidos por otras y falúas. Algunas con las célebres bateleras, cantadas por Lope de Vega e invitadas posteriormente por el rey para un festejo en el estanque del Real Sitio del Buen Retiro en Madrid. Hubo música de clarines, violines y otros instrumentos, cantos y disparos de saludo de artillería y mosquetería, procedentes de siete fragatas, el galeón Roncesvalles, la donostiarra torre de San Sebastián (Pasajes de San Pedro) y el ondarrabitarra castillo de Santa Isabel (Pasajes de San Juan). Además se botó un navío de gran porte, construido por Juan de Soroa para Capitana Real.
Mientras, el palacio donostiarra de Mancisidor acogía a Diego de Tejada, obispo de Pamplona, y a su séquito. Durante el 15 y el 16 se sucedieron las reales audiencias. Entre las personalidades fueron vistas varias autóctonas, como los diputados generales de Vizcaya, Pedro de Zubiaurre y Antonio de Irazagorría Butrón, o el representante de Navarra Martín Daoiz -éste el día 29-. La mañana del 17 estuvo dedicada a oír misa en la iglesia del convento de San Telmo, destacando su órgano. Transitaron monarca e infanta por sus otras dependencias, especialmente la biblioteca, con su rica colección de incunables y libros, muchos impresos en Flandes. Un festejo vespertino, organizado por el concejo, les permitió observar toda clase de tipos, trajes, escenas y bailes. El 18 regocijo en la marina, con una "pesquería", participando barcos, lanchas y redes por la bahía. Siguieron jornadas con más fiestas y recepciones. Incluso, según Loyarte, Ana de Austria, madre de Luis XIV, acudió a San Sebastián, dándose un animado trasiego entre ésta y San Juan de Luz, donde se hallaba asentada a la sazón la corte francesa. Entretanto hervía la conferencia diplomática en Fuenterrabía.
La mañana del 27 de mayo tuvo lugar la fastuosa celebración del Corpus Christi, presidida por Felipe IV, con la concurrencia de los más granado de la corte española, dignatarios de la francesa y feligresía donostiarra. Por una calle Mayor alfombrada de flores y flanqueada por soldados, el soberano, toisón de oro al cuello, a caballo, se trasladó a la iglesia de Santa María. Penetró bajo palio a los acordes del órgano, mientras repiqueteaban las campanas y descargaban los cañones del castillo. Los asistentes ilustres llenaban, con sus lujosas vestimentas, las tres naves. Los vecinos, con sus mejores galas, ocupaban los huecos restantes, el claustro de Santa Marta y los aledaños del templo. Iluminaban el interior del mismo arañas de cristal y de plata dorada, doce grandes candelabros de plata repujada y profusión de candeleros. Ofició la misa pontifical el obispo de Pamplona, hallándose presente el patriarca de las Indias, arzobispo de Tiro y limosnero mayor Alfonso Pérez de Guzmán. Al organista se sumaron cuatrocientos cantantes y numerosos instrumentos de cuerda.
Luego se desarrolló la solemne procesión eucarística. Aromas y colorido en las calles (rosas, laureles, azahares, tomillos, nardos, juncias y hojas verdes). Policromía de las colgaduras en balcones y ventanas (tapices -algunos flamencos y otros orientales-, reposteros, paños con iconografía mariana o colchas de encaje de bolillos). Salvas desde el castillo y los buques anclados en la Concha; arcabucería desde el frente de Tierra y arenal; y campanadas sacramentales desde todas las iglesias, incluida la de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora (perteneciente al colegio de la Compañía de Jesús, levantado entre 1627 y 1671 en la calle de la Trinidad con la protección de los Oquendo, y dinámico centro litúrgico y pedagógico). siendo reputados sus sermones en euskera). Abrían atabaleros y trompeteros la comitiva, con hacheros a ambos lados. Detrás los miembros de las cofradías donostiarras (San Eloy, San José, San Andrés, San Francisco o la Vera Cruz); mayordomos y maceros; franciscanos, dominicos y jesuitas con acólitos con incensarios; cruces procesionales de las parroquias; caballeros de las órdenes militares; clérigos; nobleza titulada; consejeros regios; ediles; un gran banda de música; la custodia llevada bajo palio por el obispo pamplonés; Felipe IV; embajadores; alto clero; y personal palatino. María Teresa vio desde el balcón principal del palacio de los Idiáquez el cortejo. Este se allegó a la puerta de Tierra, donde se había erigido un altar. Después de entonar salmos, bailar unos cien danzantes, soltar palomas blancas y lanzarse pétalos de rosa, regresó por San Jerónimo y Trinidad a Santa María, donde se cantó un tedéum. Continuaron fiestas profanas en la plaza de Armas (Vieja) y otras rúas, alegradas principalmente con danzas vascas, hasta bien entrada la noche. El 2 de junio monarca, infanta y séquito abandonaron San Sebastián, navegando de la Herrera a Rentería, desde donde prosiguieron hasta Fuenterrabía. Felipe IV, satisfecho, otorgó a la villa donostiarra el título de ciudad el 7 de marzo de 1662 
4.5.7 LA CATÁSTROFE DE 1688.

Durante el segundo conflicto con Francia bajo el reinado de Carlos II, el País Vasco no fue escenario bélico al apostar los franceses por el frente catalán y a causa de la presencia disuasoria en 1674 frente a San Sebastián de una escuadra de cuarenta y cinco navíos de los aliados holandeses, capitaneados por el contraalmirante Cornelis van Tromp. En 1684 el enfrentamiento fronterizo no tuvo consecuencias bélicas en San Sebastián, puesto que quedó limitado al cañoneo recíproco entre Fuenterrabía y Hendaya. Pese a la tregua de Ratisbona, en 1685 se detectaron movimientos de tropas francesas en torno a Bayona, al tiempo que se hablaba del apresto de una flota en Brest con el fin de atacar San Sebastián. Al final nada hubo. Pero ello no dejaba de perturbar la economía donostiarra, tan vinculada al comercio con Francia (2), como subraya Henry Kamen. Y durante la Guerra del Palatinado tuvo San Sebastián la fortuna de que no se materializaran ninguna de las alarmas entre 1692 y 1694 (ajetreo castrense terrestre y naval y refuerzo de fortificaciones en el Labort). Máxime en tanto en cuanto la ciudad no se había recuperado todavía del siniestro de 1688.
El 7 de diciembre de aquel año se abatió sobre San Sebastián un tremendo temporal, con lluvias torrenciales y poderoso oleaje, provocando inundaciones, derrumbes y desprendimientos. Pero a las 16 horas un rayo cayó sobre el castillo de la Mota, explotando el almacén de pólvora (más de 800 quintales) y municiones. La fortaleza quedó arrasada, falleciendo su escueta guarnición -diez soldados-, parquedad ya criticada en 1679 por la viajera y escritora Marie Catherine Le Jumel de Barneville, baronesa d'Aulnoy. El castellano, malherido, se salvó, como también el muy venerado por los donostiarras Santo Cristo, inopinadamente intacto. Su pared trasera orientada hacia la ciudad resistió además, atenuando la caída sobre ésta de grandes bloques de piedra del reventado alcázar. Cascotes y maderos ardiendo se ensañaron, no obstante, con el núcleo donostiarra y el puerto. En éste fallecieron dos marineros y una mujer; en la ciudad un pintor y un niño; si bien hubo numerosos heridos. Los daños ascendieron en una primera evaluación a cincuenta mil escudos. Pero se produjeron desperfectos difíciles de cuantificar en el patrimonio histórico-artístico. San Telmo perdió su biblioteca (más de cinco mil volúmenes según Loyarte). Su arquitectura fue maltratada, como la de Santa María -donde el retablo mayor y las vidrieras fueron destruidos-, el colegio jesuita y sobre todo Santa Ana. Este convento de carmelitas descalzas se había establecido en 1663 en la iglesia de Santa Ana -pasando el ayuntamiento de su sobrado a la casa lonja municipal (entre las calles de Igentea y Campanario-, construyéndose un nuevo edificio desde 1666. Otro rayo había derruido la capilla mayor y campanario de San Sebastián el Antiguo. El amaine de la tempestad el 8, día de Nuestra Señora del Coro, la indemnidad de las carmelitas y sustancialmente la preservación del Santo Cristo de la Mota avivaron las reacciones de piedad de los donostiarras, evidentemente dentro de la dominante sensibilidad barroca.
Se multiplicaron los oficios religiosos. Se sacó en procesión el Santísimo Sacramento de Santa María, adorado con esa devoción que había inspirado el grabado de la arribada en 1616 a San Sebastián del cadáver embalsamado de Luisa de Carvajal y Mendoza12 (12) (+Londres 1614). El capitán general duque de Canzano, aunque preocupado por la reconstrucción de la capilla de la Mota, apeló a la corte en demanda urgente de soldados, dinero para los primeros arreglos en las fortificaciones y pólvora. Ciudad fronteriza con Francia, en San Sebastián residían además unos trescientos naturales de dicho reino. Se le enviaron mil doblones y trescientos quintales de pólvora desde la Real Fábrica de Pamplona. Los ingenieros militares Hércules Torrelli y Diego Luis de Arias serían los encargados de las reparaciones pertinentes (3).
4.5.8 DE LA PAZ A LA GUERRA (1700-1721).

Fallecido Carlos II -quien había titulado a San Sebastián "Muy Noble y Muy Leal" en 1699, y conocido su testamento en favor de Felipe V frente a las aspiraciones del archiduque Carlos de Austria, Guipúzcoa optó por aquél, pese a sus recelos en cuanto a la política centralista de Luis XIV, su abuelo, en Francia y más concretamente en el vecino Labort. Sin embargo, ni San Sebastián ni Fuenterrabía disponían de verdaderas guarniciones, y los veinticinco mil soldados galos acantonados en la muga la persuadieron, a juicio de Alfonso F. González, a reconocer al duque de Anjou. Además, la colonia mercantil francesa en San Sebastián y la ausencia de beligerancia en la frontera en las últimas décadas habían reforzado las relaciones entre guipuzcoanos, labortanos y bordeleses (2), a pesar de algunas fricciones. Recuérdese que Barcelona había sido bombardeada por los franceses en 1697. Por otro lado, una alternativa que condujera al reparto de la monarquía española, como se había acordado en 1698 y 1699, hubiera llevado a que Inglaterra y las Provincias Unidas aceptasen la anexión de Guipúzcoa por Francia.
Por consiguiente, los guipuzcoanos se esforzaron por prodigar agasajos a Felipe V en su inminente tránsito por su territorio. A cambio se le solicitaría la confirmación de los fueros guipuzcoanos, lo cual se verificaría entre 1702 y 1704 al quedar el soberano satisfecho de las muestras de fidelidad de la Provincia. San Sebastián por de pronto gastó veintidós mil reales de plata en la compostura de sus caminos. La comitiva del monarca (tres mil jinetes, ciento ochenta coches y numerosos carruajes) atravesó el 22 de enero de 1701 por un puente de barcas el Bidasoa. El rey y sus allegados lo hicieron en cinco góndolas, él en la mayor y más aderezada, con el estandarte real con el que la Provincia había obsequiado en otro tiempo a Santa María de San Sebastián, en la proa. Por cierto muchos de los personajes que le esperaban en el desembarcadero del Juncal habían adquirido prendas, telas y adornos en Bayona y San Juan de Luz días antes. Le cumplimentaron en nombre de la Provincia Francisco de Idiáquez, duque de Ciudad Real, y los diputados a guerra, entre ellos el santiaguista y donostiarra José Antonio de Leizaur. Compareció también el obispo de Pamplona Juan Iñiguez de Arnedo. El 24 se trasladó a Hernani.
Y la tarde del 26, al mejorar la meteorología, visitó a caballo San Sebastián. Según Alfonso F. González, el recibimiento fue apoteósico y costó al concejo cuarenta y cuatro mil reales de plata. Este había movilizado una milicia de mil quinientos hombres. Estos y el vecindario, con sus mejores galas, aclamaron al soberano, a quien el alcalde y el gobernador del castillo le transfirieron las llaves de la plaza. Engalanada como otras calles, por la Mayor Felipe V accedió a Santa María, donde se cantó un tedéum. Inspeccionó las fortificaciones y presenció los ejercicios náuticos de dos fragatas en la Concha. No faltaron las salvas de rigor desde el castillo, murallas y navíos antes de volver a Hernani. El 3 de febrero dejó Guipúzcoa por Salinas de Léniz. La Guerra de Sucesión de España (1701-1714) apenas se dejó notar en el mismo San Sebastián. Varias alertas por amenazas marítimas anglo-holandesas entre 1701 y 1706, la sugerencia de Luis XIV de cubrir el vacío de guarnición con soldados franceses en 1705 y el paso de algunas tropas y prisioneros hasta 1710 cerca por el Camino Real. En 1706 la Provincia rechazaba la invitaciones de sumarse a la rebelión de Aragón por parte del marqués de Minas y el conde de Corzana. Por otro lado, pese a la tradicional oposición de San Sebastián a admitir cónsules, por ser origen de trabas al comercio y contrabando y de posibles espionajes, la Corona le impuso entre 1703 y 1713 la permanencia del francés Pedro Gilliberti. San Sebastián, controlada por las fuerzas del capitán general Luis Riggio y Branciforte, príncipe de Campoflorido, si bien en un ambiente de elevada tensión, quedó al margen de los motines de la Machinada de 1718-1719, que, a causa del traslado de las aduanas a costa y frontera (1717) (2), se desencadenaron en Vizcaya y Guipúzcoa occidental. La exención de los géneros consumidos en Guipúzcoa y posteriormente la Guerra de la Cuádruple Alianza evitaron la propagación insurreccional. En 1723 la Corona, vistas la oposición foral y la ineficacia de la medida, la revocaría.
En 1719 la campaña de la Cuádruple Alianza (Gran Bretaña, Francia, Provincias Unidas y Austria), protagonizada en el norte peninsular por James Stuart Fitz James, duque de Berwick, el príncipe de T'Serclaes de Tilly y el conde James de Stanhope, reaccionaba a la nueva política de Felipe V, revisionista del Tratado de Utrecht (1713), particularmente en lo referente a Italia. Tras la caída del castillo de Behobia -recientemente fortificado y posteriormente volado-, Irún, Fuenterrabía -cuyas defensas y habitación civil sufrieron cuantiosos desperfectos en un tenaz bombardeo entre mayo y junio-, y Pasajes, los franceses pasaron a sitiar San Sebastián por tierra y, con apoyo británico, a bloquearla por mar (11 pinazas y 4 fragatas).
Previamente, la ciudad puso a salvo a mujeres, niños y archivos -el municipal al convento oñatiarra de Aránzazu y los eclesiásticos al santuario jesuítico de Loyola (Azpeitia)-. Se destruyeron los puentes de madera donostiarras sobre el Urumea en Loyola y Santa Catalina. En este arrabal se derribaron el hospital de San Antonio Abad e iglesia adyacente. Para fines clínicos se habilitaron los conventos de San Telmo y de Santa Teresa y el colegio de los Jesuitas. La Provincia aportó a la ciudad compañías forales de Azcoitia, Azpeitia, Cestona, Lazcano, Legazpia y Villarreal, a las órdenes del sargento Francisco Ignacio de Alcíbar Jáuregui. El brigadier Alejandro de la Mota, gobernador militar de San Sebastián, al mando de 4.000 hombres, determinó que se realizasen traveses por Urgull y en el hornabeque de San Carlos. Lo asesoraban los ingenieros militares Pedro Moreau y Juan Pedro de Subreville.
El 30 de junio se asentaron tropas enemigas en torno al convento de San Francisco, y el primero de julio en el cerro de San Bartolomé, alojándose en la casería de Ayete el duque de Berwick, el cual encabezaba 16.000 soldados. Fueron fallidos los intentos británicos por tomar la isla de Santa Clara, pese a estar apoyados por el fuego francés de las trincheras de Igueldo y la batería de Loretopea, donde la ermita de la Virgen de Loreto resultó derruida. Desembarcados pues los cañones aliados en Pasajes, sometieron a bombardeo la plaza, especialmente el frente de la Zurriola -el más frágil-, desde las baterías de cañones y morteros establecidas en la ribera derecha del Urumea -de Ulía al Churrutal-. Así como igualmente desde la instalada junto a Santa Catalina -la más dañina, con 6 piezas artilleras-. Desde San Bartolomé los franceses, que habían saboteado el acueducto de Morlans, habían ido avanzando, gracias a un camino cubierto de fajines y gaviones terraplenados, y construyendo de noche trincheras del tipo paralela a través del tómbolo, hasta acceder al mencionado hornabeque, si bien eran continuamente hostigados por 6 cañones trasladados ex profeso a la isla de Santa Clara. En ésta 40 soldados del regimiento de Zamora y 30 civiles evitaron todo desembarco enemigo en el arenal de San Martín, aguantando las andanadas de una batería y una trinchera erigidas por los franceses en el monte Igueldo.
La ciudad llegó a estar sometida al disparo de 30 cañones y 16 morteros. La neutralización artillera del Cubo Imperial y dos boquetes en las murallas -el mayor entre el cubo de Don Beltrán (o Amézqueta) y el de Hornos, y el otro entre éste y el baluarte de Santiago (conociéndose dicho lugar desde entonces con el nombre de "La Brecha")-, ambos suficientemente practicables por los asaltantes, obligaron a la guarnición a replegarse al castillo de la Mota el primero de agosto. Y el regimiento de Picardie se hizo con el control de las puertas de Tierra y del Muelle, capitulando la ciudad, cuyo alcalde y coronel era a la sazón Antonio de Amite Sarobe. Para evitar la reiteración de víctimas civiles se dispusieron en las bocacalles enfiladas desde la fortaleza barricadas, empleando los materiales de obra de la plaza Nueva, hacía poco iniciada por el mentado Torrelli13 (13). Finalmente el 17 los defensores de Urgull y Santa Clara se rindieron.
El 25 de agosto de 1721 los 2.000 franceses que ocupaban San Sebastián la evacuaron, después de la firma de los acuerdos de La Haya (1720) y de Madrid (1721), en los que el monarca español declinó sus iniciales pretensiones. Se evaluaron las pérdidas en 317.000 pesos, más los indispensables para reconstruir los puentes y el acueducto, y transferir el hospital a la casa de la Misericordia en el barrio de San Martín (construida en 1714). La iglesia de Santa María hubo de ser reforzada con vigas de hierro y por último reemplazada su fábrica por otra, barroca, financiada por la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (1743-1774). En 1723 el sector de Santa Catalina permanecía aún yermo. Su puente sería reconstruido en madera, no llegándose a ejecutar las propuestas en piedra de Jaime Sicre (1740), Felipe Cramer (1757), José de Arzadun y Juan Ascensio de Chorroco (ca.1780) y Francisco de Ibero (1787). Desde 1721 los planteamientos de diversos ingenieros militares para la rehabilitación de las fortificaciones (Torrelli, Isidro Próspero Verboom o Juan de Landeta) no llegaron, sin embargo, a cristalizar, salvo algunas excepciones -batería de Bardocas, la alta del Gobernador, el baluarte del Mirador, la contraguardia de San Felipe, etc.(3). De los siete navíos disponibles por los armadores donostiarras cinco fueron apresados en la expedición española a Sicilia y dos vendidos para gastos de intendencia. Además, aprendida la lección, la actividad astillera se alejó de la frontera, desplazándola particularmente a Guarnizo, a donde se trasladaron en 1726 unos cincuenta carpinteros de ribera guipuzcoanos, o a El Ferrol.
4.5.9. EL SIGLO DE LAS LUCES (1721-1793).

San Sebastián, de la que se desagregó en 1731 Alquiza y en 1805 Pasajes de San Pedro, trató de remontar su marasmo. La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue el motor de dicho esfuerzo (1728) (2) y jugó un considerable protagonismo en la ciudad, incluso después de que su sede fuera trasladada a Madrid en 1751. En Pasajes, donde recalaba su flota, poseía astillero y almacenes. En Venezuela La Guaira era su centro de operaciones. En 1742 (Guerra del Asiento anglo-española (1739-1748 prestaba a la ciudad cañones para la batería de Mompás -monte Ulía-, ante la amenaza de un posible ataque británico. Pero en tierra los Pactos de Familia (1734, 1743 y 1761) con Francia disiparon durante décadas el riesgo de hostilidades en la muga guipuzcoana. Se erigía una nueva Santa María desde 1743 con fondos de la Guipuzcoana14 (14) -con cuyo comercio de había reafirmado la afición donostiarra por el chocolate-. Y el faro de Arrobi en Igueldo (1778) con los del Consulado, que en 1723 se instalaba en la segunda planta de la mencionada flamante casa consistorial en la plaza Nueva.
A ésta, para no distraer las maniobras militares, se habían mudado desde la Vieja las corridas de toros y otros festejos como los bailes al son del chistu y tamboril -reservándose la guitarra, el violín y otros instrumentos para los interiores-, o el zezen-zusko -toro de fuego, que la tradición decía importado de China mediado el XVII por marineros donostiarras-. Y entre los regocijos de aquellos donostiarras no faltaban tampoco los bolos -junto al frontón del frente de Tierra-, el billar o los naipes. En la celebración de la recuperación de Orán por José Carrillo de Albornoz, duque de Montemar, no estuvieron ausentes los fuegos artificiales. Pero la tranquilidad y los intereses mercantiles donostiarras se vieron inquietados con la Machinada de 1766, alzamiento popular de subsistencia (básicamente en torno al precio y penuria del cereal), que había prendido en numerosas villas guipuzcoanas (2). De esta manera, San Sebastián asumió la responsabilidad de la represión, con acuerdo de la Provincia. El Consulado y la Guipuzcoana la apoyaron financieramente. El 22 de abril partieron seis compañías, dirigidas por el alcalde Manuel Antonio de Arriola, formadas por vecinos de la ciudad, Oyarzun, Rentería y Urnieta, y auxiliadas por trescientos soldados del castillo al mando de Vicente Kindelán. Se les unieron otros refuerzos guipuzcoanos (Vergara, Tolosa, ...), y señaladamente notables -por motivos más tradicionalistas-, como Joaquín de Aguirre, marqués de San Millán, Francisco Javier de Eguía, marqués de Narros, y Francisco Xavier María de Munibe, conde de Peñaflorida. Después de controlar Azpeitia, Azcoitia y Elgóibar, principales focos insurgentes, el corregidor de Guipúzcoa Benito Barreda Yedra y el mentado alcalde procesaron a los trescientos rebeldes apresados (unos setenta en la cárcel de San Sebastián). Sin embargo, la grave situación del campesinado guipuzcoano persistió.
Precisamente, las tertulias azcoitiarras del citado conde habían sido en 1764 el embrión de un proyecto regenerador ilustrado, la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, empero no cuestionadora del orden social establecido, como señala Xosé Estévez. Si bien impulsaría la creación en San Sebastián de escuelas de primeras letras y de dibujo -existiendo desde 1765 la de náutica del Consulado15 (15), no colaboraría con la Sociedad de Amigos del País de San Sebastián, fundada en 1779 por Manuel Ignacio de Aguirre y defensora de unos intereses terciarios locales diversos. Con cuarenta y ocho miembros, su vida sería efímera. Si las prédicas en 1746-1747 de José Francisco de Isla eran una muestra de la vitalidad del colegio de la Compañía de Jesús, la expulsión de ésta en 1767 de España no benefició culturalmente a la ciudad. Esta, por otra parte, se dotaba en 1769 de nuevas ordenanzas municipales, con inclusión, no obstante poco operativa, de cuatro diputados del común y un síndico personero, de elección popular, para el control de abastos y consumo. Una década después, otro ilustrado, el emperador germánico José II de Austria, se acercó desde Bayona a Fuenterrabía y San Sebastián un 26 de junio para examinar los efectos en unas fortificaciones reputadas seguras de los asaltos de 1719. En 1786 Luis Paret y Alcázar plasmaba la panorámica de la ciudad desde Ayete, así como la de los Pasajes16, para la serie de puertos cantábricos encargada por Carlos III. Y en 1791, de 23 al 26 de agosto, Gaspar Melchor de Jovellanos, durante su estancia en San Sebastián, departió con Miguel de Lardizábal, Ortuño de Aguirre y del Corral, Esteban Cabarrús -asistente de la Compañía de Filipinas y hermano de su amigo Francisco- o Roque Javier de Moyúa y Ana Josefa de Mazarredo, marqueses de Rocaverde. 
4.5.10. LA GUERRA DE LA CONVENCIÓN (1793- 1795).

Como indica Paloma Miranda, San Sebastián había devenido en la segunda mitad del XVIII un núcleo esencial en la recepción y distribución de publicaciones francesas por su actividad mercantil, por la ausencia de un tamiz aduanero y por cobijar a numerosos extranjeros, particularmente galos, habiendo sido Guipúzcoa el primer territorio hispano en suscriptores de la Encyclopédie. Y ello pese a la vigilancia de los comisarios inquisitoriales, como Miguel Manuel Gamón. Por consiguiente, no era extraño que las ideas revolucionarias procedentes de la convulsa Francia calaran con mayor o menor intensidad entre la burguesía donostiarra, muchos de cuyos miembros habían estudiado en dicho país.
El punto de mayor efervescencia política radicó entonces en la Casa del Café, próxima a la puerta de Tierra y regentada por los italo-suizos José Antonio Gravina y Susana Saciano. Sus tertulias eran renombradas, quedando recuerdo de la discusión en 1790, entre otras, de Manuel Iturralde, familiar del Santo Oficio, con Esteban Cabarrús, cuya sobrina Teresa casaría con Jean-Lambert Tallien en 1794. Se llegó incluso a generar un clima de hostilidad contra los eclesiásticos refractarios franceses refugiados provisionalmente en una ciudad tan vinculada comercialmente con Bayona. De los exiliados españoles en ella (el abate José Marchena, etc.) provenía además una activa propaganda revolucionaria. El temor cundió entre los conservadores; así lo expresaba en 1791 el sacerdote Joaquín Antonio del Camino. San Sebastián, como Cádiz, se había hecho acreedora de la fama de simpatizar con la nueva ideología.
Desatada la guerra entre Francia y España en marzo de 1793, tras la ofensiva hispana, que alcanzó el río Nivelle, la poderosa reacción convencional irrumpió en la península. Vitoria y Bilbao cayeron en julio. Con los avances bélicos introducidos durante un XVIII sin modificaciones en las fortificaciones de Fuenterrabía y San Sebastián, la capacidad defensiva de éstas había mermado significativamente. Sus guarniciones era también insuficientes (mil setecientos hombres en la segunda). Por lo tanto, tras rendirse la primera el 1 de agosto de 1794 y caer Hernani -cortándose la comunicación con el ejército español-, el 4 en San Sebastián el gobernador militar Alonso Molina y el alcalde José Vicente de Michelena capitularon. El ánimo pesimista sobre el estado de la monarquía española, la convicción defectista de la obsolescencia defensiva y la esperanza de parte de la población en la implantación de un sistema político-social más avanzado alimentaron la inhibición en la resistencia donostiarra. Tanto es así que la Provincia (Junta de Guetaria), descontenta con la política centralista borbónica, negoció una posible independencia con el amparo francés, como apunta Manex Goyhenetche. Pero las fuerzas de ocupación, incluida la Comisión Municipal y de Vigilancia donostiarra, se desempeñaron como tales, produciéndose exacciones (vg. el expolio del convento de Santa Teresa) y contrafueros que granjearon a los convencionales la enemistad de numerosos guipuzcoanos. Según Joseba Goñi, el impacto psicológico colectivo fue tal que la mentalidad contrarrevolucionaria arraigó con fuerza en Guipúzcoa, mientras que la élite ilustrada, frustrada por la conducta y el intransigente anexionismo franceses, giraba hacia modelos británicos, menos radicales, como ocurría ya con los vizcaínos. Por la paz de Basilea del 22 de julio de 1795 los franceses, que, como manifiesta Carlos Seco Serrano, habían barajado en las negociaciones, en un principio, la incorporación de Guipúzcoa y, para apresurar su firma, amenazado con demoler diferentes fortificaciones españolas como San Sebastián o Fuenterrabía -procediendo en ésta parcialmente, según detalla José Mª Roldán Gual-, abandonaron sin más San Sebastián. Esta, como el resto de la provincia, reintegró la monarquía española, cuyos dirigentes sin embargo albergaron durante mucho tiempo desconfianza. Los alcaldes donostiarras perdieron, por ejemplo, la custodia de las llaves de la ciudad. En ésta penetraría José I el 9 de julio de 1808. Pero del pactismo con Francia frente a Gran Bretaña y de la fría acogida a este Bonaparte se dará cuenta en otro capítulo.
4.5 SAN SEBASTIAN: 1516-1795 : LA PLAZA FUERTE José María ROLDÁN GUAL
4.5 SAN SEBASTIAN: 1516-1795 : LA PLAZA FUERTE José María ROLDÁN GUAL
4.5 SAN SEBASTIAN: 1516-1795 : LA PLAZA FUERTE José María ROLDÁN GUAL
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@4.6 SAN SEBASTIÁN EN LOS SIGLOS XIX y XX. Pedro BARRUSO BARÉS

La Historia Contemporánea de San Sebastián puede decirse, sin lugar a dudas, que da comienzo con la destrucción que sufrió a manos de las tropas anglo-portuguesas el 31 de agosto de 1813. El incendio que asoló la ciudad dio pie a que ésta se reedificara casi por completo dando paso al desarrollo de ciudad que conocemos actualmente en sucesivos ensanches a lo largo de toda la centuria. De igual manera se realiza el trazado de la Parte Vieja que se conoce actualmente. A pesar de ello, tendrán que pasar cincuenta años más, hasta 1863, para que la ciudad pierda la condición de plaza fuerte y se apruebe el derribo de las murallas. Este hecho será el verdadero motor del desarrollo urbano, económico y social de San Sebastián.
Pero dejando a un lado este tipo de cuestiones, en este capítulo centraremos nuestra atención en ofrecer un panorama general de la historia, fundamentalmente política, de San Sebastián entre 1813 y 1887, fecha en la que la reina regente María Cristina -viuda de Alfonso XII- retorna a veranear a San Sebastián. Para ello se traza un recorrido que se apoya en un esquema clásico dentro de la historia decimonónica. Se trata de poner de manifiesto cuales son las actitudes de los hombres y de la ciudad de San Sebastián ante los múltiples avatares políticos del convulso siglo XIX. El período que se extiende desde el final de la Guerra de la Independencia, el Trienio Liberal (1820-1823), la denominada Década Ominosa (1823-1833) -último período absolutista del reinado de Fernando VII- la Primera Guerra Carlista, conocida como la Guerra de los Siete Años, la alternancia entre moderados y progresistas del reinado de Isabel II, que se extiende desde 1840 hasta 1868, el Sexenio Revolucionario (1868-1874) y la Restauración de la monarquía son los hitos políticos que jalonan este breve recorrido por la historia donostiarra del siglo XIX
4.6.1 EL TRIENIO LIBERAL

