Con un tiempo espléndido, se vistió de gala la población, presentando desusado movimiento, que fué en crescendo, llegando la animación a su grado máximo al mediodía, hora en que por las calles céntricas circulaba una verdadera multitud.
Donostia ve realizados uno de los muchos progresos que son la envidia de muchos pueblos: la inauguración de una nueva línea que atraviesa una de sus más pintorescas campiñas y cruza pueblos ricos, populosos e importantes.
Todo fué júbilo por la mañana, y la presencia en plena Plaza de Guipúzcoa del tren del Urola fué recibida con una aclamación ensordecedora.
Después, como se había hecho fiesta, siguió la animación en la ciudad, y cuando llegó la hora de inaugurarse los nuevos cuarteles, otra obra envidiable, San Sebastián en masa se trasladó a Loyola, donde las tropas, los reyes, las autoridades y el público se congregaron frente a los cuarteles, tomando aquel barrio un aspecto singular y desusado, la misma diferencia que existe entre la muerte y la vida.
Músicas, aplausos, vivas, aclamaciones, resonaron por primera vez en las orillas del Urumea que sirve de espejo a las espléndidas fachadas de los nuevos cuarteles, que han de llevar elementos de vida y progreso al barrio, que en lo sucesivo cambiará totalmente de fisonomía.
Después, nueva aglomeración y nuevo mövimiento en las calles que afluyen a la Plaza de la Constitución, donde el Ayuntamiento recibió en sus salones a don Alfonso y a doña Cristina, y al presidente del Gobierno, llenando sus salones lo más distinguido de la buena sociedad donostiarra.
Y para que nada faltara, el gordo, el premio mayor del sorteo de la Lotería nacional, cayó también en nuestra ciudad.(a dos barrenderos)
Este fuế, a grandes rasgos, el aspecto y la vida de nuestra hermosa capital, donde no hubo sucesos que relatar, ni más cosa que referir que las apuntadas, que ya son bastantes,
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