Subido sobre una de las bandas del pailebot Conchita, fondeada desde hace dias en este puerto, procedente de Galicia, hallábase un muchacho de diez años, perteneciente a la tripulación del mencionado barco, llamado Francisco de la Cruz. Confiando en su destreza, el pequeño marino andaba corriendo de un lado para otro, sin reparar en que al más leve descuido podía perder el equilibrio y caer al agua
Tal accidente no se dejó esperar mucho, pues una de las veces que corría por la banda resbaló y a pesar de los intentos que realizó para agarrarse a las cuerdas se precipitó de cabeza al agua.
El muchacho quiso nadar y ganar una escalerilla, pero sus deseos viéronse defraudados por la falta de fuerzas.
Ya comenzaba a hundirse cuando llegó al Iugar del suceso un pescador llamado José Manterola, quien rápidamente se arrojó al agua, apoderándose del muchacho que momentos después salía a tierra a hombros de su salvador.
Reconocido seguidamente viöse que no había sufrido ninguna lesión, pero si presentaba síntomas de asfixia.
Se le administraron algunos remedios y el muchacho recobró fuerzas, pasando a bordo del pailebot en buen estado.
El pescador José Manterola fué objeto de calurosas felicitaciones por cuantas personas presenciaron su humanitario proceder.
No hay comentarios:
Publicar un comentario