El 1 de enero de 1820 el comandante Riego se subleva en Cabezas de San Juan proclamando la Constitución de 1812 y comenzó una marcha por Andalucía tratando de extender el régimen constitucional. En marzo, cuando Riego estaba dispuesto a abandonar, el rey jura la Constitución dando paso a una etapa de gobiernos liberales que ha pasado a la Historia con el nombre de Trienio Liberal. San Sebastián proclama la Constitución inaugurando, de esta manera, una tradición liberal que le enfrentará con el resto de la provincia. La diferencia de las bases económicas de la ciudad y del resto del territorio darán lugar a un largo enfrentamiento que se prolongará durante la mayor parte del siglo XIX. Las razones del enfrentamiento entre las dos concepciones del estado -la liberal y la absolutista- son múltiples. Sin tratar de realizar un estudio detallado de las causas del mismo podemos decir que el liberalismo supuso la puesta en marcha de medidas como la desaparición de los mayorazgos y de los vínculos, la desamortización eclesiástica, la reducción del diezmo y el establecimiento de la contribución directa entre otras. Estas medidas provocaron, por una parte, el rechazo de las clases acomodadas y del clero, y por razones bien diferenciadas del campesinado. El clero veía sensiblemente mermados sus ingresos a la vez que reducido su ascendencia social por lo que pronto empezó una activa campaña antiliberal. Desde los púlpitos guipuzcoanos se lanzan duras diatribas contra la Constitución contraviniendo las normas del Gobierno de explicar la misma a los fieles. La nobleza terrateniente veía amenazados sus privilegios al suprimirse los vínculos y los mayorazgos y temía las repercusiones del traslado de las aduanas del Ebro a la costa. Radicalmente diferentes eran las razones por las que el campesinado reacciona contra el sistema liberal. La principal causa es el empeoramiento de su situación provocada por las nuevas medidas..
La reducción del diezmo -que hubiera aliviado la situación de las clases rurales- se produjo de manera simultánea al aumento de las rentas por parte de los propietarios lo que neutralizó su efecto. Si a lo anterior se une descenso de los precios agrícolas al producirse un aumento de la oferta en el mercado -como consecuencia del descenso del diezmo- nos encontramos que la situación monetaria del campesinado no mejora. A todo lo anterior se debe unir la reforma del sistema militar. La Constitución establece el servicio militar obligatorio, que en el régimen foral se reducía al servicio dentro del territorio. Pese a que en 1821 el Gobierno autoriza que las provincias vascas recluten solo un cupo, la admisión de la sustitución del recluta por otro hace que el peso del servicio militar recaiga sobre las clases más humildes. Esta situación, unida a la labor de clero, desarrolla en los grupos sociales más desprotegidos un resentimiento hacia el gobierno liberal, a la vez que ven en la foralidad -el único modo de gobierno que conocían- un sistema más protector. Esto se traducirá en un aumento de la animadversión de los medios rurales hacia el liberalismo. En el mundo rural se hace responsable al nuevo gobierno de todos los males lo que provoca que a partir de 1822 comiencen a operar partidas realistas - partidarias del sistema absolutista y dirigidas en ocasiones por clérigos- en el País Vasco.
San Sebastián tampoco queda al margen de las conspiraciones absolutistas. En octubre de 1822 se denuncia la existencia de una conspiración realista, alentada por el clero, que formaba parte de un movimiento más amplio dirigido por el vizcaíno Fernando de Zabala. La situación se irá complicando cada vez más y las potencias europeas deciden tomar cartas en el asunto. De esta forma en el congreso de Verona, reunido por las principales monarquías europeas, éstas autorizan a Francia a intervenir en España para liberar a Fernando VII de la tutela de las Cortes. Un ejército francés -conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis- al mando del Duque de Angulema entran en España. El 3 de abril de 1823 San Sebastián, ciudad que se había sumado a la causa liberal defendiendo la Constitución, es bloqueada por las tropas francesas. El miedo de los ciudadanos donostiarras a que se repitieran los sucesos de 1813 hace que gran parte de la población de la ciudad abandone ésta. Mientras se produce el asedio, en el caserío de Miracruz y auspiciado por las tropas invasoras, se crea un Ayuntamiento absolutista presidido por Francisco Antonio de Echagüe y José María de Soroa. Finalmente San Sebastián capituló el 27 de septiembre, lo que dio paso a un periodo de ocupación francesa que se extendería hasta finales del mes de mayo de 1828. El retorno al sistema absolutista fue inmediato. Una de las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno municipal fue la retirada de la piedra del escándalo -la lápida que conmemoraba la aprobación de la Constitución- y a la vez que era depuesto el ayuntamiento liberal. 
4.6.2 LA MILICIA NACIONAL

Al hacer referencia al Trienio Liberal debemos detenernos en una de las instituciones más representativas del diecinueve donostiarra, que la vez que sirve de exponente de las ideas políticas de los donostiarras es en gran parte desconocida, se trata de la Milicia Nacional. Vinculada a las ideas liberares la Milicia Nacional Voluntaria, que tal era su denominación exacta, no era un cuerpo militar profesional sino que estaba integrada por ciudadanos voluntarios que tomaban las armas en momentos especialmente conflictivos teniendo como principal objetivo la defensa de la Constitución, estando su creación está expresamente recogida en la Carta Magna aprobada en Cádiz el 19 de marzo de 1812. La Milicia Nacional nace a semejanza de la que se creó en Francia durante la Revolución Francesa. Durante la misma la Guardia Nacional supuso el primer intento contemporáneo de involucrar a los ciudadanos en la defensa del estado a diferencia de los ejércitos mercenarios o de recluta forzosa característicos del Antiguo Régimen. La Milicia Nacional donostiarra fue el principal elemento armado en el que se apoyó tanto el régimen liberal de 1820-23, y, de la misma manera durante la Primera Guerra Carlista será la principal fuerza que se oponga al ejército carlista que sitiará San Sebastián.
Todas las ordenanzas que regulan este cuerpo armado dejan patente que se trata de un cuerpo ciudadano y mandado por ciudadanos cuya principal función era mantener la seguridad del vecindario pero a su vez, al tratarse de un cuerpo militar, el Ejército podía recurrir a su concurso en las circunstancias en las que éste lo requiriera, fundamentalmente en momentos de guerra. A pesar de todo la Milicia, tal como expone Celia Aparicio, aparece íntimamente ligada al Ayuntamiento a quien correspondía la admisión de individuos para formar parte de ella1 siendo la institución facultada para licenciar a los milicianos y determinar los puntos de servicio de los mismos. En el primer tercio del siglo XIX la principal función de la Milicia Nacional donostiarra fue la de sostén de la monarquía de Isabel II frente al ataque carlista a partir de 1833. Trescientos hombres, al mando de Joaquín Sagasti, se encargaron de la defensa de San Sebastián cuando las tropas militares estacionadas en ella partieron de la misma para sofocar la revuelta carlista de Bilbao y del resto de Gipuzkoa. La Milicia, como veremos en el apartado dedicado a la Primera Guerra Carlista tuvo un papel destacado en ella. Tras el conflicto la Guardia Nacional, denominación que adoptó en 1835, se convirtió en un elemento al servicio de los progresistas para mantenerse en el poder lo que dio paso a una etapa de desarrollo e involución de la misma. En 1843, tras la caída de Espartero, la Milicia fue desarmada dando comienzo a un período de declive de la misma. De todos modos su desarme no será definitivo y -con motivo de la Revolución de 1868- renace con el nombre de Voluntarios de la Libertad pasando a denominarse en 1873 Voluntarios de la República. La restauración de la monarquía el año 1875 les hizo recuperar su antiguo nombre -Voluntarios de la Monarquía Constitucional- pese a que para esta fecha quedó prácticamente disuelta. Pero no era solo la Milicia Nacional la única fuerza ciudadana existente. Junto a la anterior, aunque en la mayoría de los casos con una orientación diferente, se encontraban los llamados Tercios Realistas, milicia de la Diputación que contaba con efectivos en todos los pueblos y que en numerosos casos se pusieron del lado de los carlistas al comenzar la sublevación de 1833. En San Sebastián, dado el carácter abiertamente liberal de la ciudad, sus efectivos eran menores que los de la Milicia Nacional. 
4.6.3 EL GOBIERNO MUNICIPAL ENTRE 1813 Y 1855

Los avatares políticos del siglo XIX tienen, necesariamente, su influencia en el gobierno municipal. Tratando de exponer brevemente éstos, la reforma más importante viene de la mano del giro absolutista de Fernando VII en 1823, que modificó sustancialmente el régimen concejil tradicional. El cambio se materializa principalmente en la Real Cédula del 17 de Octubre de 1824, que decretaba la uniformidad en todo el Reino a la hora de elegir a los cargos municipales. De esta forma los propios concejos proponían el nombre de tres personas para ocupar los cargos a cubrir. Esta propuesta era examinada por la Chancillería de Valladolid quien emitía su dictamen sobre los candidatos. Simultáneamente, y como consecuencia de los acontecimientos políticos del Trienio Liberal, las condiciones para ser vecino concejante -que podía ser elector y elegible- se endurecen. Según el acuerdo adoptado en la Junta Particular celebrada el año 1823 en Azkoitia, esta cualificación sería otorgada por el Regimiento en unión de los nobles absolutistas, quedando expresamente excluidos quienes hubieran expresado su adhesión al régimen liberal y su repulsa del absolutismo, lo que garantizaba unos consistorios con una fidelidad absoluta el monarca absoluto.
Pese a que la muerte de Fernando VII supuso el triunfo del sistema liberal y que, desde 1833 hasta la Revolución de 1868, el moderantismo fue la tónica general de los sucesivos gobiernos una serie de disposiciones modificarán sustancialmente la composición, sistema de elección y personas con capacidad para ser elegidos miembros del gobierno de San Sebastián. Dos son las leyes fundamentales que regirán los procesos municipales, la de 1840 y la de 1845. La principal modificación de la composición municipal se produce debido a la ley de 1840, que reduce a uno el número de alcaldes y crea la figura del teniente de alcalde. A partir de este momento el Ayuntamiento celebra dos sesiones semanales en las que la presencia del público va a ir variando con el paso del tiempo. La Ley de 1840 restringe la presencia de público en las sesiones excepto cuando se debatiera sobre alistamientos, sorteos militares y exámenes de presupuestos y cuentas. Por el contrario en 1823 se autorizaba la presencia del público excepto cuando se tratasen asuntos reservados. Finalmente, en 1865, se prohibía la presencia del público en el último de los casos citados.
Del mismo modo que se modifica la composición de los ayuntamientos van evolucionando las funciones de los alcaldes. Estos irán perdiendo gran parte de sus atribuciones judiciales, aunque continuarán ejerciendo ciertas prerrogativas en causas civiles, que en caso de necesidad serían apeladas ante el juzgado de primera instancia, manteniendo éstos la facultad de imponer sanciones de tipo económico. El control del Estado sobre los alcaldes se incrementa a partir de 1845. La Ley Municipal de 1845 facultaba a la reina para nombrar los alcaldes de las capitales de provincia, cabezas de partido judicial y poblaciones de más de 2.000 habitantes, quedando reservado el nombramiento de la máxima autoridad municipal en el resto de localidades al Jefe Político lo que supone el aumento del control del Gobierno sobre los municipios. De igual manera los regidores van variando el tiempo de su permanencia en el cargo. Del relevo anual se pasa a la remoción únicamente de la mitad de los cargos en función de los decretos de 1823 y la Ley de 1840 hasta la duración bianual siendo sustituidos, al término de la misma, solo la mitad de los concejales en función de la Ley de 1845.
Pero las principales variaciones se produjeron en el sistema de acceso a los oficios públicos. La introducción del sistema liberal en el ayuntamiento supuso un cambio radical en el mismo. La eliminación de la exigencia de la hidalguía para acceder a los cargos del municipio permitió la llegada al consistorio de la burguesía comercial que por su procedencia extranjera, o de otras provincias, no tenía probada su hidalguía. De esta manera el sector comercial se abría paso hacia el control de todos los resortes de la ciudad. Del mismo modo desapareció el sistema de los millares -disponer de unos determinados bienes raices para acceder a cargos- pero que es sustituido por un sistema censitario de forma que solo una parte de los mayores contribuyentes tenían cabida en el proceso electoral. El proceso de las elecciones se basaba -en función de los decretos de 1812 y 1823- en la participación de los vecinos capacitados en sus diferentes juntas parroquiales. Estas, celebradas bajo la presidencia de una autoridad, servían para el nombramiento de los ciudadanos que participarían en la elección del nuevo Ayuntamiento. Con las leyes de 1840 y 1845 sólo los máximos contribuyentes, y de más de veinticinco años, tenían cabida en las elecciones. Este restrictivo sistema reducía a 413 los electores en San Sebastián en 1844 y a 239 en 1847 pese al aumento del número de vecinos en función de la aplicación de las distintas legislaciones electorales.
4.6.4 SAN SEBASTIÁN HASTA LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1823-1833)

Como ya hemos señalado la irrupción de los Cien Mil Hijos de San Luis supone el fin del Trienio Liberal y la vuelta al absolutismo. De esta manera da comienzo un período de gobierno absolutista conocido como la Década Ominosa que se prolongaría hasta la muerte de Fernando VII en 1833. San Sebastián recibió la visita del monarca en junio de 1827. El día 4 de junio Fernando VII es recibido en una ciudad que, pese a que todavía no se había repuesto de la destrucción de 1813, celebra toda una serie de festejos, incluidas tres corridas de toros en la llamada Plaza Nueva (hoy de la Constitución) en las que intervino el famoso torero Carreto. El 10 de junio de 1827 el rey colocaba la primera piedra de la nueva casa consistorial, en lugar que ocupaba el anterior, tras haber derribado -en 1819- los escasos restos que sobrevivieron al incendio de 1813. Pese a que la visita real costó a la ciudad 356.000 reales ésta debió causar buena impresión, de manera que al poco tiempo se celebró una sesión teatral para festejar el cumpleaños del rey. El teatro, inaugurado en abril de 1828, se encontraba situado junto a la muralla del cubo imperial.
Al realizar el repaso por la historia donostiarra del siglo XIX no se puede pasar por alto la cuestión económica. Sin tratar de realizar un estudio detallado de la economía donostiarra de la época si debemos decir que el enfrentamiento entre las distintas concepciones políticas que se dan cita en Guipúzcoa a lo largo del siglo pasado tiene, necesariamente, su reflejo en el campo de la economía siendo la cuestión aduanera una de las más representativas del conflicto. de un largo enfrentamiento entre la provincia y la ciudad. Las aduanas, en virtud del régimen foral, se encontraban situadas en el Ebro, lo que gravaba los productos que desde el País Vasco se dirigían hacia el mercado español. La mala situación de la hacienda real obligaba a que esta aprovechara al máximo todos los recursos posibles y tratara de acabar con el contrabando que se llevaba a cabo desde el País Vasco por lo que se plantea el traslado de las aduanas. Pese a que ya en 1815 un dictamen aconseja el traslado de las aduanas a la costa, el afán de Fernando VII por mantener el régimen absolutista, impidió aplicar esta medida. Habría que esperar hasta el Trienio Liberal para que esta medida entrara en vigor, pero la brevedad de la etapa liberal impidió que esta medida sugiera efecto. De esta forma los mismos comerciantes -el grupo social más beneficiado por el traslado- solicitan, en 1823, el regreso de las aduanas a sus puntos tradicionales. A pesar de ello la cuestión de la situación de las aduanas generará un largo pleito entre San Sebastián y la Diputación. Este da comienzo debido a la abolición de la hidalguía por el régimen liberal. Esto se valora en San Sebastián como el fin de la omnipresencia administrativa de la Diputación, con lo que el consistorio -dado que los donostiarras consideraban que la Diputación no defendía adecuadamente sus intereses- se convierte en el representante de la burguesía comercial donostiarra frente a la Provincia. A pesar de la vuelta al sistema absolutista no se produjeron grandes alteraciones en las condiciones económicas de la ciudad, e incluso en 1828 se habilitó al puerto donostiarra -junto con el de Bilbao- para el comercio con América. A pesar de ello la desconfianza de la Diputación fue en aumento. Esta suponía que todas las medidas económicas iban encaminadas a un nuevo traslado de las aduanas, extremo que quedó finalmente descartado en 1829 cuando Fernando VII hacía patente su voluntad de mantener las aduanas en su emplazamiento.
San Sebastián, sin embargo, seguía adelante con sus intentos de lograr el traslado con la consiguiente apertura a su comercio de todo el mercado español sin las cargas aduaneras interiores. Para ello, en 1831 con motivo de la celebración de las Juntas Generales la ciudad presenta una memoria en la que pone de manifiesto la delicada situación económica por la que atraviesa y que la solución pasa por el libre comercio con América y la apertura del mercado castellano -mediante el traslado de las aduanas- a los productos vascos. La burguesía donostiarra mostraba su voluntad de entrar en la gran familia española sin dejar de ser guipuzcoanos pero sin que se demandara abiertamente el traslado de las aduanas. La Junta General reconoce las demandas de San Sebastián pero no ofrece ninguna solución. Por el contrario se remite a la discusión del tema que se lleve a cabo en la junta particular que tendría lugar en Azpeitia en el mes de agosto de 1831. Mientras tanto San Sebastián publica un folleto -titulado Reflexiones sobre la exposición presentada el 2 de julio- en el que se hacía una expresa referencia a la necesidad del traslado de las adunas. En agosto se reunieron en la villa del Urola destacados representantes de la nobleza terrateniente guipuzcoana, acusando a la ciudad de olvidar los intereses generales en función de los suyos propios. Esto supuso la ruptura definitiva entre San Sebastián y la Diputación. San Sebastián respondió presentando la Memoria Justificativa de los que tiene expuesto y pedido la ciudad de San Sebastián2 para el fomento de la industria y comercio de San Sebastián2 redactada por el abogado liberal Claudio Antonio de Luzuriaga, y que se publica en 1832. La Memoria supone que se abra cada vez más la brecha entre las dos concepciones tanto políticas como económicas que se enfrentarán en la inminente guerra carlista que ya se anunciaba en el horizonte político español.
4.6.5 LA PRIMERA GUERRA CARLISTA

Al morir Fernando VII en 1833 sin descendencia masculina se planteó ya abiertamente la cuestión de la sucesión que se venía arrastrando tiempo atrás. Según los designios del monarca fallecido debía ser su hija Isabel II la que accediera al trono, pretensión que chocó con la oposición de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII que se apoyaba en los sectores más absolutistas y conservadores de la sociedad española, teniendo como base de maniobra a una parte del mundo rural que había visto en liberalismo la causa de todos sus males. La larga guerra que se produjo a la muerte del rey no era una mera cuestión sucesoria. Junto a quien sería la persona que ocuparía la corona de España se trataba de dilucidar el sistema político del Estado. Pese a que el Estado liberal había sido destruido en 1823 -como ya hemos visto- por la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis el temor a una sublevación liberal latía en las mentes de los sectores sociales más conservadores, que veían en el pretendiente una garantía de su posición social. Con estos puntos de partida la sublevación carlista dió comienzo en el País Vasco el 2 de octubre de 1833. Ese día, el mismo en que se recibió la noticia de la muerte del rey, el Marqués de Valdespina se levantó en armas en Bilbao y proclamó -tres días más tarde- rey al pretendiente con el nombre de Carlos V. San Sebastián, por contra, se manifiesta en favor de Isabel II, a la que la ciudad proclama soberana en una acto celebrado el 27 de octubre de 1833 mientras que la Diputación permanecía indecisa y desoía los llamamientos de la ciudad para que armara a los Tercios guipuzcoanos para hacer frente a la sublevación carlista que se extendía por toda la provincia.
Ante la indecisión de la Diputación, San Sebastián organiza a los pocos días de dar comienzo la sublevación -en concreto el día 10 de octubre- a un batallón de trescientos hombres al mando del teniente de fragata, y vecino de San Sebastián, Joaquín de Sagasti. Parte de esta compañía recibiría su bautismo de fuego en el mes de noviembre en Hernani y participaría en los combates de Ataun, Amézqueta y Andoain. Igualmente se arman dos "trincaduras"3 tripuladas por ciudadanos donostiarras con el objeto de interceptar las comunicaciones de los carlistas con Francia. Pero la guerra no se hará sentir de manera directa en la ciudad hasta 1835. A raíz del fracaso de las expedición de las tropas de Isabel II al Valle de las Amézcoas, dirigida por el general Valdés con la intención de acabar con Zumalacárregui casi toda Guipúzcoa -a excepción de San Sebastián- queda en manos de los carlistas. San Sebastián es asediada a los pocos días. El 6 de diciembre de 1835 los carlistas toman posiciones en el cerro de San Bartolomé y el general carlista Montenegro amenaza con bombardear la villa si ésta no se rendía en un plazo de dos horas. Mientras tanto los carlistas seguían reforzando sus posiciones apoderándose del fuerte de Arambarri cuya guarnición según narra Baldomero Anabitarte "fue pasada a degüello a vista de la plaza"4 . San Sebastián permaneció bloqueada por los carlistas hasta principios de mayo de 1836. El día 5 de mayo los sitiados deciden pasar a la ofensiva. Para ello contaban con el apoyo de la Legión Inglesa del General Lacy Evans que se encontraba en la ciudad desde julio de 1835 y estaba formada por unos mil hombres. Según Pirala5 el cambio de actitud de los asediados se debió al rumor de que los carlistas pensaban destruir la ciudad con unos nuevos proyectiles explosivos denominados tutorras, que posteriormente -en el asedio de Bilbao- demostraron su ineficacia. La destrucción, por parte de los carlistas, de la iglesia de El Antiguo fue entendida por los sitiados como un preludio de lo que podía ocurrir con la ciudad. Esto hizo reaccionar a los cercados que se lanzan al ataque haciendo retroceder a los carlistas hasta sus posiciones de Lugaritz y Puio. La Milicia Nacional, formada por los ciudadanos de San Sebastián, y los británicos consiguen romper el cerco de la capital en un sangriento combate durante el cual contaron con el apoyo del buque inglés "Fénix" -anclado en la bahía- cuyas baterías atacaron las posiciones carlistas. El combate causó un elevado número de víctimas por ambas partes, entre las que se encontraba el jefe de las fuerzas sitiadoras Sagastibelza. Oficiales de las tropas de Evans, caídos en la defensa de San Sebastián, fueron enterradas en el castillo de ciudad en el lugar que actualmente se conoce como el Cementerio de los Ingleses al igual que el general Gurrea muerto en los combates de Andoain en 1837.
A finales del mes de mayo los carlistas pasan de nuevo a la ofensiva y tratan de recuperar sus posiciones. Tras varios combates en Ayete, Alza y la Concha la situación no se altera hasta septiembre, fecha en la que se produce un nuevo intento que igualmente fracasa. A partir de este momento el sitio de Bilbao absorberá todos los esfuerzos de los carlistas permaneciendo estable la situación en torno a la capital guipuzcoana. Esta recibió del Gobierno, en agradecimiento por el apoyo prestado a la causa de Isabel II, la posibilidad de comerciar con los puertos de ultramar lo que reforzó aun más los lazos de la ciudad con la causa liberal. Sin embargo la guerra todavía sería larga y dura. En abril de 1837 las tropas carlistas derrotan a la Legión de Evans en el monte Oriamendi. Según la tradición en el cadáver de un oficial británico se encuentra la partitura de la música -que versificada- se convertirá en tradicional himno carlista del Oriamendi. La toma de Oyarzun, Hernani y la matanza de los defensores de Irún, a finales de mayo de 1837, parece resarcir a las tropas de Don Carlos de los reveses sufridos en el pasado. A pesar de que el conflicto se extendería hasta 1839 el cansancio de ambos bandos era manifiesto y finalmente se llega a un acuerdo de paz, ratificado el 31 de agosto de 1839 en lo que se conocería como el Abrazo de Vergara entre los generales Maroto y Espartero 
4.6.6 LA PRIMERA ETAPA DE DESARROLLO (1840-1872)

El final de la Guerra Carlista marca el comienzo de una época floreciente. Al desarrollo de San Sebastián como ciudad de veraneo contribuye de manera decisiva la llegada, el 1 de agosto de 1845, de la reina Isabel II para tomar baños de mar para aliviar sus dolencias dermatológicas. La presencia de la corte supone un avance de las comunicaciones de las que son un buen ejemplo la inauguración -el 1 de junio de 1847- de la nueva carretera por Andoain-Lasarte-Pasajes-Rentería en dirección a la frontera francesa que sustituía al antiguo camino de Hernani y en 1858 comienza los trabajos del ferrocarril. Pero el momento crucial en la historia donostiarra del siglo XIX -y que condicionará de manera fundamental el desarrollo urbano y económico de la misma- es el abandono de la ciudad como plaza fuerte.
Los avatares políticos que se suceden en el Estado tienen nuevamente repercusión en San Sebastián. El 17 de septiembre de 1868 la reina -que se encontraba en la ciudad- recibe las noticias de la sublevación de gran parte del ejército. Tras la batalla de Alcolea, que enfrentó a los sublevados y partidarios de Isabel II, la derrota de éstos últimos provoca que el 30 de septiembre la reina abandone España -entre la indiferencia de la población- para dirigirse a Pau. Al día siguiente la ciudad se suma a la causa de los sublevados. El Ayuntamiento dimite y se nombra una Junta Revolucionaria presidida por Ramón Fernández actuando como secretario de la misma Fermín Machimbarrena. Esta hace público un manifiesto en el cual se señala que a la vez que "proclama los principios regeneradores de libertad y orden que todas las provincias han inscrito en su bandera, no olvida que pertenece a un país en que rigen leyes especiales que han hecho la felicidad de sus hijos. La Junta, amante como el que más de esas instituciones forales que tan arraigadas se encuentran en todo pecho guipuzcoano, hará cuanto de sus atribuciones dependa para mantener incólumes nuestras preciadas libertades7 La Junta nacía, por tanto con la intención de conjugar los dos valores fundamentales de los donostiarras; los principios liberales y la defensa del régimen foral. La Junta siguió ejerciendo sus funciones hasta el mes de octubre de 1868 en que quedó disuelta.
El nuevo hombre fuerte, el general Prim visitó San Sebastián en septiembre de 1869 y durante la recepción que le ofreció el Ayuntamiento se reafirmó en la defensa del régimen foral "siempre que las provincias hermanas no se opongan al movimiento organizador de nuestra patria". Pero Prim sería asesinado al poco tiempo, el 27 de diciembre de 1870, el mismo día que llegaba a España el candidato a ocupar el trono, Amadeo de Saboya. Pero la inestabilidad política no había terminado. Desde 1869 partidas carlistas se alzaban esporádicamente por todo el país. San Sebastián, ante el cariz que pudieran tomar los acontecimientos, decide armar a sus ciudadanos encuadrados en los llamados Voluntarios de la Libertad encargados de la defensa de la ciudad y de la Constitución. San Sebastián, una vez más, reafirmaba su carácter liberal jurando lealtad a Amadeo de Saboya y a la Constitución de 1869 en febrero de 1871. A pesar de ello el carlismo dirigido por el que sería conocido como Carlos VII, nieto del protagonista de la Primera Guerra Carlista, trata de emplear la vía legal para llegar al poder.
4.6.7 LA Iª REPÚBLICA Y LA SEGUNDA GUERRA CARLISTA (1873-1876)

El carlismo seguía teniendo un peso muy destacado en la vida política del país. El nuevo pretendiente carlista -Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro - ante el fracaso de las elecciones de 1872 volvía a la vía insurreccional, lo que dio pie al levantamiento de algunas partidas carlistas. El desastre de Oroquieta, en el que el general Moriones destroza a las fuerzas carlistas vascas y Carlos VII escapa a duras penas, les disuadió de emplear el recurso de las armas. Pese al fracaso citado, el 18 de diciembre de 1872, se produce una nueva sublevación que dos meses más tarde, con la abdicación de Amadeo de Saboya y la proclamación de la República -el 11 de febrero de 1873- se generalizaría la insurrección. En Guipúzcoa el general Lizarraga era el encargado de ponerse al frente de la sublevación carlista. El 21 de diciembre de 1872 hacia pública una proclama en la que llamaba a la insurrección de los guipuzcoanos, a la vez que Carlos VII designaba a Lizarraga comandante general de Gipuzkoa.
El cambio de régimen no supuso ningún problema en San Sebastián aunque, dadas las circunstancias por las que atravesaba el país, se decide acelerar la recluta de los ahora denominados Voluntarios de la República. El objetivo de éstos es velar por la paz social en la capital guipuzcoana y evitar que los insurrectos carlistas se apropiaran de armas, municiones y víveres. Pero aunque los batallones de voluntarios nacen con la finalidad de perseguir a las partidas carlistas que ya se empiezan a hacer notar en el territorio, entre ellas la del cura Santa Cruz, también deberán hacer frente a problemas de otra índole. En el seno del nuevo régimen se enfrentaban dos concepciones de la República; la federal y la unitaria. Los primeros, el ala más radical del republicanismo, se apoyaban en unos batallones de voluntarios denominados gorras coloradas que consiguen, en junio de 1873, que se proclame la República Federal, abandonando el presidente Figueras el poder. Esta situación provoca disturbios en toda España, y San Sebastián no queda al margen de los mismos. El 13 de junio de 1873 entran tropas en la ciudad al grito de ¡Viva la República Federal! apoderándose del Ayuntamiento degenerando la situación en un combate callejero con el batallón de voluntarios de la ciudad
En el año 1874 el carlismo alcanzó sus mayores logros. Ese mismo año el alcalde liberal de San Sebastián -Juan María Errazuinformaba al Gobernador civil de la presencia de más de 120 vecinos en las filas carlistas entre los que se encontraban doce sacerdotes de los veintisiete que correspondían a la ciudad8 . Salvo San Sebastián, Irún, Hernani -que tendrá que soportar un asedio- y algunas plazas más los carlistas controlaban la mayor parte de Gipuzkoa. La derrota del general Concha en la batalla de Abárzuza (junio de 1874) supuso un serio revés para las tropas liberales que, sin embargo no fue excesivamente explotado por los carlistas. Estos, sin embargo, comienzan en noviembre de 1874 un duro asedio de Irún -que es intensamente bombardeado- que fracasa ante la llegada de refuerzos liberales al mando del general La Serna que derrota a los sitiadores que deben retirarse a Vera. Los liberales no persiguen a las tropas en retirada y a finales de año las tropas gubernamentales son obligadas por los carlistas a encerrarse en San Sebastián. Pero en el bando liberal los problemas se incrementaban. Además del desarrollo de la guerra, que todavía se muestra incierto, avanza con fuerza la conspiración de gran parte de la oficialidad en favor del hijo de Isabel II, Alfonso XII. El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos proclamaba en Sagunto rey a Alfonso XII con lo que daba, siguiendo el plan trazado por Cánovas de Castillo, comienzo una nueva etapa. San Sebastián se adhería el 2 de enero de 1875 a la proclamación de Sagunto y al día siguiente el alcalde -Francisco P. Lopetedi- hacía público un bando en el que se hace constar que " ... Con el objeto de solemnizar el fausto acontecimiento de la proclamación de don Alfonso XII para el trono de España, recibido con gran júbilo por toda la Nación, el ayuntamiento de esta Ciudad, que se adhiere con entusiasmo al Ministerio-Regencia de Madrid, y felicita al Príncipe proclamado, ha acordado invitar al vecindario a que ponga hoy colgaduras e iluminaciones en los balcones9 ..."
Pero la llegada del nuevo régimen no supone el fin de las hostilidades. Aunque numerosos oficiales carlistas cambian de bando ante las promesas de amnistía y de paz que hace la nueva monarquía los combates se reanudarán en 1875. En lo que a San Sebastián respecta la situación se complica el segundo semestre del año. El 28 de septiembre de 1875 los carlistas, tras retirarse los liberales de Txoritokieta y Mendizorrotz, comienzan a bombardear San Sebastián. Entre las víctimas del bombardeo se encuentra Indalecio Bizcarrondo "Bilintx", que alcanzado por una granada carlista morirá el 21 de julio de 1876, el mismo día que es abolido el régimen foral del País Vasco. A principios de 1876 los liberales logran organizar un numerosos ejército. El 28 de enero tropas liberales salen de San Sebastián y desembarcan en Getaria, apoderándose del fuerte Gárate que dominaba la carretera de Zarauz a Azpeitia. El día 28 son atacadas las posiciones carlistas que dominan la ciudad. El 18 de febrero los carlistas abandonan Mendizorrotz y Arratzain, ese mismo día habían sido derrotados en la batalla de Montejurra y el 28 de febrero el pretendiente carlista cruza la frontera. A partir de este momento el carlismo deja de ser una amenaza militar pese a que mantendrá una intensa presencia política en Guipúzcoa a lo largo de lo que resta del siglo XIX y las primeras décadas del XX 
4.6.8 EVOLUCIÓN POLÍTICA Y SOCIAL HASTA LA GUERRA CIVIL.

