Sábado. 28 de Agosto de 1813. 62º día de Sitio.
A las cinco y media de la mañana regresa a Socoa la lancha con el Ayudante Doat. A pesar de sus esfuerzos, y haber pasado entre todos los barcos enemigos anclados entre Fuenterrabía y San Sebastián, cuando llegó a la entrada de la bahía donostiarra, siete peniches enemigos le impidieron el paso, optando finalmente por regresar. Durante esa noche, la guarnición francesa realiza una salida silenciosamente hacia la parte derecha de las trincheras del istmo. El objetivo es la nueva batería. Llegaron hasta la parte superior del parapeto sin ser detectados, momento en el que la guardia, al percatarse de que estaban siendo atacados abrió fuego. Las mejoras realizadas en las trincheras, como medidas contra las salidas de la guarnición, que tanto daño habían causado, resultaron efectivas. Se habían mejorado los puestos de los centinelas y situado banquetas o pequeños parapetos a lo largo de las zanjas, para evitar un rápido avance de cualquier enemigo que lograse entrar en ellas. También se habían construido cantidad de gaviones y fascines gracias a 400 soldados portugueses que eran empleados, exclusivamente, en la mejora de estas posiciones tan expuestas. A esto hubo que sumar la rápida reacción de la artillería, que forzó a una rápida retirada del grupo atacante. La batería adelantada (nº7) fue terminada esta noche. Su construcción no fue sencilla, ya que ocasionó múltiples enfrentamientos con los puestos avanzados de los franceses. El Teniente De Lamadrid, que estaba presente como uno más de los cientos de curiosos, militares y civiles, describe así lo que pudo ver desde su posición en lo alto del monte Ulia. A toda prisa se intentó armarla inmediatamente con los cuatro cañones de 24' procedentes de las baterías del Alto de San Bartolomé, pero no se pudo completar el trabajo por el retraso que ocasionó el anterior intento de ataque enemigo. Con el nacimiento de las primeras luces, los cañones se ocultaron entre los parapetos de las trincheras. El Teniente español observa el espectáculo. En este momento es cuando las baterías comienzan a castigar de manera más fuerte al revellín, la posición más adelantada de las fortificaciones del frente de tierra de San Sebastián. Pero mejor que sea él mismo el que nos lo relate. Destaremos la descripción que hace de la ciudad, en la que nos indica que se encuentra destruida como mínimo en una tercera, parte como consecuencia de los proyectiles que salen demasiado altos. la angustia de los donostiarras encerrados entre sus muros tiene que ser enorme. Pero por muy grande que esta fuera, nunca se imaginarían lo que realmente les depararía el futuro. Este futuro tan oscuro comienza a ser un rumos entre las filas de los aliados. Los civiles, algunos donostiarras huidos antes de que la ciudad fuera sitiada, no dan crédito a lo que escuchan. El joven Teniente español intercambió unas palabras con un paisano que, como bien dice, nunca olvidará el resto de sus días. Pero volvamos al día a día. Los efectos del bombardeo masivo a que están siendo sometidas las fortificaciones de la ciudad comienzan a ser rápidamente visibles. Describamos el estado actual en el que se encuentran los objetivos principales:
- La Torre de Amézqueta, en medio de la brecha principal sigue en pié, aunque su estado es ruinoso. Todavía puede ser posicionado en su cima un cañón que abriría fuego de flanco contra las tropas que penetrasen por la brecha.
- La brecha iniciada en el extremo más cercano a la Zurriola de la gran cortina de tierra está lejos de ser practicable.
- Esa misma brecha iniciada en la cortina alta afectaba al semi bastión de Santiago, pero sus muros, aunque muy dañados, también estaban lejos de ser practicables.
- La artillería situada en la plaza está casi completamente silenciada. Contra estas piezas y sus servidores se dispararon con los morteros, causándoles mucho daño.
Jones nos señala que Lord Wellington está nuevamente viendo cómo se desarrollan las operaciones durante esta jornada. El estado de las trincheras en su parte más adelantada no es muy buena.. Las consecuencias de las dificultades a la hora de construirlas, originadas por la resistencia francesa y las salidas de los defensores, son evidentes. Por delante de la batería nº 7 se siguen adelantando hacia los muros estas denominadas "zanjas", que en un primer momento son calificadas por los ingenieros como "asquerosas". Se destina un grupo de zapadores para adecentarlas durante la noche, y hubieran terminado su trabajo si no hubiesen estado tan agotados, como consecuencia del trabajo ininterrumpido durante los tres días anteriores. Los defensores apenas los hostigaron durante esta jornada. Nuevamente se reanudan los trabajos para colocar los cañones en la batería adelantada, pero un accidente impide que uno de ellos llegue a estar operativo en su posición. Por lo tanto, la batería contará al día siguiente únicamente con tres piezas de 24'. Esta noche el Capitán MacDonald realiza una de las proezas del sitio, ante las cada vez más preocupantes dudas existentes entre los oficiales, sobre la seguridad de las baterías situadas en las dunas del Chofre, en caso de que los defensores las atacasen en una de sus salidas. Hay teorías que dicen que el Urumea era vadeable en baja mar, por lo que se encontrarían muy expuestos. Hasta el momento, amparados en la seguridad que creían tener gracias al rio, las medidas de defensa de esas posiciones estaban bastante relajadas. Este oficial, de manera voluntaria, se internó en el rio, amparado en la oscuridad de la noche, y avanzó hacia los sufridos muros de la ciudad. Llegó hasta la parte más baja del baluarte de San Telmo, sin ser detectado por los defensores, y regresó sin novedad a sus líneas tras confirmar sus peores inquietudes. A la par de estos actos que podrían ser calificados de heroicos, sin riesgo a equivocarnos, se suceden otros muchos de índole completamente contraria. Las deserciones se suceden, principalmente entre las tropas que guarnecen las fronteras con Francia. Los tribunales militares no paran un momento. Juzgan hombres acusados de deserción ante el enemigo, con veredictos de lo más severos, condenándolos a muerte por ahorcamiento. En esta jornada, se ordena reunirse en Oyarzun a las tropas voluntarias, reclutadas entre las unidades que hasta ahora no participaban en el asedio, y que vienen a "mostrar el camino hacia las brechas" a la 5ª División. Wellington estuvo por la mañana de esta jornada reunido con Sir George Collier en Pasajes. Estudiaron las posibilidades de un ataque por mar, y los preparativos necesarios que esta operación requeriría. (San Sebastián.1813)
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