Otra de las cuestiones de interés, a la hora de realizar un breve repaso por la historia decimonónica de San Sebastián es la cuestión de la capitalidad. El sistema foral no contemplaba la existencia de una localidad en la que residiesen de manera permanente las instituciones provinciales y principales autoridades. Los órganos de gobierno residían -en períodos de tres años- en los llamados Pueblos de Tanda (San Sebastián, Tolosa, Azpeitia y Azkoitia). Será a partir de 1820 cuando comience a plantearse el tema de la designación de una capital estable para el territorio. Tras desecharse la idea de la creación de una gran provincia, que englobase a los tres territorios vascos, la pugna por la capitalidad guipuzcoana se reduce a Tolosa y San Sebastián. El tema que se dilucida no es tan solo la designación de una villa en perjuicio de la otra. Se trata de dos villas que representan a dos sistemas políticos contrapuestos. Por una parte San Sebastián representaba a un sistema político liberal, basado en una economía comercial y gobernada por una burguesía mercantil. Por otra, Tolosa, representaba una sociedad foralista, representante de la tradición y basada en una economía agraria dominada por la nobleza rural. La designación de la capitalidad supondría el triunfo de la causa de la elegida sobre la contraria lo que podría suponer de una importancia capital dada la inestabilidad política que caracterizó a la primera mitad del siglo XIX.
En la cuestión de la capitalidad San Sebastián apenas tenía apoyos en la provincia, al contrario que Tolosa, cuya causa contaba con el apoyo de gran número de localidades guipuzcoanas. La única esperanza que tenía San Sebastián era el apoyo del Gobierno central. Como resultado de la colaboración entre los liberales donostiarras y españoles, el 27 de enero de 1822, se otorgaba la capitalidad a la ciudad pese a las protestas de Tolosa. De todas maneras la restauración del absolutismo en 1823 supuso el regreso al antiguo sistema de tandas. El momento decisivo en la cuestión de la capitalidad de producirá en 1833, con la llegada de Isabel II al trono y la confirmación del sistema liberal. De esta manera el 30 de noviembre de 1833 San Sebastián era reconocida nuevamente como capital de Gipuzkoa. Tolosa elevará sus alegaciones, que se basan de manera principal, en su situación geográfica en el centro de la provincia y sobre las principales vías de comunicación tanto provinciales como hacia el interior peninsular. Por su parte San Sebastián fundamentaba la decisión en su actividad comercial tanto con las villas guipuzcoanas como con las colonias americanas con las que se le concede el privilegio de comerciar. La confirmación de la capitalidad en 1834 provocó la réplica de Tolosa. La villa del Oria logra que la Junta General de ese año -celebrada en la misma se inclinase por solicitar la permanencia de la Diputación en la villa. Esto suponía un reconocimiento "de facto" de la capitalidad tolosarra por parte de las Juntas Generales en detrimento de San Sebastián, que a pesar de todo siguió siendo la capital. Los intentos de Tolosa de lograr la capitalidad no cesarían. En 1841 las Juntas Generales, reunidas en Segura, vuelven a abogar por la denominación de Tolosa como capital provincial. La decisión de la Diputación del 22 de julio de 1842 de trasladarse a Tolosa complicó aun más la situación, ya que la capitalidad de San Sebastián obligaba a que la Diputación residiese en esa ciudad. Los vaivenes políticos tienen un reflejo en la cuestión que nos ocupa. Durante la Regencia de Espartero (1841-1843) el Gobierno liberal se erigió en valedor de las reclamaciones de los donostiarras. A la caída del Regente, da comienzo un nuevo período conservador -la Década Moderada (1844-1854)- que supone un cambio de orientación. Desde el gobierno se emprende una política favorable a los fueros que se concreta en el decreto del 19 de enero de 1844 que trasladaba la capital a Tolosa. El nuevo cambio de orientación política en 1854 supone un nuevo episodio en la lucha por la capitalidad. Para esa fecha la mayor parte de las autoridades ya residen en San Sebastián, por contra, la Diputación se mantiene en Tolosa. Finalmente los progresistas logran que mediante un decreto fechado el 23 de agosto de 1854 se otorgue definitivamente la capitalidad a la ciudad. Alcaldes de San Sebastián 1876-1899
En la primera década del siglo XX San Sebastián continuará su desarrollo. Fruto del mismo es el ensanche de Gros en 1907 y las obras urbanísticas del Antiguo (1914) y de Loyola (1915). Simultáneamente se mantendrá -e incrementará- la vocación de ciudad cosmopolita que ya apuntaba en las últimas décadas del XIX. El veraneo real, que traía consigo a gran número de personajes de la corte, y miembros del Gobierno contribuían a reafirmar este carácter. La princesa Ena de Battemberg -más conocida como la reina Victoria Eugenia- se convierte al catolicismo en el Palacio de Miramar para poder casarse con el rey Alfonso XIII en 1906. La presencia de la Corte en la ciudad da origen a numerosos acontecimientos, algunos curiosos, como la visita de los acorazados de la flota japonesa "Tsukuba" y "Chisote" que permanecieron varios días fondeados en la bahía. La crisis europea de 1914-1918 hará que San Sebastián sea el lugar elegido por gran número de personalidades europeas para alejarse de la guerra. La ciudad será un hervidero de representantes de los imperios centrales y de los aliados. Su presencia en los salones del Gran Casino, en los que actuó una bailarina holandesa conocida como Mata-Hari, da lugar a todo tipo de lecturas e interpretaciones.
Pero por debajo de este San Sebastián mundano y cosmopolita se encontraba otra ciudad en la que los problemas sociales y laborales comenzaban a dejarse sentir. El sistema político de la Restauración ha visto desaparecer a sus dos principales artífices (Cánovas asesinado en Santa Águeda en 1897 y Sagasta fallecido en 1900) y comenzaba su lento declinar. En San Sebastián en las dos primeras décadas del siglo XX comienzan a desarrollarse las diversas fuerzas políticas. A los partidos del "turno" -el conservador y el liberal- se van sumando los republicanos -representados en la capital mayoritariamente por los federalistas- los nacionalistas desde 1904 y los socialistas que crean en 1891 la Agrupación Socialista de San Sebastián. Pero aparte de los partidos del régimen la principal fuerza política sigue siendo el carlismo. Pese a sufrir la escisión del integrismo su presencia y organización sigue teniendo un peso sustancial. Entre 1903 y 1913 -ambas líneas del tradicionalismo siguen logrando el mayor número de concejales en Guipúzcoa lo que da una idea de su fuerza. San Sebastián, sin embargo, mantiene un comportamiento político diferente. El Ayuntamiento presenta, entre 1909 y 1923, una fuerte pluralidad en la que opciones como los republicanos tienen una presencia continuada y los socialistas obtienen buenos resultados. A pesar de ello son las opciones moderadas (liberales y conservadores) las que ocuparán el gobierno municipal durante la Restauración.
Sin embargo la preocupación comienza a adueñarse de los sectores más conservadores de la ciudad tras los resultados de las fuerzas opuestas al sistema en las elecciones de 1913, en las que los republicanos logran un amplísimo triunfo con 8 concejales electos. Buena prueba de ello son estas líneas recogidas de la obra de Adrían de Loyarte, quien refiriéndose al mitin celebrado ese mismo año, hace notar que "...la política de las famosas democracias se había infiltrado en la Ciudad. Comenzaba el envenenamiento de su vida. Frente a aquella subversión de las formas tradicionales, se impusieron los principios que se consideraban salvadores, y en la ciudad se celebró un importante mitin de significación profundamente conservadora. Era la adhesión a la política de don Antonio Maura. Fueron los oradores el Alcalde José Elósegui, Don Juan José Prado y Loyarte10..." 
4.6.9 LA RECTA FINAL DEL SISTEMA DE LA RESTAURACIÓN (1914-1923)

La Primera Guerra Mundial tiene diferentes lecturas si éstas se hacen desde este lado de los Pirineos. La neutralidad española supuso un sustancial desarrollo de las actividades económicas ya que se comerciaba con ambos bandos. Esta situación posibilitó un sustancial aumento de las reservas de divisas y la realización de grandes negocios por parte de los industriales españoles. Pero la Primera Guerra Mundial, a su vez, produjo un empeoramiento de las condiciones de vida de las clases más desprotegidas de la sociedad -una vez que se extinguió la bonanza económica generada por el conflicto- y consecuentemente un desarrollo de las ideas más avanzadas socialmente. La guerra se vivió intensamente en la ciudad. Dejando a un lado la presencia de los refugiados -principalmente personas de alto nivel económico11en mayo de 1917 se vivió el episodio más dramático de la contienda para San Sebastián. Cuatro pesqueros donostiarras son hundidos por submarinos alemanes con el resultado de la pérdida de cuatro vidas. San Sebastián acoge a una "Liga Antigermanófila" promovida por el Círculo Republicano donostiarra en la que participan políticos republicanos, liberales (Machimbarrena, Orueta, el Marqués de Seoane), socialistas como Guillermo Torrijos e incluso conservadores como el alcalde Gabriel María Laffite. Carlistas e integristas -a su vez- crean la "Liga Neutralista" que no oculta sus simpatías por los imperios centrales. Presidida por Juan de Olazábal se integran en ella políticos carlistas como José María Orbe o Cándido Gaitán de Ayala entre otros. Pero en 1917 se producirá una de las convulsiones políticas más importantes de la Restauración; la huelga revolucionaria de agosto de 1917. En Gipuzkoa, en los años anteriores, se venía registrando ya un incremento de la conflictividad social que tiene su máxima expresión en la huelga de los papeleros de Tolosa, que mantiene cerradas las fábricas de la villa desde noviembre de 1916 hasta enero de 1917. La huelga general da comienzo el día 13 de agosto, la misma fecha en la que debían dar comienzo las fiestas de la Semana Grande. El Gobernador Militar -Martínez Anido, que luego se hará tristemente célebre en Barcelona- decreta el Estado de Guerra y clausura la Casa del Pueblo. El conflicto, en el que no se producirán excesivos incidentes, terminará el día 16 de agosto. A pesar de ello las organizaciones obreras sufrirán una dura represión. El concejal socialista Cástor Torre es detenido. Torrijos, el principal líder del socialismo donostiarra, se verá obligado a escapar a Francia.
Pero la conflictividad social no descenderá y en 1920 se registrarán los incidentes sociales más importantes que se habían registrado en la capital donostiarra. El 23 de mayo de 1920 da comienzo una huelga en Rentería. El día 25 de mayo las organizaciones obreras decretan la huelga general para protestar por la actitud del Gobernador Civil que había detenido al Comité de Huelga renteriano. El 26 de mayo de 1920 San Sebastián amanece paralizada por los huelguistas produciéndose algunos incidentes. Ante esta situación el Gobernador decide clausurar el Centro Obrero situado en la calle Puerto. Los incidentes se siguen produciendo en las calles y el Ayuntamiento decide intervenir. El alcalde, Pedro Zaragüeta, recibe a una delegación de los huelguistas a los que promete que realizará gestiones ante el Gobernador Civil para que se retire la Guardia Civil de las calles de la ciudad a cambio del compromiso de una huelga pacífica. El alcalde, acompañado de varios concejales decide dirigirse a pie hasta el Gobierno Civil, situado enfrente del hotel María Cristina. En el camino se les van uniendo transeúntes que van engrosando una numerosa manifestación. Esta es interceptada por las fuerzas del orden en la confluencia del Bulevar con la calle Oquendo. Mientras el alcalde y los concejales son recibidos por el Gobernador Civil en la calle se producen cargas de la Guardia Civil que originan dos muertos y tres heridos de bala. Al día siguiente, tras ser puesto en libertad el comité de huelga, se da por concluido el conflicto y la normalidad se restablece.
Pero lo realmente importante de los sucesos de mayo de 1920 es la repercusión que tienen los mismos en la sociedad donostiarra. A escasas fechas del comienzo de la temporada veraniega los primeros incidentes de tipo social crean una gran intranquilidad en la capital. La prensa de la época se muestra alarmada por la situación y "El Pueblo Vasco" avisa de una posible ruptura de la paz social en San Sebastián a la vez que respalda al Gobernador Civil. Incluso desde la prensa más avanzada, como es el caso el diario republicano "La Voz de Guipúzcoa" se pide una definición clara del movimiento obrero, en un momento en que en el seno de las organizaciones socialistas se debate la posibilidad de adherirse a la III Internacional de orientación comunista. Pero la verdadera razón del conflicto de mayo de 1920 -que se sitúa en la base del mismo- está en el empeoramiento de la situación de los trabajadores. El descenso de su poder adquisitivo les conduce por el camino de la reivindicación por medio de la huelga. De todos modos el desarrollo, todavía escaso de las organizaciones obreras guipuzcoanas no les permite ejercer una acción eficaz. Prueba de ello es el fracaso de la huelga de agosto de 1920. A pesar de ello, y hasta 1923, se producirá un aumento de la conflictividad social en Guipúzcoa pese a que la situación de los trabajadores tiende a equilibrarse. De todos modos el sistema de la Restauración se encuentra y agotado y está incapacitado para dar una respuesta adecuada a los problemas que se le plantean.
Esta situación de descomposición del sistema ideado por Cánovas desemboca en un desesperado intento de salvar la situación, y fundamentalmente a la Monarquía muy cuestionada por los desastres de la guerra de Marruecos12. Ante el cariz que van tomando los acontecimientos -unido al incremento de la agitación social- el general Primo de Rivera opta por la vía del pronunciamiento
4.6.10 DE LA DICTADURA A LA REPÚBLICA

El 13 de septiembre de 1923 el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se pronuncia en Barcelona. El rey Alfonso XIII recibe las noticias de la sublevación en el Palacio de Miramar de San Sebastián, de dónde partirá hacia Madrid para encargar al general la formación de un directorio militar que se hará cargo del Gobierno hasta 1930. Este período es de una relativa calma social. San Sebastián recupera parte de la paz social que se había visto seriamente afectada a finales de la década de los años diez y los primeros años 20. Una de las decisiones de la Dictadura que más repercusión tuvo en la ciudad fue la prohibición del juego. El sistema impuesto por Primo de Rivera se mantendrá hasta comienzos de la década de los 30. El Dictador, al que el rey retira su apoyo, dimite y parte hacia el exilio en París, donde muere en marzo de 1930. Pero la caída de Primo de Rivera -en enero de 1930- abre un período de confusión política en España. Alfonso XIII, y lo que queda de los partidos que han sustentado el régimen de la Restauración, tratan de volver a la situación anterior a 1923 poniendo nuevamente en vigor la Constitución de 1876. El rechazo de la mayor parte de la clase política fuerza al jefe del Gobierno -el general Dámaso Berenguer- a proponer un calendario electoral que es rechazado por la mayoría de las fuerzas políticas. Esta situación obliga a dimitir a Berenguer, que es sustituido por el Almirante Aznar, quien propone igualmente un proceso electoral cuyo primer paso -a diferencia de la idea de Berenguer- es la celebración de elecciones municipales. Por su parte la oposición, en la que se integran desde los socialistas hasta ex-monárquicos como Alcalá Zamora pasando por los republicanos como Azaña o Lerroux, acuerdan la elaboración de un plan para provocar el cambio de Régimen en España. Este acuerdo se adoptó en el llamado "Pacto de San Sebastián". A esta reunión, celebrada el 17 de agosto de 1930 en el Casino Republicano de San Sebastián sito en la calle Garibay, acuden los principales líderes de la oposición: Alejandro Lerroux, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Alcalá Zamora, Miguel Maura, Eduardo Ortega y Gasset, Santiago Casares Quiroga, Carrasco Formiguera e Indalecio Prieto entre otros, presididos por el dirigente republicano local Fernando Sasiain. Los nacionalistas vascos estarán ausentes del mismo debido a diversos factores, el principal el proceso interno de reorganización por el que atravesaba esta fuerza política13. Los reunidos acuerdan la preparación de una insurrección -con la colaboración de militares afinespara implantar la República en España.
El movimiento en favor de la República estalla en diciembre de 1930 y el episodio más conocido el la sublevación de los capitanes Galán y García Hernández en Jaca. En San Sebastián los conjurados por la República tratan de apoderarse del Gobierno Civil y se producen diversos tiroteos por las inmediaciones. A resultas del intento pierden la vida dos personas y varias resultan heridas. Si la intentona militar fracasa la huelga si se hace sentir. Las principales localidades guipuzcoanas se paralizan y en San Sebastián solo la amplia presencia de Miqueletes y tropas del Ejército disuaden a los huelguistas. Tras el fracaso del movimiento, que se salda con el encarcelamiento del Comité Revolucionario, la oposición se ve obligada a forzar el cambio de régimen por las urnas. Tras rechazar el proyecto -ya mencionado- propuesto por Berenguer, se acepta la propuesta de su sucesor Aznar que convoca elecciones municipales para el mes de abril de 1931. En San Sebastián concurren tres candidaturas: la republicano-socialista, la Coalición Monárquica y el PNV. Todas las fuerzas políticas son conscientes que en las elecciones se dilucida algo más que la composición de los Ayuntamientos, y conceden a las mismas un carácter de plebiscito sobre la monarquía.
4.6.11 LAS ELECCIONES MUNICIPALES DE 1931

Con la idea de que estaba en juego algo más que unas elecciones, éstas tienen lugar el domingo 12 de abril, con una total ausencia de incidentes. Los comicios, como era previsible, supusieron la victoria de la candidatura republicano-socialista en San Sebastián. La coalición de izquierdas logró un total de 25 concejales (con un 56,87% de los votos emitidos). A considerable distancia se situaban monárquicos y los nacionalistas del PNV logrando ambos 6 concejales. La coalición opositora se impuso en todos los distritos electorales de la ciudad lo que da idea del amplio respaldo de los donostiarras a la idea de regenerar la vida política española pretendida por las fuerzas coaligadas. La victoria alcanzada por la oposición en las principales ciudades propició que el rey Alfonso XIII- abandonado incluso por las Fuerzas Armadas- saliera de España propiciando la proclamación de la II República. En San Sebastián el cambio de régimen se produjo sin incidentes. La primera población en proclamar la República fue Eibar la mañana del día 14. Esa misma tarde el nuevo régimen se proclamaba en San Sebastián. La alcaldía fue ocupada por el republicano federal Fernando Sasiain, anfitrión del Pacto de San Sebastián. Durante los primeros tiempos de la II República San Sebastián quedó al margen de los avatares políticos del nuevo régimen. Problemas como la quema de edificios religiosos y el aumento de la conflictividad social no afectaron a la capital guipuzcoana. El único incidente de carácter violento que se registró fue la huelga de los pescadores de Pasajes, en mayo de 1931. Este conflicto, instrumentalizado por el Partido Comunista como una huelga contra el nuevo régimen con un trasfondo laboral, desembocó en una sangriento enfrentamiento con las fuerzas del orden público, el día 28 de mayo de 1931, en el que perdieron la vida ocho huelguistas.
4.6.12 SAN SEBASTIÁN Y LA CUESTIÓN AUTONÓMICA

El principal conflicto político que se registró, a lo largo del Primer Bienio republicano en el País Vasco, fue la cuestión autonómica. El PNV desarrolló desde el primer momento una activa campaña en pro de la autonomía para el País Vasco. Para ello puso en marcha un movimiento municipalista, encabezado por el alcalde de Getxo José Antonio Aguirre, que se extiende por todo el País Vasco. A su vez, las fuerzas de izquierda, también promueven una campaña autonómica pero protagonizada por las Diputaciones. En el consistorio donostiarra la cuestión autonómica está presente desde el primer día. Ya en el discurso de investidura del alcalde Sasiain encontramos referencias a la autonomía. Las réplicas de los representantes del resto de las fuerzas políticas deja entrever la posición de todas ellas con respecto a la cuestión. En mayo de 1931 un elevado número de municipios vascos se dirige a la Sociedad de Estudios Vascos, a la que solicitan que redacte un proyecto de Estatuto de Autonomía. Mientras tanto, las Diputaciones, acuerdan desarrollar su propio proyecto mediante las Comisiones de Fueros nombradas a tal efecto. A su vez la Comisión Gestora14 guipuzcoana hace un llamamiento al Ayuntamiento de San Sebastián para que sea éste quien lidere el proceso en Gipuzkoa. La respuesta del consistorio donostiarra es el nombramiento, en junio de 1931, de a un representante de cada opción política (Guillermo Torrijos por el PSOE, el republicano José María Paternina, el nacionalista José Imaz y el monárquico Pedro Zubiri) como sus representantes en la Comisión de Fueros creada por la Diputación. Las divergencias entre ambos proyectos autonómicos se ponen de manifiesto ese mismo mes. Los ayuntamientos incluidos en el movimiento municipalista acuerdan celebrar una asamblea en Pamplona (que finalmente tendría lugar en Estella) para aprobar el texto entregado por la Sociedad de Estudios Vascos. Mientras las Diputaciones -y el Ayuntamiento de San Sebastián- tratan de llegar a un acuerdo con los representantes del movimiento municipalista para lograr unificar el proyecto autonómico. El acuerdo no será posible y el día 6 de junio la ruptura entre ambas posiciones es definitiva. En el movimiento de alcaldes se encuadran las opciones derechistas (nacionalistas y tradicionalistas) mientras que con las Comisiones Gestoras se sitúa la coalición Republicano-Socialista. El día 14 de junio es designado como la fecha en la que ambas opciones reunirán a los ayuntamientos que les apoyan para tratar la cuestión autonómica. En el consistorio donostiarra la cuestión se plantea en el pleno del 10 de junio en el que se debe decidir a que asamblea se acudirá. La solución adoptada por el Ayuntamiento es ambigua y se acuerda que representantes del municipio acudan a ambas asambleas. Finalmente, a la convocada por el movimiento de alcaldes únicamente acudirán los concejales nacionalistas -no la representación municipal oficial- mientras que el resto lo hará a la patrocinada por la Comisión Gestora.
De todos modos, la ausencia de San Sebastián en la Asamblea de Azpeitia -celebrada el 11 de junio de 1931- convocada por la Comisión Guipuzcoana del Movimiento de Alcaldes hace difícil que la capital pudiera asumir la propuesta de estatuto del movimiento municipalista. En esta asamblea, menos conocida que las otras que se generaron por el mismo tema, se aprobaron -a instancias del alcalde nacionalista de Tolosa Doroteo Ciáurrizlas enmiendas que a la larga harían anticonstitucional el Estatuto de 1931. Estas son la enmienda religiosa -que se reservaba al futuro Estado Vasco las relaciones con la Santa Sede- y la de residencia -que condicionaba los derechos civiles plenos de los no nacidos en el País Vasco a diez años de residencia en el mismo- entre otras. Esta situación era difícilmente asumible por la izquierda, que se distancia todavía más de las posiciones del movimiento municipalista. San Sebastián finalmente acudirá a la asamblea que tiene lugar en la capital y a la que acuden 29 municipios guipuzcoanos -entre los que se cuentan las principales localidades guipuzcoanas con ayuntamientos mayoritariamente de izquierdas- y en la que acuerdan formar una comisión para estudiar el texto presentado por la Sociedad de Estudios Vascos. Habrá que esperar hasta septiembre de 1931 para que el Ayuntamiento apruebe el Estatuto de Autonomía promovido por las Gestoras (el de la Sociedad de Estudios Vascos con modificaciones introducidas por las fuerzas de izquierda), en lo que será el final del proceso autonómico más intenso durante la II República a nivel local.
A lo largo de todo el proceso San Sebastián apoyará las iniciativas autonómicas durante la II República. A pesar de ello, bien por las divisiones entre los posicionamientos de los diversos partidos o por el clima político general de la República no se llegará a un acuerdo hasta 1936. La actitud abiertamente autonomista de San Sebastián, como demuestran los resultados del plebiscito celebrado en noviembre de 1933 (véase tabla) para ratificar el texto autonómico. Sin embargo las dificultades políticas impedirán llegar a un acuerdo de manera que la aprobación del Estatuto de Autonomía, en octubre de 1936, ya no alcanzará al territorio guipuzcoano.
4.6.13 LA CRISIS DE 1934

La principal crisis que sacudirá a San Sebastián durante la II República se producirá a lo largo del verano de 1934 y será conocido como "La Guerra del Vino" o la "Revuelta de los Ayuntamientos Vascos". El problema que da origen al conflicto es el intento del Gobierno de poner en vigor el "Estatuto del Vino". Este suponía la desgravación fiscal de los alcoholes a fin de poder comercializar, en situación ventajosa, los excedentes almacenados y poder competir con los vinos franceses de mayor calidad y menor precio. Esta pretensión es contestada por los diputados nacionalistas que ven en él una vulneración del Concierto Económico, al privar a las haciendas vascas de una parte sustancial (entre el 25 y el 30%)de sus ingresos al desaparecer el arancel sobre los alcoholes. En este conflicto el Ayuntamiento de San Sebastián y su alcalde, Fernando Sasiain, jugaron un papel determinante. Desde el primer momento es el alcalde donostiarra -el republicano federal Fernando Sasian- quien asume la dirección del proceso de defensa del Concierto Económico. De igual manera decide convocar para el día 5 de julio -en Bilbao- una asamblea de ayuntamientos vascos cuya finalidad es elegir una comisión encargada de la defensa del Concierto Económico. El principal acuerdo de la Asamblea de Bilbao, a la que acuden la mayoría de los ayuntamientos de Guipúzcoa y Vizcaya- es la celebración de elecciones para el nombramiento de una comisión que será la encargada de la defensa del Concierto Económico.
La jornada electoral -prevista para el 12 de agosto- es expresamente prohibida por el Gobierno. Pese a ello, y con no pocos incidentes en la Plaza de la Constitución, el Ayuntamiento logra celebrar la sesión. La reacción gubernamental es el cese -el día catorce de agosto- de los alcaldes de Ormaíztegui, Azpeitia, Zumaya, Deva y Guetaria y numerosas detenciones de alcaldes y concejales. Esta situación da origen a una nueva convocatoria municipal que se fija para el día 2 de septiembre en Zumárraga. La actuación de las fuerzas del orden, impidiendo el paso de gran parte de los convocados, acarrea la dimisión de gran número de cargos municipales de todo el País Vasco. El alcalde de San Sebastián, considerado como uno de los instigadores de la actuación de los ayuntamientos, es cesado lo que provoca la dimisión de la mayor parte de los concejales donostiarras. El Gobierno nombrará a una Comisión Gestora que se hará cargo del gobierno municipal hasta febrero de 1936, fecha en que serán repuestos en sus cargos los alcaldes y concejales cesados. Tras el agitado verano de 1934, en Guipúzcoa -al igual que en otras partes del Estado- estalla la insurrección obrera preparada por el sector más radicalizado del socialismo español. La mañana del día 5 de octubre de 1934 se decreta la huelga general en todo el territorio. Los acontecimientos revolucionarios comienzan en Guipúzcoa a las 4,30 horas del día 5 de Octubre. Eibar queda en manos de los insurrectos que se apoderan de la Casa consistorial, de la estación y del banco de pruebas, lo que supone el logro de armas y municiones por parte de los revolucionarios. Tan sólo resiste el cuartel de la Guardia Civil, que con la ayuda de refuerzos llegados de San Sebastián y Bilbao logran controlar la situación a primeras horas de la tarde. El otro núcleo insurreccional de importancia en Guipúzcoa es Mondragón, donde al igual que ocurre en Eibar, los huelguistas se apoderan de la localidad pero no logran apoderarse del puesto de la Guardia Civil. En la villa del Alto Deba los insurrectos dictan, a media mañana un bando proclamando la "república socialista" y son asesinados Marcelino Oreja -presidente del consejo de administración de la "Unión Cerrajera" y el diputado provincial y consejero de la misma empresa Dagoberto Rezusta. Tropas provenientes de Vitoria recuperarán por la tarde el control de la población. En San Sebastián la huelga no tienen carácter violento. Pese a la presencia de grupos de obreros y de tropas en las calles no se producen choques armados. De todos modos gran parte de los servicios se ven interrumpidos pese al intento de las fuerzas militares de mantener la normalidad.
Como consecuencia de la Revolución de Octubre son detenidos los principales líderes obreros y clausurados los locales de las organizaciones sindicales. El día 16 de octubre el número de detenidos en la provincia asciende a 420 fundamentalmente provenientes de Mondragón y de Eibar que se verán incrementados con detenidos de otros lugares hasta alcanzar una cifra de 720 reclusos el 20 de octubre. En San Sebastián, concretamente en el barrio de Egia donde se hallaba oculto en una casa, es detenido el presidente del Comité Revolucionario de Guipúzcoa, el concejal socialista Guillermo Torrijos.
4.6.14 DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE A LA GUERRA CIVIL

Tras los sucesos de octubre una etapa de calma política se abre en la ciudad. Esta se prolongará hasta febrero de 1936, cuando se celebren las elecciones legislativas en las que resultará vencedor el Frente Popular. En San Sebastián será la coalición de izquierda la opción más votada, aunque finalmente el triunfo electoral en la provincia corresponda al PNV. Una de las primeras medidas decretadas por el nuevo gobierno es la amnistía de todos los procesados por los sucesos de octubre de 1934 y la reposición de los cargos municipales cesados. De todos modos los posicionamientos políticos han cambiado en la ciudad. En las antevotaciones -una especie de "primarias" para determinar quienes eran los candidatos que optaban a la alcaldía- celebradas en 1936, paso previo de unas elecciones municipales que, previstas para abril de 1936 nunca llegaron a celebrarse, el alcalde Sasian es ampliamente derrotado por los candidatos socialista -Guillermo Torrijos- y el de nacionalistas y la derecha, Pedro Zaragüeta. El tramo final hasta el estallido de la Guerra Civil esta protagonizado en San Sebastián por la huelga de la construcción. Esta, que da comienzo en el mes de junio, trata de lograr mejores salarios y condiciones laborales para los trabajadores del sector. La duración del conflicto da lugar a que se produzcan actos de violencia por parte de los huelguistas, contribuyendo a elevar la crispación que se respiraba ya en vísperas del conflicto civil que daría comienzo el 18 de julio. Alcaldes entre 1901 y 1936
4.6.15 DE LA GUERRA CIVIL A LA DEMOCRACIA

La descomposición política de la II República hace que las fuerzas opuestas a la misma vayan optando cada vez más abiertamente por la insurrección armada contra la misma. La Guerra Civil dará paso al largo período del Franquismo, que pese a su aspecto monolítico, atravesó por numerosas etapas y fases que dan fe de una incesante actividad política. En el momento actual el largo período que se extiende entre 1936 y 1975 está todavía poco estudiado. Cuando la memoria va dando paso a la Historia, pero todavía aquella es capaz de aportar su recuerdo, es el momento de analizar el Franquismo con el rigor de los especialistas Por el momento carecemos de estudios que aborden este período de nuestra reciente historia, aunque ya se atisban en el panorama historiográfico trabajos prometedores. Por todo lo dicho en las páginas que siguen trataremos de dar una panorámica general de lo que fueron esos años de guerra y dictadura, aunque en este segundo período será el Ayuntamiento quien centrará nuestra atención.
4.6.15.1 LA GUERRA (JULIO-SEPTIEMBRE DE 1936)

El proceso que desemboca en la Guerra Civil española de 1936 comienza a fraguarse -ya de manera definitiva- tras las elecciones de febrero de ese mismo año en las que se impone la coalición del Frente Popular. Tras los comicios un grupo de destacados militares (Franco, Goded, Mola...) es destinado por el Gobierno a guarniciones alejadas de la capital. Antes de incorporarse a sus respectivos destinos celebran una reunión en Madrid en la que acuerdan dar los pasos para la organización de una conspiración encaminada no tanto a acabar con la República sino a tratar de dar un cambio a la orientación de la misma. A partir de esta reunión, en la que no se adoptan acuerdos concretos ni la adhesión clara ni plena de destacados militares como Franco, Mola -nombrado Comandante Militar de Pamplona- comienza los preparativos. Sin entrar en el desarrollo general de la conspiración y de sus vicisitudes, podemos señalar que en los planes de Mola Guipúzcoa aparece como un territorio que sería fácilmente controlado por los sublevados. Para el "Director", tras algunos combates en los principales centros obreros, todo el territorio quedaría en manos de los conspiradores. El principal objetivo de Mola era controlar la frontera francesa cerrando -de esta manera- una posible vía de llegada de auxilio a la República. Pero para ello era necesaria la cooperación de los conspiradores guipuzcoanos que se localizaban en la guarnición de San Sebastián.
La conspiración antirepublicana se desarrollaba igualmente en San Sebastián. Varios eran los grupos que preparaban el alzamiento contra la República, pero ninguno despertaba excesiva confianza en Mola. El principal responsable militar de la ciudad era el Comandante Militar coronel León Carrasco Amilibia. Se trataba de un personaje muy arraigado en la sociedad donostiarra de la época y pariente del diputado socialista Miguel Amilibia. Amigo personal del rey Alfonso XIII, siempre se había caracterizado por mantenerse al margen de los conflictos de tipo político. Desde un primer momento Carrasco queda fuera de los preparativos y no tiene ningún conocimiento de lo que se prepara. La prueba de su desconocimiento es la reunión que mantiene con diversos oficiales el día 17 de julio en la que les comunica que no hay ninguna conspiración en marcha. La organización de la misma correrá a cargo del teniente coronel Vallespín y otros oficiales de menor graduación, quienes serán los que se hagan cargo de los preparativos. A pesar de ello no hay una acción de unidad entre los conjurados, lo que conducirá -en gran parte- al posterior fracaso del Alzamiento
Pero la actividad conspirativa tiene igualmente un vertiente civil. Entre las fuerzas políticas opuestas a la República, tanto los tradicionalistas como la Falange se posicionan desde un primer momento por la sublevación. Pese a la escasa importancia numérica de los falangistas, su jefe provincial -Jesús Iturrino- se entrevista con Mola poniéndose a su disposición. Los tradicionalistas, por su parte, eran el grupo opuesto a la República más numeroso y mejor organizado. A pesar de la detención del jefe del requeté guipuzcoano -Agustín Tellería, que atravesaría toda una odisea en las prisiones republicanas- y de la clausura de buen número de centros carlistas, éstos continúan decididamente su preparación militar y acopio de armas. Pese a todos los esfuerzos realizados Mola no confiaba en exceso en el aporte que pudieran realizar los civiles. El "Director" confiaba en que la actitud decidida de las fuerzas militares sería suficiente para controlar el territorio.
La sublevación dará comienzo el día 17 de julio en Melilla y rápidamente se extiende la noticia a la Península. Esa misma tarde se recibe en San Sebastián y los dirigentes de las organizaciones del Frente Popular y los diputados nacionalistas Irujo y Lasarte se reúnen en el Gobierno Civil con las autoridades provinciales. La actitud del gobernador civil -el republicano Artola Goicoechea- es de mantenerse a la expectativa para ver el rumbo que toman los acontecimientos. A lo largo de la jornada se celebran intensos contactos entre los dirigentes de las diversas fuerzas políticas. Los nacionalistas, con Irujo a la cabeza, celebran una reunión nocturna en la que se redacta una nota de adhesión a la República, que finalmente no llegará a publicarse al no ser autorizada por la dirección del PNV. Las fuerzas de izquierda reclaman armas del gobernador civil. Al negarse éste, varias armerías y el cuartel que la Guardia de Asalto, situado junto al mercado de la Brecha, son asaltados. Mientras esto ocurría la situación en las calles iba cambiando El día 19 se había decretado la huelga general y las organizaciones de izquierda se van haciendo con el control de manera paulatina. Las autoridades, reunidas en el Gobierno Civil, acuerdan que se organice una columna para atacar Vitoria. La razón que mueve a la creación de la misma está provocada, en parte, por la pretensión de aligerar la presión que suponía la presencia de milicianos escapados de otras zonas en la ciudad, fundamentalmente de Galicia. La columna se pone en marcha el día 20 por la mañana. Ante el abandono de la ciudad por los milicianos la sublevación estalla en San Sebastián. En la madrugada del día 21 los militares del cuartel de Loyola deciden pasar a la ofensiva y tratan de apoderarse de la ciudad, con el apoyo de los requetés y de los escasos miembros de Falange que se encontraban en la ciudad. Hasta que se llega a esta situación se produce una situación confusa. Pese al acuerdo de sublevarse adoptado por los conspiradores éstos no se deciden a pasar a la ofensiva. Mientras tanto el Comandante Militar acude al Gobierno Civil asegurando la lealtad de las tropas, lo cual no evita que la Comandancia sufra varios ataques y tiroteos. En el cuartel de Loyola los acontecimientos se precipitan y los conspiradores se hacen dueños de la situación. A partir de ese momento Carrasco queda marginado de la toma de decisiones ignorante, a su vez, que sus propios hombres le han traicionado. Los militares -ya en franca sublevación- planifican apoderarse de San Sebastián. Para ello organizan un ataque por la calle Urbieta y por el cauce del Urumea -por el actual paseo del Árbol de Gernika- con el fin de apoderarse de los principales edificios de la ciudad; Ayuntamiento, Gobierno Civil, Comandancia Militar, Gran Casino, Hotel María Cristina y Edificio de la Equitativa. De manera simultánea destacan fuerzas a las alturas de Polloe y Ametzagaña desde donde controlan la ciudad con las baterías del cuartel de Loyola
El plan de los militares tiene un éxito parcial. Logran apoderase de todos sus objetivos, excepto del Ayuntamiento, que es defendido por milicianos socialistas. Pero el principal factor para el fracaso del Alzamiento en San Sebastián es la defensa que la CNT realiza en la calle Urbieta, a la altura de las Escuela de Amara. De esta forma se impide el avance de una de las dos columnas militares, que pese a estar pertrechada incluso con piezas de artillería, se ve envuelta en un combate callejero de incierto resultado. De manera simultánea se produce el regreso de la columna que había partido hacia la capital alavesa -a la que la sublevación había sorprendido en Eibar- reforzada por efectivos provenientes de Bilbao. Esta nueva situación coloca a los atacantes entre dos fuegos lo que les obliga a retirase a los cuarteles. En su poder únicamente quedan una serie de enclaves en la ciudad -Comandancia Militar, Gran Casino, Hotel María Cristina y puntos elevados sobre la ciudad- que deberán ser reducidos mediante sangrientos asaltos y con el apoyo de un torpedero -cuya tripulación se apodera del mismo reduciendo a los oficiales- que cañonea las posiciones de los sublevados desde la desembocadura del Urumea. Para el día 23 de julio son ocupados los reductos de los sublevados fracasando de esta forma el Alzamiento en Gipuzkoa.
Los militares quedarán sitiados en los cuarteles de Loyola, en los que disponen de armas y víveres suficientes para resistir un asedio prolongado. A pesar de ello, la moral de los alzados es muy baja y oponen escasa resistencia. El bombardeo de las instalaciones militares -de efecto más sicológico que práctico desde el punto de vista militar- desencadena el proceso de capitulación. El 27 de julio los principales mandos militares -entre ellos Carrasco, que se encontraba dentro del cuartel, y Vallespín- se entrevistan con los diputados guipuzcoanos, con los que acuerdan las condiciones para la rendición de los sublevados. Al día siguiente, 28 de julio, los militares se entregan y son hechos prisioneros y conducidos al Palacio de la Diputación, donde que darán inicialmente retenidos antes de ser conducidos a la cárcel de Ondarreta. Vallespín, el principal responsable del Alzamiento, logra darse a la fuga la noche anterior a la capitulación y consigue llegar a las líneas de las tropas provenientes de Navarra. 
4.6.15.2 SAN SEBASTIÁN BAJO LA JUNTA DE DEFENSA

Tras la derrota de los sublevados, San Sebastián y gran parte de Guipúzcoa queda nuevamente en manos de los republicanos, pero ya no serán las instituciones tradicionales (ayuntamientos y Diputación) las que controlen la ciudad. En un proceso que se extenderá por todo el territorio van apareciendo "juntas de defensa" que serán las encargadas de organizar y controlar la vida ciudadana. San Sebastián no será una excepción. La ciudad quedará en manos de la Junta de Defensa de Guipúzcoa, creada la víspera de la rendición de los cuarteles y en la que se integran todas las fuerzas políticas que se habían mantenido fieles a la República. La Junta de Defensa nace de la excepcionalidad de las circunstancias pero pronto da muestras de que su papel es el de la substitución de las antiguas autoridades (Diputación, Ayuntamiento, Gobierno Civil y Comandancia Militar). Si bien éstas no desaparecen se ven absolutamente condicionadas en su actividad por el nuevo organismo. La Junta de Defensa de San Sebastián, que usa la denominación de Junta de Defensa de Guipúzcoa, controla un área que se extendía desde la frontera francesa hasta el Oria y por el sur hasta el límite establecido por la carretera Madrid-Irún.
La pretensión de la Junta es hacerse con el control de todos los aspectos de la vida guipuzcoana, para lo que se organiza en comisarías. De esta forma se crean las de Guerra, Abastos, Transportes, Orden Pública, Información y Propaganda y Finanzas. Posteriormente se unirán a las anteriores las de Trabajo y la de Asistencia Social. La presidencia de la Junta recae en el diputado socialista Amilibia y las principales comisarías son dirigidas por Larrañaga (PC de Euzkadi) Guerra, Telesforo Monzón (PNV) Orden Público y José Imaz (ANV) al frente de la de Finanzas. La comisaría de Trabajo -creada el 24 de agosto de 1936- será presidida por el histórico líder del socialismo guipuzcoano Guillermo Torrijos. La principal actividad corresponde a las Comisarías de Guerra y Orden Público. Competencia de la primera es la creación de las milicias y la dirección de las operaciones militares, extremo para el que cuenta con el asesoramiento de militares profesionales. A pesar de ello Larrañaga, el comunista Manuel Cristóbal y el teniente de carabineros Ortega serán los verdaderos responsables de la dirección de la campaña republicana. Dentro de la actividad de la Comisaría de Guerra ocupa un lugar destacado la aplicación que desde la misma se hace de la justicia militar. En represalia a los bombardeos navales realizados por buques de la flota sublevada se forman dos consejos de guerra en la que se juzga a los militares de máxima graduación detenidos tras los sucesos de julio. Los días 14 y 19 de agosto de 1936 se reúnen ambos consejos en los que resultan condenados a muerte y ejecutados un total de doce procesados a pesar de los esfuerzos de Irujo para lograr que las penas sean conmutadas.
En íntima relación con lo anterior se puede hacer referencia a la actuación de la Comisaría de Orden Público. Esta, controlada por los nacionalistas, tiene como objetivo principal preservar la vida de los presos y proteger tanto a los religiosos como a sus edificios. A pesar de los esfuerzos de Monzón, no se logra evitar que tanto los detenidos de Tolosa como gran parte de los detenidos en Ondarreta sean asesinados en sendas acciones atribuibles a milicianos de izquierda que causan la dimisión del comisario y una dura reacción de las organizaciones nacionalistas. Entre las víctimas de esta violencia incontrolada se encuentra el que fue comandante militar de Gipuzkoa, coronel León Carrasco Amilibia y un elevado número de militares detenidos en Loyola. Junto a éstos son asesinados derechistas con mayor o menor grado de participación en los acontecimientos o simplemente por su ideología. También merece ser tenida en cuenta la actuación de la Comisaría de Finanzas dirigida por el miembro de ANV José Imaz. El principal problema al que se enfrenta es la ausencia de moneda circulante. El atesoramiento de efectivo por parte de los particulares llevó a la Junta a dictar severas medidas y, finalmente, a poner en marcha un sistema de vales -que tuvo poco éxito ente la población- para paliar la ausencia de moneda en circulación. Misión fundamental de los delegados de Finanzas fue también proveer a la Junta de fondos. Estos se dedicaban principalmente a hacer frente al pago de los salarios de los milicianos y de los trabajadores de las fábricas intervenidas.
Pero el verdadero proceso revolucionario proyectado por la Junta de Defensa de Guipúzcoa era promovido desde la Comisaría de Trabajo dirigida por Guillermo Torrijos. Esta elabora dos planes para reorganizar la economía guipuzcoana, uno de los cuales -que fue desechado- pasaba por la desmonetarización de la economía que se basaría en el intercambio de los diferentes artículos. El otro, que trató de ponerse en marcha pero que la brevedad del conflicto frustró, se basaba en el control por parte de los trabajadores de las fábricas. Estas pasarían a estar dirigidas por un comité de fábrica en el que se integrarían patronos y trabajadores. Estos planteamientos, claramente revolucionarios, encuentran poca receptividad en la sociedad guipuzcoana y no llegan a ponerse en práctica incluso en aquellas zonas en las que el control republicano se prolongó más tiempo. Lo que si se produjo es una militarización de las industrias para dedicarlas al esfuerzo de guerra, pero las dificultades planteadas por las organizaciones sindicales, reacias a desconvocar la huelga general decretada el 20 de julio de 1936, y las exigencias de las mismas complican sobremanera el esfuerzo bélico de la Junta. La actividad de la Junta de Defensa se puede calificar, de manera global, de fracaso. Pese al esfuerzo realizado por la misma la difícil situación por la que atraviesa la capital, las diferencias entre las diversas organizaciones que la integran hace que su acción sea menos efectiva de lo que se pretendía. La sociedad donostiarra, de naturaleza moderadamente conservadora, acoge mal los intentos revolucionarios promovidos desde la nueva institución. Si a esto unimos la falta de dinero y la paralización casi total de la industria nos encontramos con una serie de factores que por si mismos argumentan el fracaso.
Otra de las causas de la actuación de la Junta de Defensa se encuentra en la cuestión militar. La ausencia de mandos capacitados, y la desconfianza de los milicianos hacia los que son enviados desde Madrid, no facilita el desarrollo de las operaciones militares. La escasez de armamento de los milicianos y su escasa organización militar se sitúan en la base del fracaso republicano. A pesar de que los milicianos tuvieron una actuación destacada toda su actividad fue estrictamente defensiva. Tras la batalla de San Sebastián se limitan a mantener sus posiciones sin plantear ninguna acción ofensiva. La heterogeneidad de la composición de las columnas milicianas y el distinto grado de compromiso de éstos con la República hicieron que su actuación se pueda calificar de desigual. 
4.6.15.3 LAS OPERACIONES MILITARES EN TORNO A SAN SEBASTIÁN

Tras la derrota de los sublevados en las calles de la capital los frentes de guerra se alejan de la ciudad. La rendición de los cuarteles frustra el objetivo de las tropas situadas en Oyarzun, que por otra parte están en una situación comprometida. Las tropas provenientes de Navarra avanzan por el eje de la carretera nacional y a mediados de agosto ya han alcanzado Tolosa. A mediados del mismo mes da comienzo la operación más importante de la Guerra Civil en territorio guipuzcoano, la ofensiva sobre Irún y la zona del Bidasoa. Solo tras duros combates, el día 3 de septiembre, la resistencia republicana se quiebra y al día siguiente es ocupada la ciudad fronteriza. Esto supone que el frente se derrumbe y San Sebastián quede a merced de las tropas provenientes de Navarra. El dispositivo planificado por Mola se basa en un triple avance proveniente de Navarra. El primero -y más importante- es el protagonizado por Beorlegui y su objetivo final era el auxilio de los sublevados en la capital. La voladura del puente de Endarlaza, que obliga a las tropas a dirigirse a la zona de Oyarzun por el Alto de Arichulegi y la resistencia de los milicianos complican esta opción. El segundo grupo en importancia -al mando de Cayuela- parte desde Alsasua con el propósito de avanzar por la carretera Madrid-Irún. Esta columna progresa sin excesivas dificultades y tras unos días de vacilación se lanza sobre Guipúzcoa protagonizando la sangrienta ocupación de Beasain.
Una tercera fuerza, menor en entidad, es desplegada en la zona de la Sierra de Aralar. Inicialmente el propósito de ésta es impedir las posibles infiltraciones de milicianos en Navarra desde territorio guipuzcoano. Tras permanecer unos días en la zona comenzará a avanzar por el valle de Berástegui para confluir con las tropas de Cayuela en las inmediaciones de Tolosa. Este triple dispositivo tiene como objetivo ejercer presión sobre la capital a la vez que trata de aislarla del resto de las zonas controladas por los republicanos. Al no profundizar el avance, y mantenerse los atacantes en el valle del Oria, San Sebastián mantendrá abiertas sus comunicaciones con Bilbao y gran parte del territorio guipuzcoano. A pesar de ello la situación se hace complicada en la ciudad, a la que se corta el suministro de agua potable desde los primeros días del conflicto al quedar las tomas de agua en manos de los sublevados. De igual manera el aislamiento de Navarra hace que los alimentos frescos comiencen a escasear y las reservas de bacalao, almacenado en Pasajes se convierta en el plato fuerte de la dieta de los donostiarras durante la guerra.
La etapa más dura del conflicto en San Sebastián se produce a lo largo del mes de agosto, durante el cual la ciudad es sometida a varios bombardeos navales por parte de los buques "España" y "Cervera". Pese que sus ataques no causan excesivo número de víctimas -el más sangriento se produce el día 18 de agosto en que es alcanzada la maternidad y varios chalets de La Conchasus efectos psicológicos son devastadores sobre la población civil. En lo que se refiere al desarrollo de las operaciones militares, por el sur el avance de los sublevados se sitúa a mediados del mes de agosto en Andoain, ocupado el día 17 de agosto. A partir de este momento da comienzo la fase más dura de la campaña de Gipuzkoa. Las posiciones republicanas en el Buruntza y en las alturas circundantes de Hernani solo son ocupadas tras sangrientos ataques. El derrumbamiento del frente tras la caída de Irún supone que San Sebastián quede a merced de los sublevados. De esta manera la Junta de Defensa decide la evacuación de la capital guipuzcoana, el día 12 de septiembre de 1936.
El 13 de septiembre de 1936 las tropas de la Columna Beorlegui, que previamente habían ocupado Rentería y Pasajes, entran en San Sebastián. La ocupación de la ciudad da lugar a uno de los episodios de carácter popular de la Guerra Civil, el protagonizado por los llamados "Cuarenta de Artajona". En el momento actual de nuestros conocimientos las primeras tropas que de hicieron su entrada en la capital guipuzcoana estaban al mando del capitán Ureta y provenían de diversas localidades navarras. Por otra parte, el avance hasta San Sebastián supuso una sanción para Ureta, quien no atendió las órdenes de Beorlegui de detenerse en las inmediaciones de la capital. La ciudad que se encontraron los ocupantes se puede calificar de ciudad fantasma. Un altísimo porcentaje de su población evacuó la misma en dirección a Bilbao por barco o hacia los pueblos de la costa todavía sin ocupar. La ciudad pudo caer intacta en manos de los sublevados al mantener los milicianos nacionalistas sus posiciones hasta el último momento, procediendo a retirarse por la carretera en dirección a Orio. Esto, posiblemente evitó que San Sebastián hubiera sufrido serias destrucciones a semejanza de lo ocurrido en Irún. Fue la primera capital de provincia ocupada por los sublevados. El frente se situará para finales de septiembre en los límites entre Guipúzcoa y Vizcaya y la capital recobrará su ambiente cosmopolita que le caracterizaba. A partir de este momento se convertirá en una ciudad de retaguardia y descanso de las tropas y oficiales del bando nacional. Pero un proceso de gran complejidad política -por las diferencias entre los carlistas y los falangistas- de represión de los vencidos y de recuperación de la vida donostiarra caracterizará a la ciudad en el período que se conocerá como el Franquismo.
4.6.15.4 EL AYUNTAMIENTO DE SAN SEBASTIÁN ENTRE 1936 Y 1975

La Guerra Civil termina en San Sebastián el 13 de septiembre de 1936, dando comienzo un período de excepcionalidad en la forma de proceder al nombramiento de los componentes del Consistorio. Inmediatamente de la ocupación de la ciudad las nuevas autoridades nombran alcalde al monárquico José Múgica.
Perteneciente a Renovación Española había formado parte de la candidatura derechista en 1936 y era letrado municipal. De todos modos su mandato será breve y en septiembre de 1937 será substituido José María Angulo, que solo permanecerá seis meses en el puesto. Miembro igualmente de Renovación Española había sido concejal durante la Dictadura de Primo de Rivera. En septiembre de 1937 llega al ayuntamiento Antonio Paguaga. De filiación tradicionalista había formado parte de la dirección del carlismo guipuzcoano durante la II República y formó parte de la candidatura contrarrevolucionaria de 1936. El período de mandato de Paguaga -que se extenderá hasta 1942- supone un período de control tradicionalista del Ayuntamiento que hasta el momento había sido presidido por políticos de filiación monárquica. El año 1942 supone una de las primeras crisis de importancia del Régimen Franquista. A raíz del atentado de Begoña -en agosto de 1942- y la orientación que iba tomando la Segunda Guerra Mundial el régimen va modificando sus posiciones. Muestra de este tímido cambio puede ser la designación de Rafael Lataillade, un ingeniero y delegado del Ministerio de Industria- para ocupar el cargo de Alcalde de San Sebastián. Durante su mandato se proyectan las viviendas de los funcionarios municipales en San Roque y Egia.
El final del conflicto europeo y la promulgación del Fuero de los Españoles, el año 1945, marcan el comienzo de una nueva etapa del régimen. Aislado internacionalmente y optando por desarrollar un modelo político propio, se avanza en la creación de un sistema corporativista que se conocerá como "democracia orgánica". En la misma la representación se organizará por estamentos, que son los llamados a elegir a sus representantes. En el ámbito municipal la representación se organiza en función al tercio familiar -en la que se procede a la elección popular directa, eso sí, de los candidatos previamente aprobados -, el tercio sindical (en el caso de San Sebastián son 40 compromisarios representantes del Sindicato Vertical) y el tercio económico, que está formado por 39 sociedades e instituciones donostiarras. Fruto de esta nueva orientación son las elecciones municipales que se celebran 1948 y suponen un cambio sustancial en la vida municipal. Hasta el momento la formación del consistorio había dependido exclusivamente de las decisiones de la cúpula provincial del partido único. Tras las mismas es nombrado alcalde de San Sebastián el ingeniero de caminos Félix Azpilicueta, que permanecerá en el cargo hasta 1949 en que le sustituye Javier Saldaña que permanecerá en el cargo hasta 1952. Del mismo modo en la década de los cincuenta ocupará el máximo cargo municipal Antonio Pagola.
En 1958 llega a la alcaldía Antonio Vega de Seoane, en la que permanecerá hasta 1961. Durante su mandato se terminarán las obras de abastecimiento de agua desde Artikutza y se iniciará el colector de Ondarreta. Igualmente, en este periodo, los terrenos de Mompás pasan al municipio y el hospital de Manteo es traspasado a la Diputación. 1961 verá la llegada a la alcaldía de Nicolás Lasarte Arana. Nacido en Villabona es concejal desde 1943 y desde 1950 era subdirector letrado de la Caja de Ahorros Municipal. Aires de modernidad llegan al Ayuntamiento en 1964 con José Manuel Elósegui y durante su mandato se compró un "ordenador electrónico" para las labores municipales que costó la cantidad de siete millones de aquellos tiempos. Siendo Elósegui alcalde se realizaron gestiones para restablecer el juego y crear facultades universitarias en San Sebastián. Igualmente se pusieron en marcha los grupos escolares de Egia, Recalde e Ibaeta, se comenzó la variante de San Sebastián se construyó el aparcamiento subterráneo de Oquendo y se proyectó el paso subterráneo por debajo de la estación de Renfe. A José Manuel Elósegui le sucedió en el cargo Miguel Muñoa. Industrial y presidente de la Cámara de Comercio y del Sindicato Provincial del Papel y Artes Gráficas, a la vez que Consejero Provincial del Movimiento, ocuparía el cargo hasta 1969. Quizá uno de los alcaldes más recordados del pasado reciente de San Sebastián será Felipe de Ugarte. Natural de San Sebastián, y delegado del Ministerio de Información y Turismo desde 1953, llega al cargo de Alcalde en junio de 1969. De su gestión, que se extendería hasta febrero de 1974, se puede destacar la venta de la telefónica municipal -que supuso una notable mejora del servicio telefónico en la ciudad- y el derribo del Kursaal y de la plaza de toros de El Chofre.
El sucesor de Ugarte, Francisco Lasa, ya abordó el tema de la construcción de una nueva plaza de toros. En unas declaraciones publicadas en la prensa manifiesta su intención de estudiar su "ubicación y construcción”. Popularmente es un tema de enorme importancia. San Sebastián se llena de veraneantes de la zona centro y sur de España, grandes aficionados a los toros, y no podemos estar sin plaza"15. Sin embargo los problemas políticos que se produjeron durante el mandato de Lasa fueron posponiendo la solución a este problema. La muerte de General Franco, ocurrida en noviembre de 1975, no tiene una excesiva repercusión sobre la composición municipal. Será a partir de 1977, tras la celebración de las elecciones legislativas del 15 de junio cuando de comienzo un camino que desembocará en el nombramiento de la Gestora Municipal de San Sebastián. 
4.6.15.5 LA GESTORA MUNICIPAL (1978-1979)

El período que transcurre desde la muerte de General Franco hasta la celebración de las elecciones municipales provoca una situación compleja en el Ayuntamiento de San Sebastián. Tras la celebración de las elecciones legislativas de junio de 1977 los ayuntamientos se mantienen en su estructura anterior, al no convocarse elecciones municipales y centrar el debate político la discusión de la Constitución, en la que se determinaría -ya de manera concreta- la forma de proveer todos los cargos públicos del país. En este período -que se extiende de junio de 1977 a mayo de 1979- los partidos políticos tratan de que los antiguos ayuntamientos sean sustituidos por comisiones gestoras. Tras la dimisión del alcalde Francisco Lasa, en marzo de 1977, la corporación donostiarra es presidida por el primer teniente de Alcalde y procurador de las Cortes Fernando de Otazu. Tras la celebración de las elecciones del junio de 1977 la presión de los partidos políticos aumenta y la situación de los concejales donostiarras se hace cada vez más compleja.
La recta final de esta corporación da comienzo a finales del verano de 1978. Ante la intención de los concejales de dimitir el Gobernador Civil opta por cesarlos el día 20 de septiembre de 1978. Días antes, el 18, el domicilio del alcalde Otazu había sufrido un atentado al hacer explosión un pequeño artefacto en el portal del edificio. La marcha de los concejales es algo que la corporación -en palabras de su alcalde- "está deseando desde hace tiempo"16 . Las negociaciones entre los partidos políticos siguen su curso y el día 20 de septiembre de 1978 se logra el acuerdo para designar al candidato socialista, Ramón Jaúregui, presidente de la Gestora Municipal, puesto al que también optaba el nacionalista Ramón Labayen. La composición de la Gestora se decide en función a los resultados electorales del 15 de junio, si bien los principales partidos -PSOE y PNV- ostentan menor representación para dar cabida a otros grupos políticos en el Ayuntamiento de San Sebastián. De esta manera el 23 de septiembre se hace pública la composición de la gestora integrada por representantes del PSOE (6), PNV (6), EIA (1), EMK (1), EE (1) Guipúzcoa Unida (3), ESB (1), Partido Comunista (1), Democracia Cristiana Vasca (1) y Demócratas Independientes Vascos (1). El 24 de septiembre de 1978, dimite el Ayuntamiento presidido desde septiembre de 1977 por Fernando Otazu y toma posesión la comisión gestora presidida por el socialista Ramón Jáuregui con el respaldo del Ministerio de Interior. En el discurso de toma de posesión Jáuregui resalta la necesidad de la Gestora ante "el retraso unilateral e indefinido de la convocatoria de las elecciones municipales"
La situación de interinidad se prolongará hasta la celebración de las elecciones municipales de 1979. Su mandato se extenderá hasta marzo de 1979, estando presidida desde febrero de ese mismo año por Iñaki Alkiza. Las elecciones municipales de 1979, en la que la ciudadanía vuelve a elegir libremente a sus representantes municipales, cierran un largo ciclo iniciado en un lejano 18 de julio de 1936.
4.6.16 SAN SEBASTIÁN EN LA DEMOCRACIA

La Diputación Foral de Gipuzkoa La principal institución que tiene su sede en la capital donostiarra es la Diputación Foral, órgano colegiado que ostenta la representación legal del Territorio Histórico de Gipuzkoa. La Diputación asume la responsabilidad de gobierno y administración en los ámbitos de sus competencia. La institución de Gobierno del territorio se situó, ya de manera definitiva en San Sebastián el año 1854. A partir de ese momento ha residido en la capital guipuzcoana en las distintas vicisitudes por las que ha atravesado. Perdido su carácter de Foral tras la aprobación de la Ley de 21 de julio de 1876 -que acababa con el régimen Foral- dando paso al sistema de los Conciertos Económicos que se prolongaría hasta mediados de los años 20. Tras la caída de la Dictadura de Primo de Rivera -en enero de 1930- la Diputación fue dirigida por una comisión gestora, situación que se prolongó durante la II República. Las Comisiones Gestoras republicanas - nombradas por el Gobierno- reproducían en su composición la relación de fuerzas gobernantes en el Estado. Durante el período Franquista la Diputación siguió ejerciendo funciones administrativas de carácter provincial, aunque desde 1937 se habría suprimido el régimen de Conciertos Económicos
Las Juntas Generales de Gipuzkoa
Las Juntas Generales de Guipúzcoa son la institución política más antigua del territorio. Su actividad puede documentarse ya en la Edad Media. De todas maneras las funciones, el funcionamiento, el sistema de elección de los junteros y los componentes de las mismas han evolucionado mucho con el paso del tiempo. A pesar de ello, y de sus seis siglos de historia documentada, su representatividad sigue siendo de carácter territorial. Si antaño eran los municipios los que tenían asiento en los plenos que realizaban las Juntas, en el presente la representación se elige por las distintas circunscripciones en las que se divide Gipuzkoa. Las Juntas Generales que conocemos en la actualidad, y que tienen su sede en San Sebastián, comenzaron su andadura el 22 de abril de 1979 reuniéndose en Mondragón, lugar en el que hubieran de haberlo hecho cien años antes de no mediar la ley de 1876 que derogó los fueros vascongados. Para que se llegase a ese momento fue necesario un proceso legislativo que dio comienzo con el Real Decreto-ley 18/1977 se derogó la legislación de 1937 que supuso el fin del régimen concertado de Gipuzkoa. De la misma manera, tras la aprobación de la Constitución, tres reales decretos de fecha 26 de enero de 1979, regularon la forma concreta de la elección de las Juntas Generales de Guipúzcoa y de las competencias que éstas asumirían.
En la actualidad constituyen el órgano máximo de representación y participación en el gobierno del Territorio Histórico, a la vez que ejercen la función normativa así como la de control e impulso de la Diputación Foral, a la que corresponde el gobierno y administración del Territorio. Entre sus funciones se encuentra la elección del Diputado General y aprobación de las "Normas Forales". De igual modo están capacitadas para ejercer la iniciativa legislativa ante el Parlamento Vasco, única institución del País Vasco con capacidad de aprobar leyes formales. Las Juntas Generales también asentadas en San Sebastián, pese a que mantienen el carácter medieval de las sedes itinerantes, se situaron entre 1983 y 2007 en la Casa Blanca (Etxe Zuri) en el barrio donostiarra de Aiete. Este edificio, que fue la sede del Ministerio de Jornada durante el Régimen del General Franco, data de principios de siglo. Estuvo incorporado en la finca denominada Aldama Enea, propiedad de Francisco Ussia, que en 1925 la transmitió a Francisco Arocena, cambiando su denominación por Eva Enea. El edificio que nos ocupa pasó a propiedad del Ayuntamiento en 1960 y en 1972 decidió habilitarlo para Ministerio de Jornada, al constituir el cercano Palacio de la Cumbre, la residencia veraniega del Ministro de Asuntos Exteriores. En 1975 es cedido a la Diputación y en 1983 es dedicado a la función de sede de la Juntas. Era un edificio que carecía de espacio adecuado para la celebración de los plenos, de ahí que tuvieran que ser celebrados en la Diputación Foral, Palacio de Miramar y Auditorio del Parque Tecnológico de Miramón.
En el año 2007 fue inaugurado en Miramón el primer edificio construido expresamente para albergar, entre otras dependencias, la sede de Juntas Generales, disponiendo de instalaciones adecuadas a su función
Las elecciones municipales en San Sebastián
La aprobación, en diciembre de 1978, de la actual Constitución, dio paso a la celebración de nuevos comicios tanto legislativos como municipales, con lo que se cerraba en gran manera el largo ciclo de la Reforma Política que había comenzado con la aprobación, mediante referéndum, el 15 de diciembre de 1977 se la Ley para la Reforma Política. Las primeras elecciones municipales que se celebraron en España, después de las del 12 de abril de 1931, tuvieron lugar el día 3 de abril de 1979. En líneas generales se puede decir que supusieron una victoria de la oposición, que lograría la alcaldía de las ciudades más importantes. Mediante el pacto municipal establecido entre el PSOE y el PCE las principales ciudades contaron con un alcalde socialista. En el País Vasco la victoria en las tres capitales vascas correspondió al PNV que lograba, por vez primera, las alcaldías de Bilbao, San Sebastián y Vitoria. En la capital guipuzcoana el PNV -con el 29% de los votos- lograba ser la fuerza más votada (9 concejalías). Como segunda fuerza municipal se situó la recién creada Herri Batasuna que logra 6 concejales. A continuación se sitúan el PSE-PSOE con 4 concejales y el 15% de los votos y Euskadiko Ezkerra con 3 (11%). De esta manera Jesús M. Alkain se convirtió en el primer alcalde elegido directamente por los donostiarras, presidiendo una tormentosa legislatura en la que gran parte de los problemas que se vivían en las calles del País Vasco se trasladaron a los salones de la Casa Consistorial. La segunda consulta electoral, en el ámbito municipal, tuvo lugar en 1983 y supuso una nueva victoria del PNV, que lograba un concejal más y aumentaba su porcentaje de voto casi en seis puntos. Como segunda fuerza política se situó el PSE-PSOE que pasa de tener 4 concejalías a lograr 7, resultado de un sustancial aumento de su porcentaje de votos, que pasa del 15,8% al 23,8% de unos comicios a otros. En el capítulo de aumento de votos citar el de la coalición Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y la Unión Liberal que logran y tres puestos en el Ayuntamiento. Por el contrario el retroceso corresponde a Herri Batasuna y Euskadiko Ezkerra, perdiendo cada una de ellas un concejal. Las elecciones municipales de 1987 suponen la primera alteración brusca del mapa municipal. La escisión del PNV -que tuvo una especial incidencia en Gipuzkoa- se deja sentir en la composición del Ayuntamiento de San Sebastián. El PNV pasa de ser la principal fuerza política a ser la minoritaria, en beneficio de Eusko Alkartasuna (EA). El nuevo partido liderado por Carlos Garaikoetxea logra ser el más votado en la ciudad y obtiene 7 concejales. Debido a los buenos resultados de Euskadiko Ezkerra -que logra 5 puestos en el consistorio- el y al apoyo de esta formación, Xabier Albistur (EA) accede a la alcaldía de la ciudad. En lo que se refiere al resto de las fuerzas políticas Herri BataJesus María Alkain (PNV) (1979-1983). suna recupera un puesto y el PSE-PSOE pierde dos concejales a la vez que el Partido Popular, pese a experimentar un aumento de votos, repite los tres escaños. En 1991 se produce una nueva situación en la política vasca. Los resultados electorales arrojan un gran equilibrio entre las fuerzas municipales. Esta situación hacen obligatorio el alcanzar acuerdos políticos para llegar a lograr un gobierno municipal estable. La distribución de los concejales (6 para EA y 5 para el PSE-PSOE y el PP) hace difícil, a priori, aventurar cual podría ser la composición del gobierno municipal. Finalmente el acuerdo entre PSE-EE, PP y PNV permitió alcanzar un acuerdo para formar el equipo de gobierno. Esta situación propicia la llegada a la alcaldía del socialista Odón Elorza, en razón de ser el candidato de la opción más votada incluida en el pacto, desbancando a Eusko Alkartasuna que había sido la fuerza más votada. La legislatura 1991-1995 estuvo impactada por el atentado perpetrado en enero de 1995 contra el concejal del Partido Popular Gregorio Ordóñez, a escasos meses de unas nuevas elecciones municipales. Pero la legislatura 1991-1995 supuso también una radical transformación de la ciudad. El acuerdo para desbloquear el solar del Kursaal, la construcción e inauguración del nuevo estadio de Anoeta y otras intervenciones en infraestructuras -que continuaron desarrollándose- han sentado las bases de lo que será el San Sebastián del siglo XXI.
Las elecciones municipales de 1995 supusieron una nueva alteración de la vida política municipal. El Partido Popular confirmó sus buenas expectativas y fue la fuerza más votada en San Sebastián -logrando siete concejales-, a escasa distancia se situó el PSE-EE igualmente con siete ediles. La decisión de las fuerzas políticas integradas en pacto tripartito que integraban en aquella legislatura el Gobierno Vasco (PNV, PSE-EE y EA) de extender el mismo a ayuntamientos y diputaciones, permitió un segundo mandato del socialista Odón Elorza, quedando el equipo de gobierno municipal conformado por las tres fuerzas políticas mencionadas anteriormente. Es reseñable igualmente que por primera vez desde la restauración del sistema democrático Izquierda Unida-Los Verdes logra representación municipal con un concejal. Las elecciones de 1999 y de 2003 se caracterizaron por la concurrencia conjunta del Partido Nacionalista Vasco y de Eusko Alkartasuna, obteniendo respectivamente 7 concejales en 1999 y 10 en 2003. Otro hecho relevante en las citadas consultas electorales es el relacionado con Herri Batasuna. Obligado a cambiar de denominación (Euskal Herritarrok) en la convocatoria de 1999 como consecuencia de actuaciones judiciales, obtuvo 5 concejalías. Tras haber sido ilegalizada la citada formación política, gran parte de sus votantes optaron en la convocatoria electoral de 2003 por la emisión de voto nulo, que llegó a 10.000 votos (frente al voto nulo técnico que puede evaluarse en unos 500) . Odón Elorza (PSE-EE) logró en ambas convocatorias la alcaldía, siendo el candidato más votado.
Las elecciones del año 2007 se caracterizaron por la concurrencia por separado del PNV y de EA, así como por la imposibilidad de concurrencia de la izquierda abertzale a las elecciones, al ser ilegalizada la lista electoral de ANV (Acción nacionalista Vasca). Odón Elorza, del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra, vuelve a ser el candidato más votado, consiguiendo, incluso,una concejalía más que en la convocatoria electoral celebrada en el año 2003. En el año 2011 Bildu (en la que está integrada EA) obtiene 8 concejalías, consiguiendo la alcaldía su cabeza de lista, Juan Carlos Izagirre, siendo especialmente conflictivo durante su mandato el intento de segregación del barrio de Igeldo y la gestión de la capitalidad cultural 2016. En las elecciones de 2015 el Partido nacionalista Vasco consigue ser la lista más votada, seguida por la presentada por el Partido Socialista, alcanzando la alcaldía Eneko Goia (PNV), tras no presentarse a la misma Ernesto Gasco, cabeza de la segunda lista más votada. Como novedad aparece la coalición Irabazi Donostia, formada por Ezker Anitza (Izquierda Unida), Equo y Alternativa Republicana, que obtuvo 2 concejales. Con objeto de no gobernar en minoría la lista más votada, el PNV concertó, en el marco de un acuerdo más amplio que incluía varios ayuntamientos y la Diputación Foral, un gobierno de coalición con el PSE/PSOE en el que Ernesto Gasco ostentó la primera tenencia de alcaldía.
LÍNEAS GENERALES DE LA GESTIÓN MUNICIPAL Con objeto de optimizar la gestión de los intereses municipales, el Ayuntamiento de San Sebastián optó en la década de 1980 por crear una serie de Patronatos Municipales u organismos autónomos, así como sociedades públicas, que se encargarían de gestionar directamente determinados temas de competencia municipal. Estos organismos (mediando diversas fusiones y cambios de denominación) son: Organismo autónomos: • Patronato Municipal de Deportes. • Escuela Municipal de Música y Danza. • Centro Informático Municipal Entidades públicas empresariales • Entidad pública empresarial Donostia Kultura: gestiona las casas de cultura, teatros y cines, organizaciones y festivales, etc. • Entidad publica empresarial de Vivienda.
Sociedades públicas municipales • Anoeta kiroldegia SA. gestión de las instalaciones deportivas de Anoeta. • Sociedad Balneario SL: gestión del balneario de la Perla. • Servicios funerarios Donostia / San Sebastián (Polloe), gestión de los cementerios y otras instalaciones funerarias de propiedad municipal. • Compañía del Tranvía de San Sebastián, SA • Empresa Municipal de Gestión Urbanística de San Sebastián SL. • Fomento de San Sebastián, SA: impulso al desarrollo económico de la ciudad. • San Sebastián Turismo, SA. Recoge las funciones del antiguo Centro de Atracción y Turismo y del Convention Bureau. • Eguskiza SA. construcción de viviendas y gestión del suelo para ello. Sociedades participadas por el Ayuntamiento: • Quincena Musical de San Sebastián, SA (33,3%). • Festival Internacional de Cine de San Sebastián, SA. (25%). • Talleres Protegidos Gureak, SA (4,51%) • Centro Kursaal, SA (50%) • Parque Científico y Tecnológico de Gipuzkoa, SA (5,46%). • BIC Gipuzkoa Berrilan, SA • Agencia para la renovación urbana de la bahía de Pasaia, SA • Zuatzu Parque Empresarial SA (24,5%) • Sociedad Mixta Mercado San Martín, SA • Centro Internacional de Cultura Contemporánea, SA (Tabakalera) • San Bartolomé Muinoa, SA • Ortzibia (promoción del aeropuerto), SL (5%).
Mancomunidades, consorcios y Fundaciones
 • Mancomunidad de Aguas del Añarbe • Mancomunidad San Marcos (gestión residuos S.U.) • Consorcio del Palacio Miramar • Consorcio Autoridad Territorial del Transporte de Gipuzkoa • Consorcio Haurreskolak • Fundación Tecnalia Research & Innovation • Fundación Zorroaga (Alto de Zorroaga, 1) • Fundación Kursaal • Fundación Donostia / San Sebastián 2016 • Fundación Cristina Enea • Fundación Ficoba (Feria de Muestras de Irún) • Fundación Donostia International Physics Center • Fundación Hegalak Zabalik - Deporte Adaptado • Fundación Basque Culinary Center • Fundación Oceanográfica de Gipuzkoa • Fundación cursos de Verano de la UPV-EHU
@4.6 SAN SEBASTIÁN EN LOS SIGLOS XIX y XX. Pedro BARRUSO BARÉS
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5.1


@5.1- LA POBLACIÓN (Carlos LARRINAGA Juan Antonio SÁEZ GARCÍA)
5.1.1 EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE SAN SEBASTIÁN El número de habitantes de San Sebastián fue siempre reducido mientras las murallas subsistieron. Hacia el año 1600 la población se aproximaba a 4.000 hab. y cien años más tarde llegó a ser de unos 6.000 hab. En cualquier caso, es preciso tener en cuenta que la extensión del término municipal ha variado considerablemente a lo largo de los siglos y que debe ser considerada no sólo la población del núcleo urbano principal, sino también la que vive fuera de él. Tras la destrucción de 1813 el núcleo urbano se despobló considerablemente hasta que, lentamente, la ciudad fue reconstruida. Pascual Madoz señala en su Diccionario que San Sebastián tenía en 1845 una población de 10.036 almas, justo en los años en los que la reconstrucción había concluido. En 1877, trece años después de la demolición de las murallas, ascendía ya a 21.300 hab. y en el año 1900 había crecido hasta 41.200 habitantes, aumento demográfico que coincide en el tiempo con la realización del Ensanche Oriental y de la primera fase del Ensanche Meridional.
Treinta años más tarde, en 1930, se había duplicado nuevamente la población (85.500), coincidiendo en este caso con la culminación del Ensanche Meridional y la expansión urbana canalizada por los ensanches de Gros y del Antiguo. La población volverá a duplicarse (165.800 hab.) para el año 1970, período en el que tiene lugar el crecimiento más importante de la población donostiarra, coincidente con el desarrollo del Ensanche de Amara Nuevo y de la urbanización del este del Término Municipal (Alza, Bidebieta, etc.), momento en el que San Sebastián acoge a un número importante de personas provenientes de diversas provincias españolas.
En este periodo es preciso tener en cuenta la desanexión, vigente sólo entre 1879 y 1940, del sector oriental del término municipal (14,5 km2 ) para formar el municipio de Altza (o Alza). En fechas anteriores (1821) obtuvo una primera y efímera independencia de San Sebastián, pero fue anulada dos años más tarde. Durante bastante tiempo contó con una importante descentralización administrativa, pero siempre dependiendo de San Sebastián. Leandro Silván afirma que “...todavía en 1887 [Alza] aparecía como perteneciente al municipio de San Sebastián...”, si bien Félix Elejalde y Juan Erechun dan a entender que en 1879 era ya independiente. Su condición definitiva de villa (aunque con un sentido diferente al de las villas medievales) data de 1910. En el último censo como municipio independiente tenía una población de 5.425 hab No fue el único territorio en independizarse en ésta época, puesto que en 1883 lo hicieron el medio millar de habitantes con que contaba el pequeño lugar de Aduna y, ya en el siglo XX, tuvo lugar la integración de Astigarraga en el municipio de San Sebastián, mantenida entre los años 1943 (1.796 hab.) y 1987 (3.200 hab.)
Durante la Edad media Astigarrga formó parte de la Alcaldía Mayor de Aiztondo, que era una de las tres que existieron en Guipúzcoa (Arería y Sayaz fueron las otras dos). La citada Alcaldía Mayor comprendía, además de Astigarraga, los núcleos de población de Asteasu, Larraul, Soravilla y otros territorios. Con su adhesión a la citada Alcaldía intentó evitar la influencia de la casa de Murgía. Debido a las diferencias con los pobladores de Asteasu, Astigarraga solicitó ante el Consejo Supremo de Hacienda el título de villa, que le fue otorgado en 1660. En 1840 aumentó su extensión territorial cuando los barrios de Ergobia y Murguía se integraron en su término municipal. A partir de 1970 la población de San Sebastián se estabiliza en el entorno de 175.000 habitantes. La causa hay que buscarla en varios factores. En primer lugar es preciso tener en cuenta que el crecimiento vegetativo es ligeramente negativo. Esto es, que el número de defunciones es mayor que el de nacimientos como resultado del descenso generalizado de la natalidad experimentada a partir de la década de los años setenta. Las causas de esta baja natalidad son diversas (y obviamente no se circunscriben a la población de San Sebastián): uso generalizado de medidas de contracepción, el retraso de la edad de casamiento, la incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar y a los propios cambios de mentalidad y del modelo familiar. Igualmente los desplazamientos (cambio de domicilio) de las personas inciden en el aumento o descenso de la población. Estos movimientos pueden tener lugar dentro del término municipal de San Sebastián, entre San Sebastián y su entorno espacial más próximo o implicar desplazamientos a mayor distancia.
Entre las causas de los desplazamientos dentro de la comarca de San Sebastián merece citarse las vinculadas con la carestía del precio de las viviendas en la capital guipuzcoana. Por esta causa cierto número de individuos se ven obligados a trasladarse (de forma provisional o definitiva) a la periferia de la ciudad donde las viviendas son más asequibles. Como el continuo urbano afecta a varios municipios, es frecuente que la vivienda elegida pertenezca a otro término municipal, razón por la que puede disminuir estadísticamente una cierta parte de la población. En los últimos años del siglo XX la tendencia migratoria se inclina ligeramente a favor de la emigración, ya que por una parte de las personas que finalizan su vida laboral tienden a regresar a sus lugares de origen (emigración de retorno). Por otra parte se constata que individuos jóvenes se ven impulsados a abandonar la ciudad (el Territorio Histórico o la Comunidad Autónoma y últimamente incluso el país) en busca de oportunidades laborales que éstas no les ofrecen. Los movimientos migratorios de mayor distancia han tenido -como ya se ha afirmado- un peso importante en el aumento de la población en la década de 1960. Es una época en la que la industria guipuzcoana generó una demanda importante de trabajadores, que acudieron fundamentalmente de la mitad Noroeste de la Península Ibérica (especialmente de las actuales comunidades autónomas de Extremadura y Castilla-León), dejando una importante huella al considerar el origen geográfico de la población donostiarra.
A principios del siglo XXI San Sebastián acoge a un cierto número de inmigrantes, especialmente hispanoamericanos, movimiento que, comenzada la crisis de 2008 se ralentiza notablemente e incluso algunos vuelven a sus países de origen y también se da una pequeña emigración de jóvenes hacia otros países europeos. San Sebastián constituye la tercera ciudad más poblada de la Comunidad Autónoma del País Vasco (180.397 hab.), tras Bilbao (358.875 hab.) y Vitoria (214.234 hab.). Su población ha constituido a lo largo del siglo XX entre el 20 y el 32% de la población de Guipúzcoa, al contrario de lo que ha sucedido en Álava, territorio en el que la capital ha concentrado hasta el 80% de la población del territorio histórico.
5.1.2 ESTRUCTURA DE LA POBLACIÓN
Del análisis de a pirámide de población de San Sebastián se puede deducir que la población de la ciudad no se aparta demasiado de la de otras ciudades de su entorno. Tiene forma aproximadamente biconvexa, fruto de una población en proceso de envejecimiento (su base es estrecha debido a la disminución constante de la natalidad constatada entre 1975 y 1995), un número todavía relativamente reducido de ancianos (su cúspide es relativamente estrecha, lo que demuestra que no hace muchos años era una población joven) y la notable disminución de las cohortes correspondientes a los nacidos en el entorno de la Guerra civil (1936-1939) característica de gran número de municipios. En general puede afirmarse que hasta los 25 años predominan ligeramente los hombres y a partir de esta edad lo hacen las mujeres, excepto en las cohortes de mayor edad en que lo hacen claramente las mujeres (debido a su mayor longevidad). El grupo de edad de 5 a 19 años es muy ligeramente superior al de 20 a 24 años, lo que representa un ligero repunte en la natalidad derivado de la la llegada de un cierto número de personas pertenecientes a contextos de natalidad diferentes al imperante en el País Vasco y un también muy ligero decaimiento del mismo en las cohortes inferiores, tal vez influencia de la crisis económica. Todo ello puede estar influenciado por las políticas pronatalistas y al retraso cronológico de la “nupcialidad” y de la natalidad. El panorama trazado varía considerablemente de unas zonas de la ciudad a otras dependiendo de la antigüedad de construcción, operaciones de regeneración urbana y un sinfín de variables.

  
5.1.3 ORIGEN GEOGRÁFICO La mayor parte de la población donostiarra ha nacido en San Sebastián (59%) o en su entorno comarcal (3,7%). En el resto de Guipúzcoa (excluido San Sebastián y su comarca) ha nacido el 8,8% de la población y en Álava y Vizcaya (conjuntamente) el 3,3%. Los donostiarras nacidos en otras comunidades autónomas distintas de la vasca se aproximan a la cuarta parte de la población (23,5%), siendo el porcentaje de extranjeros del 2,1% (téngase en cuenta la proximidad de la frontera francesa). Estos porcentajes difieren según se considere una zona u otra de la ciudad. Tomando las de mayor población destaca por su porcentaje de nacidos en el propio municipio la Parte Vieja (67%), Intxaurrondo (61%, en razón de ser un barrio con un número importante de niños), el Centro (59%), Gros (59%) y Eguía (58%), si bien los porcentajes mayores se constatan en las zonas de menor población: el barrio rural de Igeldo (74,5%) y Añorga (69,1%). Las personas nacidas en otras comunidades autónomas distintas de la vasca están mejor representadas en los barrios del este de la ciudad: Alza (33%), Bidebieta (28%)e Intxaurrondo (21%), así como en Eguía (22%). Las personas nacidas en la provincia de Guipúzcoa (excluida la comarca de San Sebastián) están especialmente representadas en Miraconcha (18%). Tiene tal zona escasa población (971 personas), pero constituye una de las zonas residenciales más codiciadas de la ciudad.
La distribución por edades no es uniforme. En la niñez (0-14 años) predominan lógicamente los nacidos en San Sebastián en porcentaje superior al 90%. Sin embargo, entre las personas de edad más avanzada tal porcentaje es mucho menor (en torno al 30% entre las personas de 55 a 85 años).
5.1.4 NIVEL DE INSTRUCCIÓN
El nivel de estudios alcanzado por la población de San Sebastián puede ser calificado de alto. En 1996 nada menos que el 14,7% de la población mayor de 10 años disponía de titulación universitaria superior (licenciados, arquitectos e ingenieros), porcentaje al que hay que añadir el 8,2% correspondiente a las titulaciones universitarias de grado medio (diplomados, ingenieros técnicos y arquitectos técnicos). Obviamente son las generaciones más jóvenes las que disponen de mayor cualificación. Así en el grupo de 30 a 34 años la cuarta parte de sus componentes disponían de una titulación universitaria superior y el 11,8% universitaria media. El grupo que posee estudios primarios es, no obstante, el más numeroso (40,6%), seguido del que posee estudios secundarios (19,1%) y profesionales (13,3%). Un fenómeno generalizado es el profundo cambio experimentado con relación al sexo de las personas detentadoras de titulación universitaria, ya que si en los grupos de mayor edad los hombres son claramente mayoritarios, en el grupo de 30-34 los porcentajes se igualan en torno al 25% y en el grupo de 25-29 el porcentaje femenino es notablemente mayor (22,8%) que el masculino (17,5%). Teniendo en cuenta el lugar de nacimiento, puede afirmarse son los nacidos fuera de la Comunidad Autónoma del País Vasco quienes detentan el menor porcentaje de estudios superiores (6,8%). Por zonas, disponen en general de mayor formación los habitantes del Centro, Ayete, Amara Nuevo, Antiguo, Gros, Parte Vieja y Amara Viejo (el porcentaje de universitarios entre las personas de entre 25 y 34 años es superior al 25%), mientras que los barrios con menor formación son los situados al este del municipio: Eguía, Alza, Intxaurrondo, Bidebieta y Loyola (el citado porcentaje es inferior al 17% y además el porcentaje de población entre 20 y 29 años con nivel de estudios primarios o inferior se sitúa entre el 26% y el 43%).
5.1.5 COMPETENCIA LINGÜÍSTICA
Al parecer, la lengua gascona fue la predominante en San Sebastián durante sus primeros siglos de existencia como villa. Lo prueban el importante número de topónimos que todavía dan nombre a espacios y accidentes geográficos. Incluso en el siglo XIX existen noticias de que vivieron algunas pocas familias que lo hablaban. En general el gascón convivió y fue sustituido progresivamente por el castellano y por el euskara. A partir de la asunción por parte del Gobierno Vasco de las competencias educativas y de promoción del euskara, el continuo declive del conocimiento del euskara se ve frenado. Las primeras estadísticas del periodo democrático (1981) muestran que en San Sebastián el 21,7% de la población de 2 y más años hablaba euskara y castellano correctamente, mientras que el 55,4% únicamente hablaban castellano. El resto de la población mayor de dos años (22,9%), aun disponiendo de algunos rudimentos de euskara, eran insuficientes para hablar con un mínimo de corrección. Veinte años mas tarde (2001) el porcentaje de personas bilingües había llegado al 34,6%, mientras que el de monolingües en castellano descendía hasta el 43,3% de la población. El 22,1% restante, aun no pudiendo desarrollar indistintamente su comunicación verbal en las dos lenguas, posee ciertos conocimientos de euskara. En el año 2011 el porcentaje de bilingües se eleva ya al 40,6 % de la población mayor de 2 años. Quienes poseen ciertos cono cimientos de euskera pero que no les permiten el uso indistinto euskera/español desciende al 20,8%, mientras que las personas monolingües en español es del 38,61 % La lengua hablada mayoritariamente (año 2011), independientemente de la competencia lingüística, es el castellano en el 76,1% de los hogares, el castellano y el euskera indistintamente en el 9,6% de los hogares, exclusivamente euskara en el 12,1% y otra lengua diferente a las oficiales en la Comunidad Autónoma del País Vasco el 2,1%.
5.1.6 ACTIVIDAD ECONÓMICA DE LA POBLACIÓN De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se consideran personas ocupadas aquellas que tienen un empleo remunerado o ejercen una actividad independiente. En 1996 eran 61.280 las personas que en San Sebastián estaban en la descrita situación, constituyendo el 34,6% de la población. Los parados, es decir, aquellas personas que, estando en disposición de trabajar no lo hacen, eran 17.772 (10%). La suma de ambos grupos constituye la denominada población activa (según OIT), formada por aquellas personas que trabajan o que están en disposición de trabajar, colectivo que en el caso de San Sebastián resultaba ser de 79.052 personas (44,8% de la población total). La tasa de paro (OIT), esto es, la proporción de activos que se encuentran parados, según las cifras manejadas sería del 22,5%, colectivo que se concentra de forma especial en los barrios periféricos del este de la ciudad (Bidebieta, Alza, Intxaurrondo). El contingente denominado inactivo era de 97.471 personas, incluyendo en este grupo jubilados, rentistas, amas de casa, estudiantes, incapacitados, etc., que suponían el 55,2% del total de la población. La población ocupada en el sector primario (agricultura, pesca, ganadería) era de 836 personas (año 1996), que constituían aproximadamente el 1% de la población ocupada del municipio. La tendencia entre 1981 y 1996 fue de leve descenso desde el ya bajo porcentaje de partida (en el conjunto del País Vasco el porcentaje es del 2,9% de la población ocupada).
El sector industrial daba ocupación a 13.969 personas, que constituía el 23% de la población ocupada del municipio. Un 6% trabajaba en la construcción (3.380), pero el sector predominante es el terciario, en el que trabajaban 42.219 personas, que porcentualmente constituían el 70% de la población ocupada del municipio, experimentando un considerable crecimiento comparándolo con los datos de 1981 en que tal porcentaje era del 64% (34.369 personas). No hay que confundir la ocupación de la población (esto es, la actividad en la que trabaja la población de un territorio) con el empleo generado por los establecimientos industriales, de servicios, etc. en él implantados. Téngase en cuenta que parte de la población residente en San Sebastián trabaja en establecimientos pertenecientes a otros municipios y que una parte de los establecimientos donostiarras dan trabajo a personas que residen en otros municipios. En el año 2015 el número de establecimientos económicos en San Sebastián era de 18.870, dando empleo a 88.237 personas (no necesariamente residentes en la ciudad). 
5.2


5.2.EVOLUCIÓN DE LA TRAMA URBANA (Juan Antonio SÁEZ GARCÍA)
5.2.1 LA CIUDAD MURADA Las murallas medievales (en general) se caracterizaban por ser altas (para evitar su escalada), de relativo poco espesor (no existía artillería), generalmente almenadas (para proteger a los defensores de las saetas enemigas) y con torres cuadradas o redondeadas para flanquear (permitir la defensa) los muros principales. La muralla medieval donostiarra era sencilla, dotada de siete puertas y de varias pequeñas torres en su entorno, constituyendo, como en la mayor parte de las villas medievales, uno de sus elementos urbanos más destacados. El lienzo sur de la misma, sin duda el más importante, se desarrollaba entre las actuales Alameda del Boulevard y calle Embeltrán. En él se abrían cuatro de las puertas de la villa en las que desembocaban las calles dirección norte-sur: eran los portales de las Ánimas", de San Jerónimo, de la Piedad y el Portillo de San Nicolás. La muralla medieval dejó de ser militarmente operativa en el s. XVI, no sólo porque los avances de la artillería la hacían muy vulnerable, sino también por su lamentable estado de conservación y por estar apoyadas en sus muros pequeñas construcciones que dificultaban su función defensiva.
Fue entonces -1516- cuando se levantó delante de aquella vieja cerca una nueva muralla mucho más poderosa y de acuerdo con los nuevos postulados de la fortificación abaluartada: al contrario que las medievales, tienden a ser bajas (ofrecen menor blanco), disponen de terraplén, es decir, de un montículo de tierra de varios metros de ancho con objeto de que una vez roto el muro (o recubrimiento exterior) de piedra, pudieran detener los proyectiles artilleros. En lugar de torres disponen de baluartes de forma pentagonal más bajos que la muralla principal (permiten un mejor flanqueo de los muros). Además se dotan de una serie de fortificaciones exteriores que sirven para retrasar el ataque enemigo al muro principal. La obra de la nueva fortificación donostiarra estuvo dirigida en sus primeros momentos por el capitán Pedro Navarro y por Diego de Vera. El espacio comprendido entre las cercas nueva y vieja permitió añadir al oeste y al sur de la Villa una serie de edificios. Se formó en este momento la "Plaza vieja", en el en
5.2.2 EDIFICACIONES EXTRAMURALES Fuera del recinto murado también existieron diversas edificaciones. Sobre el cercano cerro de San Bartolomé, dotado en algunos momentos de ligeras fortificaciones, se alzaba al menos desde el año 1250 el importante monasterio de las Agustinas Canónigas Regulares de San Bartolomé del Camino. El Dr. Camino dice del Monasterio: "... es airoso y gentil, con una iglesia capaz y majestuoso pórtico, ejecutado a principios de este siglo [XVIII] según el orden dórico con arreglo a la traza del famoso ingeniero Hércules Torrelli... El retablo mayor antiguo, que está en el crucero y a la izquierda del moderno, es de bella arquitectura, y consta de cinco cuerpos, el primero de orden dórico, el segundo jónico, el tercero y cuarto corintios, el quinto es menor y remata en tímpano con sus acroteras y faldones, a los dos lados las columnas son estriadas, y en los intercolumnios hay hermosas estatuas y una Resurrección de relieve en el sagrario. Toda esta obra parece ser del siglo XVI según el aire del artífice, como también la de un Cristo atado a la columna, que es una estatua primorosa... el altar mayor actual [s. XVIII]... es soberbio... En diversas ocasiones las agustinas fueron obligadas a abandonar su monasterio; la última en 1834, a petición de Gaspar Jáuregui, jefe de los liberales. Tras diversas vicisitudes las monjas se instalaron (13-11-1849) en Astigarraga.
5.2.3 LA DESTRUCCION DE 1813 Las tropas francesas comenzaron a desfilar por el paso de Behobia con dirección a Portugal desde octubre de 1807. En un mes llegaron a cruzar la frontera más de cien mil soldados en concepto de tropas aliadas. El 17 de febrero de 1808 tuvo lugar la ocupación formal de Pamplona, quedando al descubierto los planes expansivos franceses. No obstante, las tropas mandadas por el general Thouvenot ocuparon San Sebastián el día 10 de marzo de 1808 en una acción que se insertaba en los prolegómenos de la Guerra de la Independencia sin que la guarnición de la Ciudad opusiese resistencia alguna. En una carta de Murat al Emperador de fecha 6 de julio se dice que el Gobernador de la Plaza "... duque de Mahón ha recibido de su gobierno la autorización de abrir a las tropas de V. M. la ciudad y la fortaleza de San Sebastián que alrededor de 400 hombres han debido de ocupar ayer. Va a establecerse allí un hospital...". El mismísimo José I entró en San Sebastián el 9 de julio de 1808, pero no parece que fuera bien recibido "... Casi toda la ciudad se despobló desde el amanecer y la mayor parte de los habitantes huyeron al campo y a las aldeas... o se encerraron en sus casas" escribía José María Soroa en un Manifiesto publicado en 1813. En junio de 1813 el general francés Emmanuel Rey se hizo cargo del mando de la Plaza. Habían transcurrido cinco años de ocupación y ahora eran las tropas francesas las que, tras la dura derrota sufrida en la batalla de Vitoria, se replegaban hacia su frontera. La guarnición donostiarra en esos momentos se elevó a unos 3.000 hombres.
5.2.4 LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD Pasaban los días. Las tropas francesas refugiadas en el Castillo de la Mota, escasas de artillería y municiones, tuvieron que soportar un incesante fuego artillero. Perdieron, además, la esperanza de recibir refuerzos de las tropas de Soult que operaban en el Bidasoa, pues la acción del 31 de agosto en San Marcial, llevada a cabo por el 4º ejército español dirigido por el general Freire, no le dio tal opción. De forma que el día 8, tras un recrudecimiento de los disparos ingleses, el Castillo se rindió.
5.2.5 EL ENSANCHE MERIDIONAL Desde el año 1856 la Plaza fuerte de San Sebastián fue incluida entre las susceptibles de ser desmilitarizadas, ya que los condicionantes bélicos y tecnológicos se habían ocupado de convertirla en obsoleta a lo largo de los siglos. Pero el derribo de las murallas todavía tardó algunos años, a pesar de las reiteradas peticiones al respecto realizadas por la Ciudad en 1857, 1858 y 1860. En marzo de 1862 se decidió, por fin, el ansiado derribo, compensado con el aumento del dispositivo militar en el monte Urgull. La comisión que en 1862 estudió los cambios a efectuar en las fortificaciones del castillo se pronunció en primer lugar acerca de la pertinencia de tales modificaciones, analizando su situación estratégica. En el informe se decía que "... el Castillo de la Mota no podrá nunca considerársele como plaza de guerra, sino como un punto más o menos fuerte y capaz únicamente de abrigar una guarnición no muy numerosa... será ineficaz para detener la marcha de un ejército invasor o para obligar al menos de desprenderse de un cuerpo de ejército... le bastará para realizar su acción un destacamento tan fuerte como la escasa guarnición del Castillo que... podrá impedir llegue recurso alguno a los defensores desde la población que tienen a sus pies, convertida en un elemento muy terrible para la defensa del Castillo desde el momento que la plaza quede abierta con el derribo de sus murallas.
5.2.6 EL ENSANCHE ORIENTAL Además del ensanche meridional, los arenales y pedregales que dejaba la bajamar al descubierto al este de la muralla de la Zurriola fueron objeto de otro ensanche de la ciudad, conocido como Ensanche oriental. La desecación y urbanización del sector fue solicitada por un particular, el Sr. Berasategui, que consiguió en 1873 una concesión para llevarlas a cabo. La Guerra Carlista y diversos problemas administrativos retrasaron el inicio de las obras hasta que en 1882, tras pasar la concesión por varias manos, se hizo cargo de la misma el Marqués de Salamanca. El plan inicial del Ensanche Oriental -tres calles E-O y otra transversal, siguiendo el río- fue modificado por otro de cuatro calles y menores manzanas (1886). La concesión cambiará nuevamente de manos hasta llegar al Banco General de Madrid (1887), que creó para gestionar la operación la Sociedad de Terrenos de San Sebastián, presentando el plano definitivo del Ensanche. En 1889 estaban ya vendidos la mayor parte de los solares. En el año 1900 el Ayuntamiento saneó la zona de unión entre la Parte Vieja y el Ensanche Oriental, actuando sobre los restos de la muralla de la Zurriola y construcciones pegantes, que sirvieron para imbricar las tramas urbanas vieja y nueva. El último episodio en la construcción del Ensanche lo constituyó la apertura del Paseo Nuevo (1919) que, rodeando el monte Urgull, unió el puerto con el Ensanche Oriental.

5.2.EVOLUCIÓN DE LA TRAMA URBANA
5.2.EVOLUCIÓN DE LA TRAMA URBANA
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5.2.EVOLUCIÓN DE LA TRAMA URBANA
5.2.EVOLUCIÓN DE LA TRAMA URBANA
5.2.2 EDIFICACIONES EXTRAMURALES
5.2.3 LA DESTRUCCION DE 1813
5.2.4 LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD
5.2.5 EL ENSANCHE MERIDIONAL
5.2.6 EL ENSANCHE ORIENTAL
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5.3 GEOGRAFÍA URBANA Javier GOMEZ PIÑEIRO
5.3 GEOGRAFÍA URBANA Javier GOMEZ PIÑEIRO
5.3 GEOGRAFÍA URBANA Javier GOMEZ PIÑEIRO
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5.6 LOS ENCLAVES DE SAN SEBASTIÁN Juan Antonio SÁEZ GARCÍA
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6.
Patrimonio Cultural



@6
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Patrimonio Cultural



@6.1 - PATRIMONIO MONUMENTAL
6.1.1 LAS FORTIFICACIONES MEDIEVALES Y MODERNAS
De la fortificación baja de la Plaza fuerte de San Sebastián restan pocos vestigios visibles. La muralla medieval fue deteriorándose poco a poco a partir de la construcción de la muralla moderna y los restos que aun perduraban en el siglo XIX desaparecieron como consecuencia de la reconstrucción urbana efectuada tras el incendio de 1813. Tan sólo algunos indicios de murallas y edificios se conservan en el subsuelo y en los sótanos de las actuales construcciones, especialmente en la calle Embeltrán, donde fue excavada en 1996 la que fuera torre de los Engómez, de la que apareció un arco apuntado. Foso de la muralla moderna. En primer plano las escaleras de contraescarpa de acceso al camino cubierto. Al fondo el puente de acceso al hornabeque En el año 1864 fue arrasado a un determinado nivel (el del futuro Ensanche) el Frente de Tierra de la muralla moderna. Por ello se conservaron en relativo buen estado las fortificaciones por debajo la cota cero (cimentación y primeras hiladas de sillería del recubrimiento). Con motivo de la construcción de un aparcamiento subterráneo fue excavado (1997) un sector de las mismas. Una parte de los restos descubiertos fue destruida, otra fue vuelta a enterrar y el resto se ha acondicionado para su contemplación desde el interior de los aparcamientos.
En 1900 fueron arrasados a la cota cero del Ensanche Oriental los restos que aún permanecían del Frente de la Zurriola. Tan sólo la muralla occidental -modificada en su parte superior- puede observarse actualmente en parte de su longitud separando el puerto de la Parte Vieja. En la misma se conserva -muy modificada- la puerta de mar (Portaletas), que se abre a la calle del Puerto, y la hace siglos inutilizada Puerta del Muelle Viejo. Antes de que en el siglo XIX se construyera en el puerto la dársena deportiva, el sector de la muralla occidental actualmente comprendido entre el palacio Goikoa y Portaletas emergía de la arena; durante la pleamar era bañado por el mar, siendo su parte inferior (actualmente enterrada) más gruesa que la superior
Castillo de Sta. Cruz de la Mota, en el monte Urgull
Por el contrario, en el monte Urgull pervive hoy en día un número considerable de construcciones militares. Y ello pese a que cuando el monte fue adquirido por el Ayuntamiento a principios del siglo XX con objeto de transformarlo en parque, fueron parcialmente destruidas. Su actual apariencia es fruto de una restauración parcial llevada a cabo en 1963 con motivo del centenario del derribo de las murallas. El monte está limitado al sur por la llamada Muralla de Espanochi, sobre la que discurre el Paseo de los Curas que une la Parte Vieja con el Paseo Nuevo tras una ampliación del siglo XX. Entre las fortificaciones destaca, dominando Urgull, el Castillo de Santa Cruz de la Mota, construido sobre un pequeño castillo medieval. En su recinto de planta irregular, dotado de dos accesos y numerosas cañoneras, se conserva un cuartel edificado en el siglo XVIII, aljibe, la capilla del Santo Cristo de la Mota y la plataforma -redondeada hacia el sur, rectilínea hacia el norte- convertida su interior en amplia capilla. Sobre la misma fue instalado en 1950 el monumento del Sagrado Corazón de Jesús, realizado por el arquitecto Pedro Muguruza y el escultor Federico Coullaut; está formado por una pirámide truncada de 16 m. de altura, en cuyo interior alberga una reducida capilla, sobre la que se apoya una imagen de hormigón del Sagrado Corazón de Jesús de 12,5 m. de altura. Distribuidas por el monte se encuentran diversas baterías, edificadas y reformadas en diferentes épocas, la última con ocasión de la guerra entre España y los Estados Unidos en 1898. Son las Baterías del Mirador, alta y Baja del Gobernador, de Bardocas, de Santiago, de las Damas, de Santa Clara, etc. Almacenes, polvorines, cuerpos de guardia, cuartel a prueba (s. XIX), galería de tiro, cementerio de los Ingleses y otras construcciones militares que complementan el conjunto
6.1.2 LAS FORTIFICACIONES DEL SIGLO XIX
Durante las guerras carlistas (s. XIX) un gran número de pequeñas fortificaciones ocuparon los puntos prominentes cercanos a San Sebastián (y a otros municipios de su entorno), estableciendo una serie de líneas de defensa de la liberal ciudad (fuertes más próximos) que se oponían a otros dispositivos similares formados por los carlistas (fuertes más alejados de la ciudad). Muchos de las fortificaciones construidas en la Primera Guerra Carlista fueron reutilizadas cuarenta años más tarde en la última, levantándose también otras nuevas. En el curso de los enfrentamientos no pocos fuertes cambiaron de bando. Por lo general no eran grandes fortalezas, sino sencillas fortificaciones rodeadas en ocasiones por un foso perimetral. Al menos una parte de sus muros fueron construidos con piedra, pero era frecuente que otra parte estuviese confeccionada con tierra (de ahí su deficiente conservación). Disponían generalmente de parapetos dotados de aspilleras para el disparo de fusilería y su interior algunas albergaban pequeños edificios (polvorín, cuerpo de guardia, etc). Muchas estuvieron artilladas con uno o dos cañones (el fuerte carlista de Venta-zikin fue uno de los mejor situados para cañonear la ciudad). También se levantaron torreones (como el del Antiguo, en el actual palacio de Miramar o el de Loyola), se fortificaron casas (como Kachola-zarra, en la carretera Ayete-Hernani, o Garbera) y se ejecutaron por parte de ambos bandos otras fortificaciones más efímeras (baterías, trincheras, etc). En la actualidad se conservan restos de una parte de los mismos, mientras que otros han sido destruidos para acometer la urbanización de la zona donde se asentaban. Quizá uno de los más accesibles y mejor conservados (a pesar de su estado ruinoso) sea el de Ametzagaña (cercano a Intxaurrondo Sur. Para compensar la pérdida de las murallas, en 1873 se construyó un muro defensivo provisional entre el puente de Santa Catalina y el cerro de San Bartolomé, que contribuyó a la defensa de la Ciudad frente a los disparos de la artillería carlista.
Finalizando el siglo XIX, comenzó a formarse el denominado Campo Atrincherado de Oyarzun. Comprendía éste los fuertes de San Marcos (Rentería-San Sebastián), Txoritokieta (Rentería-Astigarraga); Guadalupe y San Enrique (Hondarribia), en el monte Jaizkibel; San Marcial y Erlaitz (Irún), y Arkale (Oiartzun), así como otras fortificaciones menores. De ellas sólo fueron construidas las tres primeras. Un campo atrincherado está constituido por un conjunto de fortificaciones artilladas dispuestas en ciertos puntos prominentes de un territorio que se flanquean mutuamente y sirven de apoyo a efectivos militares que evolucionan en el territorio así protegido. El fuerte de San Marcos, proyectado por el ingeniero militar Luis Nieva en 1888, se encuentra mayoritariamente incluido en el término municipal de Rentería, pero el límite del término donostiarra incluye la batería auxiliar de Kutarro y un pequeño sector de la fortificación principal. La aprobación del proyecto definitivo de Luis Nieva (31-8-1888) se realizó cuando la obra estaba prácticamente finalizada. Por esta causa tuvieron importancia los diversos anteproyectos con que contó la fortificación, obra de los ingenieros militares Pedro Lorente (1878), Juan Roca (1879), Francisco Echagüe (1880) y José Brandis (1884), descartados como anteproyectos definitivos por diversas deficiencias observadas en los mismos. El anteproyecto definitivo fue obra de los ingenieros Rogí y Roldán (1884). Actualmente es propiedad del Ayuntamiento de Rentería. De magnitud inferior al de Guadalupe, pero más poderoso que el de Txoritokieta, consta de una obra Alta y otra Baja. La primera está formada por un edificio blindado por bóvedas de hormigón de 1 m de grueso y varios metros de mampostería, piedras y tierra. Tiene dos plantas con forma de heptágono irregular, delimitando un patio central bajo el que se encuentra el aljibe. La planta superior alberga quince casamatas, formando un conjunto de dos baterías; la principal estuvo armada hasta 1896 con siete cañones de 15 cm y con cuatro la de gola. La planta inferior acoge al cuerpo de guardia, almacenes, cuartel, etc.
La obra inferior está dotada de una batería a barbeta (descubierta) con capacidad para seis piezas artilleras de 15 cm situadas entre 4 traveses-repuesto y una batería semienterrada para tres obuses de 21 cm. Todo el conjunto está rodeado por un foso en forma de pentágono irregular convenientemente flanqueado por dos caponeras y una semicaponera, dotadas de aspilleras para fusilería y cañoneras para ametralladoras, salvándose el mismo originariamente mediante un puente levadizo de entrada. El conjunto está circundado por un camino cubierto. En sus últimos años de vida militar fue prisión de suboficiales y depósito de alambradas de la Organización Defensiva de los Pirineos. Además del flanqueo del fuerte de Txoritokieta, dispone en sus proximidades de dos baterías auxiliares a barbeta: la denominada de Los Barracones y la de Kutarro. El fuerte tuvo uso militar hasta la década de 1970 en que fue abandonado. En 1998 fue rehabilitado, instalándose en el mismo un restaurante y otros servicios, además de réplicas a tamaño natural de cañones, obuses, ametralladoras, etc. 
El fuerte de Txoritokieta, situado a caballo de los límites de los municipios de Astigarrraga y Rentería, muy próximo al fuerte de San Marcos, fue diseñado igualmente por Luis Nieva. Consta de dos baterías a barbeta con capacidad para dos piezas de artillería pesada y una con capacidad para tres piezas, separadas por construcciones de tamaño reducido (polvorín, repuestos, etc.) a prueba de bomba. Dispone también de un cuartel de planta pentagonal cuyo piso superior esta circundado por un parapeto para fusilería, todo ello rodeado por un modesto foso. En sus proximidades dispone de una batería auxiliar. Su artillado, formado por 6 piezas de artillería de 15 cm fue desmontado en 1896 con ocasión de las hostilidades coloniales, siendo sustituido teóricamente por piezas móviles. Actualmente está prácticamente abandonado, siendo necesario actuaciones que permitan su difusión como elemento del patrimonio. La batería de la Diputación de Gipuzkoa, en Mompás, fue construida bajo proyecto de Juan Roca en 1898 con objeto de defender la ciudad de un posible ataque de la marina estadounidense. Terminada la guerra de Cuba sin llegar a ser artillada, recibió en el año 1908 cuatro cañones “Ordóñez” de 15 cm, a la vez que fue levantado un nuevo cuartel. En 1936 llegó a realizar algunos disparos con sus obsoletos cañones contra los buques sublevados. Fue desmilitarizada hacia 1950 y actualmente está abandonada. 
6.1.3 MUSEO DE SAN TELMO (EXCONVENTO)
La fundación del convento dominico de San Telmo (1539) fue posible -a pesar de la oposición del clero local- gracias al patronazgo ejercido por el secretario del Consejo de Estado de Carlos I, Alonso de Idiáquez y de su esposa Gracia de Olazábal, cuyas estatuas yacentes se encuentran en la iglesia. Los primeros planos del edificio se deben a Martín de Santiago (1542), modificados en 1547 por imperativos del terreno y de los escasos recursos económicos disponibles para su construcción (1544-1562). Su estilo puede calificarse como de transición entre el gótico y el renacentista. Además del uso conventual (en el siglo XVIII eran 24 los monjes que obligatoriamente debía tener el convento), tuvo a lo largo de su existencia otras funciones. En la Guerra de la Convención, a finales del siglo XVIII, fue habilitado como hospital. Durante la Guerra de la Independencia no sufrió daños importantes en su estructura, pero fueron saqueadas tumbas y altares. Con objeto de reparar los desmanes de la soldadesca, parte del edificio fue alquilado como cuartel de artillería. La Desamortización de Mendizábal forzó la salida de los dominicos del Convento, ocupando las dependencias cuartelarias todo el edificio. En 1924 fue vendido por el Ministerio de la Guerra al Ayuntamiento junto con el monte Urgull, dejando de ser cuartel en 1928. No obstante, el claustro, la iglesia y el torreón seguirán perteneciendo al Estado, aunque la gestión será municipal.
Ya en manos municipales, el arquitecto Francisco de Urcola, ayudado por el arquitecto Juan Alday y el Pintor Ignacio Zuloaga, rehabilitaron el edificio, ejecutándose en estilo neorrenacentista la actual fachada principal, situada en la plaza de Zuloaga. La mencionada Plaza estuvo ocupada por dos alas del Convento/ cuartel -hoy inexistentes- que se dirigían hacia el este hasta llegar a la muralla de la Zurriola, dejando un patio intermedio. Tras las reformas, en 1932 se convierte en Museo y Biblioteca Municipales. La Biblioteca se trasladó en 1951 al edificio de la antigua Casa Consistorial. En los últimos años del siglo XX fue sometido a un lento, pero ambicioso, proceso de restauración y modernización. Actualmente el museo dispone de colecciones arqueológicas, etnográficas y pictóricas (Gido Reni, Greco, Ribera, Valdés Leal, Alonso Cano, Rubens, Fortuny, Zuloaga, Ortiz Echagüe, etc. y una muestra de pintura vasca contemporánea). También dispone de salas destinadas a exposiciones temporales. En el edificio es preciso destacar el claustro de dos alturas (situado a los pies de la iglesia y no a un lado como es habitual), inspirado en el renacentista de S. Esteban de Salamanca (el tramo meridional es, en parte, una reconstrucción del siglo XX); el torreón, que alberga la escalera de acceso al claustro alto y el sobrio acceso meridional que permite el acceso a la iglesia desde el exterior. La citada iglesia dispone de ábside poligonal, nave de 48 m. de longitud y de capillas laterales separadas por robustas columnas que soportan las bóvedas de crucería, así como de coro a los pies. Originariamente parte de las paredes y bóvedas estuvieron cubiertas por interesantes pinturas, durante muchos años olvidadas, hasta que en el año 2008 fueron descubiertas y restauradas en un 30% de su extensión. Además de estas pinturas originales, merecen especial reseña las paredes, cubiertas por once grandes lienzos pintados por la mano de José María de Sert (1876-1945) realizados mediante la técnica de veladura (barniz con color sobre un fondo de pan de oro). Representan diversas escenas que resumen la vida e historia de Guipúzcoa.
Comenzando por la derecha de la puerta de acceso del claustro representa: pueblo de ferrones: un grupo de hombres forja un ancla sobre un yunque (7x6,5 m.); pueblo de santos: Ignacio de Loyola escribiendo las Constituciones (7x6,5 m.); pueblo de comerciantes: la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas representada mediante un indígena venezolano ofrece un jarro de chocolate a los armadores (9,5x3 m.); pueblo de navegantes: la epopeya de Juan Sebastián Elcano (9,5x10 m.) y, llegando al presbiterio, el pueblo de pescadores: desembarco en puerto de una ballena (9,5x9 m.). El lienzo que ocupa el presbiterio (9,5x21 m.) representa, dividido en cinco paños, diversos salvamentos marítimos en una tempestad sobre la que se yergue un viejo árbol que sostiene la imagen de San Sebastián -patrón de la ciudad- y de San Telmo -patrón de los marinos- incluyendo en la parte inferior los escudos de San Sebastián y de Guipúzcoa. Ya en la pared izquierda, el primer lienzo representa el pueblo de fueros: jura de los fueros por el Rey Alfonso VIII (9,5x9 m.). Le siguen el pueblo de armadores: la construcción de la Armada invencible en los "Astilleros del Rey" de Pasajes (9,5x10 m.); pueblo de libertad: el árbol de Gernika y un libro que simboliza el fuero de Vizcaya (9,5x3 m.); pueblo de sabios: la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (7x6,5 m.). Por último, el pueblo de leyendas: las brujas de Zugarramurdi (7x6,5 m.).
Desde el claustro y desde la iglesia se accede a un conjunto de espacios intercomunicados: la abovedada y renacentista sacristía, la capilla de los Etxeberri (desaparecida hoy en día como tal) y la Sala Capitular. La reforma desarrollada a principios del siglo XXI renovó la totalidad del edificio y sustituyó un edificio anexo al mismo por otro de moderna factura.
6.1.4 CONVENTO DE SANTA TERESA
El convento de Santa Teresa está situado en la falda del Monte Urgull. Fue fundado en 1663 como convento de clausura de las Carmelitas Descalzas, tras un intento fallido previo protagonizado en la primera mitad del s. XVII por D. Juan de Amézqueta (que murió en 1649) y su esposa Dª Simona de Lajust (+1657). Las gestiones de la fundación tras la muerte de Dª Simona fueron realizadas por diversos albaceas del legado que, siguiendo la voluntad expresada en su testamento, consiguieron que el patronazgo del Convento recayera en la Ciudad de San Sebastián y quedara asimismo desligado de la obediencia a la Orden y sujeto directamente a la autoridad del obispo de Pamplona. La comunidad de religiosas se instaló en 1663 en la basílica de Santa Ana, "donada" por la Ciudad a cambio de una cantidad estipulada. A pesar de que se realizaron obras de ampliación y adaptación a su nueva función, el edificio no reunía condiciones, por lo que fue sustituido por el actual (1686), ampliando el solar por anexión de otros colindantes. La parte más antigua es la iglesia y el "cuarto alto", que data de finales del siglo XVII. En el primer tercio del siglo XVIII fueron construidos un patio triangular y un claustro cuadrado de dos alturas y muy reducidas dimensiones, así como otras dependencias (Fray Pedro de Santo Tomás). Mediado el siglo XIX se construyó la fachada oriental del convento, la elevación de la torre y el campanario. En la década de 1990 tiene lugar la cesión de todo el edificio al Ayuntamiento, con excepción de la iglesia y del "cuarto alto" situado sobre ella, que fue habilitado (José Ignacio Linazasoro y Luis Sesé) como nuevo convento. La rehabilitación del resto del edificio tuvo lugar en los años 2003-2006.

@6.1 - PATRIMONIO MONUMENTAL
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6.1.2 LAS FORTIFICACIONES DEL SIGLO XIX
6.1.3 MUSEO DE SAN TELMO (EXCONVENTO)
6.1.4 CONVENTO DE SANTA TERESA
6.
Patrimonio Cultural



@6.2. FIESTAS Y OTRAS COSTUMBRES
@6.2. FIESTAS Y OTRAS COSTUMBRES
@6.2. FIESTAS Y OTRAS COSTUMBRES
6.2.2 LAS SOCIEDADES GASTRONÓMICAS
Las sociedades gastronómicas (o populares) están muy extendidas en el País Vasco, pero se concentran en la capital guipuzcoana en gran número -unas 150- y están revestidas de gran tradición y antigüedad: Unión Artesana (1870), Ollagorra (1907), Gaztelupe (1916), Euskal Billera (1901), Cañoyetan (1901), etc. Una sociedad gastronómica tradicional está constituida por un número relativamente reducido de socios. Además de una cantidad de entrada, satisfacen una cuota mensual que generalmente confiere al socio el derecho de poseer la llave de la sede social. En ella la actividad gira en torno a una gran cocina y a las mesas situadas en su proximidad, complementadas con bodega, despensa, cámaras frigoríficas, etc. Las consumiciones son autoliquidadas por cada socio y, por lo general, son éstos quienes cocinan. Algunos acuden todos los días a la Sociedad. Otros lo hacen solamente en algunas ocasiones. Unas veces degustan sus platos en solitario; otras los comparten con otros miembros de la sociedad o con invitados. El buen ambiente, el humor y las canciones populares -un piano vertical forma parte habitual del mobiliario- están presentes frecuentemente en ellas. Los estatutos de algunas sociedades gastronómicas no permitían que las mujeres formen parte de las mismas, en otras limitaban sus actividades (no podían cocinar). En las sociedades más tradicionales llegaba incluso a prohibir la entrada a las mujeres, si bien tradicionalmente existían dos excepciones: a partir de la medianoche, tras las cenas festivas de las vísperas de San Sebastián (20-1) y de la Virgen (15-8). No obstante, la evolución cultural ha modificado este tipo de costumbres y las sociedades populares tienden a ser más familiares y van eliminando las cláusulas excluyentes. Formando parte la cocina del bagaje cultural de los donostiarras, no es de extrañar que en la ciudad proliferen escuelas de cocina y afamados restaurantes. También deben citarse los pinchos que se ofrecen en buena parte de los bares donostiarras inicialmente creados para acompañar al clásico txikiteo.
Además de su función gastronómica, muchas sociedades realizan actividades deportivas, culturales, benéficas y festivas. Entre ellas tiene especial preeminencia la organización de las tamborradas, principalmente en el día de San Sebastián.
LAS SIDRERÍAS
Las sidrerías son caseríos especializados en la fabricación de sidra. En ellas es tradición que, entre enero y abril (temporada del tsots), se constituyan en tradicionales lugares de ocio. Lo fueron antaño de los caseros, que acompañaban la degustación de la sidra que iban a comprar para consumir durante el año con bertsos, juegos de bolos, toca, etc., y actualmente también lo son de los urbanitas. En la década de 1960 la industrialización y la generalización del vino como bebida popular supusieron la decadencia de las sidrerías. Pero veinte años más tarde resurgieron de sus propias cenizas. No son las mismas costumbres de antaño, pero actualmente puede afirmarse que quien accede a una sidrería va a encontrar una gran estancia rodeada de grandes barricas (kupelas), donde se disponen una serie de mesas corridas, muchas veces sin asiento. A la voz de mojón alguien abre la espita que se coloca en la kupela y de ella sale la apreciada bebida que los comensales se afanan, uno tras otro, en recoger mediante un ancho vaso. La comida que acompaña a la sidra -que en algunos casos puede llevar el comensal- es invariablemente tortilla de bacalao, chuletón y queso con nueces. El rito de llenar los vasos se repetirá una y otra vez, probando, si la ocasión es propicia, el contenido de más de una kupela, puesto que el pago -una cantidad fija- da derecho a beber toda la sidra que se desee. Existen también otro tipo de sidrerías, similares en sus servicios a un restaurante y que abren durante todo el año, ofreciendo menús similares y el mismo sistema de provisión de sidra, si bien al no estar relacionadas con la producción de sidra son un tanto artificiales. La zona constituida por los municipios de Astigarraga (antiguo barrio de San Sebastián), Hernani y Oiartzun es una de las zonas con mayor número de sidrerías. En el actual término municipal de San Sebastián se distribuyen principalmente por Zubieta, Igeldo, Martutene y Añorga-Ibaeta. La moda ha hecho que en los últimos años este tipo de locales (aunque desprovistos de autenticidad) se extiendan a zonas urbanas e incluso a comarcas donde tal tradición era inexistente.
6.2.3 LA TAMBORRADA
La fiesta donostiarra por antonomasia es la Tamborrada. Su origen ha quedado desdibujado por el tiempo, predominando en no pocas versiones que han circulado sobre el mismo la fantasía del narrador sobre los hechos reales. Cuando en el año 1597 una epidemia de peste afectó a la población, los donostiarras hicieron el voto de procesionar el día 20 de enero la reliquia de San Sebastián -hoy perdida- entre la iglesia de Santa María y la iglesia que, bajo la advocación del Santo, se levantaba en el barrio del Antiguo. En el libro de mandatos de la iglesia de S. Vicente (1540-1670) puede leerse: “San Sebastián. El año de mil y quinientos noventa y ocho que hubo peste en esta Ciudad, se hizo voto de ayunar la víspera de San Sebastián, tomando al santo por su patrón y su dia con la reliquia del santo que ay en la parroquia de Santa María; de ella sale la procesión para San Sebastián el Antiguo y dice la missa mayor el Vicario de Santa María”. (J. I. Tellechea: La Reforma Tridentina..., p. 291-292).
En el primer tercio del siglo XIX la procesión -en la que, al parecer, participaron tambores y pífanos- dejó de celebrarse, siendo sustituida por otros actos religiosos intramuros. La citada procesión no puede, en realidad, ser considerada como un antecedente directo de la Tamborrada, pero si una celebración en honor del Santo a la que sustituyó. Los historiadores locales no se ponen de acuerdo en la fecha de celebración de la primera tamborrada propiamente dicha. Ni tan siquiera pueden afirmar que ésta existiese de forma organizada. Más bien parecen inclinarse por una lenta formación de la fiesta a partir de dos elementos. Uno fue, sin duda, la música militar que en toda plaza fuerte se podía escuchar continuamente. El otro, las ganas de diversión de los donostiarras. En algún momento ¿1836? surgió la chispa -en un entorno carnavalescoque animó a algunos donostiarras a imitar, a seguir, a responder -quizás a burlarse- de las evoluciones de alguna formación castrense. Pudo ser el inicio de la Tamborrada. Durante sus primeros años de existencia la tamborrada -que no tenía uniformidad en el vestuario- realizaba su salida a las cinco de la madrugada y, tras finalizar su recorrido, se unía al tamboril en el cruce de las calles San Jerónimo y 31 de agosto, con objeto de entrar juntos en la Plaza de la Constitución, donde se corrían los toros ensogados (sokamuturra). La Fraternal, la Unión Artesana (ambas se fusionaron en 1879) y Euskal Billera fueron las primeras sociedades populares en organizar la tamborrada. Hoy en día, después de una larga evolución -que todavía no ha concluido- la fiesta se centra en el desfile de un centenar largo de “tamborradas” a lo largo de las 24 horas del día 20 de enero, festividad de San Sebastián. Al conjunto de la fiesta se denomina también “Tamborrada”.
Cada tamborrada está constituida por entre treinta y cincuenta tamborreros, generalmente vestidos con trajes militares del siglo XIX -nótese que van vestidos, no disfrazados- y entre cincuenta y cien barrileros que, vestidos de cocineros o aguadoras, portan pequeños barriles sujetos a la cintura. En el año 2011 aparece un nuevo instrumento el “urkedanborra”, (o tambor de aguadora) con aspecto de herrada, pero con un parche del que se obtiene sonido similar al del tambor, destinado a que la sección de tambores de la sociedad Kresala puedan participar aguadoras. También forma parte de la comitiva una banda de música, si bien está al margen de la organización, cobrando en la mayor parte de los casos por sus servicios. Para ser considerada tamborrada “oficial” y, por lo tanto, poder optar a una subvención municipal, es obligatorio que esté organizada por una sociedad benéfica, cultural, recreativa o deportiva asentada en San Sebastián. También se recomienda un mínimo de componentes y el respeto en el recorrido a la prioridad de paso que asiste a las tamborradas más antiguas. Existe una coordinadora de tamborradas que dispone de delegados que representan las tamborradas de cada zona de la ciudad, que es la encargada de tomar las decisiones necesarias para la buena marcha de la fiesta y de realizar los enlaces pertinentes con el Centro de Atracción y Turismo y con el Ayuntamiento.
En la mayor parte de las tamborradas la mujer se incorporó activamente en la fiesta en la década de 1990 (inicialmente Kresala, Txubillo, etc.), desfilando como tamborreras y/o “aguadoras”. Estas últimas portan un instrumento que recibe el nombre de “herrada”, similar al barril en cuanto al sonido pero, a diferencia de éste, tiene la base inferior ligeramente más grande que la superior y lados rectos (forma troncocónica). Su indumentaria -inspirada en la de la mujer del s. XIX- no está totalmente establecida, pero, por lo general, está formada por tocado blanco, corpiño negro, faldas largas de color, pañoleta al cuello y abarcas de goma sobre calcetines de lana blancos. En ciertas tamborradas, normalmente coincidiendo con las de menor antigüedad, la indumentaria de tamborreros y barrileros es única: el traje de cocinero. Con el paso del tiempo es frecuente que los tamborreros adopten la indumentaria militar tradicional, diferente para cada tamborrada. Tanto los uniformes como el resto del material corren por cuenta de los componentes de las tamborradas o de las instituciones de que dependen, otorgando todos los años el Ayuntamiento la ya citada subvención a cada una que se utiliza generalmente para sufragar los servicios de la banda de música.
La máxima autoridad de cada Compañía la ostenta el “Tambor mayor” que, sirviéndose de un bastón de mando provisto en su parte superior de cortas cintas, dirige los golpes que tamborreros y barrileros/aguadoras han de dar a los tambores (bastón vertical), a los barriles/herradas (bastón horizontal cuando el golpe no es unísono con los tambores) o los palillos entre si (bastón horizontal); le sirve también para indicar la finalización de cada pieza (bastón invertido). Los barrileros están atentos a las instrucciones impartidas por el “Barril mayor” ), que porta un gran tenedor, cuchillo o cuchara entre sus manos con el que procede a la dirección de su sección. Una reducida escuadra de gastadores encabeza la comitiva, al frente de la cual desfila un “Cabo”. Tras ellos se sitúan la bandera de San Sebastián y la del colectivo que promueve la tamborrada, acompañadas por un pequeño grupo de “cantineras”. Les siguen los grupos de tamborreros y de barrileros encabezados respectivamente por un “Cabo de tambores” y un “Cabo de barriles”. La banda de música se sitúa entre los tambores y los barriles. Las tamborradas de mayor antigüedad son las organizadas por las sociedades gastronómicas. Los socios de muchas de ellas son exclusivamente hombres, razón por la que en algunas tamborradas son las mencionadas cantineras las únicas representantes de las mujeres donostiarras. En el año 2007, tras presiones municipales, las aguadoras forman parte de Gaztelubide, una de las tamborradas que se había opuesto con mayor ahínco a la participación de la mujer en su tamborrada. El repertorio musical oficial de las tamborradas está formado por seis composiciones de Raimundo Sarriegui (1840-1913), interpretadas por la banda de música acompañada por los tambores, los barriles y -cuando las hay- las herradas. Sus títulos son: Irirayena (1882), Diana (1882), Retreta (Pasodoble 1º de tambores, 1882), Retreta (Pasodoble 2º de Tambores, conocida como “Tatiago”, 1884), Polka de tambores (1885) y la Marcha de San Sebastián (1861) que, aunque en general no es cantada en la tamborrada, cuenta con letra de Serafín Baroja. A ellas se unirá en 2013 la “Primitiva Marcha de S. Sebastián “ (única que no es de Sarriegui). A partir del año 1993 algunas tamborradas incorporan otras composiciones “optativas” de Raimundo Sarriegui, tales como Gau Ibillera, Caballería de viejas (1881), Caballería de Gallos, Ataque de Herrikosemes, Hau dek hau y Gau Ibillera, esta última sin autor conocido. Es tradición entre los buenos donostiarras interpretar en público las mencionadas composiciones exclusivamente el día de su Patrón y en los ensayos de las tamborradas, que tienen lugar varios días antes de la festividad. La fiesta la inician los donostiarras el día 19 con una cena. El menú más tradicional se compone de consomé, angulas, solomillo y pantxineta (pastel templado relleno de crema), aunque los elevados precios de las angulas han provocado la sustitución de las mismas por otros manjares. Una vez finalizada, los comensales “salen a la tamborrada” o, si lo prefieren, interpretan en la sobremesa sus composiciones musicales, improvisando los tambores y baquetas con cualquier medio. No puede faltar en la fiesta el complemento del gorro de cocinero, la alegría y el buen humor. Las primeras tamborradas salen a las calles de San Sebastián en torno a medianoche del día 19 de enero (Gaztelubide, Umore Ona, Ur Zaleak, Ondar Gain, Loyolatarra, etc.). Son las encargadas de realizar la “Izada” de la bandera de la Ciudad en sus respectivas sociedades o en algún lugar relevante de cada barrio. La “Izada” más concurrida tiene lugar desde 1924 en el mástil central de la antigua Casa Consistorial. La Plaza de la Constitución se convierte en un hervidero humano. Pocos minutos antes de medianoche la tamborrada de la Sociedad Gaztelubide (desde 1934) y un grupo formado por representantes de otras tamborradas que lo deseen (unos 80) accede al tablado instalado al efecto. A las doce en punto interpreta solemnemente la “Marcha de San Sebastián” mientras el Alcalde de la ciudad iza lentamente la bandera. Tras finalizar la Marcha, la Tamborrada interpreta el resto del repertorio, prosiguiendo a continuación el desfile por la Parte Vieja y alrededores. Actos similares, aunque menos concurridos se celebran en otros barrios de la ciudad. A partir de este momento no hay un instante en el que en algún punto de la ciudad no redoblen los tambores de alguna tamborradas (Kresala, Vasconia, Kondarrak, Peña Anastasio, Txubillo, Atlético de San Sebastián, etc.).
Algunos años se suspendió la Tamborrada (cuando salía una sola) o el acto de izada de la bandera: 1874 a 1876 (guerra carlista), 1891 (nevada), 1902 a 1904 (protesta por la prohibición de los bueyes ensogados), 1914 (muerte de Sarriegui), 1916 (Guerra Mundial), 1936 a 1939 (Guerra Civil), 1948 (climatología), 1968 y 1971 (estado de excepción). También la izada principal cambió de escenario en algunas ocasiones: 1949 (traslado del Ayuntamiento a Alderdi-Eder), 1993 y 1994 (obras en la Plaza). Las tamborradas recorren durante aproximadamente tres horas el barrio donde radica su sede social, deteniéndose frente a sociedades gastronómicas o instituciones representativas para interpretar en su honor una o dos piezas musicales. En agradecimiento por la deferencia es costumbre agasajar con una ronda de bebida a los componentes de la tamborrada. El donostiarra “acompaña” a las tamborradas; las sigue en silencio; nunca salta detrás de ellas. El número de tamborradas ha crecido considerablemente. De la tamborrada única inicial, se pasa a las tres que se organizaron en 1920 (Unión Artesana, Euskal Billera y Donosti-Zarra). En 1976 eran ya dieciséis y en el año 2017 el número se elevaba ya a 143. Entre las más antiguas -además de otras desaparecidas- pueden citarse las de la Unión Artesana (1871), Umore Ona (1908), Gaztelubide (1934), Kresala (1967), Zubi Gain (1980), Esperanza (1977), Ondargain (1956), Peña Anastasio (1963, con secciones independientes juvenil y femenina más tardías), Vasconia (1950), Loyolatarra (1956), Santustene (1970), Atotxa Erreka (1974), Ibaeta (1956), Donosti (1973), Txubillo (publicitando a DYA, 1981), Donosti Gain (1978), Kondarrak (1950), Artzak Ortzeok (1954), etc. El creciente número de tamborradas ha posibilitado la coincidencia de varias en el centro de la ciudad, llegando a interpretar conjuntamente algunas composiciones. La fiesta concluye en la medianoche del día 20. Es el momento de la “Arriada” de la bandera. La “Arriada” más concurrida tiene también lugar en la plaza de la Constitución, desde 1957 a cargo de la “Unión Artesana”. Su tamborrada (1871) recorre la Parte Vieja y algunos minutos antes de las doce de la noche se instala en el tablado de la plaza de la Constitución, donde interpreta el repertorio completo. La última pieza musical que ejecuta, a las doce en punto de la noche, es la Marcha de San Sebastián con la que acompaña la arriada de la bandera que ha ondeado durante todo en día en el balcón del antiguo Ayuntamiento. Al finalizar la Marcha, con objeto de seguir la tradición, se interpreta un repertorio totalmente diferente (Cosacos de Kazán, Txuri Urdiñ, etc.).
La tamborrada infantil La tamborrada más numerosa -más de 5.000 participantes- es la tamborrada infantil. Desfiló por vez primera en 1927. En los primeros años estuvo formada únicamente por la compañía de la sociedad Euskal Billera. En 1961 hubo un intento de toma de control de la tamborrada por parte de la sección juvenil de Movimiento, que fue contrarrestada mediante la incorporación al desfile varias compañías organizadas por diversos colegios de la ciudad, cuyo número se vio considerablemente incrementado a lo largo de los años. Inicialmente todos sus componentes -tambores, barriles, cantineras y gastadores- lucen variados y vistosos uniformes militares del siglo XIX (a principios del siglo XXI comenzarán a introducirse cocineros y aguadoras). Hasta la década de 1990 únicamente participaban los niños -excepto algunas cantineras-, pero en la actualidad lo hacen también las niñas en igualdad de condiciones, incorporándose en los últimos años en algunas compañías niñas vestidas de aguadoras. Cada compañía dispone de su Tambor mayor, cabos, abanderado/a y cantineras.
A las doce del mediodía los participantes en la Tamborrada infantil se concentran en los Jardines de Alderdi-Eder, frente al Ayuntamiento de la Ciudad donde, dirigidos por uno de los Tambores mayores, interpretan el repertorio. Debido al elevado número de participantes es la única tamborrada que no dispone de banda de música, que es sustituida por megafonía a lo largo del recorrido (Ensanche meridional). El desfile lo preside un General y un Ayudante, así como la Bella Easo infantil, elegidos por turno entre el alumnado de los colegios participantes. La compañía que abre el desfile es la representante de la Sociedad Euskal Billera, en reconocimiento de que fue la citada Sociedad la que organizó en el año 1927 la primera tamborrada infantil; es también por esta razón la encargada de interpretar la Marcha de San Sebastián con acompañamiento de órgano en la misa solemne cantada por el Orfeón donostiarra en la basílica de Santa María en la mañana del día 20. Cierran el desfile las compañías de artillería del Colegio de la Compañía de Jesús y una carroza. En la mayor parte de los centro de enseñanza se forma, además, una tamborrada en la tarde del día 19 con participación de todos los alumnos. En unas ocasiones se limita a interpretar la tamborrada en los locales del colegio, pero, cada vez con más frecuencia, desfilan por las calles próximas. También comienzan a desfilar en la víspera de la fiesta algunas tamborradas infantiles no encuadradas en colegios (Kresala infantil).
Expansión de la tamborrada en otros municipios.
La Tamborrada es una fiesta que, al igual que ha ocurrido con los Caldereros, siendo originaria de San Sebastián, ha sido adoptada recientemente -incluso sin adaptaciones- por otros municipios vascos en su calendario festivo. 
6.2.4 CALDEREROS
 Las Comparsas de Caldereros recorren actualmente las calles en el periodo comprendido entre el primer sábado de febrero y los Carnavales, aunque durante años salió a la calle el día 2, festividad de la Candelaria. Su antecedente más remoto es preciso buscarlo en la comparsa de Caldereros Turcos organizada en el carnaval del año 1828. No obstante, se considera que fue la comparsa de Caldereros Húngaros de 1884 la que inició la tradición, pretendiendo reflejar la periódica llegada a San Sebastián de personas nómadas que, procedentes de Hungría, se dedicaban a componer -bien y pronto- perolas, chocolateras, braseros y calderas... La comparsa de caldereros más antigua es la que recorre la Parte Vieja en la noche del primer sábado de febrero, levantando su campamento en la Plaza de la Constitución. En el año 1900 estuvo organizada por Euskaldun Fedea, en 1905 por las sociedades Sport-Clay, Port Arthur y Amistad Donostiarra, con la cooperación del Orfeón Donostiarra. En 1909 Euskal Billera se hace cargo de la misma. Tras algunos años de interrupción, fruto de que el día de la Candelaria no fuera festivo (1912), la sociedad Gaztelupe resucita nuevamente la comparsa (1924). Euskal Billera tomará el testigo en 1926, que será nuevamente sustituida por Gaztelupe, que se encargará de la organización hasta el año 1969.
En 1972 la organización pasará a depender de un grupo de sociedades populares y diversos grupos ciudadanos. En el año 2005 se produce una escisión, causada por la negativa de un grupo de jefes de la tribu a que a la comparsa se incorpore la mujer como participante de los coros. Los nuevos caldereros desfilan a partir de este año bajo la denominación de Comparsa Tradicional de Caldereros de la Hungría, mientras que el núcleo originario lo hace como Asociación Cultural Primitiva Comparsa de Caldereros de la Hungría 1884. Ambas recorren la parte Vieja simultáneamente, evitando encontrarse. Los hombres participantes en la comparsa esconden su rostro entre luengas barbas y poblados bigotes o buscan la manera de poseer una tez más oscura. Visten gruesos trajes oscuros adornados por gran número de chapas y cadenas; calzan botas de caña y cubren la cabeza con pañuelos sobre los que colocan estrafalarios sombreros. Una pequeña sartén y un martillo son sus únicos instrumentos. Al frente de la comparsa, el jefe de la tribu indica con movimientos de un cazo metálico que lleva entre sus manos los golpes que los caldereros deben propinar con el martillo a las sartenes Las mujeres cubren sus cabellos con un pañuelo de vivos colores; portan blusas, largas faldas multicolores, profusión de collares y una pandereta en la mano. Diversas carretas engalanadas, jinetes, banda de música y otros personajes (entre los que es tradicional un oso de feria) completan la comparsa. La Reina de Caldereros, acompañada por sus damas de honor marcan aún más si cabe el ambiente carnavalesco, ya que en realidad, son hombres -a poder ser entrados en años y en carnes-, disfrazados de mujeres.
La música que acompaña el alegre golpeteo de los martillos sobre las sartenes fue compuesta para la ocasión por el maestro Raimundo Sarriegui sobre letras de Victoriano Iraola y Adolfo Comba: Canto Húngaro, canción en euskara interpretada a capella (“Begi urdin bat...); una curiosa canción escrita en una lengua imaginaria (“Arbeit, asfreit, ist gut ruhen singelin...”). En la mazurka Caldereros Húngaros en el trabajo se describe el quehacer diario de los caldereros, alternándose en el acompañamiento los golpes de las sartenes con los ejecutados sobre un yunque (“...Componemos bien y pronto peroles, chocolateras, los braseros y calderas, barato y con perfección...”. El Coro de Caldereros Húngaros tal vez sea la composición más popular, gracias a su estribillo “Caldereros, somos de la Hungría que venimos a San Sebastián...”). A las cuatro mencionadas piezas se une el pasacalles, interpretado generalmente cuando la comparsa se traslada de una parada a otra. Por única letra tiene un “¡Quien tiene chocolateras y las quiere componer!”. En el año 2008 la “Primitiva Comparsa” estrenó una nueva composición (Gitanos húngaros), obra de Josu Elberdin.
La Reina dirige a sus caldereros un discurso desde el balcón del antiguo Ayuntamiento en el que, con más o menos ingenio y fortuna, repasa las novedades acaecidas en la ciudad desde su visita anterior. Concluido el discurso, los caldereros interpretan el repertorio completo. A partir de las década de los años ochenta comienzan a desfilar diversas comparsas en diferentes barrios de la Ciudad (Gros, Loiola, Egia, etc.), iniciándose una dinámica similar a la que caracteriza a las tamborradas. Algunas comparsas desfilan el primer sábado de febrero, pero otras lo eligen otras fechas, siempre antes del Carnaval. Al igual que ha ocurrido con otras festividades donostiarras, ha sido también incorporada al calendario festivo de otras localidades guipuzcoanas.
6.2.5 COMPARSA DE NODRIZAS Y PASTORES (Inude eta artzaiak)
Desfiló el día de la Candelaria en la segunda mitad del siglo XIX. Sus componentes, incluso las nodrizas, eran hombres. Al convertirse tal día en laborable (1912), se celebró solo esporádicamente. En algunos pueblos guipuzcoanos y navarros (por ejemplo en Pasajes, Bera y Hernani) se organizó en alguna ocasión. Esta situación duró hasta que en el año 1977 la Sociedad Kresala decidió organizar la comparsa todos los años en la mañana del primer domingo de febrero (siempre que no coincidiera con el Carnaval). La mayor diferencia con la comparsa tradicional es la supresión de los hombres vestidos de iñudes, papel se será, a partir de ahora, asumido por mujeres. La comitiva principal está formada por varias decenas de jóvenes. Los hombres visten prendas rojas y blancas, cubren sus cabezas con una boina roja y sujetan a la espalda con las manos una vara de madera. Simulan ser pastores (artzaiak) que desfilan emparejados con nodrizas (Iñudes) decimonónicas (traje de cuadros, delantal, cofia, grandes pendientes...) que portan en la mano un muñeco con faldones. Inicialmente la comparsa estuvo formada exclusivamente por hombres que, disfrazados, ejercían también el papel de nodrizas. La banda de música y una sección de tambores y barriles interpreta en el desfile el pasacalles (1869) compuesto por Sarriegui para la ocasión. En un determinado momento del mismo las nodrizas lanzan al aire a los muñecos a la vez que exhalan un grito. En la Plaza de la Constitución se realiza una parodia (bautizo y vacunación de los bebés) acompañada también por música de Sarriegui: Festarik Biarbada, Armeniyako Artzayak (zortzikos), Escena del médico con las iñudes, Introducción y escena con las criadas, Contradanza Primera, Contradanza Segunda; un fandango y Baratzako Pikua (arin arin). Forman también parte de la comitiva un numeroso grupo de personajes decimonónicos: médico, veterinario, obispo, miqueletes (policía foral), alcalde, barquillero, panadero, barrendero, pirulero, parejas vestidas de época, etc. Actualmente es una fiesta en auge que es probable que sufra un proceso de expansión similar al que está afectando a la de Caldereros o a la propia Tamborrada.
6.2.6 LOS COROS DE SANTA ÁGUEDA
El día 4 de febrero, víspera de Santa Águeda, es tradición en el País Vasco que grupos de personas recorran las calles interpretando un repertorio de canciones específico para tal día, ataviadas con los trajes tradicionales del caserío, Hay una letra que permite la adaptación a cada lugar donde el coro se detiene para a cantar (ante el alcalde, el sacerdote, el bar, la tienda, etc.). La primera estrofa dice: Zorion, etxe hontako denoi! / Oles egitera gatoz / aterik ate ahitura zaharra / aurten berritzeko asmoz. La letra es acompañada rítmicamente por los golpes de los palos que los componentes del coro portan en la mano.
6.2.7 LOS CARNAVALES Los carnavales (inauteriak) tuvieron su momento de máximo esplendor en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. De esta época datan las composiciones musicales del carnaval donostiarra, en gran parte obra de Juan Santesteban y, sobre todo, de Raimundo Sarriegui. Entre otras pueden citarse el pasacalle de la Comparsa de nodrizas (1869), Habitantes de la luna, Marcha real de Carnaval (1881/1882), Marcha chinesca (1884), Comparsa de Caballería de Viejas (1881), Comparsa de Caballería de Gallos (1882), Ataque de erriko-shemes (1886), Comparsa de Jardineros (1884), Comparsa pastoril (1886), etc. Los carnavales estuvieron prohibidos durante la dictadura del general Franco, volviendo a renacer en 1977. En el siglo XXI se ha constatado un notable retroceso en la participación en comparsas y disfraces con relación a las décadas finales del siglo XX. En realidad, el ciclo del carnaval donostiarra comienza el 20 de enero, festividad de San Sebastián que, aun cuando ha perdido su carácter carnavalesco, indudablemente formó parte del ciclo. El segundo hito es la Comparsa de Caldereros. En la letra de sus canciones anuncian la proximidad del Carnaval (... Aquí Momo solo nos envía a decirles que pronto vendrá. Componemos la vanguardia del alegre carnaval...). Momo es el Rey del Carnaval donostiarra, elegido para presidir sus actos, aun cuando no puede decirse que tenga un papel destacado en el desarrollo de la Fiesta. En la década de 1990 el Ayuntamiento comenzó a proponer anualmente un tema sobre el que giran algunos actos festivos. Destaca en la programación la salida de comparsas tradicionales del viernes por la noche, el desfile/concurso general de comparsas celebrado durante la tarde del sábado y el entierro de la sardina en la tarde del lunes (anteriormente el martes), donde cientos de enlutados donostiarras desfilan dando escolta a una gran sardina que, llevada entre parihuelas, será finalmente quemada frente a la Casa Consistorial. La Marcha semi-seria del Entierro de la sardina (1886), compuesta por Raimundo Sarriegui, alterna pasajes fúnebres con alegre música carnavalera. En algunos barrios (Alza, Intxaurrondo) tiene lugar el denominado Domingo de Piñata o repetición de carnaval, centrado en el desfile de algunas comparsas.
6.2.8 EL ÁRBOL DE SAN JUAN No es una fiesta propiamente dicha, pero antaño fue tradición que en la tarde de la víspera (23 de junio) del día de San Juan se bailase un aurresku y la corporación municipal una gizon dantza en torno a un árbol que se colocaba en la Plaza de la Constitución. La banda de txistularis interpretaba también el Zortziko de San Juan (“Gora San Juan Gora, beti ta beti...”), fandangos y ariñaris. En la base del árbol se formaba una pequeña hoguera, bendiciéndose el árbol. Los asistentes llevaban un trozo de la corteza bendita a sus hogares. Actualmente un grupo de bailes vascos continúa con la tradición, en ocasiones con la participación de algunos miembros del Ayuntamiento. Al anochecer se encenderán, al igual que en muchas otras localidadesos pueblos, hogueras en distintos barrios de la Ciudad.
6.2.9 SEMANA GRANDE (ASTE NAGUSIA) La Semana Grande es aquella en la que se integra el día 15 de agosto, festividad de la Asunción Nuestra Señora. Desde el año 1876, en que la denominación se le ocurrió al empresario donostiarra José Arana, la Semana Grande marcó el punto álgido del veraneo donostiarra. En los últimos años la Fiesta da comienzo en la tarde del domingo previo a la Semana Grande mediante el disparo de un cañonazo desde la terraza del Ayuntamiento por parte del “Artillero Mayor”, a la par que se interpreta la canción popular “Artillero, dale fuego / ezkontzen zaigula pastelero... eta norekin, eta zeñekin / Prasku mozkorraren alabakin...”. Las corridas de toros fueron el máximo aliciente de la Semana Grande hasta el derribo de la plaza de toros del Chofre, volviendo a aparecer en el programa festivo en 1998 al inaugurarse la plaza de toros de Illunbe. A partir de 1963 destaca en el programa el Concurso/exhibición Internacional de Fuegos Artificiales, celebrado a lo largo de la semana en el marco de la bahía de la Concha. Otro de sus hitos más destacados -forme parte o no de la programación oficial- es la solemne Salve oficiada en la tarde del día 14 en la Basílica de Santa María del Coro. A la misma asisten diversas autoridades. En la ceremonia, el Orfeón Donostiarra interpreta la Salve escrita para la ocasión por Licinio Réfice (1885-1954).
Insustituibles son también las cenas organizadas en la noche del día 14 en sociedades populares, restaurantes y domicilios particulares. A las doce de la noche, tras la cena, miembros de la sociedad Gaztelubide interpretan delante de su sede social de la Parte Vieja la tradicional composición “Festara” (Festara, Festara, Festara / Festarik behar bada / bego Donostia bai bai/ betikoa du fama / ondo merezia...), seguida por otras canciones populares. El resto del programa se complementa con las actividades veraniegas propias de una ciudad de las características de San Sebastián (quincena musical, carreras de caballos, etc.). A principios del siglo XXI se incorpora a la fiesta el denominado Desembarco pirata, de notable participación juvenil. Consiste en la realización del corto trayecto que media entre el puerto de San Sebastián y la cercana playa de la Concha a bordo de todo tipo de “embarcaciones de fortuna”. Es un componente de la fiesta todavía en estado de evolución, fijación y ampliación a otras actividades en forma de programa más o menos alternativo.
6.2.10 LA CONMEMORACIÓN DEL 31 DE AGOSTO Es una sencilla fiesta nacida en la década de los años ochenta por iniciativa popular. Consiste en la colocación, al anochecer del citado día, de pequeñas velas en los balcones de la calle 31 de agosto, en recuerdo del incendio sufrido por la ciudad en 1813. Tienen lugar también algunas actuaciones musicales. Con ocasión de la desaparición de la Fiesta del Gaztelu-Eguna, hereda la celebración de una simulación con trajes de época de la toma de San Sebastián (en manos de los franceses) por parte de las tropas angloportuguesas.
6.2.11 GAZTELU EGUNA. Se celebró el primer sábado de septiembre durante las décadas de 1980 y 1990 en recuerdo de los hechos acaecidos el 8 de septiembre de 1813. En este día, el general francés Rey rindió el Castillo de la ciudad a las tropas anglo-portuguesas. De alguna forma ha pasado a ser sustituida por la conmemoración del 31 de agosto. Es una fiesta muy joven, iniciada en la década de los años noventa bajo el impulso de la Cofradía Vasca de Gastronomía. Actualmente no se celebra. Tomaba forma de comitiva militar de época en la que intervienen tambores, pífanos, gaitas, cañones, escuadra de caballería y una banda de música. Parte de sus componentes portaban armas de avancarga que disparan a las ordenes de los oficiales. En la comitiva están representados los dos bandos enfrentados: franceses e ingleses. Simulan el cruce de disparos artilleros entre los cañones ingleses situados en la Playa de la Zurriola y los franceses emplazados en el baluarte del Mirador. La rendición francesa se representa mediante la arriada de la bandera tricolor y la izada la bandera blanca. Tras el correspondiente desfile, en la Plaza de la Trinidad se representa la rendición francesa y la firma de las capitulaciones. Una comida popular entre las fortificaciones del monte Urgull daba fin a la fiesta.
6.2.12 EUSKAL JAIAK (FIESTAS VASCAS) Se inician el 31 de agosto y finalizan el 8 de septiembre, reuniendo una serie de actos festivos relacionados con la cultura vasca tradicional, englobando de alguna forma los actos del 31 de agosto y del Gaztelu Eguna. Las primeras Euskal Jaiak tuvieron lugar entre el 8 y el 18 de septiembre de 1927. Tras la interrupción causada por la Guerra Civil, el Centro de Atracción y Turismo y el Diario Vasco trataron de recuperarlas bajo la denominación de Semana Vasca, pero sufrieron la acción de la censura. A partir de 1961 recuperan la denominación de Euskal Jaiak o Fiestas Eúskaras, desapareciendo entre 1986 y 1996, año este último en el que nuevamente volvieron a organizarse, destacando entre sus eventos las regatas de traineras, el alarde de txistularis y diversos conciertos.
6.2.13 SANTO TOMÁS El día 21 de diciembre constituye el inicio de la Navidad donostiarra. Recuerda el día de feria en el que los arrendatarios de los caseríos aprovechaban para satisfacer la renta anual a los propietarios. Almorzaban en su casa y le obsequiaban un capón u otros productos del caserío. En agradecimiento, era también costumbre que el propietario les regalase chocolate y una bacalada. Actualmente se celebra una feria rural en la Plaza de la Constitución y sus proximidades. No puede faltar en este día la degustación de un bocadillo de chorizo o txistorra frita (“Santo Tomas Eguna, hogia eta txorizua”) en las decenas de puestos que se instalan en la Parte Vieja, así como la participación el tradicional sorteo benéfico de un cerdo. También es costumbre vestir -especialmente los niños y niñas- la indumentaria tradicional del caserío: los hombres txapela, blusa negra, pañuelo de cuadros, pantalones rayados, calcetines de lana y abarcas; las mujeres: tocado blanco, vestido negro o azul oscuro con pequeñas motas blancas, pañoleta blanca anudada al cuello, calcetines blancos y abarcas de cuero.
6.2.14 OLENTZERO / REYES El ciclo de fiestas navideñas se completa en la zona rural del País Vasco con el Olentzero, representado por un carbonero bonachón y aficionado a la bebida que tradicionalmente anunciaba la Navidad. Grupos de jóvenes cantan canciones navideñas mientras postulan y pasean un muñeco que representa al Olentzero. Quizá por imitación a las tradiciones cristianas de los Reyes Magos y la anglosajona de Santa Claus, ha pasado recientemente a ser el encargado de repartir los regalos entre los más jóvenes en la noche del día 25. En San Sebastián comienza a organizarse en la última década del siglo XX en la víspera de Navidad (día 24 de diciembre) un desfile similar al protagonizado por los Reyes Magos en la tarde del día 5 de enero con presencia de diversos personajes que rememoran el mundo rural vasco, cobrando en los útimos años creciente relevancia Mari Domingi, compañera de Olentzero, con objeto de hacer una fiesta paritaria. En algunos barrios -por ejemplo en el Antiguo- también tiene lugar un desfile de estas característica, si bien se celebra en ocasiones en la tarde del día 23
6.2.15 LAS FIESTAS DE LOS BARRIOS Además de las fiestas de ámbito general, la mayor parte de los barrios celebran una o más fiestas propias, gestionadas por sociedades o asociaciones del mismo: Ibaeta e Igara (Sto. Angel de la Guarda, 1 de marzo), Herrera (San Luis Gonzaga, 21 de junio), Amara Viejo (San Juan, 24 de Junio), Altza (San Marcial, 30 de junio), el Muelle, Trintxerpe. Amara-Osinaga y Añorga (Nª Señora del Carmen, 16 de julio), Egia (Santa María Magdalena, 22 de julio), Sagües y Zubieta (Santiago, 25 de julio), Igueldo (S. Pedro, 29 de julio), Amara Viejo, Loyola y Gros (San Ignacio, 31 de julio), la Isla (Sta. Clara, 12 de agosto), El Antiguo (Ascensión de Nuestra Señora, 15 de agosto), Artikutza (finca navarra de propiedad donostiarra, S. Agustín, 28 de agosto), Egia (Porrontxos, primera quincena de septiembre), Intxaurrondo Viejo y Aiete (Exaltación de la Sta. Cruz, 14 de septiembre), Martutene (Nuestra Señora del Pilar, 12 de octubre), etc
6.2.1. FIESTAS Y OTRAS COSTUMBRES
6.2.2 LAS SOCIEDADES GASTRONÓMICAS
6.2.3 LA TAMBORRADA
6.2.4 CALDEREROS
6.2.5 COMPARSA DE NODRIZAS Y PASTORES (Inude eta artzaiak)
6.2.6 LOS COROS DE SANTA ÁGUEDA
6.2.7 LOS CARNAVALES
6.2.8 EL ÁRBOL DE SAN JUAN
6.2.9 SEMANA GRANDE (ASTE NAGUSIA)
6.2.10 LA CONMEMORACIÓN DEL 31 DE AGOSTO
6.2.11 GAZTELU EGUNA.
6.2.12 EUSKAL JAIAK (FIESTAS VASCAS)
6.2.13 SANTO TOMÁS
6.2.14 OLENTZERO / REYES
6.2.15 LAS FIESTAS DE LOS BARRIOS
6.
Patrimonio Cultural



@6.3.OTRAS ORGANIZACIONES CULTURALES (Juan Antonio SÁEZ GARCÍA)
6.3.1 FESTIVALES Y ORGANIZACIONES CULTURALES Además de las fiestas en sentido estricto, se celebran en la capital guipuzcoana diversas actividades culturales de considerable envergadura que se distribuyen a lo largo del año. Entre ellos destacan los festivales de cine y jazz y la Quincena Musical. El Festival Internacional de Cine nació en el año 1953 por iniciativa del comercio local, denominándose en su primera edición Semana Internacional de Cine. El Sindicato Nacional de Espectáculos y el Ministerio de Información y Turismo se hicieron cargo de la organización a partir de su segunda edición, a la vez que obtuvo de la Federación Internacional de Productores (FIAP) la categoría B (festival no competitivo). En 1955 el Festival otorgó la primera Concha de Plata como premio distintivo del certamen (Giorni d'amore, de Giussepe de Santis), primer galardón concedido por el Festival a una película extranjera. Al año siguiente la FIAP no reconoció al Festival y, sin embargo, en 1957 le concedió la categoría A (competitivo), quedando establecida la Gran Concha de Oro como principal galardón (La nonna Sabella, de Dino Risi), categoría que perdió en los años 1963 y 1980-1984, período este último en el que una grave crisis se apoderó del certamen.
El festival donostiarra es, sin duda, uno de los certámenes más importantes de Europa, si bien se sitúa a cierta distancia de los de Cannes, Berlín y Venecia. Se celebra durante el mes de septiembre46 incorporando, además de la sección Oficial (competitiva) otras secciones como Zabaltegi, secciones monográficas y retrospectivas y otras actividades relacionadas con la cinematografía. Además de los premios de la sección oficial, se conceden otros, entre los que destaca el Premio Donostia, otorgado a las grandes carreras cinematográficas. Actualmente está organizado por una sociedad anónima con la denominación del Festival en cuyo accionariado participan a partes iguales el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (Ministerio de Cultura), el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián. La Quincena Musical, reúne desde 1939 -edición en que se denominó Mes Musical y tuvo por sede el viejo Kursaal- una cincuentena de conciertos sinfónicos, de cámara, ópera, ballet, etc. Desde el año 1992 su organización depende de una Sociedad Anónima de carácter público en la que participan a partes iguales el Ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación Foral de Guipúzcoa y el Gobierno Vasco, constituyendo el complemento veraniego de la actividad musical donostiarra que a lo largo del resto del año se polariza en los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Euskadi -con sede en San Sebastián- y en los organizados por la Asociación de Cultura Musical (integrados primeramente en los de la Fundación Kursaal, que en 2014 pasa a denominarse Kursaal szena). El Festival de Jazz (Jazzaldia), organizado en sus ultimas ediciones por la Sociedad de Fomento, es uno de los más antiguos de España. Se inició en 1966 como concurso internacional amateur al que se sumaban otras actuaciones profesionales. Actualmente diversas figuras de renombre internacional actuan a lo largo de una semana del mes de julio en la Plaza de la Trinidad, Teatro Victoria Eugenia, Kursaal, diversos escenarios al aire libre, principalmente en el entorno de la playa de la Zurriola. Muchas actuaciones son al aire libre y con carácter gratuito. El festival concede anualmente desde el año 1994 el premio Donostiako Jazzaldia. Habitualmente su denominación está acompañada con el principal patrocinador, tomando la denominación oficial de Heineken Jazzaldia. Otros ciclos o festivales de interés organizados por Donostia Kultura en el campo del cine son: la Semana de Cine Fantástico y de Terror, el Festival de Cine y Derechos Humanos, el Surfilm Festival y Doc of the bay, dedicados los dos últimos al surf y a los documentales respectivamente. En el campo musical es preciso citar Donostikluba (musica electrónica), y en Teatro a dFeria (Muestra de Teatro y Danza) y el festival de teatro de bolsillo Deben mencionarse también las exposiciones realizadas en las salas del Centro Cultural Koldo Mitxelena, Museo de San Telmo, Tabakalera y Fundacion Kutxa, así como las actividades vinculadas con el Kursaal, los Teatros Victoria Eugenia y Principal, las diversas casas de cultura de la ciudad: Lugaritz (Antiguo), Loiola, Oquendo (Gros), Alza, etc.; la salas de cultura de la Fundación Kutxa, el Ateneo Guipuzcoano, etc.
Donostia, Capital Cultural Europea 2016. Organización, no exenta de polémicas de gestión y programación, en torno a la que se celebraron numerosos actos culturales vinculados a la citada capitalidad, compartida con la localidad polaca de Wroclaw.
6.3.2 INSTITUCIONES CULTURALES
Muchas son las Instituciones o asociaciones vinculadas con la Ciencia, la Cultura y la Música que tienen su sede en San Sebastián. Entre ellas merece destacarse por su raigambre con la ciudad al Orfeón Donostiarra, fundado el 21-1-1897. En sus inicios fue una formación de voces graves, dando entrada en 1909 a las voces blancas. Se caracteriza el Orfeón por ser un conjunto vocal no profesional dotado de una excelente calidad artística que, partiendo de un repertorio inicial folclórico, se transformó en un coro especializado en la interpretación de las grandes composiciones corales de música clásica. Sus directores han sido Norberto Luzuriaga (1897-1899), Miguel Oñate, Secundino Esnaola (1902-1929), Juan Gorostidi (1930-1969), Antonio Ayestarán (1969-1986) y José Antonio Sainz (1986-). Los primeros ensayos tuvieron lugar en la sala de subastas de la Caja de Ahorros Municipal, pero el local que durante más tiempo oyó los ensayos fue la planta superior del Teatro Bellas Artes (1915-1977), trasladándose más tarde al antiguo cine Novelty (1977-1996), para instalarse definitivamente en el que fuera sede del Colegio Los Angeles, situado en el Ensanche Oriental. Ha actuado en importantes escenarios europeos y americanos y realizado diversas grabaciones musicales bajo la batuta de afamados directores. Además del Orfeón, San Sebastián cuenta con una veintena de agrupaciones corales de diversa índole y objetivos. Entre ellas: los coros Easo, Aita Donostia, Donosti Ereskil, Santa Cecilia, Gurutziaga y la Agrupación Lírica Itsaso. La Orquesta Sinfónica de Euskadi es una sociedad pública vinculada al Gobierno Vasco. Fue fundada en 1982, encargándosele su formación al director Enrique Jordá. Tuvo por primera sede el Teatro Bellas Artes, para después instalarse en 1989 en su sede definitiva de Miramón, donde cuenta con un auditorio-sala de ensayos con capacidad de 500 espectadores, diseñada por los ingenieros Antonio Hernández y Fernando Ugalde. Dispone en el mismo de un órgano Chauvin de 1.154 tubos, estando su escenario decorado con frescos del pintor Ruiz Balerdi. Su temporada artística anual está formada por una docena de conciertos que se repiten en cada una de las tres capitales de la Comunidad Autónoma y en Pamplona, un ciclo de música de cámara, celebrado en la sede de Donostia (Matinées de Miramón), así como otras actuaciones en óperas, festivales, etc.
Tabakalera es el soporte físico (una antigua fábrica de tabaco rehabilitada) del Centro Internacional de Cultura Contemporánea. Toma la forma de sociedad anónima de carácter público participada desde su creación en el año 2001 por el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de San Sebastián. Su máximo órgano de gobierno es un Consejo de Administración compuesto por 5 representantes de cada una de las instituciones, turnándose los cargos de responsabilidad. Su objetivo principal es promover la creación cultural contemporánea en diferentes ámbitos y en todas sus fases (investigación, producción, exhibición) así como generar y compartir conocimiento. Con este objetivo, gira en torno a cuatro ejes de trabajo que configuran su programa: prácticas artísticas contemporáneas, mediación, laboratorios de cultura digital - Hirikilabs - y la biblioteca de creación -Ubik -. Desde la creación del Centro Internacional hasta la inauguración de Tabakalera en el año 2015, ha desarrollado diversas actividades de difusión e inicio de su proyecto cultural. Otras entidades culturales con sede o delegaciones en San Sebastián son: la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, la Sociedad de Estudios Vascos, Euskaltzaindia, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, el Ateneo Guipuzcoano, el Instituto Geográfico Vasco (INGEBA), el Instituto Dr. Camino de Historia Donostiarra (dentro de la Fundación Cultural Kutxa), la Asociación Artística de Guipúzcoa, el Instituto Etxepare, etc.
6.3.1 FESTIVALES Y ORGANIZACIONES CULTURALES
6.3.2 INSTITUCIONES CULTURALES

6.
Patrimonio Cultural



6.4. DEPORTE (Juan Antonio SÁEZ GARCÍA)
6.4.1 LAS REGATAS DE TRAINERAS
Mezcla de fiesta y deporte pueden considerarse las regatas de traineras. Originariamente eran embarcaciones utilizadas en las actividades pesqueras. Tienen 12 m. de eslora y 1,72 de manga máxima, siendo su peso mínimo de 200 kg. La tripulación está formada por 13 remeros y un patrón que, situado en popa, dirige la embarcación. La trainera es la mayor de las que conforman la especialidad del deporte de remo denominado de banco fijo, junto con los bateles y las trainerillas. Las regatas más importantes celebradas en San Sebastián tienen su origen en los desafíos y apuestas lanzados entre las tripulaciones de las antiguas traineras a remo dedicadas a la pesca. La competición cumbre de la temporada anual de traineras celebrada en el Cantábrico es la denominada Bandera de la Concha, que se celebra en el mes de septiembre desde el año 1879, en que se programó una regata como una más de las actividades turísticas veraniegas. Actualmente está integrada en las Euskal Jaiak y se divide en una competición masculina y otra femenina (desde 2008) y es organizada por la entidad pública empresarial vinculada al Ayuntamiento denominada Donostia Kultura (anteriormente por el Centro de Atracción y Turismo), actuando en representación del Ayuntamiento de la Ciudad.
Durante los primeros años los tripulantes de cada trainera (más pesadas que las actuales) tenían que pertenecer a la misma cuadrilla habitual de la trainera de pesca (1879-1912). Con el tiempo, al ir tomando la prueba cariz exclusivamente deportivo debido a la desaparición del remo como fuerza motriz de las embarcaciones, tal requisito fue variando: primeramente era obligatorio que la tripulación trabajara en la industria de pesca de la localidad a la que representaba la trainera (1913-1928); después era preciso ser vecino del pueblo representado por la trainera (1929-1957); más tarde pertenecer a la "cuenca geográfica" donde se situaba el pueblo y el club (1958-1976) y, por último, a partir de 1976 se instaura la libertad de contratación con exigencia de que toda la tripulación debe pertenecer al club deportivo que promueve la trainera. La selección de las ocho embarcaciones participantes ha variado a lo largo de los años. En la década de 1960 se invitaba a todas las tripulaciones guipuzcoanas (cuyo número no sobrepasaba las seis) y a las tripulaciones campeonas de Vizcaya y Cantabria. En 1970 se alcanzó el número de ocho, que era el límite para las dos tandas de a cuatro tripulaciones.
El aumento del número de tripulaciones candidatas inició una época conflictiva, que se zanjó con el tiempo en la realización previa de dos regatas. La primera, restringida a las tripulaciones donostiarras, determina desde 1983 la representante de San Sebastián en la regata. La segunda -contrareloj- decide (desde 1972) las siete embarcaciones restantes (excepto en 1972 en que se decidieron sólo cinco puestos y ocho entre 1973 y 1982), si es que el número de inscritas supera el número de plazas. La regata se celebra en el campo de regateo de la Concha, aunque entre 1972 y 1982 se celebró en Hondarribia (Fuenterrabía). En el año 2015 la normativa de la competición masculina permitió inscribirse en la regata preliminar a todas las tripulaciones que lo desearan, siempre y cuando su número máximo fuera de 24. En caso de superar tal número se establecería un orden de preferencia: a) Orden de clasificación en la Liga ACT. b) Cuatro primeros clasificados del Campeonato de Traineras de Euskadi. c) Todas las tripulaciones guipuzcoanas que participen en el campeonato de Gipuzkoa. d) Orden de clasificación de la Liga ARC-1. e) Liga Galega de Traiñeiras y su clasificación 15 días naturales antes de la celebración de la clasificatoria de la Concha, hasta un máximo de tres tripulaciones. f) Tripulación de trainera en activo en el País Vasco Francés si la hubiere.
g) Tripulación de trainera asturiana en activo en cualquiera de las ligas anteriormente mencionadas. h) Orden de clasificación de la Liga ARC-2. El campo de regateo de la Concha tiene una longitud de tres millas (milla y media en la competición femenina). Está formado por cuatro calles, a caballo entre la bahía de la Concha y el mar abierto, donde las embarcaciones realizan un único giro o ciaboga (a babor) para enfilar hacia la llegada situada en la bahía. Momento importante es también el paso de la barra (entre la isla y el Paseo Nuevo) donde las traineras deben procurar aprovechar las olas para tomar mayor velocidad. En cada uno de los dos días de regatas tienen lugar dos tandas. Los cuatro mejores tiempos de la primera regata configurarán la Tanda de honor del segundo día. Ganará la Bandera de honor y una cantidad en metálico la tripulación que, sumados los tiempos de ambos días, logre mejor marca deportiva. Gran número de espectadores se sitúan en lugares estratégicos de la costa y multitud de embarcaciones se disponen a lo largo del campo de regateo, siguiendo a las traineras en la segunda tanda haciendo sonar sus sirenas. Constituye un espectáculo de gran belleza, que culmina en el muelle con la alzada de los remos en señal de victoria por parte de la tripulación ganadora y el ondeo de la bandera obtenida como premio desde el balcón de la antigua Casa Consistorial en la Plaza de la Constitución. 
6.4.2 LA REAL SOCIEDAD DE FÚTBOL
De entre las instituciones deportivas donostiarras con mayor tradición, tales como el Atlético de San Sebastián, la Gimnástica de Ulía (1917), el Real Club de Tenis, Real Club Náutico, Club Deportivo Fortuna, etc., es preciso destacar a la Real Sociedad de Fútbol. Fue fundada en 1909 por tres disidentes del Club ciclista Foot-ball Club bajo la denominación de Sociedad de Foot-ball (al año siguiente se antepuso la denominación de "Real"). Entre 1931 y 1939 el Club tomó la republicana denominación de Donostia Foot-ball Club. Jugó el equipo primeramente en los terrenos per-tenecientes a la banca Brunet en Ondarreta (1909), después en el Campo de Fútbol Municipal de Atocha (1913-1993) y, a partir de 1993, en el estadio municipal de Anoeta. Desde el inicio del Campeonato Nacional de Liga en la temporada 1928-29, la Real Sociedad ha militado principalmente en la Primera División, aunque no han faltado temporadas de juego en categorías inferiores. En el año 1957 se constituye el equipo filial denominado inicialmente San Sebastián C. F. (SanSe). Entre su palmarés destacan dos títulos de Liga (1980-1981 y 1981-1982) y uno de de la Copa del Rey (1987) y Supercopa (1983). En el año 1992, por requerimiento legal, se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva, disponiendo de más de 20.000 socios y de secciones de fútbol, atletismo, actividades subacuáticas, esquí, jockey y pelota.
Desde la década de los años setenta la Real Sociedad cuenta con instalaciones de entrenamiento en Zubieta, fruto de un intento fallido de construcción de un campo de fútbol que sustituyese al de Atotxa.
6.4.3 LAS COMPETICIONES ATLÉTICAS
La carrera Behobia-San Sebastián es una competición popular organizada por el Club Deportivo Fortuna, disputada entre la localidad de Behobia, en la frontera francesa, y San Sebastián (20 Km). Nació en 1919 como consecuencia de los desafíos entre korrikalaris (que competían por apuestas) y los primeros atletas aficionados. El primer vencedor fue Juan Muguerza (1 h. 18 min.). A partir de 1936 se desarrolló bajo la modalidad de relevos por equipos formados por cuatro corredores. En 1979 toma la fórmula actual. Las categorías de la prueba son: Junior, promesas, veteranos y discapacitados. En el año 2015 tuvo una participación de más de 33.000 personas, convirtiéndose en una prueba puntera que atrae corredores de otras comunidades autónomas y del extranjero. En la víspera de su celebración se desarrolla otra carrera (Beobia txiki) destinada a los corredores infantiles, así como otra para los jóvenes de entre 14 y 18 años. El Cross Internacional de San Sebastián fue conocido en sus primeras ediciones (1955) bajo la denominación de Cross de Lasarte (y anteriormente como Cross de las Naciones). Se desarrolla en el hipódromo de Zubieta bajo la organización de la Federación Atlética Guipuzcoana. Las mujeres tienen una carrera desde el año 1971.
El Maratón de San Sebastián (1978-) está organizado igualmente por la Federación Atlética Guipuzcoana. Actualmente consta de tres pruebas simultáneas (cuarto de Maratón, medio Maratón y Maratón), instauradas con objeto de popularizar la prueba. El Maratón propiamente dicho ostenta en algunos años la categoría de campeonato de España, posibilitando a los atletas el acceso a pruebas de ámbito europeo. En 2013 participaron del orden de 5000 atletas contabilizando las tres pruebas simultáneas. El Cross de Ulía es una carrera organizada (desde 1918) por la Gimnástica de Ulía el día 6 de enero (de ahí su denominación como Cross de Reyes). En sus primeros años se desarrolló por los caminos del monte Ulía, trasladándose más adelante a Sagües y Paseo de la Zurriola.
6.4.4 EL BALONCESTO (BÁSKET)
Entre 1967 y 1970 el Atlético San Sebastián militó en la máxima categoría del Baloncesto español. Cinco años más tarde (1975) nace el Dicoproga, que en 1976 logró el campeonato de Segunda División y ascendió a Primera. Cambió su denominación en las campañas siguientes (Dico's y más tarde Askatuak), llegando a participar en la copa Korac. No duró mucho tiempo el éxito, pues el descenso de categoría llegó en la temporada 1978-1979, si bien en la 1988-89 consiguió jugar nuevamente en Primera. En el año 2001 inicia su andadura el Gipuzkoa Basket Club, cuyo equipo profesional, tras lograr en el año 2004 el apoyo económico del Grupo Bruesa (del que tomará su denominación), ha militado desde la temporada 2006-2007 en la competición promovida por la Asociación de Clubs de Baloncesto (ACB), exceptuando la 2007-2008 que lo hizo en la liga LEB. En 2006 el club cambió su denominación por la de San Sebastián-Gipuzkoa Basket Club y en el año 2008 se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva, modificando su denominación en función de su principal patrocinador: LagunAro y RETAbet.es El polideportivo José Antonio Gasca albergó los partidos del GBC, hasta que los requisitos de la ACB (aforo superior a 5.000 espectadores) obligaron en 2006 a habilitar una cancha de baloncesto en la plaza de toros de Illumbe (aforo de 11.000 espectadores) que así cumple con su objetivo de espacio multiuso. Los malos resultados acompañaron al equipo, pero por razones técnicas de la competición, el GBC se mantuvo hasta el año 2016 en la máxima categoría competitiva, volviendo el citado año a la liga LEB oro y a disputar sus encuentros en el polideportivo Gasca.
6.4.5 OTROS ACONTECIMIENTOS DEPORTIVOS
San Sebastián ha sido sede de algunos acontecimientos de importancia internacional. Entre ellos merece la pena destacar las antiguas competiciones de automóviles celebradas en las proximidades del hipódromo de Zubieta; diversos Campeonatos del Mundo de Tiro de Pichón, dos Campeonatos Mundiales de Ciclismo en pista (1965 y 1973), Campeonato Mundial de Ciclismo de Fondo en Carretera (1965 y 1997), el Campeonato de Europa de Atletismo en Pista Cubierta (1977), Etapas del Tour de France (1949 y 1992), Campeonato Europeo Junior de Atletismo (1993), Campeonato Europeo de Marathon, la Clásica ciclista San Sebastián-San Sebastián, celebrada en agosto (puntuable para la Copa del Mundo), Campeonato del Mundo de Atletismo para veteranos (2005), etc. Es necesario también mencionar los partidos de campeonatos de pelota vasca, así como la Donosti cup, competición futbolística que se celebra en la ciudad en la que compiten varios centenares de equipos infantiles y juveniles masculinos y femeninos.
6.4.1 LAS REGATAS DE TRAINERAS
6.4.2 LA REAL SOCIEDAD DE FÚTBOL
6.4.3 LAS COMPETICIONES ATLÉTICAS
6.4.4 EL BALONCESTO (BÁSKET)
6.4.5 OTROS ACONTECIMIENTOS DEPORTIVOS

7.
Bibliografía



@
1934


@ - El nuevo orden aristocrático (La Voz de Guipúzcoa: (0001.pdf) /18.12.1934)




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